Tantadel

febrero 27, 2012

Marco Tulio Aguilera Garramuño

A Marco Tulio Aguilera Garramuño, de origen colombiano, lo conocí en Monterrey en 1975. Yo era joven y apenas había publicado tres libros. Marco Tulio era mucho más joven y había editado igual número. Era, por añadidura, un promotor cultural de excelencia. Impetuoso y de amplia generosidad, algo poco común entre escritores. Marco Tulio me invitó a dar una conferencia y hasta allá fui.

Marco Tulio fue famoso desde su primera obra publicada en Buenos Aires. Su bibliografía es impresionante y tengo la certeza de que todos los que se acercan a sus libros deben aceptar que están ante un escritor poderoso, inquieto, conocedor del lenguaje y un eterno explorador de estructuras. Destaco algunos títulos: Mujeres amadas, Cuentos en lugar de hacer el amor, Cuentos para antes de hacer el amor, Agua clara en el Alto Amazonas e Historia de todas las cosas. Vale la pena señalar que hay en el autor lo que Sabines llamaría un amoroso. Escribe un erotismo inquietante y maravilloso, por ello el autor ha comentado libros ejemplares en tal sentido: Lolita. En su conferencia “El gran modelo (notas sobre el erotismo y la literatura)”, Marco Tulio se define en este sentido: como un autor pleno de erotismo en cuya estirpe se encuentran Miller y Lawrence. Si escribir una novela es una insolencia, como dice Marco Tulio, Historia de todas las cosas, en su intento totalizador, es una insolencia infinita.

A pesar de su éxito nacional e internacional, de ser un autor bien conocido y respetado por sus méritos literarios, por su vida deportiva y sus inquietudes de promotor cultural, Marco Tulio prefiere una vida no tan pública. Rehúye el contacto con el poder y prefiere tratar a sus pares en cierta intimidad. Su espíritu aventurero puede ser notado en un libro como el citado Agua clara en el Alto Amazonas. De su abultada bibliografía destaca la edición actual de Historia de todas las cosas, un libro físicamente hermoso, lleno de experiencias de vida, de letras y de historias deslumbrantes. Sus personajes son todos extraños, poco comunes. La manera en que el narrador los presenta y describe, los hace hablar, los escenarios donde se mueven son, sobre todo, tropicales. Es un mundo de sol, de luminosidad extrema.

Su vida, contada por el mismo Marco Tulio en un texto breve capaz de ser encontrado en internet, es muy veloz, va y viene, viaja, está en mil actividades. Pronto conoce el éxito. En Jalapa se convierte en escritor sedentario. Sin embargo, no es así en su prosa narrativa ni en su actitud frente a los demás. Hay quien lo encuentra arrogante. Es retador, como es posible apreciar en un texto excelente y ameno: “Encuentros con García Márquez”. Eso a muchos puede no gustarle, a mí me parece una conducta adecuada. La hallo divertida y sincera.

Así lo recuerdo en Monterrey en 1975, así lo he visto en el DF, Puebla y Jalapa.
Vicente Leñero alguna vez me dijo que todos los oficios y los viajes, los romances y los choques con otras personas, resultan susceptibles de transformarse en literatura. Eso exactamente ha hecho Marco Tulio. Breve historia de todas las cosas, Mujeres amadas, y Paraísos hostiles son libros de gran importancia para las letras latinoamericanas. Todos tienen buenos tirajes y ventas, están traducidos. Sin embargo, no tiene el reconocimiento que debería tener. Esto lo digo luego de leer su Historia de todas las cosas, obra que conocí bajo el título de Breve historia de todas las cosas, novela inicial, publicada en Argentina y que ameritó comentarios de críticos exigentes: John Brushwood, Seymour Menton, Wolfgang Luchting (por cierto, traductor de Vargas Llosa al alemán), Gustavo Álvarez Gardeazábal y otros más.

Historia de todas las cosas es rica, posee un lenguaje provocativo, como en general lo es el autor. Sus personajes son espléndidos, viven y se atreven a saltar de las páginas para contarnos de viva voz, con sus palabras y términos locales, un sinfín de historias que para un mexicano del DF resultan exóticas, semejante impresión me produjo en 1967 la lectura de Cien años de soledad. La de Marco Tulio es una novela de intensidad poética y hermosas metáforas, una y otra vez sometida a una impúdica revisión. No hay palabras que estén de más o de menos. Es una novela exacta y un intento de capturar las pasiones y los sentimientos humanos, tal como lo hizo Balzac.

Que yo admire esta novela no significa que vea como hermanas menores las otras o los cuentos de Marco Tulio. Son distintos. Aquí es donde este colombiano y otro, García Márquez, se separan largamente. En el segundo, si uno lee con detenimiento las obras anteriores a Cien años de soledad, se da cuenta que son portentosos ensayos para llegar a su obra maestra. Dentro del resto, hay libros que apenas se sostienen, como El general en su laberinto, una terquedad más de Álvaro Mutis que del propio Gabo. La figura inmensa de Bolívar es humanizada a tal grado que pierde dignidad, se achica.
Me alegra estar en 2012 hablando de un libro y de un autor que conocí en 1975 y cuya amistad he mantenido. Coincido con una idea expresada en la cuarta de forros de este libro: ha creado su propio mundo, parece poco, es mucho.

Opinión 2012-02-27 -
La Crónica

febrero 26, 2012

Calderón, el encuestador

Con o sin intención, el Presidente desataó una descomunal polémica que incluyó no sólo a los partidos.

La tensión política, hasta el jueves, parecía disminuir. Los partidos fingían respetar las reglas del IFE, los medios carecían de noticias espectaculares, salvo las habituales informaciones de la guerra civil que se ha extendido a las hacinadas cárceles mexicanas, donde imperan el caos y la corrupción. De pronto, el sistema informativo se reactivó violentamente. ¿Qué sucedió? Poco en apariencia. En una pasarela para mantener satisfechos y felices a los empresarios, antes de que transitaran por allí Peña Nieto, López Obrador y Vázquez Mota, Felipe Calderón dijo (eso dicen), entre otras cosas, que la candidata panista se acercaba a Peña Nieto, que el mexiquense sólo le llevaba la pequeña cifra, no insuperable, de cuatro puntos. El escándalo se desató.
La noticia apareció inicialmente en el programa radiofónico de Joaquín López-Dóriga, quien en ese momento estaba con el encuestador profesional Roy Campos. La información y las opiniones comenzaron a fluir con rapidez. Peña Nieto fue cauteloso, López Obrador reaccionaba a la defensiva, Vázquez Mota no tenía preparada una respuesta aún. Poco más tarde teníamos comentarios a granel y la mayoría agresivos. Calderón, con o sin intención, había desatado una descomunal polémica que incluyó no sólo a los partidos políticos sino también a líderes de opinión, diputados y senadores. PRI y PRD protestaban en todos los tonos. Los especialistas decían que Calderón no tenía experiencia alguna en encuestas o trabajo de medios; se preguntaban de dónde viene una información tan grave, tendenciosa, porque anulaba de un plumazo al que hasta hoy va arriba en las encuestas y humillaba a quien va al último, López Obrador, esto sin mencionar a Quadri, quien está en Alemania arrancando su campaña presidencial.

En la Cámara de Diputados, donde posiblemente estén los políticos más soeces y provocadores profesionales, el asunto, para eso de las seis de la tarde, había alcanzado un tono especialmente severo. Gerardo Fernández Noroña, parte del amoroso equipo de AMLO, acusaba al presidente de México de haber hablado dopado o borracho, afirmó, como si hubiera estado junto a él, que a esas horas solía estar ebrio. Para qué seguir. De las oficinas de comunicación social de Los Pinos que, por cierto, nada trascendente informan, desmentían las acusaciones contra Calderón. Nunca dijo algo sobre su ahora candidata presidencial. De todos lados respondían con la exigencia de aclaraciones, ¿cómo, de dónde, con qué metodología había realizado la encuesta el Presidente de todos los mexicanos?
En momentos como los que México vive, con dificultades, guerras, crímenes y desorden político, partidos que luchan sin mucha ética ni principios, una declaración emitida por el Presidente de todos, le da al debate un tono grave, que trastoca más a la sociedad. Una sociedad que da muestras de haber sido contagiada por los excesos partidistas. Acabo de leer un artículo en internet donde acusan a un grupo de periodistas, tres de Excélsior, yo incluido, de preparar el despojo a López Obrador. Es obvio, el fraude, como insistió AMLO el jueves, viene del PRIAN. Y yo que pensaba que las alianzas en Puebla y Sinaloa, por ejemplo, se habían dado entre PRD y PAN contra el PRI.

Esto significa que hay una compleja descomposición en aquellos que ya han tomado partido de manera fanática y sin espíritu crítico y científico. Ellos son quienes mayor daño le hacen al país y su intento desesperado por ser moderno y democrático. Me siento egresado de la Universidad Complotense y parte de una maniobra infernal para bloquear el camino de AMLO al Cielo. Está visto que a los ojos de los seguidores de Obrador, no es posible ser crítico porque entonces uno conjura contra el bienestar de la patria. Ello hace prever una campaña majadera y perversa. Las palabras de Calderón echaron gasolina al fuego.

Excelsior - 2012-02-26

febrero 24, 2012

Unas palabras sobre Helena Paz Garro

No es fácil hablar de Helena Paz Garro, no al menos para mí, absorto como estuve mirando siempre a su madre y de reojo a su padre. Lo primero que supe de ella fue lo que leí en 1968: una carta dirigida a Octavio Paz en una perversa edición que el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz llevó a cabo para desprestigiar al poeta que había solicitado ser puesto en disponibilidad luego de los crímenes del 2 de octubre en Tlatelolco. No sé si hubo una edición en español, el ejemplar que recibí estaba en francés y parecía una edición de Siglo XXI. Es decir, se trataba de una falsificación. La carta de Helena a su padre comenzaba por una broma maligna de los “editores”: “Le poète Octavio Paz, postulé par lui même pour le Prix Nobel de Litérature, et nommé par lui même au ‘Comissariat de la cultura de l’inminent Gouvérnement Etudiant-Ovrier de Méxique’ (¡¡!!) a reçu cette lettre de sa fille Helena. 23 Octobre, 1968.” Luego, el texto desconcertante de su hija, una especie de crítica.

