Tantadel

mayo 30, 2012

De república amorosa a desamorosa

El encuentro de Javier Sicilia con los cuatro aspirantes presidenciales ha dejado multitud de reacciones y lecciones que por ahora no serán cabalmente entendidas. Cada quien lee las cosas como le conviene. Desde los participantes de las redes sociales hasta los políticos profesionales y los comunicadores que a estas alturas poco comunican y sí contribuyen mucho al caos.
El domingo presenciamos un debate que puede ser calificado como patético, frases hechas, lugares comunes, agresiones, mensajes cifrados y un tedio completo. Los ganadores sin duda fueron aquellos que optaron por la lectura de un buen libro o de un filme notable. Decepcionante, pero así está la capital. Sólo Miguel Ángel Mancera estuvo en lo suyo: para qué pelear si tiene ganada la elección y es así porque no tiene contrincantes al frente. Se esperaba mucho de Beatriz Paredes, simplemente fue a mostrarse ante un público ávido de soluciones a los grandes desafíos que padece el DF, hoy, sin dudarlo, un infierno para visitantes y habitantes. Las victorias pírricas de Ebrard y la escandalosa corrupción apenas aparecieron.

Luego la República vio desconcertada el encuentro de Javier Sicilia con los aspirantes presidenciales en Chapultepec. Javier estaba en lo suyo, era el dueño del escenario y como tal actuó. Regaños y besos para cada uno. Besos que todos recibieron, menos AMLO. Con tal de ganar puntos y votos soportaron públicamente la reprimenda. Fingieron ser humildes y amorosos, cuando en realidad quieren ser dueños de un país que pasa por una grave crisis de valores, donde todos mienten con descaro. Desde Felipe Calderón que está por irse y no quiere ser perseguido por organismos de derechos humanos, por los deudos y fantasmas de las miles de víctimas que su paso ha dejado, acosado por los desempleados, los pobres y los engañados con sus discursos y promesas, por su infinita demagogia. Deja un país envuelto en una contienda incivilizada y brutal. Pocos lo han dicho, pero la pugna civil que nos involucra es su responsabilidad, es un hombre que no sabe gobernar, que nos enfrentó a unos y otros y que le falló al propio PAN.

Veamos. Javier tiene razón y así lo aceptaron tres con docilidad: Peña Nieto, Vázquez Mota y Gabriel Quadri, quien mantuvo su postura de “independiente” y fue hábil al responder como si fuera un luchador social y no el candidato del Panal. Sólo dos llamaron la atención, quizá porque Josefina, pese a sus descabellados intentos de recuperar terreno, miente en sus mensajes y ante el espejo; no cuenta más: está derrotada. Uno, Peña Nieto: de nuevo lo vimos sumiso, negado para devolver las críticas. Otro, López Obrador, porque al recibir el regaño (autoritario, resentido, mesiánico, intolerante, aliado de Bartlett…), emitió como respuesta una nueva falsedad: “No me pueden meter en el mismo costal. No soy nada de eso que tú mencionas…, no soy un político mentiroso, corrupto…”, una simulación colosal, todos, hasta sus fanáticos, saben que es justamente eso, una persona que engaña con inaudita facilidad, es un hombre que no tolera la crítica y ha permitido la corrupción. Un semidiós que convierte odiosos pecadores priistas como Ricardo Monreal, Manuel Camacho y Manuel Bartlett en monjes de la caridad de “izquierda” con dinero.

Enrique Peña Nieto, quien a diferencia de López Obrador sí vive en la república amorosa, ante cada insulto, cada mentada, cada acusación, responde inalterablemente diciendo que respeta a sus agresores. Podría defenderse. No, respeta a sus enemigos que lo han tratado de linchar. No me imagino a López Obrador, el de la prédica amorosa (una farsa), pidiendo paz y respeto a sus enemigos. A ellos, los trata de aplastar. Si queremos ser sinceros, el famoso candidato de Televisa no debe serlo tanto, los más conspicuos periodistas al servicio de esta empresa se han ensañado con él, lo han provocado, nadie lo ha defendido y él responde con el estribillo: Yo los respeto a todos. A estas alturas, el mito debería estar fuera de las indignadas bocas de quienes así lo veían. Joaquín Coldwel dice que “es educado”. Yo no sería tan generoso. Está en la guerra sucia y no es una metáfora.

