Tantadel

octubre 17, 2012

Premios, literatura y política


Consuelo Sáizar anunció que el Premio Carlos Fuentes, creado por el CNCA luego de su muerte, fue destinado a Mario Vargas Llosa. El monto corresponde a un país rico: 250 mil dólares, sobre todo si lo comparamos con el Premio Cervantes que concede Madrid: 160 mil dólares o con el que otorga la FIL de Guadalajara (150 mil dólares) y que ahora se halla en medio de un gran escándalo al otorgárselo a un escritor también peruano, Alfredo Bryce Echenique, acusado de plagio por multitud de críticos e investigadores. No cabe duda que México es una potencia, al menos en lo que se refiere a repartir premios internacionales.

En este caso, se trata de una atinada elección. El jurado, integrado por destacados intelectuales, supongo que luego de una fatigante discusión, exhaustiva, en la que fueron barajados muchos nombres, acertó. Vargas Llosa es el más notable escritor del castellano. Por otra parte, a la presidenta del CNCA le era muy importante entregarlo: Fuentes cumpliría años el próximo 11 de noviembre, su empleo está por acabarse y si Agustín Carstens tiene razón, la crisis europea golpeará a México, haciéndolo ser frugal en diversos ámbitos, acaso en el cultural. En mucho tiempo, ningún otro funcionario podrá crear sin problemas un reconocimiento de tal magnitud. Con su estilo rudimentario, Sáizar hizo pública la noticia llamando al Premio Nobel ante los medios de comunicación.

¿Política o literatura? ¿Ambas cosas?

Mario Vargas Llosa recibió la información casi en los momentos en que Enrique Peña Nieto buscaba infructuosamente un encuentro con él. Agradeció refiriéndose a su viejo conocido Carlos Fuentes y precisó su importancia no sólo como narrador sino como infatigable promotor de literatos latinoamericanos. Añadió el recuerdo emotivo del momento, en que siendo él muy joven, leyó La región más transparente. Del lado mediático, algunos comentaristas recordaron que Vargas Llosa es un fustigador severo e implacable, justo. Fue el mejor crítico del PRI al que, como todos saben, calificó acertadamente de dictadura perfecta, expresión que se quedó entre nosotros. Con Andrés Manuel López Obrador fue igualmente duro. En un artículo publicado en El País, titulado “Corrido”, lo señaló como demagogo y charlatán.

En estas páginas he hablado varias veces de la ausencia de un proyecto cultural que nos conduzca hacia mejores metas. Si el CNCA, creación de Carlos Salinas, nació de modo imperfecto, casi como una cesárea política, no tuvo en la época del viejo PRI una política seria, inteligente, nacida de la reflexión de todos aquellos que trabajan intelectualmente, con el PAN llegó a su punto más bajo. Dicho en otras palabras, no le vieron, como el PRI y el PRD, valor político a la cultura. De este modo al importante cargo llegaron dos personas inenarrables: Sari Bermúdez y Consuelo Sáizar, mujeres que tuvieron predilección por las obras descomunales, desconcertantes en un país donde pocos tienen acceso a la cultura y se requieren más recursos en promover los cimientos que en realizar tareas aparatosas. Cuando las aguas amainen, y los aplausos cesen, llegará el momento de analizar la tarea de Consuelo Sáizar al frente de dos instituciones notables: el Fondo de Cultura Económica y el CNCA. Dudo que los resultados le sean favorables.

Al momento de escribir esta nota, no acababan los comentarios sobre las dos presencias, Fuentes y Vargas Llosa, ambas figuras polémicas, pero es posible que el último piense en el caso de su compatriota Bryce Echenique. Todavía no sabemos si Alfredo vendrá a México a recogerlo o enviará a Jorge Volpi por el dinero. Pienso anticipadamente que Vargas Llosa lo recibirá. No hay razón para rechazarlo, es por completo legítimo. Lo que dudo es que ese premio sea mantenido así por muchos años si en efecto el catarro europeo se nos convierte en pulmonía mexicana.

Por lo pronto me alegra que un escritor fundamental para el castellano lo reciba y venga una vez más a México. No hace mucho la UAM lo invitó a dictar una conferencia magistral: fue una inyección de frescura y el recuento de una vida ejemplar dedicada a las letras, la academia y la crítica política. Sus palabras son siempre innovadoras, sabe distinguir lo positivo de lo negativo, como lo probó con su libro La civilización del espectáculo, un lúcido ensayo sobre el actual desdén universal hacia la alta cultura. Está convencido que el papel del intelectual es ser crítico del sistema, algo que en México pocos acaban de comprender. Si a Vargas Llosa le molestan las izquierdas (ahora sí, en plural), muy en su derecho de señalarlo. Si no espera gran cosa del PRI, pues que dicho partido le muestre su equivocación.

Ahora Peña Nieto sabe, y esto es grato, de la importancia política de la cultura, de su valor más allá de la estética. Hace tiempo que no tenemos funcionarios de alto nivel con auténtica y sólida cultura. Lo penoso es que quienes han estado al frente de la cultura oficial sean personas oscuras, sin obra y sin lazos serios con la comunidad artística e intelectual. Que muchos de sus integrantes sean adictos al poder que reparte grandes sumas a sus cercanos, es otra cosa. Es posible en consecuencia que para el CNCA se abran grandes avenidas y deje de ser patrimonio de su presidente en turno.

Opinión 2012-10-17 - La Crónica

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