Tantadel

octubre 07, 2012

Unas palabras por Bryce Echenique

Sabemos que el CNCA premia y reconoce a quienes son del agrado de Consuelo Sáizar.


Hasta hace unos días, Alfredo Bryce Echenique era un escritor latinoamericano sólo conocido por lectores profesionales, literatos y críticos mexicanos. Ahora, luego del escándalo que produjo un jurado de celebridades al seleccionarlo como acreedor del Premio de la FIL, pocos son quienes ignoran su nombre y muchos los que recuerdan libros memorables como Un mundo para Julius y La vida exagerada de Martín Romaña. Podríamos decirlo con un lugar común que lo hicieron tristemente célebre. Cuando escribí en estas mismas páginas sobre los señalamientos (comprobados) de plagios cometidos por el novelista peruano, recibí, entre otros comentarios, los de la investigadora chilena, María Soledad de la Cerda, quien me precisaba en detalle los artículos y ensayos plagiados por Bryce Echenique. No son, como explica Humberto Musacchio, 16 artículos, sino 32, todos probados, cifra más que alarmante. Tengo copia de ellos y fragmentos de las polémicas que la manía de Bryce por hurtar ha causado en distintos países.

Julio Ortega (miembro de un jurado además integrado por Jorge Volpi, Mayra Santos-Febres, Leila Guerrero, Margarita Valencia y Mark Illington) le dio a Excélsior las primicias de sus investigaciones sobre Octavio Paz y Carlos Fuentes, datos basados en la lectura de las cartas entre ambos. Parecía una forma de lavarse las manos. Bryce Echenique a su vez entregó a esta casa periodística un artículo minimizando la acusación de plagiario y señalando que con frecuencia sus libros son objeto central de la piratería literaria. Entonces está tomando venganza: si editores perversos se roban sus derechos de autor, él debe cobrarse plagiando a ingenuos con talento. Es cuestión de ética profesional.

Cuando Sealtiel Alatriste fue evidenciado como plagiario y un jurado poco exigente, que sabía al menos de la sospecha, lo premió con una aceptable suma de dinero, se vio obligado a renunciar al premio Villaurrutia y a su empleo en la UNAM, desde donde dirigía con mano férrea a distintos intelectuales con el truco siempre eficaz de me ayudas y te ayudo. Hasta hoy, ni el jurado que lo premió ha dado la cara ni las instituciones que avalaron la atrocidad se han disculpado. Al contrario, intelectuales amistosos han justificado discretamente el asunto.

En el caso Bryce Echenique, donde están involucrados el CNCA y la FIL de Guadalajara, ha ocurrido algo semejante, los jurados han desaparecido, no sin emitir un comunicado obvio: no lo premiaron por sus artículos sino por sus novelas. El hurto “compete a lo penal”. ¿Ello elimina sus repetidos y probados plagios? En el caso de la FIL, es un negocio privado, ¿pero en el del CNCA, que es parte del Estado?

La polémica ha seguido, desde luego, en las redes sociales y así encuentro una generalizada desaprobación para Alatriste y Bryce Echenique. Estoy de acuerdo, pero y los miembros del jurado, ¿dónde quedan? ¿Por qué, conociendo de los plagios de uno y otro, se atrevieron a premiarlos? ¿Tanto peso tienen sus admiradores dentro de grupos posiblemente ingenuos? Sin duda se trata de actos de corrupción. Los premios, las becas del Sistema Nacional de Creadores, los homenajes del INBA, ahora lo sabemos con detalles, son concedidos en función del peso político del autor y no por la calidad de su trabajo. En tal sentido son tan culpables quienes premian como aquellos que se prestan a la farsa. Por ahora sabemos que el CNCA premia y reconoce a quienes son del agrado de Consuelo Sáizar. Los demás, pueden olvidar sus pretensiones, por justas que sean. La pregunta es inquietante: ¿con Peña Nieto las cosas sufrirán alguna modificación positiva o únicamente aquellos intelectuales aduladores y cercanos al poder tienen derecho a ser premiados? ¿Tendremos algún día una política cultural, claridad en el organigrama y especialistas dentro de la burocracia cultural? Habrá que esperar.

Excelsior - 2012-10-07

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