El debate que viene entre los presidenciables será prueba de que hemos pasado a un combate colosal, sólo falta el conflicto poselectoral. La pelea ya está clara, será entre Peña Nieto y López Obrador. Vázquez Mota irá sólo a desahogar su odio y a atacar al primero, su principal obsesión.
La única ventaja de esta campaña convertida en un zafarrancho vulgar es que de muchas maneras está contribuyendo a modernizar políticamente al país. Si somos sensatos, hay que aprovechar las duras lecciones llenas de violencia que vemos a diario, madurar y buscar al fin un país libre de mentiras y demagogia. Una nación digna de ser considerada con respeto. Como vamos, tan llenos de odio, no nos queremos ni nosotros mismos. La obsesión de cada votante posible es ver sometido, agraviado, ofendido, linchado, a su enemigo, mientras que a su candidato lo pone en un pedestal. Es intocable y tiene la razón. Hoy muchos obradoristas muestran su malestar o desconcierto, ante las palabras de Javier Sicilia dirigidas a López Obrador.

Opinión 2012-05-30 - La Crónica

mayo 28, 2012

La ciudad y los perros

Leo en los diarios que la Real Academia festeja los 50 años de la aparición de la novela inicial de Mario Vargas Llosa, la que lo elevó a alturas insospechadas, lo hizo parte del célebre Boom latinoamericano: La ciudad y los perros. Con tal motivo reunieron opiniones polémicas y encontradas sobre el valor literario de la obra. Al parecer, pese a su enorme éxito, el escritor peruano de nacimiento no acaba de encontrar la paz que otros novelistas disfrutan. Sin duda, más que su obra literaria, es su crítica política la que irrita a muchos. No olvidan sus frases duras sobre la Revolución Cubana, con la cual rompió hace años. Ahora mismo, el hecho de que durante el cordial debate con Gilles Lipovetsky sobre su libro La civilización del espectáculo, Vargas Llosa se haya declarado en favor del capitalismo, tal como suena, de manera enfática, irritó a diversos politólogos. Pudo decir ‘estoy a favor de la economía de libre mercado’, pero no, pronunció la palabra maldita entre los intelectuales progresistas.

Cuando apareció su primer libro, Los jefes, en una edición modesta de Populibros en Perú, Mario Vargas Llosa obtuvo algún reconocimiento en un continente donde los comentarios se dirigían a Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Ernesto Sábato, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Carlos Fuentes y otros más de altos rangos. El Boom fue muchas cosas, entre ellas, un hecho comercial estimulado por la famosa agente literaria Carmen Balcells. Pero, con pocas figuras jóvenes en España, América Latina entraba ruidosamente en Europa. Creo que este fenómeno, visto en su momento más como show literario que como movimiento literario, está poco estudiado. Encontró amigos, también críticos feroces. La verdad es que todos ellos hoy siguen siendo leídos y comentados. Luego del Premio Nobel, la fama de Vargas Llosa se extendió. Políticamente situado como enemigo de la izquierda tradicional, no acaba de ser aceptado como lo que es: un enorme narrador y un ensayista interesante que con frecuencia provoca polémicas intensas y sanas para la cultura latinoamericana.

