Tantadel

octubre 14, 2012

La crítica literaria en México

¿Quién decide si un libro merece ser publicado? No los críticos sino otros escritores. Los premios son determinados de manera semejante.


Las recientes polémicas sobre dos premios literarios sólo implican un punto: la ausencia de crítica literaria en México. Desde hace muchos años, en libros y artículos, he señalado el problema y lo que implica para el desarrollo armónico de nuestras letras. Por un lado hay sobrepoblación libresca, señalada por Gabriel Zaid, por el otro, una completa desorientación acerca del valor de cada libro. Sobre anaqueles y mesas de librerías destacan las obras fáciles, aquéllas que utilizan la historia para sacar apurados trabajos de éxito efímero, de quienes piensan que los problemas de la humanidad son sólo de baja autoestima, ensayos ruidosos que señalan los defectos o las cualidades de políticos de intensa mediocridad, reportajes amañados o maniqueos. Las buenas novelas, los poemarios renovadores, los cuentos de talento, se pierden entre miles de pésimos libros. Las editoriales se centran en estos trabajos. La publicidad también. La crítica especializada apenas aparece y se mueve elogiando a los amigos y manifestando desprecio por sus enemigos. Crítica sí hay, pero la de calidad está situada en la academia y trabaja sobre figuras consolidadas. Es asimismo tendenciosa.

Carecemos de críticos que se ocupen de los autores y sus resultados conforme van apareciendo. Los jóvenes buscan la manera de mostrar su trabajo, para ello se apoyan en internet, no en la crítica porque casi han desaparecido suplementos y páginas culturales. Cuando las hay, por ejemplo, una novela de un joven talentoso, pero desconocido, apenas merece, en el mejor de los casos, un breve comentario. Ortega y Gasset decía que el asunto central de la crítica no es distribuir las obras en buenas y malas, sino explicar secamente sus valores. Esto es desconocido en México. Nos gusta un libro porque su autor nos simpatiza. T. S. Eliot, en Sobre la poesía y los poetas, precisaba: “La mayor parte de la crítica realmente interesante es obra de hombres de letras que se han abierto el camino en las universidades cuya actividad crítica se ha ejercido primero en las aulas”. El problema es que dentro de nuestras aulas, la decisión de la burocracia cultural y de los medios de comunicación en favorecer a un poeta o una prosista políticamente correctos, prevalece y entonces se premian a los mismos de siempre, con alguna novedad resultado de un buen trabajo mercadológico, publicitario.

Tal problema repercute de muchas maneras en la sociedad o en aquellos que se mueven dentro del mundo de las letras, de los autores a los lectores y el engranaje que los rodea. ¿Quién decide si un libro merece ser publicado? No los críticos sino otros escritores. Los premios son determinados de manera semejante: son narradores y poetas los que juzgan a sus pares y es inevitable notar, en el mejor de los casos, que el estilo o la temática pueden atraer las simpatías entre pares. En otros términos, la ausencia de críticos objetivos y talentosos daña al proceso editorial respetable. Acabamos de ver dos casos polémicos y de graves consecuencias. Mostramos al mundo que en México la corrupción ha inundado la cultura. Los galardones se han desprestigiado, pesan por el dinero que conceden, no por la autoridad moral que producen.

En México la política ha permeado a la cultura. Los precarios gustos de los funcionarios, que buscan publicidad y no un trabajo que beneficie a la sociedad, se centran en las tediosas figuras cercanas al poder. La lista de quienes han recibido homenajes del priismo, panismo y perredismo es asombrosa porque son un puñado solamente y los mismos. Cierro con palabras que Salvador Elizondo me dijo ante la pregunta de si nos afecta la falta de crítica literaria: “Hay que pensar que en tiempos de Homero no había, como ahora en México, críticos literarios. Estoy seguro de que el advenimiento de los críticos llegará en un momento futuro”. Esperemos.

Excelsior - 2012-10-14

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