Tantadel

diciembre 03, 2012

La izquierda y "las izquierdas"

La Revolución Francesa formaliza el concepto izquierda y lo utiliza. Marx y Engels no pensaron en el término sino en el proletariado como impetuosa clase social emergente. La Comuna de 1871 les permite ver la necesidad muy puntual de crear un partido vanguardia de las luchas obreras. Lenin desarrolla ampliamente la idea y crea un partido del proletariado, su vanguardia, la punta de lanza de las luchas por el poder. En ese momento, ante el crecimiento del imperialismo, última fase del capitalismo, no ve más solución que la lucha armada. La de Lenin y los suyos fue una lucha violenta. Así suelen ser las revoluciones, antes que aparecieran las aterciopeladas y las floridas que produjeron débiles cambios en las sociedades que actuaron.


América Latina se debatió entre dos tipos de lucha: la armada y la vía electoral. El Partido Comunista en México tuvo indecisiones al respecto, buscó afanoso su camino. Lombardo Toledano daba sus puntos de vista y el Partido Comunista fue evolucionando hacia otras posturas a través de búsquedas que pasaron por el prosovietismo, la toma violenta del poder, el eurocomunismo, en fin, multitud de posibilidades fueron analizadas. Prevalecieron la ortodoxia, la severa presencia del PCUS y la escasa imaginación. La Revolución Cubana, por un tiempo, fue una enorme inspiración para los jóvenes. Luego de 1968, se generalizó la idea de que no era posible modificar el estado de cosas sin la guerrilla convertida más adelante en ejército popular. México tuvo diversas intentonas guerrilleras que fueron literalmente masacradas. Hoy las recordamos como “guerra sucia”. La muerte de Ernesto Guevara en Bolivia, detuvo el avance de quienes veían la salvación en la lucha armada. Tanto las guerrillas rurales como las urbanas fueron cayendo una tras otra. El enemigo aprende también, había sentenciado Fidel Castro. EU se convirtió en una eficaz y brutal máquina antiguerrillera.

Hoy a pocos se les ocurre irse al monte a crear un foco guerrillero. Salen a las calles ejecutan actos de mero vandalismo y ante la ineptitud y temor político de las “izquierdas” oficiales, destruyen lo que pueden. No son todos los jóvenes, son un grupo sectario, cuya devoción por un caudillo surgido del PRI, los transforma en liberadores del país. El problema no es quitar a Peña Nieto sino transformar al país. Van tras él como fueron sin éxito en pos de Calderón. Quedan instituciones aunque avejentadas, sólidas y por supuesto Fuerzas Armadas difíciles de vencer. Si no lo creen, pueden preguntarle al subcomandante Marcos.

Ante los hechos de ciega violencia, donde no hay un programa político, una ideología clara y precisa, “las izquierdas” se dividieron en dos amplios grupos. De un lado los que gritan fraude y acometen contra negocios pequeños, monumentos de enorme simbolismo patrio, golpean a quien suponen enemigo (el policía que recibe órdenes) y aquellos que han contribuido grandemente al caos de esas propias fuerzas, las que ahora llaman al orden y al civismo, a dar luchas políticas y no a cometer acciones vandálicas. En medio de esta confusión, las redes sociales contribuyen con entusiasmo: ya van varios estudiantes muertos, nos están masacrando, alto a la violencia, mueran los dueños de México, queremos libertad… El propio Marcelo Ebrard trata de evitar no tanto que la cordura retorne y que los jóvenes obradoristas den la pelea dentro de cauces civilizados. Por desgracia, no son los que imperan.

Salvo varios países asiáticos y africanos, existen muy pocas naciones que proporcionen elementos sociales y políticos para levantarse en armas y tomar el Palacio Nacional. Los resultados son el ridículo y la enemistad de quienes hasta hace poco vieron en López Obrador un salvador o una posibilidad de modificar la situación de México. Está visto que el sistema no es fácil de destruir, no basta con mandar al diablo a las instituciones. Por seis años pidieron la salida del “teporocho de Los Pinos” y éste salió por la puerta que le cerraron para rendir protesta, triste (como todo el que deja el poder), pero sin mayores problemas. Y pensar que miles de personas canalizaron su malestar para derrumbarlo.

La lucha por ahora tendrá que llevarse por cauces formales, a través de debates, pugnas intelectuales, batallas sociales dentro de los cauces legales. Apedrear policías, echarles bombas molotov o destruir monumentos, a nadie le ayuda, menos a su causa. La izquierda ha encontrado el camino ideal para autodestruirse. El arrogante PRI, el humillado PAN y el confuso PRD, verán cómo las huestes de Obrador contribuyen a la eliminación de un proyecto avanzado que llegó a su punto límite. O buscan un camino civilizado por frenar a los “treinta dueños de México” y a las televisoras comerciales y al PRI y al PAN o mejor se incorporan a algunas de estas instituciones explotadoras.

En menos de tres años, ya quienes el sábado jugaron a la revolución urbana, verán cómo gracias a su desaforado vandalismo sin ideales, reforzaron a la derecha, al sistema que tanto dicen odiar. De parte del conservadurismo mexicano, ¿para qué golpear a las “izquierdas”, si ellas solitas están dándose en la madre?

Opinión 2012-12-03 - La Crónica

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