El orden en que leí sus libros primeros fue el cronológico: Los jefes y enseguida La ciudad y los perros. Mi generación se impresionó, recuerdo comentarios de algunos: José Agustín dijo que es una novela que trae una enorme frescura y propone nuevos caminos a la narrativa. Jorge Arturo Ojeda, un escritor más dentro de la fantasía que del realismo, mostró también su admiración por ella y yo, francamente, quedé muy impresionado y algo debo haber dicho o escrito porque mi edición (la primera) tiene anotaciones y marcas por todas sus páginas, algo que no suelo hacer.
Como la novela había obtenido el Premio Biblioteca Breve, el impacto entre los lectores fue memorable. De pronto, con un par de libros a cuestas, el joven se ponía en alturas insospechadas, como lo hizo Fuentes luego de arrancar con Los días enmascarados y La región más transparente. En esos años el eje de la vida intelectual latinoamericana avanzada giraba alrededor de la Revolución Cubana y del proyecto de Salvador Allende para llegar al socialismo por la vía electoral. Vargas Llosa estaba por romper con el régimen encabezado por Fidel Castro y cuando lo hizo, no iba solo, lo acompañaban muchos escritores más, algunos cubanos como Severo Sarduy y Cabrera Infante. La polémica desatada por la represión a un intelectual crítico de la Revolución hizo que Vargas Llosa no únicamente rompiera sus vínculos con la Isla, sino que en lo sucesivo sería su acérrimo enemigo.

Veo palabras de desdén sobre La ciudad y los perros y palabras elogiosas. Ambas cosas parten de escritores afamados e importantes de América Latina. Es evidente que la situación peruana que motivó la creación de la novela no existe más. Pero eso es normal. El París de hoy nada tiene que ver con la ciudad que vio Víctor Hugo en Los miserables y eso no le resta ningún valor. Pero en todo caso, es el inicio de un autor fundamental en las letras castellanas y en los debates políticos del planeta. Queda claro que aún mueve a los lectores, para bien o para mal. Lo evidente es que muchos de sus críticos piensan más en el escritor que en la obra y eso impide ver con precisión sus valores reales. Es posible que más adelante, los críticos literarios y los escritores puedan hacer una lectura más clara y sacar conclusiones que de nada le sirven al arte. A instancias de la Casa de las Américas en La Habana, muchos marginaron a Jorge Luis Borges por su postura política. Qué error. Perdieron la obra del mayor literato de nuestros tiempos, el más influyente en el orbe. Vetado una época en Cuba, hoy lo publican y los lectores cubanos descubren la impresionante obra de una auténtica figura mayor. Muerto Borges, alguien escribió, la literatura también ha muerto.

Leí dos veces La ciudad y los perros, quizá sea tiempo de hacerlo una tercera vez, ahora que es una señora distinguida y respetable que cumple 50 años de edad.

Opinión 2012-05-28 - La Crónica

mayo 27, 2012

Redes sociales, mi experiencia

Como profesor de Comunicación de la UAM, me veo en la necesidad de conocer las nuevas tecnologías.

Amigos escritores insistieron: participa en las redes sociales. Añadieron que sería una experiencia formidable y una herramienta para establecer contactos con otros literatos, sobre todo jóvenes. No los tomé muy en serio. Tengo página web y blog y a través de ellos me relaciono con los interesados en la literatura, pues el periodismo cultural ha llegado a un punto mínimo: apenas hay suplementos culturales y las secciones destinadas al tema están mezcladas con información miscelánea. Finalmente acepté.

Como profesor de Comunicación de la UAM, me veo en la necesidad de conocer las nuevas tecnologías: entonces opté, más que por teorizar, por involucrarme en el fenómeno. Observo, desde mi área, periodismo cultural (conmigo, cada año, se titulan unos 25 alumnos que desean incorporarse a esta tarea en un país dueño de una inmensa oferta artística y un caos en su organización administrativa), cómo los jóvenes las utilizan para dar a conocer sus poemas y cuentos iniciales. A falta de editoriales que confíen en ellos, de medios que les abran las puertas para despegar, optan por hacer sus propios blogs y adentrarse en Facebook o en Twitter para promover su trabajo y buscar afinidades artísticas. A muchos de ellos la política les repugna y la evitan. Quieren ser escritores o les gusta el periodismo cultural. En ambos casos, internet es una posibilidad infinita para ejercitarse.A mi página web y a mi blog no les ha ido mal, si pensamos que son de un escritor poco conocido: llevan más de 80 mil visitas y en FB, al superar las cinco mil amistades, fui obligado a cambiar de página. Hoy poseo un formato complicado, pero sigo en comunicación con esas personas que se mueven dentro de la cultura no oficial. Derivado de mi experiencia en internet pude escribir una novela, El amor intangible, que lleva, sin publicidad, sólo citada en las redes, dos ediciones. Veo que muchos amigos, compañeros y alumnos prefieren comunicarse conmigo utilizándolas y no escribiéndome a mi correo personal. Cuando la UNAM, en la Feria del Libro de Minería, festejó mis 50 años como escritor, subí la información y el sitio se llenó. Algo parecido ocurrió cuando un reconocimiento semejante se llevó a cabo en Bellas Artes. Curiosamente, en este último, apenas anunciado por la burocracia cultural, los resultados fueron magníficos a causa de FB.