La conocí personalmente al buscar a su madre, Elena Garro, en París. La recuerdo muy bien, era de tarde y las visité con Rosario, mi esposa. Helena estaba radiante y hermosa, esbelta y de rostro fino, delicado, de una belleza distinta a la de su madre. Platicamos largamente y más tarde salimos a cenar. La amistad se acrecentó y siempre ha sido cordial.

Ya en México comencé a recibir los poemas de Helena Paz. Los publiqué, muy destacados, en las páginas del suplemento cultural de Excélsior, El Búho. Dos me llamaron la atención y con alguna perversidad los edité juntos en primera plana: eran los dedicados a sus padres. El que era para Elena Garro decía a mi madre, el otro simplemente estaba dedicado a Octavio Paz. El primero reflejaba amor, el segundo era una no muy velada amonestación acerca de un encuentro en Londres. Años después, Proceso hizo lo mismo, imitó la idea periodísticamente atractiva.

La poesía de Helena es excelente, fina, sutil, de imágenes distinguidas. No son las deslumbrantes del padre, pero son eficaces y es lo que cuenta. Su hasta hoy único libro autobiográfico, Memorias, es sin duda el mejor de los testimonios personales que se han dado en las letras latinoamericanas. Es un libro duro, no es complaciente en sus recuerdos, hay palabras severas para el padre y velados reproches a su madre. Escrito con elegancia, con una prosa trabajada, reconstruyendo una vida incierta, de vaivenes y pugnas para ella apenas justificadas y justificables, la escritora nos ofrece su asombrosa vida, llena de claroscuros. Me parece que sólo los diarios de Anaïs Nin pueden compararse a este libro. Mientras todos los que escriben memorias, diarios, autobiografías y recuerdos se ven como triunfadores, como centro del orbe, ella se muestra como un ser desprotegido y dependiente. Alguna vez me dijo tajante: “No sabes lo que es ser hija de dos genios.” No, realmente no. Muy pocos lo saben y en general hablan con amargura de su infancia y juventud. Helena no es la excepción. En su vida no hay tantos éxitos y triunfos como fracasos y estorbos. A Octavio le resta credibilidad, a Elena la mira con amor, no en vano decidió compartir la ruta hacia el doloroso exilio con ella.

Más de una vez presencié discusiones entre ambas, entre madre e hija, no parecían graves, tal vez lo eran y uno se quedaba en la superficie. Como sea, entre el enorme poeta y ensayista y la extraordinaria autora de novelas, cuentos y obras dramáticas, le estropearon la vida a la hija y al final le crearon tales dependencias que ahora todo le resulta difícil: es incapaz de defenderse con vigor, por más que sea erudita y políglota. Se acostumbró a resolver sus problemas pidiendo ayuda. Una vez, ella en París y yo en México, tuvo dificultades con su jefe inmediato, un novelista mexicano connotado. Me habló para quejarse y tuve que comunicarme telefónicamente con Javier Barros Valero, entonces subsecretario de Relaciones Exteriores, para que interviniera en su favor.
El Fondo de Cultura Económica editó sus poemas con prólogo de Ernest Jünger. Allí está la poeta de cuerpo completo. Si la vemos con su propia luz, es una escritora de mérito, de talento, que refleja sus muchas lecturas, una profunda cultura y desde luego, un instinto literario notable.

Sé que tiene mucho más escrito, he publicado algunos de sus nuevos poemas en la revista El Búho (hoy en Internet). Algunos son admirables, pero no veo que se dedique de lleno a la literatura, a trabajar el segundo tomo de memorias. Algo la atora y le impide mostrar sus espléndidas cualidades literarias con las que nació.

Está visto que no es fácil ser hija de genios, los nombres de sus padres la oprimen y no le dejan respirar para hacer su propia obra. No puede seguir jugando a ser la indefensa hija de Paz y Garro, ojalá se empeñara en salir de la esfera de sus padres y ser ella misma: la escritora genial que muchos vimos en sus primeros trabajos

Opinión 2012-02-24 -
La Crónica

febrero 22, 2012

Las virtudes y defectos de los presidenciables

Una encuesta reciente (ahora padecemos una nueva enfermedad: encuestitis aguda), nos indica lo que se ha hecho monótono políticamente hablando: Enrique Peña Nieto sigue en la cúspide de la popularidad, Josefina Vázquez Mota le sigue, luego aparece Andrés Manuel López Obrador. Pero lo que llama la atención es que la tomó y distribuyó la agencia noticiosa española EFE de El Universal, y las preguntas no todas son habituales. Al primero le dan el 48% de la intención del voto, a la panista el 32% y AMLO va al tercer sitio con el 20%. Gabriel Quadri no aparece porque fue realizada antes de su designación como candidato por el Panal.

Los resultados indican que los mexicanos suponen que Peña Nieto “generaría más empleos”, “solucionaría los problemas de la violencia asociada al narcotráfico” y “reduciría la pobreza” con más certeza que sus rivales. Lo ven asimismo como un político honrado, mientras que en este aspecto, a Vázquez Mota la consideran menos honesta y a López Obrador, que durante seis o siete años usó como estrategia de campaña la “honestidad valiente”, lo califican mal los encuestados. Es decir, de nada le sirvió rodearse, como está, de políticos y funcionarios corruptos, entre ellos René Bejarano, Clara Brugada, Dolores Padierna, así como Guillermo Sánchez Torres, quien materialmente ha saqueado a Tlalpan y ahora pretende volver de nuevo como delegado para concluir su obra destructiva e inmoral. Sin duda a López Obrador le pesa un gran enigma: ¿de qué vive, de dónde provienen sus recursos de apariencia infinita, cómo sobrevive, mantiene a su familia y hace trabajo político sin sueldo?

Entre los temores de las personas que fueron encuestadas, aparece uno que no es frecuente: aumentar los impuestos y privatizar Pemex. Tales miedos los provoca Josefina Vázquez Mota, la miran como una mujer semejante al español derechista Rajoy y que en caso de triunfar pudiera endurecerse como en su momento lo hizo la señora Thatcher. Esto es, le hallan un rostro más conservador y privatizador, oculto en la supuesta magia del discurso de autoestima, siempre enmarcado por una voz dulce y una sonrisa cordial, en cuyo fondo está un capitalismo feroz, que dentro del conservadurismo tradicional, representado por Vicente Fox y Felipe Calderón, fue cauteloso. Como ya es normal, la mayoría ve a López Obrador como a un político que de ganar “provocaría una devaluación.”

A Peña Nieto lo encuentran “cordial”, lo sienten “cercano”, suponen que sus palabras “se escuchan sinceras y espontáneas”. Para una cifra que oscila entre el 52 y el 63% es el candidato ideal para la Presidencia. Mientras que a López Obrador lo encuentran “esforzado”, opinan que “viene desde abajo”. A pesar de que Josefina Vázquez Mota se halla en segundo lugar, los entrevistados no le encontraron mayores cualidades. Tal vez se inclinen por ella por ser una mujer que de muchas formas ha ido contra la corriente y ha sabido imponerse a la adversidad, que en este caso tiene nombre y apellido: Felipe Calderón.

La presencia de Gabriel Quadri no modificará los resultados que hasta hoy las encuestas han reflejado. Lo único que hará es quitarle el último lugar a López Obrador. Es difícil suponer que este hombre experto en ecología sea capaz de superar a los tres representantes de los mayores partidos. Primero porque son ampliamente conocidos, segundo porque son políticos de cierta habilidad y finalmente porque es un desconocido para la mayoría de los mexicanos, un hombre de prestigio intelectual entre académicos y especialistas en el tema. El problema es que unos y otros tienen tomada su decisión e incluso se encuentran comprometidos, principalmente con López Obrador.

Claro que las encuestas no son la palabra de Dios, sirven para orientar y vender diarios. Existen imponderables, falta saber cómo se moverán los candidatos ya en plena campaña, a qué artimañas o tácticas recurrirán y qué pecados saldrán a relucir. Cárdenas lucía imponente en su primera intentona presidencial. Un golpe demoledor de Diego Fernández de Cevallos lo eliminó de las posibilidades reales de triunfo. Algo semejante le sucedió a Roberto Madrazo, entre su ruptura con Elba Esther Gordillo y sus titubeos durante el debate que se suponía consolidaría su candidatura, cayó al tercer lugar, fue aplastado. López Obrador fue víctima de sí mismo, del carácter autoritario y brutal que no ha podido ocultar ni con sus teorías de la República amorosa, una bobería que muchos han tomado en serio. En fin, no es posible garantizar el triunfo de un candidato. No hasta terminar de contar los votos.

Las encuestas sirven para orientar opiniones de periodistas y ciudadanos, de los mismos partidos. No debemos olvidar que el PAN está en el poder y desde Los Pinos es posible manipular las cosas y hacer una elección de Estado. No parece que Calderón esté dispuesto a entregarle la Presidencia al PRI, que hasta hoy puntea. De allí que quien triunfe deba hacerlo por una clara mayoría. De lo contrario aparecerá la sospecha inventada o real de quienes han sido derrotados. Sobre esto, los partidos se han hecho expertos.

Opinión 2012-02-22 - La Crónica

febrero 20, 2012

PRI-DF: Es que no tenemos dinero

Durante estos agitados días, el DF sólo puede ver toneladas de propaganda perredista. No hay poste o árbol donde no cuelguen varios. Los nombres son mundialmente desconocidos, no hay propuestas ni alguna idea distintiva, únicamente fotografías de personajes extraños, salidos de alcantarillas políticas. Los que tienen más recursos como el fallido delfín de Marcelo Ebrard, Mario Delgado, ponen espectaculares con una imagen de cantante de boleros y una frase que nada dice: educación y seguridad, o algo parecido. El hombre ahora aspira a ser senador. Es un premio de consolación. Las tribus o mafias pelean entre sí por la ciudad capital, saben que aquí están los dineros, los votos que les permitirán seguir haciendo negocios turbios. Cuando al fin los echen a patadas, no importa: la ciudad ha quedado dañada y ellos son ricos.

