Tantadel

noviembre 23, 2012

La sorpresiva “izquierda” mexicana

La salida impetuosa de López Obrador del PRD deja un futuro complejo para lo que calificamos como “las izquierdas”. Estas fuerzas han optado por concentrarse en los procesos electorales en lugar de construir un proyecto de nación diferente. Desde ahora dos figuras de tal tendencia, Obrador y Ebrard, ambos formados en el PRI, se han dicho listos para luchar por la presidencia de México. Es obvio que el primero tiene garantizada la candidatura, el segundo la desea, ello no significa que pueda tenerla. Además, no está terminando bien su administración. Deja muchos asuntos sin resolver entre las que destacan: en materia ambiental, Manuel Espino, en estas mismas páginas menciona: la tercera etapa del Sistema de Transporte Individual Ecobici, el Radar Meteorológico de la Calidad del Aire, la recuperación del Museo Jardín del Agua del Bosque de Chapultepec, el numeral del Bosque de San Juan de Aragón y el rescate del Río Magdalena, etc.; en otras materias, se encuentra el problema con la UACM, la enigmática estatua a Heydar Aliye, obras por toda la ciudad que provocan caos y un severo adeudo. Aparecerán asimismo muchos más problemas, sobre todo de corrupción, cuando deje el cargo de jefe de gobierno del Distrito Federal y pierda el control del partido y de muchas fuerzas delegacionales.


Morena tendrá que pasar de organización a partido, algo que parece sencillo por el trabajo hecho. Para este fin, muchos perredistas conocidos, con vínculos populares, mudarán su militancia. El tránsito debilitará al PRD, a menos que tome decisiones drásticas que lo alejen de la tradición caudillista en que han vivido permanentemente. Le convendría, puesto que tienen en el gobierno capitalino a un hombre de militancia ciudadana, acercarse más a los líderes naturales que trabajan en todos los sitios del país. Para ello necesitan pulir sus proyectos, dejar las frases hechas y eliminar a los corruptos. La tarea se antoja descomunal y por lo mismo, nada sencilla. Pero no tienen otra manera de enfrentar a Morena. Pensar en una alianza futura PRD-Morena es una tontería, un paso absurdo. Es volverse a poner en manos de quien lo ha despojado de sentido político y lo ha dejado en ropa íntima. En poco tiempo veremos una nueva realidad. Para las elecciones que llamamos intermedias, los perredistas verán, si no ocurren cambios, disminuido sensiblemente su capital. Por lo pronto, los principales perredistas han dicho que no le pondrán obstáculos a la toma de posesión de Peña Nieto. Es decir, abandonan el radicalismo y ofrecen dar una lucha civilizada, lejos de los insultos y las tomas de tribuna. Hay que añadir que gobernadores perredistas como Arturo Núñez y Graco Ramírez actúan conforme a reglas de combate más acordes con el México que deseamos.

Morena tampoco tiene un futuro prometedor: el autoritarismo y la falta de programa serán más evidentes. No es posible crear un partido poderoso con pura fraseología, con el aparente rechazo a los corruptos, los oportunistas y los holgazanes, según ha insistido López Obrador. Lo peor es que toda esta conducta aparece mientras el principal dirigente está rodeado de personajes campeones en esas especialidades.

Pese al futurismo desatado en “las izquierdas”, los organismos restantes no parecen muy decididos a sumarse a procesos semejantes. El PRI, como siempre, gira en torno a la figura presidencial. Sigue sin ser realmente un partido como los vemos en Europa. De los resultados que Peña Nieto entregue en los primeros tres años, dependerán sus movimientos. El PAN, bueno, el PAN tendrá que reorganizarse profundamente y aprovechar la estrepitosa derrota (que en vano Calderón trata de ocultar con una actividad frenética y a veces demencial) para ver qué movimientos debe hacer y no ser más un partido elitista y conservador.

En este sentido electoral, son “las izquierdas” las que se mueven inquietas ante la sucesión presidencial. Si el PRD selecciona con inteligencia a sus dirigentes, si deja de lado sus peores y más visibles defectos como la corrupción, podrá aspirar a la presidencia de la República, ya lejos del caudillismo que tanto lo ha dañado. Los pasos que ha dado mejoran su imagen. Si realmente siente el deber de transformar al país, deberá primero modificar sus usos y costumbres, ya son poco tolerables. En estos momentos complejos, la presencia de una verdadera y legítima izquierda es fundamental. Si alguien supone, como Batres, que ser de izquierda es sinónimo de obradorista, está equivocado por completo. Esta tendencia es mucho más que un líder carismático y rudimentario. Para saberlo hay libros de historia y grandes teóricos, luchas ejemplares y hazañas populares.

Opinión 2012-11-23 - La Crónica

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