Sé del potencial político que tienen las redes, lo veo a diario, sobre todo cuando algo rompe la rutina como el actual proceso electoral mexicano. Con frecuencia son pervertidas y utilizadas por los políticos en sus campañas en pos de un cargo o para descargar su odio hacia el rival. Me he visto, contra mi voluntad y a causa del periodismo político, envuelto en discusiones inútiles que procuro evitar. Pero en mi caso el choque con feligreses de algún partido es mínimo; la atención por ahora, digamos, se ha centrado en el intercambio de minificciones, un género que podríamos considerar reciente y exitoso y en ires y venires de opiniones literarias, recomendaciones de libros… Es una situación placentera.

Leo las quejas de los profesionales del periodismo: las redes son utilizadas por los simpatizantes de uno u otro candidato. Sirven para ofender, calumniar, no hay argumentaciones serias, responsables, datos duros, sólo injurias, odio. Es natural, reflejan puntualmente el entorno social y el país está bajo el perverso control de políticos y empresarios. De acuerdo, en las redes todavía no hay periodismo de calidad, prevalecen las pasiones, pero está arrancando, pronto madurará y será útil para ayudar en la formación democrática y el avance ciudadano que necesitamos. Mientras tanto, son el paraíso de jóvenes que encuentran allí lo que los medios establecidos les niegan: la posibilidad de mostrar sus materiales artísticos en distintos grados y niveles y establecer vínculos con sus pares.

Excelsior - 2012-05-27

mayo 25, 2012

Beatriz Espejo, homenaje

Hace unos días, en Orizaba, la escritora Beatriz Espejo, recibió un homenaje más en su larga carrera de éxitos académicos y literarios. En algunos he participado y en todos hay la certeza de que son merecidos. Es una narradora cuyo prestigio la ha conducido a los primeros lugares de nuestras letras. Un importante premio literario lleva su nombre y sus libros son analizados con admiración por críticos y lectores. La obra de Beatriz Espejo es intensa, de una sorprendente perfección. Discípula y amiga de un escritor mayor, Juan José Arreola, ha publicado básicamente cuentos: La otra hermana, Muros de azogue, El cantar del pecador, Alta costura, Marilyn en la cama y otros cuentos, De comer, coser y cantar, Todo lo hacemos en familia y en fin, varios títulos más entre los que sobresale un formidable estudio sobre Julio Torri. Ha obtenido distinciones literarias destacadas. En 1993, por ejemplo, ganó el Premio Nacional de Colima a la mejor obra de narrativa publicada. Asimismo ha ganado el Premio Nacional de Periodismo y el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí. Debo añadir que este último galardón lo obtuvo con Alta costura, un libro notable, de enorme perfección. Cuando lo leí, la unidad temática, los distintos desarrollos y el manejo de prosa, me hicieron pensar en que de un modo semejante, Rulfo escribió El llano en llamas, Arreola Confabulario y Borges Historia universal de la infamia, pensando en un todo, en un conjunto de cuentos afines, no metiendo textos de aquí y de allá, al azar, para llenar páginas.