En mi delegación, Tlalpan, me resulta imposible identificar nombres y retratos. Son los herederos de más de diez años de intensa corrupción. Los ciudadanos de la zona en vano tratan de quitárselos de encima. Los aplastan con los recursos oficiales, con mentiras y demagogia y con una organizada manipulación de los sectores populares.

Panistas y priistas saben que perderán. Los primeros, más animosos, piensan que el milagro puede ocurrir y derrotar a los perredistas. Más que trabajo político invocan a Dios, el gran ausente de la contienda electoral. Mientras que los priistas, que hace más de diez años no existen en el DF, explican con un gesto de amargura: es que no tenemos recursos y los perredistas sí. ¿Pero cómo llegaron los perredistas a dominar a la capital? Primero con trabajo, ahora con el dinero que hurtan de las arcas oficiales, de la corrupción. Por ello la pregunta es: ¿dónde está el PRI? En ningún lado o apenas se nota en los discursos optimistas de una mujer que marcha sola, Beatriz Paredes, o en el afamado rey de la basura que sí ha colocado sus fotografías en distintas bardas. No hay duda de que el PRI supone que Peña Nieto puede ganar la Presidencia sin los votos capitalinos. Muchos piensan que el descuido es grave y que por ahora es irremediable.

Algunos priistas acostumbrados al pasado dictatorial del partido no saben lo que es buscar una candidatura y hacerla realidad en las luchas callejeras, siempre fueron resultado de las designaciones cupulares, del dedazo. Han ocupado multitud de cargos sin pronunciar un discurso más que de gratitud al presidente en turno. Ahora que el mandatario es del PAN, no saben qué hacer, cómo moverse. Asombra su distancia con la realidad del DF. Lo ven agobiado, explotado, chantajeado, tratado con desprecio, manejado por turbas de pillos, pero no mueven un dedo para combatir al perredismo, una auténtica plaga que nos vendió la idea de que ellos nos salvarían de la perversión priista.

Sólo el PAN, del lado opositor, se empeña en ganar algo, lo que sea. Tiene tres delegaciones, pero es posible que en lugar de aumentarlas pierda una de ellas. Felipe Calderón y su autómata y dicharachero empleado Gustavo Madero pusieron en espera no de ganar el DF, sino de darle votos al PAN en la contienda nacional a la señora Wallace. Pero no hará gran cosa ante Miguel Mancera, quien ya desde ahora muestra su poderío. A él le queda la posibilidad de poner en orden a las tribus y lograr que al menos sus niveles de corrupción disminuyan. Sus cercanos así lo piensan, aunque por ahora esté maniatado por las mafias perredistas.

Alguna vez alguien sugirió que así como el PAN se había aliado a su mortal enemigo el PRD para echar a priistas de los estados de la república, podría hacer algo semejante para frenar la rapacidad de los amarillos en la capital. Imposible, el odio histórico de Acción Nacional hacia el PRI puede más que el aprecio por la gran urbe de todos los mexicanos y sede de los poderes.

Por ahora, y pese a las encuestas que ven a Beatriz Paredes en posibilidades de triunfar en el DF, ganarán con facilidad los perredistas. El PAN podría irse, en votación general, al tercer sitio por la bisoñez de sus militantes, pero podría al menos quedarse con las tres delegaciones que por ahora tiene. Coyoacán, Tlalpan o Iztapalapa que han sido brutalmente manipuladas y explotadas, seguirán en las mismas garras que ahora las controlan.

El anterior panorama capitalino parece indicar que Peña Nieto sólo viene al DF a comer en algún buen restaurante o a visitar a un camarada. El célebre efecto Peña Nieto se dará en Tamaulipas o en Hidalgo, pero no aquí. Finalmente, ¿qué tanto dinero necesita el PRI no para recuperarlo, sino para tener alguna presencia y conseguirle votos a su candidato presidencial? Tal vez estén pensando en cifras extraordinarias, elevadísimas. El PRD lo dominó por completo con una figura distinguida, Cuauhtémoc Cárdenas, aprovechando además el hartazgo y llevando a cabo un trabajo callejero intenso. ¿Por qué no hacer lo mismo? Los intelectuales que antes le servían al PRI ahora le son útiles al PRD. ¿No les gustaría trabajar con ellos? Algunos son hasta cordiales.

Antes los priistas gobernaban mal al DF, ahora lo hacen los ex priistas. No es mucha la diferencia. Quizá de estilo. Las raterías de los segundos son más evidentes.

Opinión 2012-02-20 - La Crónica

febrero 19, 2012

El multitudinario gabinete de AMLO

Al momento de escribir estas líneas, López Obrador lleva a 20 personas dentro del futuro gabinete.

No son pocos los periodistas que han hecho notar el enorme número de nombramientos que lleva hechos el candidato presidencial de “las izquierdas”, Andrés Manuel López Obrador. Si el gabinete posee un cierto límite de integrantes, él lo duplicará para tener junto a lo mejor de México. Conmueve que casi todos sean de la tercera edad. No deja de ser chocarrero que el camino de AMLO en su nuevo intento por ganar Los Pinos esté sembrado de engaños como justificar el largo plantón en Paseo de la Reforma, so pretexto de evitar innumerables muertos. Poco o nada ha explicado sobre la coronación como presidente legítimo en pleno Zócalo, una acción rayana en lo cómico que emocionó a sus fanáticos. No obstante, de pronto suelta la rienda de su autoritarismo y mala formación política (lo recuerdo en Ciencias Políticas mal intentando aprobar materias). La teoría de la República del Amor es algo en verdad para bobos. Nadie en su juicio y dueño de una cultura sólida puede aceptarla como válida.

Más risible es la estela de nombramientos que lleva hechos. En cada mitin hace uno o dos, reparte con obstinación cargos. No hay nadie a su alrededor (típico en las tiranías) que le explique errores y pifias. Todos dicen bien, señor presidente. Al momento de escribir estas líneas, AMLO lleva a 20 personas dentro del futuro gabinete. El más reciente fue Jorge Eduardo Navarrete López, quien desde ahora funge como secretario de Relaciones Exteriores, del mismo modo que Marcelo Ebrard espera en las puertas de Gobernación, ingresar a las que fueron oficinas de su antes correligionario Luis Echeverría y Juan Ramón de la Fuente se prepara para conducir la SEP.

Los tiempos actuales son implacables, ya sin la dictadura priista, todo mundo hace y deshace, declara o cambia de partido como si fuera camiseta usada, sucia. Si antes a la nación no le preocupó la avanzada edad en la que Adolfo Ruiz Cortines llegó al poder, ahora sí es considerada. De los tres grandes competidores por la presidencia de México, AMLO resulta el de mayor edad. Hace unos días, ante empresarios (a los que apenas toleraba) dijo estar cansado, que no tiene el mismo vigor de hace seis años para impulsar su campaña. En caso de perder en un proceso limpio, concluyó: Me iré a “La Chingada”. Añadió que tal sitio es una finca propiedad de sus padres. Cárdenas no ha pensado en el retiro luego de tres intentos de obtener Los Pinos, la casona creada por su padre, el más grande político del siglo XX, persiste. Analistas como Ciro Gómez Leyva, ven a Obrador fatigado, abotagado, sin el ímpetu que le conocimos. Sus designaciones son bromas o resultado de la pereza política. Alerta a adversarios y admiradores que esperan alguno de tales cargos.

Uno de sus nombramientos fue para Elena Poniatowska, confesa “pejeviejita”. AMLO dijo en otra ocurrencia que Conaculta sería secretaría de Cultura y que allí estaría su admiradora. Ello le cierra las puertas a Consuelo Sáizar que presume el apoyo de Elba Esther Gordillo para mantenerse otro periodo en el cargo. Elena declinó por razones de edad.AMLO declaró que sólo le faltan los nombramientos de los titulares de Defensa y Marina. Esta ausencia quizá se deba a que marinos y soldados acatan las órdenes de Calderón: acabar con el crimen organizado sin importar los daños colaterales. Están, pues, por ahora a salvo de una penosa designación.

Pregunto sinceramente, ¿cómo es posible tomar en serio a un hombre que de violento pasó a proponer una República Amorosa, un proyecto sin pies ni cabeza, regido por una constitución honesta y que a seis meses de distancia de un imposible triunfo, ya tiene un gabinete confirmado y ningún plan de gobierno responsable? o ¿alguien sensato supone que consideró los puntos que Cárdenas le entregara? ¿No hay alguien en “las izquierdas” que ponga cordura y evite el derrumbe?

