Tantadel

noviembre 07, 2012

Me cambiaron el cumpleaños

En Praga, la hermosa ciudad donde nació y vivió el genial Franz Kafka y donde solía pasar temporadas Mozart, preparaba mi habitual artículo para el diario La Crónica; era 5 de noviembre. De pronto, a mi computadora comenzaron a llegar alertas donde leía, en notas largas o cortas, según el formato y el espacio, una noticia desconcertante: “René Avilés Fabila celebra 72 años de vida”. Desconcertante para mí. Mi cumpleaños es el 15 de noviembre. Hace dos años, la UNAM, a través de la Feria de Minería, que bien conduce mi amigo Fernando Macotela, festejó mis 70 años de edad. Lo hizo de modo llamativo y me acompañó la entrañable María Luisa Mendoza, La China, una escritora de brillante trayectoria. Luego vinieron otros reconocimientos: la UAM, el IPN, el INBA y algunas generosas secretarías e institutos de cultura del país, recuerdo con especial placer los de Morelos y Puebla.


Pero antes, el tradicional calendario que cada año edita la Feria de Minería tenía un error en la fecha de mi cumpleaños: el 5 de noviembre estaba marcado con mi nombre bajo una advertencia: “Nace René Avilés Fabila”. A Fernando Macotela le avisé del equívoco y de inmediato lo corrigió. Ya está el dato adecuado y en internet nunca he padecido tal confusión. La mejor prueba de ello fue el homenaje que me hizo la UNAM. Ahora, sin embargo, infinidad de medios han reproducido parte de mi historial literario, periodístico y académico y lo mezclaron con un artículo mío, publicado en Excélsior y tomado de mi blog. El título del breve ensayo es “La libertad, un arcaísmo”, y supusieron que yo, al cumplir años, conmemoraba la fecha con un trabajo sobre la ausencia de libertad que desde casi siempre ha rodeado al ser humano. Nada más que una coincidencia. No le veo sentido a vincular mi fecha de nacimiento con las dificultades que rodean a la humanidad. No soy filósofo, sino un escritor de literatura. En todo caso fue para los periodistas culturales un indicador de que con la edad yo reflexionaba sesudamente, lejos ya de la “onda literaria” en que me encasillaron desde la juventud. Para mayores datos, la noticia reproducía de modo desordenado mis datos curriculares. Vi aquello como un cordial error y seguí visitando los distintos sitios donde Kafka vivió y sufrió la incomprensión de lectores y críticos.

En la noche, en el hotel donde estoy alojado, descubrí que aumentaba el número de notas que hablaban de mi cumpleaños, el que pienso festejar en Berlín, el día correcto, el 15 de noviembre, fecha en que la Iglesia católica conmemora a Leopoldo y a Alberto Magno. Todos los comentarios eran generosos y reproducían datos curriculares: los sitios donde estudié, donde he trabajado, la UNAM y la UAM, los medios en los que he escrito y, desde luego, algunos títulos de mis libros. Para colmo, lectores de varias partes de México y de algunos países del continente comenzaron a enviarme felicitaciones. ¿Qué hacer? Pues escribir un artículo corrigiendo el error. Dejé a Kafka de lado y redacté estas líneas. El año pasado, en Facebook, mis amigos virtuales y algunos reales inundaron mi computadora con mensajes festivos. Tuve que darle las gracias a cada uno, en un inusitado acto de cortesía. Fue tremendo, cuando acabé, el día había concluido, estaba fatigado de responder, mi cumpleaños había pasado y no conseguí beber una copa.

Efectivamente, nací el 15 de noviembre, en la ciudad de México, en la calle Cuenca, en la colonia Postal, a media calle de Xola y muy cerca de la Calzada de Tlalpan, por donde está el Metro Villa de Cortés. Allí estuve poco tiempo (el edificio aún existe), hasta que mi madre, maestra normalista, compró una casa cercana. Viví unos veinte años en la entonces encantadora colonia Iztaccíhuatl y estudié tanto la secundaria como el bachillerato en el Centro Histórico. Ahora ignoro qué hacer salvo escribir esta aclaración dirigida a quienes redactaron un boletín equivocado y a los que lo reprodujeron o mejor festejarme dos veces: el 5, día que me dieron colegas y amigos cordiales y el real, el 15 de noviembre, así es posible recibir más regalos y brindar dos veces por una larga y buena vida, sobre todo ahora que mis libros, la mayoría agotados, comienzan a pasar al mundo electrónico, es decir, serán e-books. Circularán en el ciberespacio. Vaya experiencia para quien escribió buena parte de su obra en máquina mecánica.

Facebook suele poner correctamente mi fecha de cumpleaños, de allí espero que parta la rectificación. Mucho agradezco las notas aparecidas y los mensajes afectuosos que he recibido, pero mejor nos esperamos al día en que efectivamente nací. Ese momento estaré en Berlín, ya casi rumbo a París, donde hice el posgrado, una ciudad que me encanta y que jamás me aburre. Por fortuna, la mayoría de mis amigos, alumnos y lectores saben bien mi fecha de nacimiento: 15 de noviembre. Se aceptan obsequios.

Todo este embrollo sólo porque algún reportero se tragó el número 1. De cualquier manera, a quienes mandaron palabras afectuosas, las agradezco sinceramente. De lo contrario, están a tiempo de mandármelas.

Opinión 2012-11-07 - La Crónica

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