Beatriz Espejo nació escritora, como Borges, Bioy Casares y Arreola, Torri, Azorín y Reyes; nació, y eso se ve a simple vista, hermosa y sensible, fue educada de las mejores maneras y eso también se nota. Es culta y distinguida. Muy pronto, en consecuencia, comenzó a escribir y a mostrar una prosa delicada, de orfebrería, como los bordados finos y delicados de sus relatos. En 1960, cuando mis compañeros no de generación (por razones de talento, ella se vinculó a los que como García Ponce, Juan Vicente Melo e Inés Arredondo arrancaron antes) sino de edad, comenzábamos a borronear cuadernos, Beatriz publicaba y se hacía notar. Tan fue así que las rigurosas antologías llamadas Anuario del cuento mexicano, editadas en la Secretaría de Educación Pública bajo el gobierno de Jaime Torres Bodet, cuando José Luis Martínez y Antonio Acevedo Escobedo dirigían el INBA y el Departamento de Literatura, respectivamente, en 1961 y en 1962, seleccionaron cuentos de una jovencita llamada Beatriz Espejo. En el primero, incluyen un cuento “En mi vigilia”, tomado de La otra hermana, publicado por Cuadernos del Unicornio que manejaba Arreola y en el segundo, uno titulado “Graco el menor”, por cierto dedicado a uno de los grandes maestros de las letras, don Francisco Monterde.

Ya convertida en una escritora de mucho prestigio y respeto, Beatriz publicó una novela: Todo lo hacemos en familia. El libro, bellamente editado por Aldus, tiene una nota en la cuarta de forros que señala con precisión algunos de los hallazgos y aciertos de la autora. Cumple con su cometido de inquietarnos, pero sin duda hay mucho más. Admiro a Beatriz Espejo como escritora, asimismo como la rigurosa académica que es. He asistido a clases suyas y sé de sus profundos conocimientos y, desde luego, de su peculiar estilo para enseñar literatura, buena literatura: con simpatía, cordialidad y sobre todo con amenidad. No aterroriza a los alumnos, poco a poco les va mostrando los secretos de la creación, señala facetas poco conocidas de escritores que admira y ha leído con detenimiento. Por otro lado, he tenido el honor de compartir, con ella y con Guillermo Samperio, formidable cuentista y un hombre agudo, talleres literarios y la he visto criticar con objetividad, estimular, edificar, analizar la obra de jóvenes que con frecuencia insospechada sienten que el toque de Dios fue para ellos solos.

Si mal no recuerdo, conocí a Beatriz Espejo cuando la UNAM era cuna y casa de escritores notables, casi toda la cultura nacional salía de sus escuelas y facultades, de sus oficinas editoriales y de sus áreas de investigación. Era fácil ver en los pasillos de Filosofía y Letras a intelectuales ameritados. Por allí vi a Juan José Arreola, a Agustín Yánez, a Rubén Bonifaz Nuño, a Sergio Fernández, a Emilio Carballido, Carlos Fuentes y a Rosario Castellanos. Era una universidad modesta en cuanto a población y muy respetuosa del arte y la cultura. Los alumnos íbamos de sorpresa en sorpresa. En mi facultad, Ciencias Políticas, escuché a Pablo Neruda leer su poesía, en otro momento Vicente Lombardo Toledano dio una conferencia magistral. En esos días de cine-clubs, conferencias singulares, mesas redondas y una intensa actividad artística y cultural, supe de una revista de mujeres dirigida por Beatriz Espejo: El rehilete. En el número 16, en 1966, publicó uno de mis primeros cuentos, “Hacia el fin del mundo”, que venía de ganar un concurso universitario. Los jurados fueron José Emilio Pacheco, Miguel Donoso Pareja y Edmundo Valadés. De aquellos tiempos viene mi cariño y respeto por una de las mayores escritoras de México, al lado de Elena Garro, Rosario Castellanos y María Luisa Mendoza.