Excelsior - 2012-02-19

febrero 17, 2012

Publicidad y política

Aunque no frecuento el medio artístico (me refiero al mundo de actores y actrices) de pronto conozco o me topo con alguna celebridad. Hace un millón de años, cuando en el Partido Comunista me tocaba compartir tareas ideológicas con Claudio Obregón, notable actor que sabía de política, estuve en una fiesta.
Me parece que invitado por Pilar Pellicer, con quien me une la devoción por Elena Garro. En la pachanga estaba también el muy famoso Héctor Bonilla, entonces joven y bien parecido. Me acerqué y le reproché su simpatía por el PRI. Me dio una explicación insatisfactoria y seguí conversando con otras estrellas de la farándula. De entonces a estos años de bajo nivel político que Claudio Obregón criticó en una entrevista realizada pocos antes de su muerte, jamás me volví a topar con Bonilla. Estoy seguro que él no se acuerda de aquella noche y menos sabe quién soy yo. Él es famoso y yo apenas consigo que Manuel Camacho me salude en algún restaurante lujoso. Ahora todos discuten el papel de los ciudadanos en la política. Los más quieren ciudadanizar la política. Pero es obvio que no saben con exactitud cuáles serán los resultados. Los intentos de convertir a un ciudadano en gobernante siempre producen el mismo final. La sociedad pierde y los partidos ganan. Una vez que el ciudadano, en términos de nuestro marco legal, acepta ir en pos de un cargo de elección popular, deja de representar a la sociedad y se transforma en un demagogo que firmó o al menos aceptó representar las posturas o lineamientos del partido que lo cooptó. Allí está la señora Wallace, convertida en defensora de los intereses del PAN. Consecuente con este orden de cosas, la publicidad es reflejo de la política, a menos que los servicios sean pagados. Digamos que el actor por una suma o por convicción publicite a un político. Así fue Chespirito cuando Vicente Fox iba por la Presidencia y así es hoy que María Rojo quiere seguir cobrando una jugosa dieta como falsa legisladora o que Héctor Bonilla nos endilga un montón de verdades a medias. Su muy repetida proclama comienza presentándose y declara ser ciudadano sin partido. Luego viene la parte medular: el señor es un crítico de un PRI que no cambia y del PAN que ha desperdiciado los últimos doce años de los mexicanos. El glorioso final conmueve y hay que escucharlo de pie: ya el ciudadano sin partido se hizo militante de Morena, es decir de López Obrador, y nos pide que le demos una oportunidad. Adiós ciudadano Bonilla, bienvenido militante obradorista Bonilla. Para empezar, AMLO ya tuvo su oportunidad y la desperdició, ahora lamenta y se justifica: el plantón de Paseo de la Reforma fue un error que mucho le costó, pero lo hizo para evitar ríos de sangre, una revuelta, que no revolución, para frenar a la derecha fraudulenta: el PAN. Omite la farsa de coronarse presidente legítimo, donde una actriz, Jesusa, le puso la banda presidencial en una ceremonia digna de las viejas carpas cómicas de México. Dice Obrador que tiene 26 millones de votos seguros, pero olvida que este tipo de oportunidades no son frecuentes. Tampoco únicas. Pero hay que bregar y él ha ido en contra de sus propias ambiciones. Envejecido, irritado, fatigado, según sus propias palabras, sin ideas inteligentes, con un discurso “amoroso” que supone le dará las llaves de Los Pinos, AMLO trata de reinventarse de manera grotesca. Quedará sin lugar a dudas atrás de Peña Nieto y Vázquez Mota que se mueven mucho mejor aprovechando su juventud, sus recursos menos ramplones y que están en su primer intento presidencial. Pero lo importante es saber qué significa ser ciudadano y qué político. Son realmente opuestos. O sé es uno o sé es lo otro. Si un ciudadano pasa a ser jefe de gobierno del DF, de inmediato pierde su condición de simple ciudadano. Cuando hablan de que Mancera es un candidato ciudadano, es obvio que no ha quedado clara la perversión de las leyes mexicanas. Para ser presidente o jefe de gobierno o gobernador, se requiere del respaldo de unas siglas, las que sean y eso implica un compromiso ineludible con el partido que las preste. Por otra parte es clara la postura de Héctor Bonilla, él, a menos que el PT o Morena le hayan pagado, está dándonos un mensaje positivo para López Obrador. Bonilla podrá mantenerse como el gran actor que es, pero ya no está fuera de los partidos, porque critica a todos menos a uno, al que postula como candidato presidencial a AMLO. Eso lo hace pertenecer a unas siglas, a unos intereses. Es bueno criticar al PRI y al PAN, pero no decirnos que la salvación está en las tribus corruptas que apoyan a López Obrador. Se entiende en el caso de María Rojo, lleva años cobrando por sus servicios para el PRD. Pero no en el caso de Bonilla quien jura ser apolítico o al menos no pertenecer a partido alguno, cuando sus palabras revelan que está al servicio de un político bien conocido por su capacidad para la demagogia y la mentira.

Opinión 2012-02-17 - La Crónica

febrero 15, 2012

Plagio, luego existo

El plagio pareciera común entre escritores; a veces resulta evidente, otras le llaman influencia. La lista de acusaciones de plagio en México es larga. Carlos Fuentes ha sido repetidamente señalado como tal. Cuando arrancaba, varios críticos literarios lo culparon de plagio. Jesús Arellano, un escritor de filoso humorismo, dio pistas tanto para La región más transparente como para Aura. En la primera, la presencia de Manhattan Transfer de John Dos Passos era obvia, en la segunda, la de Henry James con Los papeles de Aspern. Arellano dio precisiones en un artículo. Adelante, Enrique Krause retomaría el tema.

A Octavio Paz lo señalaron como plagiario y no críticos, sino el propio agraviado, Rubén Salazar Mallén, por la copia de trabajos propios sobre filosofía del mexicano y Sor Juana Inés de la Cruz. Paz, desdeñoso, dijo: Los lobos se alimentan de corderos. La acusación fue respaldada por Emmanuel Carballo y Edmundo O’Gorman, de tal suerte que no se trata de un hecho mínimo. Nada ocurrió, salvo que le concedieron el Premio Nobel de Literatura. Parte de la polémica puede ser leída en un libro de José Luis Ontiveros publicado por la UAM-X. La peor imputación que le hicieron a Paz fue sobre plagio a Samuel Ramos, el primero en tratar de explicar al mexicano en El perfil del hombre y la cultura en México, que ya pocos ven como el gran antecedente de El laberinto de la soledad.

Plagiario, asimismo, fue el erudito e inteligente Alfonso Reyes, como no hace mucho recordó con elegancia Vicente Leñero: “Un plagio inocente de Alfonso Reyes”, nota en la que recupera una historia olvidada. Reyes publica un artículo en Revista de revistas casi idéntico al publicado en The Saturday Review por un autor poco conocido: George Kent. “Los buscadores de pifias -explica Leñero- que habían leído ambos textos, los marginados del pontificado cultural ejercido por Alfonso Reyes durante tantos años, postulado en aquel entonces al premio Nobel, lo acusaron a voz en cuello de: ‘¡plagio, plagio!’. Era un plagio, en realidad, imposible negarlo”. Entre quienes lo señalaron, estaban Jorge Murguía, Jesús Arellano y Ramón Rubín.

Tampoco se escapa García Márquez. Más de un crítico vio en Memorias de mis putas tristes una copia servil de Casa de las doncellas dormidas, de Yasunari Kawabata. Y los españoles se sorprendieron cuando Camilo José Cela, premio Nobel, fue señalado como ladrón de los argumentos de Carmen Formoso, al hacer suyas diversas historias de su novela Carmen, Carmela, Carmiña… De mi generación, a Gustavo Sainz le reprocharon su gusto por pequeños escamoteos literarios para sumarlos a su literatura.

Yo veo el plagio como un difícil arte donde todo consiste en que los lectores no se percaten de la sustracción intelectual. Claro, hay casos ruidosos como el que llevó a cabo Alfredo Bryce Echenique, cuyo resultado fue el desprestigio y una multa de muchos dólares. Se excusó diciendo que no se había percatado, ocupado como estaba escribiendo tanta obra maestra de la literatura universal, la culpable de los envíos ajenos fue su secretaria. En México, Teófilo Huerta ha responsabilizado a José Saramago de plagio y ha dado tantas pruebas que el Nobel portugués respondió negándolo. En este penoso caso estuvo involucrado Sealtiel Alatriste. Por segunda vez aparece como intermediario entre plagiado y plagiario, en ambos casos -idénticos al de Carmen Formoso- estaba en Alfaguara. El primero en señalarlo fue Víctor Celorio. Su obra fue enviada a un concurso de tal editorial y parte de ella terminó, dice la víctima, en Diana o la cazadora solitaria de Fuentes. Algo menor le sucedió a Martha Robles: se quejó de que un título suyo había sido utilizado por Fuentes, quien al final optó por modificarlo. El corolario de Alatriste es patético: acaba de recibir el Premio Villaurrutia en medio de una tenaz lluvia de pruebas de su piratería literaria. ¿La culpa es de Sealtiel o del jurado que lo otorgó? La China Mendoza hizo pública su indignación por el robo de un título suyo hecho por una autora de Conaculta.

Para evitarnos tales vergüenzas, lo correcto es decir que se trata de afinidades o coincidencias, en todo caso, de influencias. Desde luego, es inconveniente aceptar que se han copiado ideas completas o párrafos enteros. No es fácil crear novelas y cuentos novedosos. Llevamos muchos siglos haciendo literatura y en todo ese tiempo las pasiones y los sentimientos humanos no han sufrido mayores alteraciones, así que como dice el refrán, nada nuevo hay bajo el sol. El amor es tan común que es imposible no repetir frases y pensamientos. ¿Cómo decir te amo o estoy celoso, sin duplicar lo que le dijo Romeo a Julieta o el tonto de Otelo a Desdémona? El chiste radica en darle a las palabras sentidos diferentes, los hechos son los mismos desde que Eva engañó al ingenuo Adán con una serpiente lujuriosa.

La ausencia de creatividad atrae la necesidad del plagio. No es fácil evitar que unos párrafos hermosos o ideas renovadoras pasen a nuestra literatura, piensan los plagiarios: pillos que incluso suponen haber mejorado a los autores originales. Por último, para qué escribir una obra tan grande como Don Quijote (quien también tuvo problemas al respecto), si es fácil copiarla.
Ah, este artículo es un plagio a mí mismo, ya estaba publicado, sólo lo actualicé.

Opinión 2012-02-15 - La Crónica

febrero 13, 2012

René Avilés Fabila: Entre el erotismo y el humor sarcástico



René Avilés Fabila: Entre el erotismo y el humor sarcástico

por Mario Saavedra

Newsweek Español - 14 Febrero 2012

Mis asesores y yo

Mis artículos y libros son de mi exclusiva autoría (no soy plagiario como Sealtiel Alatriste), pero debo confesar aquí entre nos (mis tres lectores y yo) que en buena medida contribuyen los políticos. Sin ellos jamás podría pasar de la primera línea. Cuando no tengo tema, aparece una nueva burrada en boca de algún perredista, panista o priista y salgo del atolladero. Para colmo, me pagan, así que debería compartir mis ganancias con ellos, el problema es que todos son ricos siguiendo las instrucciones legendarias de Carlos Hank González: “Político pobre, pobre político”.

