Tantadel

octubre 15, 2012

¿Resurge el PRD?

La penosa tradición del caudillismo pareciera llegar a su fin con el alejamiento de López Obrador del PRD. Al sentirse libre de órdenes contradictorias y con frecuencia absurdas, el partido reacciona con habilidad. No tiene más sentido marginarse del debate de los grandes problemas o, algo peor, participar a gritos, donde Fernández Noroña fue un campeón que ahora sustituyen ruidosamente Martí Batres y Ricardo Monreal. Si hemos de considerar el ejemplo venezolano, en donde Henrique Capriles reconoció la derrota y alistó a sus muchos simpatizantes a buscar una mejor oportunidad, es una inteligente opción. Aburren los plantones, los insultos del más bajo estilo, la repetida toma de tribuna. Finalmente nada solucionan, sólo alejan a los votantes que van a necesitar en tres años. López Obrador ha decidido seguir su propio rumbo y utilizar los métodos que lo encumbraron, pero que al mismo tiempo le impidieron obtener la presidencia de la República por dos ocasiones. Tiene la impresión que con su propio organismo, Morena, le irá mejor. El PRD, a su vez buscará la forma de reinventarse, ya sin la presencia de caudillos.


Los dirigentes perredistas, en especial Jesús Zambrano, hicieron declaraciones al respecto. Dialogarán con el PRI y con AMLO queda claro: “Que somos partidos diferentes y cada partido toma sus decisiones, pero no tienen nada qué ver o no están vinculadas a las decisiones que en su momento va a tomar el PRD”, precisó este último.

Por ahora el PRD advierte que irá a la toma de posesión de Enrique Peña Nieto y que está dispuesto a enfrentar, llegado el momento, a López Obrador, quien pidió realizar movilizaciones de protesta, las que tienen sentido cuando la razón es poderosa y es posible combatir exitosamente. Pero por ahora nada indica que una serie de protestas logren detener la ceremonia política. Es mucho mejor aceptar el desafió de los debates en donde se presenten. José Revueltas explicaba que en este tipo de ocasiones, la solución más adecuada es la discusión. De otra forma el movimiento o el partido sufren un desgaste inútil. Ahora, cuando la violencia es necesaria, cuando las condiciones lo permiten, hay que llevarla a cabo. Sin embargo, no es el caso de México en estos momentos. Por más que los alarmistas nos digan que estamos al borde de la confrontación brutal entre dos posturas irreconciliables, es obvio que existen formas más civilizadas que mentarse la madre públicamente, en cámaras que a veces semejan más un ring que honorables casas de los representantes populares.

El problema para las llamadas “izquierdas” es su segura división. De un lado estará el PRD y del otro nuevamente AMLO. Es un riesgo que ambos deben correr, de lo contrario, si no se decide la batalla en 2018, y se llega a la unidad, las fuerzas que dicen representar los intereses populares quedarán inermes ante el PRI y el PAN que comienzan a tener cada vez más afinidades. Las diferencias que quedan entre dos partidos que en una época parecían irreconciliables, ya se dan en cuestiones mínimas, como la hora de ir a misa o la iglesia donde sus familiares más cercanos contraerán matrimonio.

No hay nada que indique que Peña Nieto no será presidente, tampoco que a medio camino vaya a renunciar. Ésa es una historia que los medios amarillistas han señalado desde la época en que un atolondrado Ernesto Zedillo, por un trágico golpe de suerte, recibió la casona presidencial. No durará, dijeron los “expertos”. La sensatez habló señalando la existencia de instituciones sólidas y ésas funcionaron y el hombre terminó su periodo sin ningún problema y asimismo sin ningún problema le entregó al PAN la presidencia de la República. A Calderón igualmente sus adversarios le señalaron que no concluiría su presidencia ilegítima y en unos días más, su periodo sexenal concluirá en medio de exagerados y triunfalistas adioses al pueblo mexicano.

La izquierda seria, desde su nacimiento, ha tenido pugnas en exceso, sólo en algunos momentos lograron ponerse de acuerdo. Pero hubo pugnas eternas, que duraron hasta el derrumbe del socialismo. Un ejemplo sin duda es la diferencia irreconciliable entre el comunismo tradicional representado por el Partido Comunista, dependiente de la Unión Soviética y la corriente organizada por León Trotsky, la Cuarta Internacional. Hasta hoy, los encuentros de las organizaciones que podríamos considerar de izquierda, han terminado en fracaso. Tal vez ahora, un PRD sin ex priistas, sea una mejor posibilidad para derrotar a los priistas y los panistas.

No hay duda que las instituciones, el sistema político mexicano en su conjunto, han envejecido notablemente, pero no al grado de permitir que a medio camino un mandatario se derrumbe. En tal sentido, un gran partido de izquierda podría aportar mucho a la sustitución de un sistema ruinoso por uno acorde a los intereses reales de la nación. Pero lo fundamental es que un partido como el PRD se reconstruya, asuma una ideología avanzada, permita la salida de los elementos corruptos que tanto daño le han hecho y pruebe que en vez de caudillos necesita ideas, un partido fuerte, sólido, sin intereses mezquinos que vemos cada que un perredista se encarama en una tarea política de alta responsabilidad.

Opinión 2012-10-15 - La Crónica

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