Tantadel

noviembre 12, 2012

¿El fin del ex priismo en el PRD?

Más que con inteligencia y olfato político, con tácticas propias de una persona desesperada por mantener y acrecentar el poder, Marcelo Ebrard juega sus últimas cartas. Sus ambiciones, las de un grupo bien cohesionado y cínico, han pasado por etapas diferentes y todas oportunistas. Nunca hemos sabido algo sobre su ideología, sólo acerca de sus intereses. Ebrard enfrenta un riesgo: perder para siempre el poder. De allí su audacia. Una vez que López Obrador decidió dejar el PRD y crear su propio partido, Ebrard se presentó como el siguiente candidato presidencial por tal fuerza. Quizás pensó que Miguel Ángel Mancera carecía de experiencia e incluso de grandes propósitos políticos. Pero al llegar a la jefatura del gobierno capitalino, vio muchos elementos favorables. El primero, la honestidad: se ha mantenido como ciudadano y ninguna sospecha de corrupción recae sobre su trabajo. Ello le permitió ganar de modo contundente las elecciones y, del mismo modo que Cuauhtémoc Cárdenas aplastó al PRI y al PAN, llevó al PRD a un triunfo inobjetable en la capital. Tiene un futuro complicado con las tribus y sus personajes más corruptos, pero es evidente que pese al grado de dificultad, ha sabido moverse con habilidad por entre una fauna desprestigiada. De una buena gestión, puede partir la candidatura presidencial para un hombre que ha sido capaz de hacer silenciosamente una positiva carrera política. Están las mafias y los grandes problemas que hereda, pero tiene a su lado a los mejores militantes del PRD y desde luego a poderosas corrientes ciudadanas que creen en él.

López Obrador aspira a una tercera candidatura, la busca con terquedad y en solitario, supone que los más de 15 millones de votos que obtuvo se debieron a su liderazgo. Es posible, pero también contaron otros elementos, por ejemplo, los pésimos candidatos del PAN tanto en el DF como a escala nacional. Tampoco hubo un PRI capitalino sino algunos nostálgicos buscando empleos. Como sea, existe una fuerza real que no quiere ni el regreso del PRI ni la presencia del PAN. Incluso podría crecer con un candidato como Mancera.

Miguel Ángel Mancera no es un caudillo al modo tradicional, es un ciudadano que trabaja eficazmente y supo colocarse como la mejor carta de un abanico multicolor. Son fuerzas emergentes hartas del viejo mundo que se cae. Si Peña Nieto no ha sido capaz de atraer a los intelectuales, científicos y académicos, si Ebrard los ha manipulado con burdo estilo, el jefe de gobierno electo se mueve entre ellos con elegancia y cordialidad. Los mexicanos buscan caminos distantes de los ruinosos por los que han transitado los políticos y funcionarios más rudimentarios y comunes.

No le será fácil a Ebrard mantenerse en la cresta de la ola, cuando regrese a su condición de ex priista, verá que su peso no es el que imagina. Manuel Camacho maniobra para fortalecerlo. Su intención es fraterna, pero sus propósitos son los de un hombre que ama el poder desde que decidió unir su vida a la de Carlos Salinas. Los saltos que ha dado de una postura a otra no le ayudan. Asimismo el dinero faltará y el nuevo gobierno de Mancera se hará notar a pesar de la enorme deuda que le heredan y de los compromisos que se supone adquirió. Es en consecuencia, el momento de darle al PRD lo mejor de quienes han creído en él, la oportunidad de ofrecer una postura de izquierda moderna. Sobre todo, lejos del ex priismo que todo mancha.

El PRD está ante su última oportunidad. Si la aprovecha con inteligencia, y pone distancia de su célebre corrupción, podrá ser el partido que México necesita para contrarrestar a los existentes que no han probado su talento ante los nuevos desafíos. Quienes ahora ocupan cargos políticos por este instituto, deberán ser inteligentes y no dejarse dominar por el dinero mal habido. La política no es un negocio ruin, tiene que ser una actividad bienhechora y su objetivo central la sociedad.

Miguel Ángel Mancera tiene, en tal sentido, un mejor historial: no ha ido de un partido a otro, no se le conocen negocios turbios, se ha sabido rodear de gente con carreras dignas. Si se arriesga a dejar de lado a los corruptos y a los que andan lanzando consignas populistas o de un ridículo izquierdismo, podrá rehacer el partido y darle un poderoso apoyo ciudadano. De lo contrario, las llamadas “izquierdas” acabarán por hundirse en el fango donde ya nadan algunas de sus más tristes personalidades.

López Obrador ha decidido una ruta propia, lejos del partido que lo cobijó y convirtió en un caudillo. Es, pues, el momento de reivindicar los propósitos fundacionales que le dieron sus fundadores encabezados por Cárdenas. Si Ebrard intenta un pequeño “maximato”, sólo hará más triste su extinción.

Opinión 2012-11-12 - La Crónica

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