A veces aquellos que me leen y no les gusta (podrían dejar de hacerlo, masoquistas), me envían regaños, insultos y hasta se atreven a opinar. Casi no los leo, pero cuando lo hago me estimulan a escribir nuevamente y así hasta el infinito, a ver quién se cansa primero. Ayer domingo publiqué un artículo sobre mi generación literaria, hablé de José Agustín, Alejandro Aura y principalmente de Parménides García Saldaña, quien murió joven a causa de una sociedad poco comprensiva. Pero, pienso, no me pagan para escribir de mí y de mis colegas novelistas, sino para redactar artículos políticos.

Sin mucho material, salvo el monótono desfile de interminables políticos fallidos, me encontré con que López Obrador, para su ridícula República amorosa lleva unos veinte nombramientos. Supongo que aumentará sensiblemente su futuro gabinete creando nuevas secretarias como la de la Honestidad, la del Amor Puro y Sincero. Sólo antier hizo dos nuevos nombramientos: incorporó a su primer círculo, ya en Los Pinos, a Manuel Mondragón y a Bernardo Bátiz. La mayoría son de la tercera edad.

Pero lo que más me agrada es la facilidad de AMLO para armar programas sobre las rodillas. No sé para qué entonces aceptó los muchos puntos que Cárdenas y sus cuatro leales que le restan le entregaron en fingida ceremonia. Acaba de decirnos dos cosas notables: Retirará a las fuerzas armadas en los primeros seis meses de su administración. No dice cómo lo hará ni de qué manera enfrentará al crimen organizado. Para acabar con la corrupción, antiguo mal nacional, creará una nueva dependencia, como lo hizo Miguel de la Madrid sin éxito. Confiemos en que allí no ponga a nadie del PRD: su corrupción es proverbial. Entran líderes pobres y salen líderes ricos. En el exceso y en vista de que ni Peña ni Vázquez Mota le hacen caso, ha dicho que su gobierno será “mejor que el de Lula”. ¿Es posible que así lo tomen en serio?

No basta prometer trenes bala, decir necedades como las que ha venido diciendo tan sólo para mostrarnos que ha cambiado, lo que es falso. A cada instante retoma su mal carácter y su autoritarismo y deja de lado todas sus humoradas sobre la República amorosa. Agredió a Josefina Vázquez Mota y no pierde la oportunidad de lanzarse contra Peña Nieto. En la lucha política las críticas son normales, los insultos no. AMLO, más que argumentos tiene un arsenal de ofensas. Lo graves es que los suyos, fanáticos hasta de nivel académico, asumen sus humoradas y hasta su agresividad. ¿De verdad personas como Enrique González Pedrero, Víctor Flores Olea, Carlos Fuentes y algunos más, que militaron o fueron cercanos al marxismo, pueden tomar en serio las tesis sobre el amor? Parece que sí. Ya vemos a Fuentes, hoy más crítico que en la época en que Luis Echeverría le dio la embajada de México en Francia, declarar que AMLO está rodeado de personas honestas. ¿Se refiere a Dolores Padierna, a René Bejarano, Clara Brugada, a una lista interminable de corruptos? Espero que no.

Hoy la ciudad de México está tapizada materialmente por publicidad de perredistas, cientos de hombres y mujeres disputan cargos por el DF. Lo hacen porque es una mina de oro: es posible hacer negocios y obtener mucho dinero. Eso es lo que Fuentes halla positivo. Si yo viviera en París podría pensar que al Pejecillo valiente lo rodea solo gente honesta, pero no es así, no hay ideología y tan no existe que ahora todas “las izquierdas” traen corazones en el saco. Es decir, siguen los dictados del caudillo y ello es con el fin de salir de la pobreza a costillas de los capitalinos que pecan de ingenuos.

He dicho cien veces que entiendo el periodismo como una actividad crítica. Los elogios quedan en manos de quienes escriben a sueldo. Lo he probado a lo largo de casi cinco décadas de laborar en diarios, revistas, radio y televisión. Que los jóvenes y los ignorantes no lo sepan, no es mi problema. Para eso hay hemerotecas. Hace unos días, un lector perredista me reclamó con cifras mi periodismo. De cada cinco artículos suyos, he podido percatarme que sólo uno es de crítica al PRI. Tiene razón, pero no consideró mi situación personal: como mexicano, quedo bajo la tutela de Felipe Calderón; en tanto capitalino, lo que veo es la demagogia y la podredumbre perredista. Tan sólo en mi delegación, desde hace más de diez años he apreciado políticos que llegan pobres y salen millonarios. No soy mexiquense ni padezco el gobierno de Coahuila o de Jalisco. De allí que centre mis críticas en los dos partidos que mal me gobiernan y afectan.

Opinión 2012-02-13 - La Crónica

febrero 12, 2012

Mi generación

La primera antología que nos reunió fue la hecha por Xorge del Campo y prologada por Margo Glantz.

No fuimos Taller o Contemporáneos ni los Siete sabios, menos los Ateneístas, fuimos un grupo de amigos gozosos con ideas afines, de la misma zona capitalina, que coincidimos antes de que arrancara la década prodigiosa, la de los 60. José Agustín y yo, por ejemplo, iniciamos una infatigable y terca amistad en 1959, adolescentes y enamorados de la literatura. El grupo original lo integramos nosotros, Alejandro Aura, Gerardo de la Torre, Jorge Arturo Ojeda, Juan Tovar, Gustavo Sáinz, Parménides García Saldaña, Andrés González Pagés, Elsa Cross, César H. Espinoza y muchos más. Somos contemporáneos de los Beatles, Rolling Stones, Procol Harum, Bob Dylan, Janis Joplin y Doors. Luego, conforme avanzábamos al amparo de maestros generosos y a veces momentáneos: Juan José Arreola, Juan Rulfo, José Revueltas, Ermilo Abreu Gómez y Guillermo Rousset Banda, los integrantes aumentaron: Roberto Páramo, Ignacio Solares, Ramírez Heredia, Marco Aurelio Carballo, Xorge del Campo. La primera antología que nos reunió fue la hecha por este último, prologada por Margo Glantz y publicada por Siglo XXI. Entre el taller de Arreola, el Centro Mexicano de Escritores y una segunda edición de la citada antología: Onda y escritura, donde Margo incluyó a otros narradores, fuimos dándonos a conocer en los años en que Who cantaba My generation.Éramos distintos y supimos vivir nuestra época con intensidad pasional. Hoy poco nos vemos y el sentido solidario original se ha perdido entre recuerdos brumosos y hallazgos literarios. Acusados, no clasificados, como de la Onda, término peyorativo que rechazamos tenazmente José Agustín y yo en diversos foros, Parménides García Saldaña parecía a gusto con la etiqueta simplista. La generalización era torpe y pobre: hoy puede apreciarse: los habíamos con preocupaciones sociales, los enamorados de la literatura como arte sin compromiso político, los que experimentaban y quienes amaban a la literatura fantástica. Como empezamos muy jóvenes, nuestros personajes, la estructura y el lenguaje eran novedosos. El DF era nuestra casa, teníamos que ser, en consecuencia urbanos cuando todavía prevalecía el mundo rural. Recibimos incomprensión y mal trato; con el tiempo, los sobrevivientes, hemos ido superándolos. Fuimos críticos del sistema político y en general de la sociedad. Puede entenderse nuestro alejamiento de los partidos.El primero en morir fue Parménides. El pasado jueves 9 recibí un correo de su hermano Edmundo: Hoy el Parme hubiera cumplido 68 años. Parménides destacaba, era distinto, contracultural, grueso, a él no le molestaba que lo acusaran de ondero. Era lo que era y punto. Las drogas, el alcohol y el desmadre eran lo suyo, como lo fue en Agustín y en mí, pero de distinta forma. Él no llegaría a los 40 años, en ese tiempo escribió libros en un idioma muy propio que se han hecho legendarios. Es, entre nosotros, el único de culto. En la ruta de la onda, Pasto verde y El rey criollo son leídos en pequeños grupos marginales, que rechazan la sociedad y no saben cómo modificarla porque es inmodificable. Fue el más fiel a nuestro tiempo. Poco después de su muerte en plena soledad, mandé hacer un reportaje para El Búho de Excélsior sobre las causas de su fallecimiento. Fue un trabajo memorable que narra sus últimos días, su abandono y autodestrucción. José Agustín dijo: lo mató un pasón; yo dije no, fue la sociedad, se detestaban. Vivía aislado, en sus propias fantasías. Se acercó a un Partido Comunista que agonizaba lejos del sentido de clase y lucha revolucionaria. El rock y el blues, lo apasionaban. Pese a los excesos, conservó una cara fresca, juvenil, su ironía y su difícil carácter. Se lio a golpes con sus colegas y se distanció de otros. Ignacio Solares lo recuerda con malestar. Yo con amor.Los héroes y los escritores malditos suelen vivir poco.

Excelsior 2012-02-12

febrero 10, 2012

Todo sea por el poder

Cuauhtémoc Cárdenas es un cadáver político, también lo es López Obrador, sólo que a él nadie se lo ha dicho y supone que en verdad tiene un voto duro de nueve millones, la mayoría concentrada en el ingenuo DF, más lo que se acumule con aquellos que quieran ser cupidos de la república del amor. Sumadas sus fuerzas no ganan mucho. El primero dejará que la gloria familiar repose en la figura enorme del general Lázaro Cárdenas. El segundo se perderá en la historia de los demagogos más evidentes que México ha visto después de Antonio López de Santa Anna, en cerrada lucha con Vicente Fox.