Opinión 2012-05-25 - La Crónica

mayo 23, 2012

El nuevo y el viejo PRI

A mi querido colega y amigo Pepe Grillo, periodista notable
Si hemos de tomar en serio (yo sí lo hago) las palabras, metafóricas, obviamente, de Kapucinsky, de que se aprende más política en un museo o en una galería de arte, tendríamos que aceptar al dramaturgo Arthur Miller cuando precisa en un libro espléndido, Al correr de los años, que nuestra sociedad actual exige que un líder político sea también un consumado actor. Para probar su acierto, habla de Nelson Mandela, Bill Clinton, Roosevelt o Truman. Tiene razón. El presidente Nixon sabía mentir como un experto actor que repite parlamentos notables escritos por alguna otra persona. Miller trata de explicarse en función de esta característica, el doble papel del demócrata Roosevelt, campeón de la lucha contra el nazismo, que permitió que la España republicana fuera destruida por Francisco Franco, apoyado por dos agresivas potencias fascistas: Alemania e Italia. Al final tuvo que arrepentirse de su actuación. Existía la posibilidad de que una España libre hubiera contribuido a detener la expansión de Hitler y Mussolini.


Algunos políticos mexicanos, como Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, saben mentir, en particular este último, quien lo hace con naturalidad y lo hace así porque está buscando un Oscar por su papel: se contradice y lleva a cabo promesas demenciales. Sus partidarios lo adoran. Habla del PRIAN y de una misteriosa colaboración de esa mafia con las televisoras para impedirle el paso a Los Pinos porque cambiaría todo positivamente. No sabe cómo, pero millones de mexicanos creen en sus palabras.

De su lado, Felipe Calderón, trata de ponerse a salvo en las postrimerías de un sexenio perdido, fracasado, y nos dice que contra él no protestan. O es ajeno a la realidad o reacio a ver lo que pasa en las redes sociales, donde lo menos que le dicen es “teporocho” y “asesino” todos los días. Peña Nieto precisa con ingenuidad que él y su partido representan la modernidad. Pero hay algo en común: los cuatro candidatos van a modernizar, a cambiar profundamente al país. No pasa un día sin que nos digan que ésa es la meta. Claro, tampoco dicen cómo lo harán.

Pero los que presenciamos intercambios de insultos disfrazados de proyectos, comenzamos a mentir también. La palabra PRIAN pareciera una verdad matemática, cuando lo que existe es una reunión tácita entre el PRD y el PAN en su intento por derrumbar al puntero. La mafia del poder, incluye a López Obrador y aquellos que no acaban de notarlo, son sus mejores víctimas, los ciudadanos. Pero de algo estoy seguro: existe un viejo PRI y entre sus más conspicuos militantes están, cito sólo algunos representativos, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Marcelo Ebrard, Manuel Camacho, Ricardo Monreal, Arturo Núñez, Rafael Moreno Valle, Andrés Manuel López Obrador, Manuel Bartlett, Ifigenia Martínez, Socorro Díaz, Alejandro Rojas, Alejandra Moreno Toscano, Cota Montaño, Gabino Cué…

El nuevo PRI tiene lo suyo y es posible resumirlo con la célebre frase de Napoleón Bonaparte cuando ante las pirámides de Egipto dijo: “Soldados, cuarenta siglos os contemplan”. Por donde los vea uno, vienen del jurásico, han pasado por todos los cargos imaginables y todavía están allí, como el famoso dinosaurio de Monterroso. Pero hay algunas novedades entre las que destacan: Rosario Robles, René Arce, Ruth Zavaleta y desde luego el propio Enrique Peña Nieto.

Ambos partidos nos dicen que representan la modernidad y quieren hacer de México una nación avanzada. Entre los dos está la lucha por Los Pinos. El PAN, el que fuera descartado desde hace muchos meses por el visionario y prófugo Humberto Moreira, en efecto se autoeliminó. Entre los errores fatales de Felipe Calderón y las pifias de Josefina Vázquez Mota, ahora comparsa de AMLO, Acción Nacional no está más en la batalla incruenta. Probó que no sabe hacer política a pesar de su larga existencia, comenzada en 1939. El viejo PRI miente con desfachatez. El nuevo, también. Pero uno de los dos se quedará con la Presidencia de México, mientras Josefina y Calderón salen de México a curar su derrota en un avión llamado Ipiranga.

