Tantadel

diciembre 07, 2012

Mancera: ¿Continuidad o cambio?

El título de esta nota es la pregunta que muchos periodistas, intelectuales y capitalinos en general se hacen. Me parece que, como en el caso de Peña Nieto, lo que por ahora cabe es el beneficio de la duda. Sin embargo, durante las dos ceremonias del pasado miércoles, hay elementos para suponer que el de Miguel Ángel Mancera podría ser un buen gobierno, eficaz y ajeno al corrupto PRD que hemos visto desde que lo tomaron las mafias, tribus y familias venidas de los bajos fondos políticos. Si algo acercó a miles de personas bien orientadas a tal organismo en la época en que Cárdenas era su voz más autorizada, su creador, fue el decoro político, la sensatez, la búsqueda de una izquierda moderna, acorde a los nuevos tiempos. Luego el partido se perdió y la mejor prueba de su corrupción radica en las delegaciones. Hoy vemos a un jefe de Gobierno del DF rodeado de algunos personajes brillantes y de talento, la mayoría honestos, como lo ha sido el propio Cuauhtémoc. Por añadidura, Mancera posee un discurso bien hilvanado, de propuestas razonables, no de ocurrencias o amenazas. Palabras cordiales. No las de Obrador y Ebrard.


Los mensajes que Mancera envió el miércoles son congruentes con un país que no desea corrupción ni políticos rijosos. Están más cercanos a la sociedad que a la clase política, tan conocida en México. La presencia de Cárdenas, que aceptó un cargo dentro de su gabinete, relaja. Pone sana distancia con quienes han utilizado al partido para sus propios fines y para desprestigiar a la izquierda histórica. No deja de ser extraño que un candidato ciudadano, producto de situaciones complejas dentro de un partido fragmentado y con graves desgajamientos, se convierta en la salvación de la política capitalina. Ante un PRI que en el DF es inexistente y un PAN que en doce años perdió su prestigio, el PRD con Mancera se transforma en un ejemplo positivo.

La duda persiste, alrededor de Miguel Ángel Mancera se mueven multitud de insanos intereses, pero es probable que los pueda derrotar y convertir al PRD en lo que tantos mexicanos vimos hace un par de décadas: como una esperanza. Simultáneamente, el organismo intenta recuperar sus principios y eso le da serias posibilidades de coadyuvar a buscar una nación de sano pluripartidismo. En pocos meses sabremos, como en el caso de Peña Nieto, si Mancera logra imponer sus modales y conducta política que hasta hoy no son una característica del perredismo.

Por ahora, dentro del PRD, coexisten dos amplias tendencias. No es difícil imaginar que la peor se irá tras de Obrador, en tanto que la más coherente intentará reconstruir un partido muy dañado. El futuro no es promisorio. AMLO arrastrará, en un país de caudillos, a muchos militantes de “las izquierdas”, PT, Movimiento Ciudadano y a las mafias que destruyeron la buena reputación inicial del PRD. Pero es posible contrarrestarlo con la actuación de un equipo preparado, decente y hábil para hacer política de alto rango. Ésa es una tarea compleja, que salvaría a dicho partido del desastre que se avecina cuando Morena se convierta en partido y Obrador exija de nuevo sumisión. Es el momento de las voces que saben que el camino es otro. Ya Obrador tuvo no una sino dos oportunidades. Es tiempo del relevo. Pero es más urgente darle al PRD características de una izquierda inteligente. En Brasil han gobernado espléndidamente un hombre venido del comunismo y una mujer combatiente que vio en la lucha armada la solución. Ambos tratan de cambiar el rumbo del gigante por métodos que son legítimos y reales en este momento, utilizando armas válidas en el arsenal político de hoy: la electoral. Apedrear policías y destruir comercios, deja las cosas peores. Para modificar al sistema es indispensable utilizar nuevas formas. El simplismo político de dividirnos en buenos y malos, es una torpeza. Allí está López Obrador, cada día peor, casi arrinconado, destilando odio y acabando con su propia imagen.

Miguel Ángel Mancera llega con un discurso distinto. Su mensaje y presentación del gabinete (discutible y resultado de ciertas concesiones a las mafias), fue aplaudido por un amplio sector de capitalinos de todas las profesiones y de diversos estratos sociales. Sus palabras fueron sencillas y directas. No hubo promesas grandilocuentes, la demagogia fue alejada. Eso hace que los capitalinos sean optimistas. Ahora existe la posibilidad de que los tres grandes partidos se pongan de acuerdo para darle a México no sólo tranquilidad sino evitar la violencia, la corrupción y las confrontaciones cotidianas. La Cámara de Diputados debe ser un recinto para debatir los grandes problemas nacionales, no una arena donde la agresión y el tedioso secuestro de la tribuna siempre salen de las izquierdas. La discusión debe superar a los insultos y el acarreo de organizaciones, como ganado, debe ser frenado.

En tal sentido, luego del breve periodo de Cárdenas como jefe de Gobierno del DF, no hemos tenido más que rijosos, taberneros, y nunca hábiles políticos. Con Mancera esperemos que se recupere el orden, aparezca la lucha civilizada, el debate inteligente y la corrupción sea frenada.

Opinión 2012-12-07 - La Crónica

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