El abrazo de apariencia cordial, con un fondo de total hipocresía, será una prueba de que vivimos tiempos viles. Demagogia pura. Cárdenas fue arrumbado por su propia creación de tal manera que su aportación, tan ansiada por Obrador, no llevará más que unos cuantos cientos a la cuenta de “las izquierdas”, esa enorme mentira que dejaría muerto de envidia a Francisco Bulnes, nuestro principal cazador de falsedades históricas.

La fotografía que reprodujeron los diarios, Cárdenas fingiendo felicidad y AMLO sintiéndola porque el severo padre lo perdonó, me hizo recordar una historia reciente. Fui el último director de la revista decana de México en su momento, Revista de Revistas de Excélsior, en 2004-2006. El primer número lo dediqué al ingeniero Cárdenas y le pedí al notable artista plástico Oswaldo Sagástegui la portada: un magnífico retrato del perredista. Los contenidos estaban dedicados a revalorar sus aportaciones a la democracia nacional. Desde luego, para la presentación de la publicación giramos invitaciones a granel. Cárdenas era el primero de la lista y allí estuvo, pero lo llamativo fue que entre tanto político como había en ese cóctel, destacaba uno más: el senador priista Manuel Bartlett, responsable de la “caída del sistema” que produjo la derrota de Cuauhtémoc Cárdenas.

Ni remedio, atendimos a los dos. En algún momento, entre una multitud de reporteros y fotógrafos, quedamos Cárdenas, Bartlett y yo juntos. De inmediato comenzó la sesión de fotos. En ese momento, todavía estaba fresca la culpabilidad de Bartlett en el fraude a Cárdenas y ya López Obrador echaba lodo sobre el anterior caudillo para sustituirlo y ser el nuevo dueño de lo que hoy llaman con idiotez “las izquierdas”. Un reportero se acercó a mí y me preguntó: “Cómo hizo para juntar a dos enemigos mortales”. Mi respuesta fue sencilla: “Los invité y ningún político tiene decoro”. La fotografía puede ser vista en mi página web.

De tal modo que cuando los cercanos a Cárdenas me dieron la noticia de lo que tramaba López Obrador, acercarse a su antiguo jefe, inventor y luego enemigo, era un golpe efectista, mediático, de falsa reconciliación para ganar votos. Lo mismo que ha hecho con los empresarios que antes denostó por ladrones y usureros. A toda costa desea hacernos creer que ha cambiado de violento y majadero a un promotor del amor, una auténtica sandez. Por lo pronto, ante el desdén de Josefina Vázquez Mota, mostró que no hay cambios: es el mismo salvaje que conocemos y que muchos idolatran. Un ex priista formado en el populismo de Echeverría y López Portillo. Cuando la señora, emocionada por su triunfo, señaló como su rival a Enrique Peña Nieto, el pequeño Napoleón tabasqueño, recuperó su mal carácter, su autoritarismo y deseos vengativos.
Lo más grotesco del caso es que Cárdenas y dos o tres acompañantes le entregaron una lista de lugares comunes, de peticiones demagógicas y de tal ambigüedad, que de inmediato fueron aceptadas (no suscritas) por un elegante y complacido López Obrador. Para salvar a México se requiere: sacar al PAN de Los Pinos e impedir el regreso del PRI. Esto es, “las izquierdas” serán el mecanismo de cambio, con Bejarano, Brugada, Padierna, Fernández Noroña, Ebrard, Muñoz Ledo… y los recién llegados como Manuel Bartlett. Sumar esfuerzos. Apoyar a los desprotegidos. Luchar por la democracia. Carajo, imposible rechazar tan elevadas y generales propuestas. Hasta Cordero o Creel podrían suscribirlas. Fue un maniobra para que AMLO se mostrara magnánimo en lo que imagina la victoria y Cárdenas no se sintiera marginado. Una farsa perfecta.

Dudo que muchos hayan tomado en serio la tomadura de pelo. México vive un extraño momento en que cada quien está convencido de lo que considera suyo. Cada aspirante presidencial cuenta con un voto duro de cierta magnitud y sólo falta conseguir que se muevan los indecisos, ellos son quienes le darán el triunfo a alguno de los aspirantes. Por eso los tres se mueven con cautela, tratando de evitar a los enemigos y mostrando que atrás suyo hay un ejército de muchas divisiones, proyectos que todavía no vemos. A las vaguedades de Peña Nieto y López Obrador se han sumado las de Josefina Vázquez Mota, campeona del lugar común. Es ridículo que digan que el menos malo es fulano o perengana, habrá que insistir en el partido de la sociedad, es una fuerza poderosa pero incapaz de organizarse y mostrar sus posibilidades. Lo que tenemos es un montón de fanáticos que recorren el país mintiendo. Nadie como AMLO, sin embargo, ha engatusado a personajes que lo padecieron como Cárdenas. Así que habrá un extraño choque de tres trenes, todos desvencijados, atrasados e incapaces de conducirnos a la modernidad anhelada.

Opinión 2012-02-10 -
La Crónica

febrero 08, 2012

Realmente no hubo sorpresas en el PAN

Los panistas suelen ser obvios, pocas veces inteligentes y casi nunca cultos y experimentados. Comienzan a tener cuadros profesionales, pero se mueven con lentitud orientados por dirigentes ajenos a una excelente formación política. Si el mayor político es Felipe Calderón, el partido está perdido, lo derrotarán en la siguiente elección presidencial. No todo es buena suerte y ayuda divina, a veces también hay mala suerte y la presencia del Diablo.

El proceso para determinar quién sería el candidato presidencial panista produjo más tinta y palabras que buenos análisis. Ante todo, el PAN sigue siendo un partido de élite, no abierto a la sociedad. Participan miembros y adherentes. Los demás se mantienen o, mejor dicho, son mantenidos al margen. En segundo lugar, si la presencia del PRI es muy severa en el PRD, tampoco podemos decir que en el PAN, su eterno enemigo, no existe. Durante más de diez años hemos visto al panismo cabalgando el sistema, de principio a fin, construido por el priismo. Con sus escasas virtudes y sus muchos defectos. Lo principal es que el Presidente en turno no puede sustraerse a la necesidad de intentar poner a su sucesor. Lo hizo Fox con Creel y lo hizo Calderón con Cordero. Ambos fallaron. Pero el segundo mandatario fue más agudo, tiene un historial político que el vendedor de refrescos no tuvo, por ello su manejo de la candidatura presidencial de la derecha fue más tortuoso que el de Fox.

Desde un principio, fue obvio que Felipe Calderón seleccionó a un precandidato y lo estimuló y apoyó: Ernesto Cordero. A pesar de la cercanía con Vázquez Mota (eso creo yo, entre tantas líneas como han aparecido), pensó en términos convencionales: una mujer en la presidencia mexicana, imposible. No se le ocurrió ni siquiera especular en términos de dramaturgia nacional: Rafael Solana escribió una magistral comedia, clásica en México, titulada Debiera haber obispas, donde como es obvio, juega con la posibilidad de que de pronto pudiéramos contar con una obispa entre nuestras autoridades eclesiásticas. El machismo mexicano ve esas cosas imposibles. Sin embargo, de todos los aspirantes conservadores, Josefina Vázquez Mota era desde el principio la candidata mejor dotada política e intelectualmente. Creel ya había dado infinitas muestras de pobreza y su discurso era tedioso, de viejo cuño conservador. Al señor Cordero sencillamente nadie, salvo Felipe Calderón, le vio alguna cualidad.
Josefina Vázquez Mota supo utilizar sus conocimientos originales de buena vendedora y experta en autoestima para mostrarse al público con cortesía, habilidad y tacto. A pesar de que pedía un suelo más parejo en clara alusión a las preferencias presidenciales, nunca fue más allá de indirectas y alusiones para defenderse. Supo mostrarse como la más capacitada de los tres y así llegó a la candidatura. Moviéndose bien entre dos bultos, tres si contamos a Calderón, y triunfó. Después de leer y escuchar a tantos colegas, me queda claro que el Presidente llegó confiado en las mejores cualidades del presidencialismo a la mexicana, pero pronto, entre la visible incapacidad de Cordero y el discurso tedioso de Creel, con un árbitro, Madero, que más parece un Santa Claus sin uniforme, un empresario de medio pelo y un político deplorable, notamos con claridad que Josefina ganaría, no por ser la mejor, sino porque era y es la menos mala.

Entonces el Presidente tuvo una idea y la cuidó: hay que tener un “plan B”, y ésa es Josefina Vázquez Mota. Así llegaron al domingo pasado, en medio de futbol nacional y norteamericano, toros, puente vacacional y lluvia en la capital, la gran fuente de votos ingenuos. Cuando Brady y sus Patriotas parecían quedarse con la victoria, en México ya a través de internet estaba claro que la ex secretaria de Educación Pública tenía el triunfo en las manos. Casi al mismo tiempo que Manning alzaba las manos en señal de éxito, entre nosotros teníamos una candidata presidencial en serio, con ciertas posibilidades de vencer a los que ya desde hace un rato están en campaña: Peña Nieto y López Obrador.
Todos quedaron satisfechos, menos Creel y Cordero. Ahora viene lo difícil, mostrar que se trata de talento político y no de género como muchos insisten ver. Si de género únicamente se tratara, no hay en México otra mujer con mayor talento político que Beatriz Paredes, pero su época ya pasó, el Jurásico es historia antigua. Es muy anticipado decirlo, pero Vázquez Mota quedará en segundo lugar en el mejor de los casos. Para dar una opinión menos agresiva, habrá que esperar a que ocurran, dentro de un par de semanas, las primeras encuestas nacionales. Ello nos permitirá ver cómo va la lucha electoral, ya con “el suelo más parejo”. Hasta hoy, el PAN, por su propio peso, camina arriba de López Obrador y debajo de Peña Nieto. Cuando Josefina dijo que superará al viejo autoritarismo, sin duda se refería al PRI, aunque el PRD es más autoritario. Pero no se trata de frases, sino de programa, y esto es lo que nunca un dirigente panista ha tenido. Si pierde no es cuestión de género, sino de experiencia política. Peña Nieto y López Obrador tienen más tablas y trabajo que Josefina.

