Tantadel

diciembre 14, 2012

La cultura recobrará su dignidad

Doce años panistas poco aportaron al desarrollo cultural de México. Obras espectaculares, excesivas e inútiles, desorden y animosidad. Al no conocer las necesidades nacionales en tal materia, Fox y Calderón llevaron a cabo unas cuantas obras fastuosas pero sin mayor sentido o lógica dentro del reordenamiento que México debe tener en cultura. Un conjunto de bibliotecas acumuladas en un solo punto, sólo contribuye a la centralización que ha sido un asunto infortunado. O una biblioteca descomunal, hecha bajo la temeraria idea de que carecemos de Biblioteca Nacional, cuando nadie ignora que existe y la tiene la UNAM, ha sido un hazmerreír que sigue mostrando irregularidades. Una remodelación de limitada cordura del magnífico Palacio de Bellas Artes y una serie de homenajes a los amigos personales de ambas presidentas del Conaculta, mientras que a sus enemigos o intelectuales distantes de ellas, les cerraban las puertas a su trabajo, aunque fuera de calidad.


Peña Nieto no parece preocupado por los temas culturales, la FIL de Guadalajara fue un traspié ruidoso y magnificado por sus enemigos, sin embargo supo seleccionar. La persona destinada a conducir la transición cultural, María Cristina García Cepeda, hizo un discreto y hábil trabajo. Acaso sea lamentable que hasta el momento el Presidente no se haya reunido con los intelectuales y artistas del país, pero está todavía a tiempo. La persona designada como titular del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa conoce profundamente la cultura, no sólo la promueve, es parte de su vocación: buen crítico, mejor lector, ha escrito libros significativos. Su experiencia en la conducción del aparato cultural es larga y conocida. Es seguro que él y Maraki tendrán resultados positivos y con algún esfuerzo pondrán de pie a las instituciones que fueron utilizadas más con fines personales que para beneficio de México, una potencia cultural que de pronto vio a sus artistas distanciados y en pugna.

El trabajo cultural sólo se cumple, dijo Rafael Tovar y de Teresa en su toma de posesión, cuando realmente llega a millones. Ésta es una concepción novedosa, porque de hecho tenemos al país dividido, uso la terminología de Mario Vargas Llosa, en civilización del espectáculo y alta cultura. El primero no requiere apoyo estatal, la segunda sí y aquí ha sido visible el esfuerzo histórico que han hecho muchos gobiernos, salvo los panistas.

En otra parte, y como resultado de su experiencia como promotor cultural y autor él mismo de libros valiosos, Rafael ve a la cultura como integrador social. Lo que se hizo antes de su llegada, fue desarticularla, darles a unos y negarles a otros, según caprichos. Vivimos doce años en total desarmonía. Sin la ayuda de un periodismo cultural, en decadencia, apenas aparecieron las denuncias. Fueron los propios creadores no beneficiados quienes subieron a internet sus quejas y las majaderías recibidas de parte de un autoritarismo de escasa elegancia y desde luego, sin un proyecto nacional de largo alcance. Caprichos o decisiones tomadas sobre las rodillas. No pensadas con grandeza y talento.

El encuentro más reciente que tuve con Rafael Tovar y de Teresa fue en la casa cordial de María Luisa Mendoza, la muy querida China Mendoza, autora de libros memorables y marginada en estos atroces doce años, la plática fue como siempre cordial y alegre. Rafael habló tanto de los libros propios como de las lecturas que estaba llevando a cabo. Vivía lejos de la posibilidad de su retorno al Conaculta, hicimos algunos recuerdos de amigos comunes y de encuentros afortunados. Al despedirnos, me percaté de que había alcanzado su total madurez, en tanto creador y desde luego como potencial funcionario cultural. Su paso por la diplomacia lo enriqueció y le dio el aplomo y la fineza que se requiere para llegar a un cargo de tal naturaleza.

Si antes teníamos la idea vaga de que los titulares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes debían estar en manos de creadores, ahora el gobierno federal ha hecho esa imagen una realidad. Conociendo a Rafael Tovar y de Teresa, a su hermano, Guillermo, un enamorado de los libros y autor de obras memorables, podemos tener confianza: fue una atinada selección. En el INBA, Maraki, dueña de una amplia experiencia cultural, cuidadosa funcionaria que supo conducir el Auditorio Nacional con sobriedad, sin que jamás hubiese algo fuera de lo normal. Muchos pensamos que dentro del mundo de los creadores, escritores, artistas plásticos, músicos, vienen buenos años para reactivar la luminosa tradición del Estado mexicano: extender la alta cultura, la que necesitamos y urge recuperar.

Rafael y Maraki saben que el Estado por sí sólo ya no es capaz de brindar cultura a casi 120 millones de habitantes de diversas tradiciones y niveles sociales, pero les queda claro, se observa en las palabras de Rafael, leal a sus estudios en una universidad pública, la UAM: “Leer cuáles son las necesidades que se tienen, reconocer las nuevas voces que hay que escuchar, las nuevas condiciones en las que se trabajará y, sobre todo, las necesidades sociales que hay que satisfacer.” Con la certeza de que han surgido empresas culturales debido a nuevas condiciones político-económicas del país, es prever que coexistirán distintos esfuerzos sociales con los estatales. La comunidad cultural está satisfecha con ambos nombramientos. Sin duda contarán con el apoyo indispensable, lejos de las pugnas que padecíamos por un caótico trabajo autoritario y de violentas confrontaciones.

Opinión 2012-12-14 - La Crónica

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