Tantadel

diciembre 26, 2012

La reaparición del EZLN

La semana pasada, como un recordatorio al nuevo gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto, reaparecieron los zapatistas. Esta vez no llevaban armas, era un ejército de hombres, mujeres y niños que desfilaron lentamente y en silencio por algunas ciudades donde su presencia ha sido destacada. Tienen al frente nuevos desafíos. A Chiapas ha llegado un gobernador distinto y a México un Presidente de la República que afirma querer lo mejor para la sociedad. ¿Tendrán la sensibilidad de escuchar las voces que representan siglos de opresión o seguirán el camino que comenzó cuando el EZLN le declaró la guerra al “mal gobierno” en vista de tanta miseria y explotación? o ¿la situación seguirá siendo la misma y de nada habrán servido las muertes? No lo sabemos con precisión. Por lo pronto, reapareció el subcomandante Marcos y le dijo al país que allí estaban los indígenas, recordándole que no hay modernidad posible sin ellos, que no hay un México justo con la ausencia de los habitantes iniciales, de los despojados.


Hacía tiempo que los zapatistas no estaban en los medios de comunicación (no eran noticia) y menos en las agendas de los políticos. El PRI trataba de recuperar la presidencia. El PAN tuvo dos momentos, el primero cuando un charlatán del tamaño de Vicente Fox dijo que resolvería el problema indígena en quince minutos. El segundo fue el total silencio de Felipe Calderón. Para el PRD y principalmente para López Obrador, el discurso sincero y realista de Marcos fue molesto. Para los zapatistas todos los partidos son iguales y repugnantes. La supuesta izquierda puso distancia con parte de la realidad, la que bien representan los indígenas sublevados y con armas en la mano, solicitando lo natural: respeto y dignidad.

Si Peña Nieto quiere que el país avance, tiene que sentarse en la mesa de negociaciones con los zapatistas, tiene que devolverles el decoro arrebatado, sacarlos de la miseria en que una injusta historia los ha sumido. Debe entrar en el complejo universo de la globalización y salvar lo propio, lo valioso de culturas ancestrales. Muchos suponen que el nuevo gobierno trata de hacer bien las cosas, intenta reparar los daños que el sistema político mexicano ha causado a los más marginados de los marginados. ¿Lo hará?

El problema no es sencillo, pero los zapatistas no pueden seguir viviendo en condiciones tan extrañas. Son de muchas maneras los perseguidos en sus propias tierras. Son aquellos que tuvieron la osadía de retar al Ejército nacional y los que han mantenido una conducta limpia y frontal. No buscan el poder ni el dinero. Son ya muchos los años que han pasado desde que los indígenas chiapanecos se levantaron en armas. Hemos visto enfrentamientos a tiros, forcejeos, discusiones, diversos negociadores por la parte oficial que han fracasado. Marcos transitó de héroe a malvado porque no apoyó a López Obrador. El subcomandante, ajeno a los chantajes de los políticos convencionales, se ha mantenido por lustros en las selvas de Chiapas, esperando con paciencia y sabiduría a que las autoridades sepan dialogar.

Ahora de nuevo le muestran al país que siguen existiendo y manteniendo sus demandas. Allí está el EZLN, por ahora sin armas, exigiendo que el sistema se sensibilice. No quiere ser más la moda que fue entre los jóvenes supuestamente avanzados, sino un amplio sector de la población que tiene cultura propia y valores destacados. Si el nuevo Presidente tiene sensibilidad, de inmediato establecerá un diálogo serio y respetuoso con aquellos que solamente desean dignidad y vivir en paz y tranquilidad, ajenos a los políticos convencionales, sin aceptar el perverso juego de la política a la mexicana. Es de imaginar que habrá modificaciones en el gobierno, diferencias con los anteriores cuyos resultados son lamentables. Para eso, queremos creer, que en el primer círculo del Presidente está Rosario Robles, cuyo exagerado perredismo fue célebre y parte de la demagogia de AMLO: primero los pobres. Ahora es su obligación, promover la justicia social. Asimismo tenemos a la hermana del subcomandante Marcos en un lugar destacado. Es tiempo de hacer de lado la charlatanería y enfrentar los problemas reales, los de carne y hueso que vemos todos los días y que para los políticos sólo son parte de un discurso gastado y desprestigiado.

La presencia nuevamente en las calles de hombres, mujeres y niños en las calles demandando respeto y diálogo, soluciones a sus graves y ancestrales problemas, es un recordatorio para toda la nación: no vamos bien, no vamos por el mejor camino. Hay que rehacerlo, buscar las rutas de la justicia, el bienestar público, la igualdad y desde luego, el respeto a todos aquellos que han sido despojados durante siglos.

Opinión 2012-12-26 - La Crónica

No hay comentarios.: