Tantadel

octubre 01, 2012

Mi relación con las redes sociales

Los nuevos tiempos me atraparon sin mayor problema. Si comencé trabajando en máquinas de escribir, pude pasar sin problemas a las computadoras. En periodismo dejé el linotipo para diseñar el suplemento cultural que dirigía, El Búho, y lo hice en pantalla. Desde hace muchos años, mis novelas y cuentos salen de una computadora. Utilizo, desde luego, internet, pero sigo amando el libro real, el que puedo acariciar, subrayar con discreción, oler. Tengo una amplia biblioteca y aunque he donado al Museo del Escritor unos 20 mil libros, he reservado para mí alrededor de mil libros, los que más he amado, los que me han dejado profunda huella, la inmensa mayoría de literatura.


Fue la escritora Eve Gil quien me sugirió entrar en las redes sociales. De esta forma acepté primero registrarme en Facebook y luego en Twitter. Ingresé sin tener una idea precisa de lo que esperaba de ellas. Pero debo advertir que mi prima, la pianista Betty Zanolli Fabila, me hizo una hermosa página web que a la fecha lleva más de 85 mil visitas, en donde los interesados pueden encontrar información sobre mis libros, fotografías, premios y reconocimientos y un sinfín de materiales sobre mi trabajo literario. Ahora una amiga querida me ayuda en estos menesteres, pues tanto la Fundación René Avilés Fabila, la revista cultural El Búho, el Museo del Escritor y sus actividades se hallan en internet. Mis artículos periodísticos, una vez publicados principalmente en La Crónica, van directo a mi blog. La Fundación promueve cultura, talleres y cursos y estamos a punto de arrancar con quince libros virtuales, todos de escritores destacados. Me muevo, pues, en el ciberespacio.

Facebook ha sido una interesante experiencia. Para mi sorpresa, en poco tiempo rebasé los cinco mil amigos y la empresa me hizo severas modificaciones: me cambiaron el muro y de hecho lo cerraron a los menos hábiles para moverse en esta red. Alguien me dijo que abriera una nueva página y así lo hice, ahora noto con alarma (y vanidad) que crece rápidamente y eso me preocupa: de nuevo FB me cambiará el muro y perderé multitud de amigos.

Poco uso Facebook para exponer mis criterios políticos, mi aversión por todos los partidos y en general por el sistema que nos conduce mal. Naturalmente, el PRD se lleva las palmas y yo así despierto el odio de los perredistas. Panistas y priistas ni me pelan. Son los fanáticos de Obrador los que me cubren de ofensas que ni siquiera leo, a veces por encima, jamás me he tomado la molestia de responderlas. A mí me pagan por dar mi opinión, a ellos, supongo, los mueve su caudillo, hoy en retroceso. En cambio en Twitter suelo subir todos mis artículos sin excepción. La respuesta en general es buena, he podido, incluso, hacer buenos amigos, merced a las coincidencias. Soy correcto y suelo agradecerle a mis “seguidores” su apoyo. El colmo se dio en FB. En mi pasado cumpleaños recibí unos mil correos de felicitación. Me sentí obligado a responderle a cada uno, de tal manera se me fue el día y no pude festejarme. Ahora he pensado en un mensaje de agradecimiento general y listo.

Procuro no participar de aquellos que todos los días buscan derrocar al teporocho y espurio Calderón, para qué, se los anticipé, ya va a terminar su periodo y se mantuvo allí mientras que el presidente legítimo hacía escándalos por todo el país. Principalmente en FB, he podido hacer relaciones espléndidas, me he rencontrado con amigos de la escuela, con novias de la juventud, he conocido personas, hombres y mujeres de muchas edades, interesantes y cultas, con sentido del humor. Pero lo más importante es que mantengo la relación con ex alumnos míos tanto de la UNAM como de la UAM. Ignoro si mi presencia en internet haya aumentado las ventas de mis libros, pero me ha hecho pasar buenos momentos. ¿Dificultades? Sólo una y no grave. Alguien me reclamó que no hubiera escrito sobre la muerte de Monsiváis. Tuve que demostrarle que no leyó el artículo que escribí para un diario destacado sobre su admirado Monsi.

Me asombra que nunca haya peleado con alguien. Al contrario. Me han tocado sólo personas que desean platicar, intercambiar opiniones amables, sin que la política nos contamine. Todo ha sido sociable, buena onda. De vez en cuando algún discreto coqueteo y hasta allí. Dudo mucho del potencial revolucionario que las redes ahora puedan tener. El “periodismo” allí es visceral y poco o nada serio. Las calumnias y las majaderías salen de la nada. No hay pruebas, no existe la investigación. Sólo la convicción de que el periodista ciudadano tiene la verdad en su pantalla. Pocos son cautelosos y certeros. En materia cultural, internet es la pista de despegue de artistas plásticos y escritores que no encuentran por ahora otra salida para dar a conocer sus materiales y esto es clave. Hay círculos literarios que desde Buenos Aires o México se han extendido prodigiosamente y tienen miles de seguidores.

Lo mejor es que he podido entrar en contacto con mis pares. En un país que se deshumaniza por la política, las redes sociales, bien usadas, nos unen y nos permiten mejor conocernos, incluso hasta querernos.

Opinión 2012-10-01 - La Crónica

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