Tantadel

noviembre 19, 2012

Buenos días y adiós, señor Calderón

Felipe Calderón ha tratado, con ya muy pocos de los suyos, de hacerse una despedida plena de entusiasmo. Supone que en efecto los mexicanos creemos que fue un presidente notable. No. Fue uno más, del montón: tarde o temprano será olvidado por la historia o peor aún: arrojado al bote de los desperdicios. Sin embargo, es tenaz e insiste en irse en medio de ovaciones, ovaciones que no consigue. He escrito en estas páginas que su adiós será triste, ya lo es. No cumplió con las expectativas que su llegada despertó. Promesas que quedaron en el vacío. Palabras huecas en cada discurso.


Ahora una gran escuela particular, el ITAM, le salió respondona. Le concedieron un premio entre sospechoso y absurdo. Su llegada a la institución fue en helicóptero. Si los panistas se regocijaron del problemón que tuvo Enrique Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana, ahora deben estar acongojados. El recibimiento tuvo dos lados: el negativo y el positivo. Como es usual, los que le gritaban genocida y criminal, resultaron más ruidosos que quienes le daban la bienvenida. El premio se antoja ridículo: “Carrera al Universo”, como si Calderón fuera astronauta o científico. Y el subtítulo es desconcertante: “Por su trayectoria profesional de excelencia”. Los reproches de una sucursal del #yosoy132, iban justo en contra: ¿Excelencia a un genocida? Quizás por el alto número de víctimas que ha provocado su guerra personal al crimen organizado.

No le faltan muchos días a Calderón para dejar la banda presidencial y entregar las llaves de Los Pinos al nuevo habitante. El todavía presidente sonríe, habla, explica sus triunfos espectaculares e insiste en que ningún otro mandatario logró sus éxitos. Pocas veces algún mandatario había cacareado derrotas diciendo que son triunfos. Pero si hemos de ser sinceros, nadie se iría de la presidencia confesando fracasos y derrotas. El político es mentiroso profesional por excelencia. Calderón lo es en demasía. El problema es que su propio partido ha roto lanzas con él, o al menos la mitad está molesta con su particular modo de conducir el gobierno. En cuanto desaparezca del país, las críticas aumentarán de tono y al final será un caso lamentable. Hoy se defiende y argumenta apoyado por la estructura que rodea a un presidente de la República, pero más adelante, ¿qué sucederá? Es sencillo suponer lo que le espera y es obvio que tendrá que viajar al extranjero, buscar una universidad donde pueda impartir clases (¿de qué?) distante de las voces acusadoras, de los lamentos indignados de quienes perdieron familiares y amigos.

Tampoco quienes fueron sus colaboradores más cercanos saldrán bien librados. Participaron de cerca con un hombre irresponsable y parlanchín. No será sencillo defenderlo. A lo sumo, pondrán alguna distancia y listo. El PAN anda en otros asuntos. Quedó tan maltrecho que se dedicará a lamer sus heridas, a reponerse. De hecho en eso está. Pero luego de doce años en la presidencia, tal partido tiene poco de qué vanagloriarse. Su único orgullo es haberle quitado Los Pinos al PRI. El problema es que gracias a Fox y al propio Calderón, ya le regresaron la residencia presidencial a los priistas.

Si el PRD actúa con habilidad y avanza en la limpieza moral de sus filas, podrá crecer. Y si el PRI logra vencer su tendencia al abuso y al autoritarismo, volverá a demoler al PAN. Fue un partido tenaz, combativo, sólo que ya en el poder no supo qué hacer y se hundió en el desprestigio. Con facilidad descendió al último lugar de los tres partidos mayores. Esto sin duda es el principal mérito de dos hombres: Fox y Calderón.

Por más que el segundo nos diga mañana, tarde y noche que deja un México poderoso, unido y lleno de éxitos, la realidad lo desmiente mañana, tarde y noche. Pobre Calderón: él juró no entregarle la banda presidencial al PRI. Ya lo hará.

¿Qué sigue después del triste papel que desempeñó el PAN? Mucho. Ahora es un partido dividido, sin ideología, sin rumbo. Para colmo, hay, a semejanza del PRD, tribus, familias o tendencias que buscan su cuota de poder sin la antigua idea de transformar al país. Poco queda del organismo que fundara, entre otros, Gómez Morín. Sus mejores cuadros están dispersos, desconocen el rumbo, del pasado nada saben. Con Calderón marcharon gozosos al precipicio. Mal gabinete, pésimos candidatos, desatinos y un estilo lamentable de gobernar. Requiere cirugía mayor. No es un enfermo imaginario, es real y tardará en recuperarse. No deja de ser extraño que el poder lo haya dañado de tal manera. Los especialistas dirán la última palabra, por lo pronto, Acción Nacional deberá ingresar a terapia intensiva, mientras que sus mejores cuadros necesitarán cursos rápidos para saber de qué trata la política y para qué sirve. Por ahora fueron afortunados, tuvieron en su favor una larga historia de tenaz oposición y muchas esperanzas. El contacto con el poder dañó a los panistas, los que se salvaron ahora están en otras búsquedas políticas, como por ejemplo, Manuel Espino. Los demás, hacen su tarea en cargos menores. Los sobrevivientes se han refugiado en las cámaras legislativas. Allí gritan e intentan asustar a sus rivales. El PAN perdió mucho más de lo que ganó en 2000.

Opinión 2012-11-16 - La Crónica

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