Entre el viejo y el nuevo PRI no hay voces de cambio real. Ambas fuerzas proponen lo mismo: parchar el edificio, ponerle más pintura a la fachada, reparar los muros que amenazan derrumbarse, en fin, remozar el sistema. Ninguno propone cambios sustanciales. Se trata de darle al neoliberalismo un rostro amable, menos severo y permitir que el Estado haga algo, se sienta su presencia, al menos en Pemex, lo que significa mantener la empresa igual. Las dos versiones de lo mismo pertenecen con rigor al centro y ninguna a la izquierda.

Desaparecida la propuesta del marxismo, donde los menos radicales pedían un comunismo de rostro humano, ahora nos queda la posibilidad de darle al capitalismo algún ropaje celestial y brindarle apariencia de generosidad. Nadie toca al monstruo. A escala global, el neoliberalismo cruje, hace daño a incontables países, pero en México, los candidatos presidenciales quieren mostrarlo como una novedad redentora.

Los políticos mexicanos son buenos actores, mienten y muchos saben hacerlo de modo convincente por instinto o porque intuyen el método Stanislavsky. Nosotros somos espectadores que cumplimos el papel de pagar los gastos y aplaudir como focas. Gozosos.

Opinión 2012-05-23 - La Crónica

mayo 21, 2012

Las voces de los políticos

Mario Vargas Llosa, entre novela y novela o libros de crítica literaria, se da tiempo para reflexionar sobre los pésimos tiempos políticos que nos abruman. Ahora, en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, advirtió algo que tendría que poner focos rojos en cada esquina o rincón de México y tomo la información de EFE, reproducida por La Crónica: Hay un gran peligro para el futuro de la libertad y la democracia: el que las ideas sean remplazadas por eslóganes y lugares comunes. Si uno en lugar de presentarle, como fue en la Universidad Iberoamericana, un cartel a un candidato presidencial que diga “Te odio”, mostrara una propuesta o intentara reflexionar su aversión, no respiraríamos esos aires tan densos y sucios que la política nos ha dado. Seríamos un país avanzado. El problema es que los propios intelectuales y los comunicadores suelen utilizar más frases y adjetivos que ideas. Estamos ante un panorama que bien representa el joven de la pancarta. Sé que en una guerra el odio es natural. Pero en la lucha electoral, ¿es el camino correcto?

La manifestación contra Enrique Peña Nieto y el PRI del pasado sábado produjo algunas reflexiones mediáticas sobre sus posibles consecuencias. La primera es la capacidad de odio que en algunos sectores provoca el PRI. Sin duda hay más de una razón, pero parte de la aversión la estimulan los ex priistas y aquellos militantes del PAN, partido nacido en 1939 como cerrada oposición a los avances de la Reforma y la Revolución y en especial a las conquistas de Lázaro Cárdenas. Entiendo algunos de sus argumentos, no todos. He dado la pelea al priismo desde hace décadas con una postura, la del marxismo. Cuando dejó de ser una opción real, pasé al lado de los intereses de la sociedad. Si antes mi animadversión contra el PRI se manifestaba en novelas y artículos, ahora trato de entender un fenómeno más amplio y riesgoso: el éxito del neoliberalismo y las confusiones que ha traído. El odio ha llegado a tales extremos que puede convertirse en algo más que una guerra civil de palabras.

La alianza tácita entre el PAN y el PRD ha dado pobres resultados. Los mejores cálculos del DF hablan de unas 22 mil personas convocadas por “las izquierdas”, los militantes panistas cercanos a Vázquez Mota y los que acudieron a las llamadas disfrazadas de ciudadanas de las redes sociales. En Morelia, fueron 300, en Colima, 100… Las cifras son pequeñas ante el padrón electoral. Pero es evidente que tiende a una sola cosa: debilitar a Peña Nieto. Sin embargo, puede ocurrir, lo cual no es improbable, que desate en principio una reacción del voto duro priista y de algo más grave para el antipriismo, que el amplio número de indecisos, se acerque a quien menos ataques lanza.

