Tantadel

noviembre 28, 2012

El DF y la cultura

La ciudad de México es dueña de una rica herencia cultural. Es el centro de un amplio país que carece de política educativa y cultural. La parte artística tiene vida propia, se mueve por profundos instintos estéticos. Posee, por donde la veamos, ricas herencias culturales. Sólo que nunca ha sido capaz de darles cohesión, sentido, organizarlas. En nuestra tradición, el Estado se ocupa de tales tareas, pero en vista del crecimiento caótico del país y en especial de la ciudad capital, las ha descuidado desde los últimos gobiernos del viejo PRI y, desde luego, en los dos periodos panistas, donde se llegó a niveles ignominiosos. Hoy, a punto de tener nuevo Presidente y nuevo jefe de gobierno capitalino, el problema sigue en pie y se agrava por las ambiciones personales de algunas figuras intelectuales y sobre todo por los deseos de poder de una burocracia, que contrabajos ha leído tres libros memorables y quiere darle algún sentido al esfuerzo.


El DF es el peor caso. López Obrador tuvo el tino de brindar a la cultura capitalina rango de secretaría, nombrar a Enrique Semo titular y crear un Consejo de Cultura (del cual formé parte) y el desatino de imaginar o suponer que la cultura es espectáculo, entretenimiento. Las casas de cultura y la propia dependencia han aumentado el tamaño del desconcierto, pues sus actividades son de una alarmante pobreza: pésimas exposiciones, cursos elementales, fiestas cívicas, cursos de guitarra y de folklore.... Por razones más políticas que culturales, todo el esfuerzo se canaliza a gastar un presupuesto que ni convence ni modela a los usuarios y vecinos. Al contrario, en Tlalpan, por ejemplo, sus conciertos de rock y los deseos de poner en el Bosque, área natural protegida, una pista de hielo, provocaron una reacción violenta, aguerrida, de los vecinos. Por otro lado, la ciudad ha padecido la devastación cultural de malos gobiernos. No es fácil ver un movimiento artístico moviéndose por toda la capital. Los grandes centros educativos y culturales van más bien del Centro, lugar de su pasado esplendor, al sur, a donde se han ido siguiendo la ruta de la UNAM. Tenemos zonas privilegiadas y zonas desamparadas. En lo personal, he intentado poner el Museo del Escritor en toda su amplitud; la delegación Miguel Hidalgo le dio cobijo, hoy no sabemos que será de esa muestra de un proyecto ambicioso e inconcluso por falta de apoyo.

Dentro de tal confusión, todo intento “cultural” es para darle popularidad a un funcionario. El mayor ejemplo han sido López Obrador y Marcelo Ebrard, quienes se hicieron rodear ruidosamente por algunos de los más afamados intelectuales y de plano los hicieron intelectuales orgánicos, a su completo servicio y no al de la sociedad. Las actividades, al contrario de lo afirmado por Mario Vargas Llosa en su notable libro La civilización del espectáculo, han privilegiado a la cultura popular de estilo televisivo. Toda gran acción va al Zócalo a llenarlo con música de rock, cuando es un tipo de música que no demanda apoyos estatales a causa de su éxito. Es el arte mayor, el que necesita apoyo. Es, como lo afirma Vargas Llosa, la alta cultura la que requiere del sustento oficial.

El DF necesita darle coherencia a su Secretaría cultural. Para ello no se exigen agitadores ni discursos violentos, lo indispensable es realizar un trabajo de reflexión colectiva, donde participen los intelectuales, artistas plásticos, académicos, periodistas y promotores culturales, en fin, todos los involucrados en las artes, y crear un proyecto serio de difusión cultural, el que bien podría estar vinculado al trabajo que hacen dos importantes instituciones educativas: la UNAM y la UAM.

Desde hace tiempo que la cultura se está, por decirle de alguna manera, privatizando como resultado del desdén de las más altas autoridades del país. Es natural por otra parte, pues la globalización ni contempla los aspectos culturales y la identidad nacional ni el Estado siguen tan preocupados como en los momentos en que, más por razones políticas, fue creado el CNCA por Carlos Salinas. Aquí y allá los particulares hacen fundaciones culturales, algunas serias, otras para evadir impuestos, los jóvenes recurren a internet para dar a conocer sus trabajos artísticos, abren blogs o se dan a conocer a través de las redes sociales.

Una forma de recuperar los grandes proyectos intelectuales que surgieron de la Revolución, es crear una novedosa, audaz, política cultural. Como van las cosas no será cosa nacional, pero podría serlo a escala capitalina, lo que no es poca cosa ni tarea menor, sino una empresa colosal y ejemplar. Seguimos siendo ciudadanos de segunda clase los defeños, pero también el eje de los poderes y de la cultura. Sería una ventaja del centralismo que sufrimos, aprovechar la presencia en el DF de grandes figuras del arte y apoyarnos en ellas para edificar algo distante de proyectos populacheros. Una reforma cultural es lo que necesita una ciudad descomunal, con graves problemas que hasta hoy no han estallado por fortuna. Darles a los capitalinos arte legítimo, mostrarles las otras vías de la cultura, las más altas, es recuperar un pasado espléndido. El resto, lo popular, los medios electrónicos comerciales lo hacen a la perfección.

Opinión 2012-11-28 - La Crónica

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