Tantadel

octubre 12, 2012

Hugo Chávez en México

Queda claro, luego del proceso electoral que en Venezuela llevó a Hugo Chávez a un tercer periodo presidencial, que polariza a sus compatriotas y que, para no ser menos, le ocurre lo mismo en México. He podido leer y escuchar toda clase de opiniones sobre el mandatario de un país fraterno, que tiene aceptables relaciones diplomáticas con nosotros. Los panistas están indignados y hasta pierden la compostura al calificarlo como si fuera enemigo de la patria. Cosa curiosa entre los fervorosos militantes de Acción Nacional, olvidan que podrá ser severo crítico de Estados Unidos y simpatizar con el socialismo, muy de capa caída a escala internacional, pero es creyente y devoto de la Virgen de Guadalupe, lo que, imagino, debería contar entre los mexicanos, especialmente entre los conservadores.


Los que insisten en calificarse como “izquierdistas” han sido cautelosos, les preocupa que los puedan identificar como comunistas y enemigos de la propiedad privada. Como resultado del peso de los medios electrónicos, en las calles, los ciudadanos comunes tienen opiniones encontradas. Temo que predominan las desfavorables. Hay periodistas radiofónicos y televisivos que sin ninguna cautela despotrican contra Hugo Chávez y se limitan a citar lo que allá dicen sus adversarios, no sus admiradores. El caso es que en Venezuela nadie puso en duda su triunfo. Algunos columnistas mexicanos acercan a Hugo Chávez con López Obrador. No les veo mucho en común. Pero otros, prefieren comparar al último con Henrique Capriles, quien reconoció de inmediato la legitimidad del triunfo de su rival. Le indican al tabasqueño que ése es el camino, el civilizado que da votos y no retira simpatías. Un fanático del poder, no entiende razones.

Me llama la atención que Hugo Chávez ponga en el mismo saco a Simón Bolívar y a Carlos Marx. Pero en algún momento, los cubanos hicieron, y mantienen la posición, de equiparar o mezclar a José Martí con las ideas de Marx. Tal vez sea una táctica para amortiguar el nacionalismo de unos y otros, pero la verdad es que dudo mucho que ambos libertadores se sintieran cómodos en el cajón de uno de los mayores enemigos de la propiedad privada. Me recuerda el movimiento estudiantil de 1968 en México. Al inicio salimos a las calles, amparados por los retratos del Che Guevara, Marx, Lenin, Ho Chi-Minh y Mao Tse-Tung, pensábamos en un movimiento internacionalista, cuando el bloque socialista crecía cada año y el número de países que se teñían de rojo aumentaba. Atrás de muchos de los jóvenes de aquella época subyacía una ideología de izquierda, de cambio radical. Algunos pensaban en la vía revolucionaria, violenta, la guerrilla, otros veían en el caso de Salvador Allende la posibilidad de conquistar la presidencia por la vía electoral y establecer un socialismo marxista. De inmediato el gobierno de Díaz Ordaz, y en consecuencia los medios de comunicación de su tiempo, criticaron nuestra tendencia a “importar héroes y modelos exóticos”. Por esa bizarra idea, el enorme artista David Alfaro Siqueiros -en tiempos de Adolfo López Mateos- pagó con cárcel su ideología, a la que jamás renunció. En las subsecuentes manifestaciones volvimos al nacionalismo priista (hoy generalizado): los héroes de siempre, ciertamente valiosos, pero el contexto era y es otro.


Hugo Chávez es muy diferente a López Obrador, aquél está lleno de empuje, es un triunfador, guste o no, el suyo es un izquierdismo legítimo aunque mal fundamentado, sui géneris, podríamos decir. Su apoyo al mundo musulmán en conflicto con EU y su idea de eliminar o restarle fuerza al capitalismo imperante, es discutible pero valioso. El apoyarse en la Rusia capitalista y en la China de “dos sistemas y una patria”, es un curioso medio de dar la pelea contra su principal enemigo: la Casa Blanca. Al contrario, López Obrador jamás ha tocado el tema, nunca ha protestado por el sufrimiento de los palestinos o por la barbarie norteamericana en Irak o en Afganistán. No ha dicho una palabra sobre las brutales violaciones norteamericanas en Guantánamo, donde no hay derecho humano que valga. No ha dicho una palabra que lo haga sospechoso de admirar a los teóricos del socialismo si es que los leyó. Habla de Cristo y no del Che Guevara. Ah, sí tienen algo en común: la adoración de Elena Poniatowska.

El ímpetu de Chávez le ha funcionado, es capaz hasta de vencer el cáncer en hospitales cubanos. Su oratoria es fogosa y su demagogia tiene otros matices, opuestos a los del caudillo tabasqueño. En fin, no es mucho lo que tienen en común. Faltaría saber qué hubiera hecho Chávez si Capriles lo derrota en las urnas; tal reacción por ahora no la veremos. Su carácter combativo, de frustrado golpista que deja las armas por las urnas, le concede una sólida credibilidad, por desconcertante que ello suene. En fin, no veo por qué tanta pugna con el dirigente venezolano. Polémico, lo es, sin embargo habrá que reconocerle un peculiar y muy latinoamericano estilo de gobernar: sus desplantes y manera de plantear los problemas de su país y del resto del mundo, con una claridad rayana en el simplismo, le concede votos y simpatías

No hay punto de comparación entre Chávez y Obrador. El primero es osado y tiene mucho más de izquierdista que AMLO, a quien yo no le veo ningún aspecto revolucionario: quiere, a lo sumo, un poco de pintura en la fachada de un ruinoso sistema de economía mixta dependiente.

Opinión 2012-10-12 - La Crónica

2 comentarios:

JUAN ESPINOSA dijo...

En reiteradas ocasiones López Obrador ha manifestado su desagrado por las comparaciones que se hacen entre él y Chávez, lo cual demuestra que las diferencias entre ambos personajes son mayores a sus puntos de coincidencia.

Diana Nancy Martinez dijo...

que comentario tan desafortunado, los prejucios solo demuestran la falta de capacidad de analisis