Opinión 2012-02-08 - La Crónica

febrero 06, 2012

Restaurar, ¿para qué, cuál es su objetivo?

El arquitecto Carlos Flores Marini acaba de publicar un libro excepcional: Conservación del Patrimonio Monumental. La semana pasada lo presentó con una enorme audiencia de arquitectos, historiadores del arte, periodistas y académicos, en la que fuera casa de don Isidro Fabela. No he sido ajeno a la defensa de los edificios, monumentos y joyas arquitectónicas que se han perdido o cuyas restauraciones han sido pésimas. Me ha correspondido apoyar al doctor Silvio Zavala a intentar detener las extravagantes modificaciones del Paseo de la Reforma. Dar batallas perdidas como el cambio de la Diana Cazadora; en esto, Zavala sugería que, como en todos los sitios del mundo, su lugar está en medio de vegetación, no entre automóviles. Pocos han intentado conservar y restaurar sin destruir. No las instituciones de gobierno que prefieren resultados vistosos, que atraigan simpatías y votos. De este modo, la ciudad ha perdido grandeza, dignidad, belleza. Martha Fernández lo sintetizó en una frase grave: de Ciudad de los Palacios a mancha urbana. Es imposible apreciar la Catedral Metropolitana, uno de los más hermosos edificios del continente, oculta como está detrás de agresivos escenarios para rock y espectáculos populares y políticos. Para abrirle espacios a la explosión demográfica y dejarle La vocación de Carlos Flores Marini es doble: edifica y preserva. Sus tareas así lo muestran. Conservación del Patrimonio Monumental es un libro francamente notable. Es una suerte de intensa, bella y cordial historia del patrimonio de la humanidad, de los grandes edificios, claustros, iglesias, monumentos, casas, esculturas, que se han ido perdiendo a lo largo de multitud de países y la forma en que se han orquestado las defensas y los proyectos de restauración de zonas y ciudades. El estilo ameno y personal de los temas aquí tratados hacen que el libro sea fácil de recorrer. Hay una voz, la del autor, que nos lleva de la mano por muchos puntos del país y de otros más, el restaurador se hace narrador, cronista, y de esta manera la explicación es más clara y gratificante. Los sitios que de niño recorría, cubrían casi toda la urbe, destacando el Centro Histórico y la Ciudad Universitaria, en años en que la población no nos abrumaba con sus cifras colosales y su total desorden. La pelea contra el caos, la perdió la urbe.
El largo recorrido de Carlos Flores Marini, comienza en su rumbo, Santa María la Ribera, caminándolo, tomando transportes públicos se va familiarizando con su entorno, descubriendo sus bellezas, los restos de obras monumentales, al tiempo que juega como cualquier niño. Es decir, pronto se percata de la grandeza del país. Tan sólo para catequizar, los españoles, entre 1521 y 1575 edifican más de 500 conventos. Algunos espléndidos de los cuales sólo quedan informaciones vagas y restos destruidos o mal preservados.

Como en toda grata crónica, Carlos Flores Marini va narrando su periplo de arquitecto y restaurador, nos habla de templos, casonas, esculturas y de nombres fundamentales que conoció y trató en su formación y desarrollo. Mathías Goeritz, Guadalupe Salcedo, Jorge Alberto Manrique, Francisco de la Maza… nombres emblemáticos de nuestra historia, de la arquitectura y la restauración. Los materiales del libro, de una enorme riqueza, son su autobiografía, su vida como profesional y hombre enamorado de su vocación.
Toda acción modernizadora tiene con frecuencia una reacción demoledora del pasado. Y es aquí donde está la propuesta del libro: reconstruir, preservar, mantener la memoria de una nación, de un pueblo. De otra manera jamás encontrará sus orígenes y su historia objetiva. Ya sin las casonas señoriales del Paseo de la Reforma o de Insurgentes, a simple vista, estamos ante un paisaje urbano como podemos verlo en ciudades principalmente norteamericanas, carentes de personalidad y cubiertas de anuncios de toda índole. Por allí, alguna vieja mansión se defiende, resiste, convertida en restaurante o banco.
Del periodo de Porfirio Díaz quedan obras memorables que conmemoraban gestas y acciones heroicas, personajes de talla, que se han metamorfoseado en escenarios deportivos y políticos. Señalo dos. El Ángel de la Independencia y el Hemiciclo a Juárez. El primero, donde están los restos de los padres de la patria, sirve como punto de reunión cada vez que el seleccionado mexicano de futbol logra el milagro de una victoria y, el segundo, es parte de una Alameda profundamente deteriorada, un muladar tomado por vendedores ambulantes, donde “las izquierdas” celebran sus protestas.

El trabajo de Carlos Flores Marini tiene una lógica, un método, un orden y consiste en hilar, a través de recuerdos y experiencias propias, los caminos de la conservación y la restauración. Es una original autobiografía, en su vida profesional, lo fundamental es conservar el patrimonio que nos permite ser una nación, un país con ideas comunes de nuestros valores e historia. No es para hacer apologías elementales, sino para intentar dar respuesta a las preguntas que Justo Sierra, José Vasconcelos, Samuel Ramos, Octavio Paz y otros más, de distintas maneras, se han hecho, de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos. De no saber nuestros orígenes, jamás tendremos una idea de hacia dónde marchamos.

Opinión 2012-02-06 - La Crónica

febrero 05, 2012

AMLO: la ambición del poder

En 2000 de nuevo dejé de acudir a las urnas, Vicente Fox ganó sin necesidad de mi voto.

Si he de ser honesto, muy pocas veces he acudido a las urnas, lo cual no quiere decir que haga un llamado a votar en blanco, a anular el sufragio. Simplemente lo digo, no es grave. En tiempos del PRI no me acerqué a las urnas. No sólo ello, hice una tenaz campaña en su contra. De pronto el Partido Comunista designó como aspirante presidencial a Valentín Campa. Entonces fui a las urnas. El gobierno de López Portillo estaba urgido de oposición y el PAN se había retirado de la contienda, como debería hacerlo hoy al escuchar a sus posibles candidatos. Ingresé al limbo de los ajenos a la política activa porque ya el PC daba muestras de fatiga en las peores manos.Sufragué de nuevo cuando Cuauhtémoc Cárdenas, a quien conocí en años universitarios, con las diferencias del caso, yo ingresaba a la preparatoria y él había concluido la carrera. No sólo ello, en estas mismas páginas, hice lo que pude por su triunfo. Luego se hizo una monótona repetición. Tres veces más fui a votar por el líder del antipriismo. Cuando arrasó en el DF, me alegré, al fin había visto ganar a mi candidato. Unos meses después nos dejaba a los capitalinos para emprender una nueva campaña presidencial, la que ya, en esos momentos, era una aventura necia. Si he de ser sincero, de nuevo dejé de acudir a las urnas, Vicente Fox ganó sin necesidad de mi voto.La historia es larga y tortuosa. Cárdenas contribuyó a la creación de lo que hoy llaman pomposamente “las izquierdas” (una multitud de mafias corruptas buscando dinero), promovió e inició sin quererlo el mito López Obrador, quien carecía de la residencia capitalina: el PRD la inventó y listo. Poco a poco, en un país necesitado de caudillos y no de partidos, de ocurrencias y no de ideologías, fue creciendo. Cuando mi maestro Enrique Semo me invitó a conocer el proyecto cultural de AMLO, un conjunto de vaguedades dichas en el Museo de Antropología, la sala, para unas 300 personas, tenía menos de cien. La magia priista apareció en manos del perredismo y de pronto se medio llenó con policías de Chapultepec y empleados del GDF. El caudillo no arrancaba. Al concluir el penoso acto, Juan Ramón de la Fuente, entonces rector, me dijo que Obrador era un hombre muy agradable. No lo creo, repuse. Ahora el ex rector de nuevo es mencionado por el Mesías como titular de la SEP en su gabinete ilusorio.Todavía tuve los ánimos de formar parte del Consejo de Cultura, con otros 15 intelectuales y académicos. De nada sirvió, se desintegró con celeridad. El resto es historia sabida. AMLO se convirtió en el caudillo y a Cárdenas le puso una triste corona de laureles ajados. El refrán de cría cuervos y te sacarán los ojos, es cierto. Por años mantuvieron posturas distantes. Hoy, el amoroso número uno, le ha pedido, como a los empresarios ingenuos y a los intelectuales simplones, que se dejen ver en público, olviden sus dificultades y venga el abrazo de Acatempan, hermano, si estamos en la misma lucha, sólo que yo como candidato presidencial y tú irás al Senado. La ceremonia está autorizada por Cárdenas y falta programarla ante los medios. La foto y la falta de dignidad.¿Qué pasó, Cárdenas olvidó los agravios, los insultos de la plebe que rodeaba a López Obrador cuando lo acusaba de traidor por mantener su negativa de sumarse a su campaña? Creo que no. Lo que ocurre es que Cárdenas ya no piensa en él, su oportunidad se desvaneció en un fraude donde Bartlett y Camacho tuvieron mucho que ver, hoy ambos leales al tabasqueño, simplemente protege a su hijo. Puede ser candidato presidencial en 2018, compitiendo con Ebrard, una vez que Obrador vuelva a perder y deje el encanto amoroso que hoy prodiga a raudales, volverá a su mal carácter y dejará de ocultar su autoritarismo. Lázaro Cárdenas estará redivivo en la figura de su nieto.

