Tantadel

diciembre 23, 2012

Borges y Fernando del Paso

Siempre he tenido gran respeto por la persona y obra de Fernando del Paso. Lo conocí hace mil años cuando comencé a escribir periodismo. Fernando Benítez o Juan Rejano solían mandarme a entrevistar intelectuales. Luego las integré en un libro: El escritor y sus problemas, publicado por el FCE. Solía visitar a Fernando en una elegante oficina de publicidad. Si mal no recuerdo, lo entrevisté tres veces. Una respuesta suya, sobre el estilo literario, me impresionó y con frecuencia la he citado porque sus conceptos venían de una aguda heterodoxia. Acababa de publicar José Trigo en la naciente editorial Siglo XXI y le aparecían admiradores y críticos gratuitos. Aquello probaba una tesis que sigo sosteniendo: en México la crítica literaria es inexistente. Tenemos notables críticos cuando se trata de hablar de poetas y novelistas probados por el tiempo. Dos casos brillantes: Jaime Torres Bodet y Octavio Paz. La crítica cotidiana, la que nos indica qué leer y cuáles son los méritos y los defectos de los libros que van apareciendo, apenas existe y son los propios escritores quienes ejercen la riesgosa actividad.


En EU y Europa la crítica literaria más interesante surge de las aulas universitarias. En México la crítica aparece más para redondear un presupuesto que para orientar tanto al narrador o poeta como a sus lectores. Entre Emmanuel Carballo e Ignacio Trejo Fuentes, por ejemplo, hay un inmenso bache. La crítica se lleva a cabo por odio o por amor.

De alguna manera me hice amigo distante de Fernando del Paso. Me gustaba escuchar sus conceptos y él es de esos narradores que con naturalidad hablan de sus secretos literarios, como Arreola o Martín Luis Guzmán. Luego vino Noticias del Imperio, vaya novela: impresionante. Sin usurpar las funciones del riguroso crítico literario, constructivo y objetivo, pienso que la de Fernando está entre las mayores del país en el siglo XX, junto a obras como La sombra del caudillo, Los recuerdos del porvenir o La muerte de Artemio Cruz. Para esos años, ya poco veía a Fernando del Paso. Ocasionalmente. Lo encontré dos veces en la FIL de Guadalajara y me firmó su libro Linda 67: historia de un crimen.

Noticias del imperio es un clásico, ejemplo de rigor que funde historia e invención, en efecto, una de las mejores novelas históricas del castellano. Fernando pudo, como otros tantos, utilizar su peso artístico para acercarse a los poderosos, a la política, pero prefirió seguir entre libros. Poniendo orden en mi biblioteca, encontré una sencilla revista, Soberbia. El plato fuerte es una entrevista con Del Paso. Es breve y está llena de respuestas que tienen dos, tres o más interpretaciones. Me gustó mucho que al hablar de los mayores narradores del continente, Lezama Lima, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier y Carlos Fuentes, separara a Jorge Luis Borges. Sobre el argentino dijo: “Esto teniendo a Borges completamente aparte porque es un fenómeno único en la literatura latinoamericana y mundial”.

Borges ciertamente es la gran revolución literaria del castellano, no hay país del mundo que no tenga a diversos escritores trabajando bajo su influjo mágico. Modificó tanto a las letras universales, que alguien escribió: Muerto Borges, la literatura se ha terminado. Puede ser una exageración, pero es evidente que dejó una huella muy profunda. Era un hombre perfectamente diseñado para convertir en arte literario lo que tratara. Por eso el mundo se ha poblado de obras suyas y sobre él. Uno de los mejores prosistas mexicanos, Juan José Arreola, cuya admiración por Borges fue proverbial, cuando le conoció, fiel a su aprendizaje francés de arte dramático, cayó de rodillas y dijo: Borges, 25 años de admiración. El porteño lo ayudó a ponerse de pie, a recuperarse del gesto dramático, y respondió: Qué pérdida de tiempo, che.

Historias y personajes así, cada vez son menos, lamentablemente.

Excelsior - 2012-12-23

No hay comentarios.: