Tantadel

noviembre 05, 2012

Entre partidos y partiditos nos vemos

Mientras que Mariana Gómez del Campo lucha para restringir el camino a los partidos pequeños, morralla o chiquillería, otros se embarcan en proyectos para edificar más partidos. Es el caso de Manuel Espino y René Arce, también lo es de Andrés Manuel López Obrador. Un recorrido por la historia podría mostrarnos dos cosas: la vocación pluripartidista de los mexicanos y lo frágil que resulta la mayoría. Sin dinero no es fácil construirlos. Se necesita además prestigio político. No hablemos de ideología. Esto no existe más. Siendo sensatos, habría que pedir tan sólo un poco de seriedad y buscar al menos una serie de principios que inviten a sumarse al proyecto que nace.


El ejemplo de los primeros es interesante: ¿qué pueden ofrecer grupos de personas por completo opuestas? Espino se formó en el conservador PAN y sigue siendo panista a pesar de la aversión que le produce a Felipe Calderón, quien ya se va, por fortuna, y a Gustavo Madero, quien se queda, por desgracia. René Arce viene de una izquierda de carne y hueso que llegó a combates de gran envergadura. ¿Qué resultará de esta unión? Poco o nada. Si Arce y Espino chocaron con sus respectivas y naturales asociaciones políticas, ¿quién nos dice que ahora se entenderán en una nueva?

El caso de Andrés Manuel López Obrador es más grave. Utilizó a dos partidos, como también lo hicieron personajes de la talla de Porfirio Muñoz Ledo y con ninguno quedaron bien. Obrador, por lo menos, dejó al PRD con muchas posiciones políticas en el DF. Pero pronto veremos mejor la maniobra: sin él, sin el caudillo carismático, las irán perdiendo gradualmente, salvo que otro lo sustituya.

López Obrador tiene un difícil panorama con Morena. Por lo pronto, como corresponde a un caudillo a la baja, ya le salieron multitud de respondones. Para colmo, el PRD, PT y Movimiento Ciudadano buscan la forma de enfrentar la salida de muchos militantes que van en pos del tabasqueño. El resultado puede ser una mayor fragmentación de las llamadas “izquierdas”, lo cual no le conviene al país: deja en manos de dos partidos el poder, dos partidos que, pese a las pugnas, tienen afinidades y pelean por colocarse en el centro. Por ahora Jesús Zambrano y Gustavo Madero buscan hacer un frente para detener el avance del PRI, pero una vez que pase el asunto de la reforma laboral, cada quien volverá a sus posturas.

López Obrador ha sido afortunado, mucho. Pero no sabemos si esa buena suerte lo seguirá en la tercera intentona de llegar a Los Pinos. Los recursos comenzarán a escasear y sus enemigos se moverán como lo han anunciado. Marcelo Ebrard busca asimismo ser candidato presidencial, necesita entonces una plataforma de lanzamiento. No puede ser otra que el PRD. ¿Los militantes no ex priistas seguirán dejándose conducir por aquellos que carecen de sentimientos sociales y sólo buscan el poder? Espero que no. La dificultad es que dicho partido no tiene a la mano a un nuevo caudillo. Es donde aparece Marcelo, elegante, montado en su bicicleta, como hace cien años Villa cabalgaba en un corcel brioso. ¿Es el salvador del PRD y en consecuencia de las “izquierdas” o mejor buscar de entre sus dirigentes a un líder natural que maneje los destinos de un partido que pese a sus éxitos, no tiene mucha defensa? Son ellos quienes tienen que hacer la reflexión y reorganizarse. El primer paso es liberarse del fardo que significa el obradorismo, quitarse de encima al marcado resentimiento de quienes dejaron el PRI por razones sórdidas y no por principios ideológicos.

Otro problema es la lucha interna de las tribus. Si antes se ocultaban bajo el disfraz de tendencias, hoy vemos que son auténticas bandas de rufianes. No es fácil ocultar su devoción por el botín. Lo ideal sería que tanto el PRD como Morena consiguieran una presencia nacional, ser fuertes, con claros fundamentos políticos avanzados. Cuando Camacho o Ebrard se dicen de izquierda, se limitan a exponer una monstruosa mentira ante una sociedad poco avezada.

Si consideramos los tiempos electorales, y la búsqueda del poder a corto plazo, no hay qué hacer. Pero si la idea es construir partidos serios, de izquierda, con ideología responsable y un claro proyecto del México moderno y más justo y equilibrado, entonces es mejor pensar en el mediano plazo. El asunto es que todos en México buscan el poder para beneficio propio y casi nadie para que la República avance con botas de siete leguas.

Si AMLO se fue del PRD fue para garantizarse a sí mismo una tercera candidatura a través de Morena, Marcelo y el grupo donde está, que ideológicamente nada en común tiene con los principios fundacionales del partido creado por el hijo del general Cárdenas, se mueve para aplacar la necesidad imperiosa de habitar la casona presidencial. Su trabajo tiene la función de impresionar ingenuos, no de resolver los grandes problemas capitalinos.

De allí la prisa de todos, lo que incluye a los panistas fracasados y a los priistas victoriosos. Los primeros quieren regresar al poder, los segundos de nueva cuenta quedarse apoltronados en la silla presidencial.

Lo que necesita México, es una fuerte sacudida al sistema que ya es un cadáver fresco.

Opinión 2012-11-05 - La Crónica

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