Tantadel

diciembre 16, 2012

¿El PRI es un partido político?

El cambio de dirigentes en el PRI y sus declaraciones iniciales deberían abrir una polémica sobre los partidos políticos mexicanos. Todos sin ideología, con militancia de escasa participación y el poder en manos de dirigentes, caudillos y del propio Presidente del país, jefe nato de su partido durante seis años. Miremos la miseria que tenemos. Duverger decía que existen partido arcaicos o prehistóricos en Medio Oriente, África y América Latina: simples clientelas agrupadas alrededor de una familia feudal o un líder carismático. No vale la pena estudiarlos, precisa. Aquí caben los mexicanos.


La propuesta del marxismo es obsoleta, sólo la intentan países que algo del comunismo mantienen: ¿un partido único para orientar a las masas y disolver las clases sociales en contradicción? No. Es una aberración. En la realidad, el pluripartidismo se ha impuesto a la dictadura del proletariado. La estratificación social está mucho mejor matizada que la propuesta marxista. Algo más: los partidos no representan perfectamente a cada estrato de un país. Los obreros, digamos, apenas participan como gremio y son groseramente manipulados por líderes y partidos que pueden ser calificados de pequeño burgueses. La lucha es por el centro. El PRI se calificó en voz de César Camacho como centro-izquierda, como lo ha hecho el PRD. Ninguno está en la izquierda. Son tendencias o mezclas que van y vienen. Lo que diga un partido de sí mismo no importa, son sus acciones las que determinan su postura ideológica y ésta no aparece, sus más conspicuos dirigentes son oportunistas o cínicos con la idea de perpetuarse en el poder.

El PRI surgió de la Revolución, supo adaptarse a la ideología del presidente en turno. No más. Aunque se ha definido de múltiples maneras, ninguna atinada, documentos recientes lo ven como socialdemócrata. El simplismo impuesto por el PRD, que busca identidad desde su nacimiento, hizo creer a un amplio sector del país que es la “izquierda”. Poco de su trabajo hace pensar que lo es. Hablar de la pobreza y proporcionar dádivas no lo hace poseedor de una ideología izquierdista. Dentro de tal partido a nadie se le ocurre pensar en lo que decía Marx, transformar al mundo.

Pero lo que más sorprende es la ausencia de los militantes en la toma de decisiones. En el PRI jamás han decidido sus muchos activistas, los que pocos beneficios reciben. Es el presidente, caudillo sexenal, quien toma las decisiones. El PRI es una máquina (como el PAN y el PRD) electoral, en caso de triunfar se convierte en fábrica de empleos. Antes los distribuía únicamente entre los suyos, hoy se ha visto obligado, luego de dos derrotas, a atraer figuras de la oposición y recuperar a los tránsfugas, asimismo utiliza ideas que a otros les funcionaron.

Si el PRI fuera lo que nunca ha sido, un partido político, como en Europa y en EU, actuaría con distancia del mandatario. Apoyarlo sí, pero cada quien tiene su modo de operar. En el PRI el presidente es automáticamente dueño del partido. Su voz es imponente. Quita y pone, según su habilidad y necesidades, a los dirigentes partidistas. Mantiene un modelo autoritario, útil para transmitir señales, obedecer órdenes y ganar elecciones. No hay más disposiciones que las presidenciales. Existen figuras y grados de participación, pero nunca nadie intenta alejarse de Los Pinos. Carlos Madrazo quiso hacerlo y tuvo que salir del partido.

César Camacho, hombre respetable, sabe que no fueron los militantes quienes lo eligieron, fue una sola persona: Peña Nieto. Las reglas del partido son claras y las mismas de siempre desde que fue creado: su jefe nato es el presidente y quiere resultados que le permitan mover sus piezas políticas. Simplismo puro. Prehistoria. En los partidos restantes, el método es mera repetición. Se conducen por ideas dispersas e infaltables ocurrencias, sin ver ambiciosamente un futuro luminoso.

Excelsior - 2012-12-16

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