Tantadel

octubre 26, 2012

Estonia en Bellas Artes

Entre las muchas tareas del diplomático Agustín Gutiérrez Canet, embajador de México en Finlandia y Estonia, destaca la de vincular a intelectuales nacionales con la vida artística de aquellas remotas naciones. De tal manera, el poeta Alberto Blanco, la narradora Beatriz Espejo, la pintora Martha Chapa, el comunicador Raúl Cremoux y yo, entre otros, visitamos esas dos soberbias naciones. En mi caso, di un par de pláticas, una en la universidad de Helsinki y otra dirigida a escritores fineses. Son dos países espléndidos y la tarea del embajador Gutiérrez Canet es sobresaliente. La amistad mexicana con esos países de alta educación y cultura es hoy excelente.

En materia cultural, hay pruebas fehacientes. Estuvo en México para una intensa y fructífera gira, acompañando a la Orquesta de Cámara Tallinn y al Coro de Cámara Filarmónico de Estonia dirigidos por el maestro Tonu Kaljuste. Recorrieron diversas ciudades mexicanas interpretando, como homenaje, música del notable compositor estonio Arvo Pärt., quien estuvo presente a lo largo del recorrido musical, mostrando una sencillez difícil de imaginar en un talento como el suyo. El maestro, emocionado, incluyó en el concierto de Bellas Artes, una obra coral, titulada Virgencita, dedicada a México, de reciente creación. En el programa de Bellas Artes, leo la siguiente carta de Arvo Pärt a Gutiérrez Canet, quien estuvo en la gira acompañándolo con su esposa, la también embajadora (en Dinamarca) Martha Bárcenas: “Querido Agustín: hoy traigo una sorpresa para usted, que espero le dé alegría. De la ilusión de mi viaje a México nació una pieza coral. Es una obra corta y la historia de Juan Diego fue mi inspiración. Quisiera llevar esta pieza como regalo para el pueblo de México. He llamado a la obra Virgencita. El coro ya la aprendió. Lamento mucho si los complico con este repentino estreno, pero me gustaría de corazón, que la pequeña obra sea escuchada en México. En cierto modo, esta es ‘su’ obra ya que sin su amable invitación, jamás hubiera tenido lugar. Suyo. Arvo Pärt.”

Arvo Pärt, compositor de prestigio internacional, nació en la ciudad estonia de Payde y estudió en el Conservatorio de Tallin, graduándose en 1963. Sus influencias originales fueron los prestigiados compositores soviéticos Sergei Prokofiev y Dimitri Shostakóvich. Más adelante encontró su propio camino y comenzó a componer temas religiosos de gran estatura, como los que le escuchamos en México. La presencia del compositor inglés Benjamín Britten es constante. Obvio, es uno de sus autores favoritos.

Si en el Teatro Juárez de Guanajuato, en pleno Festival Cervantino, Arvo Pärt se convirtió en una especie de ídolo musical de los jóvenes, en el Palacio de Bellas Artes lo confirmó. Ante un lleno total, el público aplaudió con entusiasmo. Tanto el compositor estonio como la Orquesta de Cámara Tallin y el Coro de Cámara Filarmónico de Estonia, soberbiamente dirigidos por Tonu Kaljuste, fueron ovacionados de pie una y otra vez. El director con elegancia le cedió todo el éxito al compositor, quien no dejaba de asombrar por la modestia que mostraba. Durante el vino de honor ofrecido a los ilustres huéspedes y asistentes por el ministro de Relaciones Exteriores de Estonia, hubo breves discursos para explicar la situación musical del pequeño gran país que representan. La intervención de Arvo Pärt fue breve y sólo para agradecer, muy emocionado, el cariño que los mexicanos le mostraron. Lo cubrieron materialmente de flores.

Para quienes pudimos escuchar la música estonia por vez primera, fue una grata y cordial sorpresa. La orquesta de cámara y el coro trabajan con una unidad sorprendente y un alto nivel de perfección, producto de un severo rigor artístico y una disciplina total. Dentro del programa, destacaron obras como Fratres para violín, orquesta de cuerdas y percusión, donde brilló el primer violinista del grupo, Cantus a la memoria de Benjamín Britten, para orquesta de cuerdas y campana y Te Deum para tres coros, orquesta, piano y arpa eólica. El obligado encore fue una canción de cuna del mismísimo Arvo Pärt, una pieza delicada y limpia. Al concluirla, el director, Tonu Kaljuste, con sentido del humor, luego de la última nota, fingió quedarse dormido. Cabe añadir que hay una armonía perfecta entre el director, puesto que es además el creador del coro y por largo tiempo titular de ambos grupos. Quienes en México piensan que la alta cultura y la música más bella, carecen de público, se equivocan. Por fortuna, la gira de los artistas estonios muestra que la calidad es apreciada por los mexicanos y que sólo falta promoverla, darle más recursos y dejar de lado lo popular, aquello que no requiere el apoyo oficial. Es un mundo que no necesita estímulos, siempre cuenta con admiradores y medios electrónicos que lo sostienen.

El recorrido por México de los músicos de Estonia, un país realmente diminuto, hermoso, que no hace mucho recuperó su independencia, deja multitud de huellas positivas, entre otras, permitir que mostremos nuestra devoción por la gran música. Me resulta difícil imaginar que las escenas de admiración mexicana, alguna vez se les olvidarán a todos esos talentosos y sensibles artistas estonios. De nuestra parte, sucederá lo mismo: presenciamos a un compositor notable y a músicos en verdad soberbios.

Gracias a quienes hicieron posible el milagro, en especial al admirable Arvo Pärt y al embajador Agustín Gutiérrez Canet.

Opinión 2012-10-26 - La Crónica

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