Tantadel

diciembre 09, 2012

Los indignados y los satisfechos

El mundo actual es complejo, no lo entenderemos si antes de poner barricadas no sabemos qué deseamos...


José Revueltas, en un texto poco conocido, habla de quiénes eran en América Latina las figuras mexicanas más populares cuando Lázaro Cárdenas era Presidente. Destacaba Vicente Lombardo Toledano, nacido en 1894, creador polémico de instituciones que jugaron un papel decisivo en las luchas antifascistas; algunas sobreviven. Perteneció a la generación llamada Los siete sabios y sus obras completas, superan los cien tomos. Sin duda, el continente no ha tenido una figura semejante, brillante y de profunda cultura. Fundó el Partido Popular Socialista y fue candidato a la Presidencia tratando de frenar al poderoso PRI. Fue un marxista lúcido y un luchador infatigable que cometió, al final de su vida, un acierto y un desatino. El primero, en 1967, al escribir un libro intenso: A un joven socialista mexicano, y en 1968, año de su muerte, señalar al movimiento estudiantil como anarquista.

La obra citada es una sincera reflexión dirigida a los jóvenes, son aceptables consejos para que se apoderen del pensamiento de Marx. Según el antropólogo Francisco Javier Guerrero, autor del prólogo de la segunda edición, hecha por la UAM, el marxismo es la doctrina de la emancipación humana. Hombre de su tiempo, Lombardo amaba a la Revolución Mexicana, a la que le vio potencial político hasta su muerte, cuando el PRI ya había momificado dicho movimiento. En consecuencia, suponía que era posible transitar de una revolución democrático-burguesa a una de corte socialista. La carta es conmovedora porque les pide a los jóvenes sean poseedores de una ideología y así de un proyecto revolucionario. Recomienda la lectura de los clásicos del marxismo y explica que sólo así, con la clase trabajadora, llegaremos “con los pies firmes sobre la tierra… a un futuro, sin imitación extralógica de lo ajeno; pero sin chovinismo aldeano, sin despreciar el internacionalismo proletario, que es información recíproca, intercambio de experiencias y estímulo y ayuda a los que luchan por los mismos ideales”.

Muerto el llamado socialismo real y ante el triunfo apabullante de la economía de mercado, los jóvenes se indignan, salen a las calles, protestan, chocan con la policía, pero todo ello sin ideología. El #YoSoy132 nada indica más que malestar, tampoco tiene sentido tener muchachos anarquistas que destruyen comercios y gritan consignas simplistas. No es Marx o Bakunin quienes los orientan, el suyo es un caudillo lamentable: los mueve y aprovecha su rabia natural. He vivido siempre entre jóvenes. Primero fui uno de ellos y milité en la Juventud Comunista, ahora y desde hace varias décadas soy profesor universitario de la UNAM y la UAM. Sé, pues, cómo piensa y actúa este amplio sector. Lo veo apenas preparado ideológicamente. Si en 68 los activistas tenían claridad política, un proyecto de nación, en 2012 se limitan a detestar a Peña Nieto y a su partido, sin duda incluyen al PAN y a los medios. ¿Cuáles son sus armas? No las ideológicas. Poseen furia natural (lo cual no es poca cosa), pero sin más soporte que la aversión que les brindó un demagogo ex priista.

Si lograran que Peña renunciara, lo que no consiguieron con el endeble Calderón, qué sigue: el sistema queda intacto, ¿por qué y quiénes lo sustituyen? En síntesis: ¿dónde está la propuesta alternativa? Revueltas, como Lenin, supuso que en el proletariado guiado por un partido. ¿Morena, el de la república amorosa donde están personajes como Monreal, Muñoz Ledo o Bejarano?

La indignación siempre es saludable, pero hay que mostrarla de manera inteligente y con una propuesta alternativa. Destruir comercios y cerrar calles es darles armas a sus enemigos. Deben prepararse intelectualmente para eliminar un sistema que no funciona y que no conseguirá eliminar las contradicciones.

El mundo actual es complejo, no lo entenderemos si antes de poner barricadas y tomar Palacio Nacional, no sabemos con precisión qué deseamos ideológicamente y cómo transitar a un cambio serio.

Excelsior - 2012-12-09

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