Exceslior - 2012-02-05

febrero 03, 2012

PAN: de los tres ninguno

Gómez Morín y un grupo de personas conservadoras, un día, ante lo que les parecían excesos comunistas del general Lázaro Cárdenas, cuando la izquierda era real y no formada por ex priistas y charlatanes, decidieron formar un partido político, o casi. Corría el año 1939. Desde entonces aprendieron a criticar al abuelo del PRI, al que entonces veían como un proyecto marxista. Pero estaban equivocados: la Revolución Mexicana contó con anarquistas como los Flores Magón y comunistas que comenzaron a trabajar abiertamente organizados desde 1919. La posrevolución mostró el error. Es cierto, algunos marxistas y leninistas por añadidura, como Vicente Lombardo Toledano, le vieron posibilidades al movimiento de 1910 a 1917, año en que triunfa Venustiano Carranza y aparece la Constitución Mexicana, que, como en Rusia, el país podría transitar de una revolución democrático-burguesa, como la definió el historiador Jesús Silva Herzog, a una con características comunistas, bajo la égida del proletariado. Nadie tuvo razón. Sólo algo quedó claro: el tradicional conservadurismo, la derecha, para usar un término actual, se organizó y recuperó su ímpetu a través del Partido Acción Nacional.

Desde entonces, los panistas se dedicaron con entusiasmo a objetar todas las acciones del PRI, a veces tenían razón, pero partían de una base imaginaria: no eran comunistas. Cuando algún mandatario como López Mateos se confesaba de izquierda dentro de la Constitución, era para justificar su tiempo, no para llevar al proletariado a ejercer la dictadura que señala Marx en su utopía. Pero el PAN aprovechaba para gritar: ¡comunista, comunista! Y así fue creciendo, con el apoyo de los curas en el púlpito y las beatas, de los mismos priistas santurrones que aumentaban, de los hipócritas que elogiaban la educación pública, pero tenían a sus hijos en privadas donde les enseñaban el catecismo. Vaya partido, siempre orgulloso de su proyecto (que realmente no tenía) y dispuesto a denunciar a los que deseaban quitarnos a la Virgen de Guadalupe e imponer un Estado laico.

Un día México se hartó del PRI y lo sustituyó con el PAN. El primer presidente de abierta derecha se llamó Vicente Fox y no supo qué hacer más que subirse al jamelgo que había utilizado el priismo y de pasada a llenarse de dinero, como lo prueban su rancho y su fundación, los dineros con los que sigue haciendo una política lamentable. Ya está siendo investigado, no por el PRD o el PRI sino por sus antiguos correligionarios: los panistas.

Luego vino Calderón y pareciera ser el último del conservadurismo mexicano en el poder, al menos por ahora. La guerra contra el crimen organizado que está dando, no ha sido ni exitosa ni ha tenido respaldo popular. Son demasiados los muertos. Sus errores, debido a la inexperiencia política natural del panismo, nos hacen sospechar que el PAN deja Los Pinos. Calderón se hizo priista en los métodos, le gustó el presidencialismo de viejo cuño y hasta la sucesión a modo la ha estado preparando junto con Gustavo Madero. Buscan que Cordero sea el candidato a toda costa. No les basta el dedazo para designar a la señora Wallace a la candidatura del GDF, quieren un equipo “ganador”.

Pero no saben mover las cosas al estilo priista y nunca han tenido un método propio, así que allí están los tres aspirantes, odiándose entre sí, pero siempre tratando de hacer el esfuerzo de mostrarse bien educados y decentes. En los debates que han sostenido no ha habido debate. Intercambian puntos de vista y los que van debajo de Josefina Vázquez Mota, le deslizan improperios que ella, experta en ayuda personal, deja correr para seguir hablando de lo mismo que sus colegas: de nada. No hay propuestas serias, sólo palabras acerca de las bondades de la administración que ellos hacen. Ninguno de los tres conoce al país, vienen de un mundo de pequeños empresarios, de personas que de pronto vieron en la política un camino para mejorar sus posibilidades de ingreso a la historia. Pero pronto serán olvidados. Son meros fantasmas que están metidos en una pugna discreta y en espera del beneplácito de Calderón que ya está dado en favor de Cordero, sin duda el peor de los tres.

El país no puede más con el actual juego de los partidos políticos. El problema es que está atrapado en sus redes. Si no es el PAN, será el PRI o el PRD. Entonces lo que podemos escuchar es que debe votarse por el menos malo y la discusión ahora está en saber quién de los tres candidatos que aparezcan finalmente, es el merecedor de la presidencia del país. Si pienso que en el PAN de los tres ninguno debería ganar, me ocurre lo mismo con la lucha final: de Peña Nieto, Cordero o Vázquez Mota y López Obrador, ninguno debería ganar y sí a cambio perder. No merecen gobernarnos. Pero no es así, alguien ganará y ya veremos qué hace con el premio mayor, mientras la ciudadanía acaba de hartarse y deja de pensar en caudillos iluminados y rechaza a cientos de politicastros que buscan toda clase de empleos sin pensar en la salud social de México. La nostalgia cabe, las propuestas de cambio real también.

Opinión 2012-02-03 -
La Crónica

febrero 01, 2012

La política en los medios y en las redes

No es sencillo, pero sí muy lucrativo, vivir en México de la administración pública. Ser político significa poder y dinero, ser intocable. Los periodistas lo sabemos porque vivimos de comentar sus acciones, sus felonías o el cumplimiento ocasional de sus tareas. Alguna vez mi colega Rafael Cardona, en un programa de televisión en el que participábamos, dijo: Trabajamos con lo peor de la sociedad: los políticos. Tenía razón. Nuestra tarea es leer sobre ellos, entrevistarlos, seguirlos, escucharlos, valorarlos. Los resultados suelen ser desastrosos: a ninguno le interesa el periodismo crítico, quieren adulaciones. Lo fundamental es que los políticos gustan de la política, no la aman, la cultivan por sus peores defectos. A estas alturas es imposible creer que tienen esa ridiculez que llaman “vocación de servicio”. Son otras cosas las que les interesan, menos la ciudadanía que debiera ser la receptora y beneficiaria de la pasión por la gestión estatal.

Niveles los hay. No es lo mismo un simple burócrata, alguien que trabaja como modesto empleado, funcionario menor, que aquél que hace una exitosa carrera política que lo conduce, y aquí sí los caminos son diversos, a la cúspide del poder. No todos logran llegar a los altos cargos, esos vienen por golpes de suerte o habilidades poco escrupulosas. Dudo mucho que la limpieza de cada dirigente de partido político sea evidente. Siempre es turbia, por eso ahora quienes hacen las campañas y conducen las relaciones públicas de los personajes que presentan candidaturas a las más altas tareas que necesita el país para su conducción, gustan de solicitarles a quienes los contratan toda clase de intimidades y recovecos personales. Tarde o temprano aparecerán, por eso hay que estar a la defensiva. Serán utilizados en su contra.

La política nacional se halla en su peor momento. Los medios de comunicación y las redes sociales que en otros lados contribuyen a derrumbar dictaduras y a denunciar actos de corrupción pública, entre nosotros sirven para denostar, ofender, insultar con rabia y odio y quienes actúan activamente ni siquiera muestran el rostro, principalmente en las redes, dan un ridículo pseudónimo y se hacen expertos en enfangar a quienes suponen sus peores enemigos. En tal sentido, los fanáticos de López Obrador son los mayores expertos. Su actividad central es buscar a todos aquellos que discrepan y contra ellos enfocan baterías de bajeza.

Algo peor, nadie investiga la autenticidad de la información, si conviene a sus intereses, la esparcen y sazonan con toscos adjetivos, trucan videos y fotografías y sin el rigor que tienen o deben tener los periodistas más serios, evitan la investigación y consecuente comprobación para anular al enemigo. Josefina Vázquez Mota se tropieza y el rumor se hace noticia alarmante: la precandidata “estaba borracha”. Felipe Calderón, nos dicen en las redes, a mediodía está ebrio, por ello sus enemigos lo llaman “El teporocho de Los Pinos” y dan por un hecho inobjetable que Calderón por propia mano ha matado 50 mil 386 personas, lo han visto. Hay “pruebas”. En los medios, para probar su falta de seriedad, sólo hay que leer comentarios sobre cada artículo que no elogia al Mesías tropical. Es inaudita la cantidad de ofensas que recibe el autor en campañas orquestadas.

Desde el tropiezo de Peña Nieto en la FIL por una simpleza en un tipo que se preparó para gobernar no para impartir literatura, se lo han acabado. Sin embargo, apenas ha perdido puntos en las encuestas, es algo mínimo. ¿Qué pasaría si trajéramos a colación el supuesto crimen de López Obrador, cuando riñó con un hermano suyo? Un escándalo: sus admiradores dirían: “calumnias”, “mentiras”, pero si es Peña Nieto quien “preparó el suicidio de su primera esposa”, eso sí es cierto. ¿Qué clase de periodismo estamos haciendo, qué pretenden quienes utilizan las redes sociales?

Jamás el buen comunicador debe ser transmisor de información cuyo origen es incierto, tiene que comprobar que sus fuentes no mienten. El sensacionalismo nos ha atrapado. Los medios electrónicos han contribuido a envilecernos. Los políticos con su diario trabajo nos degradan en primera instancia. Los periodistas, en todo caso, se mueven dentro del mundo que ellos producen.
De “las izquierdas” nacen los peores defectos en tal sentido. Desde hace años están organizados en redes que sistemáticamente atacan a cada periodista o intelectual que no está de acuerdo en que López Obrador es Dios. A una conferencia, por ejemplo, llega una docena de organizados fanáticos y la emprenden contra aquél que no tiene otro interés que ser un crítico de los partidos. Para los seguidores de Obrador, el problema es que su ídolo es impoluto, no se cree Dios, es Dios. Y AMLO miente, hace demagogia, se contradice y bendice las armas de sus leales.De seguir por este rumbo, la democracia mexicana no avanzará, quedaremos atrapados en este pantano llamado política mexicana. Tendríamos que hacer un esfuerzo para evitar que la lucha llegue a tan bajos niveles. La tarea se antoja imposible. Dentro de los medios la preocupación existe. Falta saber cuándo los usuarios de las redes sociales controlarán sus pasiones y ayudarán no a endiosar a un pobre mortal, sino a orientar correctamente a la sociedad.

Opinión 2012-02-01 - La Crónica