Si de convocar a un debate nacional sobre los grandes problemas nacionales se trata, ya vimos que los organizados por el IFE de nada sirven. Mientras que la virtual alianza PAN-PRD actúa para derribar al puntero, si el priismo fuera sensato y audaz, en lugar de sólo mostrarse como víctima de un complot panista-perredista, lo que comprueba que, contra lo dicho por López Obrador, sí hay acuerdos entre ambas fuerzas, como los hubo en Puebla o en Oaxaca, daría a la nación un agudo resumen de sus éxitos y fracasos y aprovechar el momento para ofrecernos disculpas por agravios atroces. Cualquiera medianamente sensato sabe que de ganar no será el mismo PRI por más que alrededor de un joven aspirante presidencial estén los mismos de siempre. De ganar, no regresará el mismo partido que cometió más de un desatino e hizo del presidencialismo una monarquía sexenal, por una sola y simple razón: el país ha cambiado. Otros son los medios de comunicación y otra es la sociedad. El mexicano es crítico y no sumiso. Pero ha de entender mejor si los discursos de los partidos cambian la ofensa y la descalificación para privilegiar las propuestas y las ideas.

El “periodismo” que hacen en las redes sociales tiene mucha responsabilidad en el problema. La necesidad de intervenir en el cambio, cualquiera que sea, obliga a miles de jóvenes a improvisar chistes majaderos y lanzar calumnias y acusaciones insostenibles. Nadie debe olvidar que cuando aparece una acusación grave, el buen periodista o la persona inteligente deben tener la información a la mano y provenir de una fuente confiable.

Caminamos hacia la democracia y la libertad de expresión dando tumbos y en medio de un feroz intercambio de insultos. El camino será largo, pues está sembrado de los rencores que los partidos y algunos candidatos nos muestran como programa político. Pero si el debate se torna de altura y dejamos de oír mentadas de madre y adjetivos majaderos, si los jóvenes universitarios nos dan ideas en lugar de mostrar odio, la ruta podría ser más corta. La propuesta de Vargas Llosa no es improvisada, es resultado de la larga reflexión política de un intelectual que ha transitado por el arte, sí, pero también por la acción política y allí pudo percatase del valor de la argumentación y del debate antes que apoyarse en frases gastadas o en promesas que nunca serán cumplidas.

Opinión 2012-05-21 - La Crónica

Carlos Fuentes

Dio una imagen de talento, cultura, inteligencia y cosmopolitismo que pocos le han brindado al país.

Las comunicaciones son ahora veloces e impiadosas: supe del lamentable fallecimiento de Carlos Fuentes en cuestión de minutos, cuando ya en las redes sociales y en los medios en línea la noticia era comentada. Sin ser amigo del novelista, salvo algunos encuentros a comer y tomar un par de copas, pasé del estupor a sinceramente lamentarlo. Carlos era el mayor escritor vivo de México, el que más se había esforzado en dar a conocer su obra en el campo internacional. Fue el mejor representante que tuvimos. Su trabajo y personalidad, su amplia cultura, le abrieron las puertas del mundo, obtuvo infinidad de reconocimientos y premios y aunque no tuvo el Nobel dijo con sentido de la amistad que al ganarlo Gabriel García Márquez, él asimismo lo había recibido.

Los críticos literarios hablan de una obra de altas y bajas. Puede ser. Pero las altas, realmente lo son y las bajas son novelas dignas. Cuentista en el inicio, Los días enmascarados, dio un prodigioso salto a la notoriedad y al más notable éxito con La región más transparente, Aura y La muerte de Artemio Cruz. Los demás libros fueron ladrillos en un muro prestigioso e inalcanzable. Nadie como Carlos Fuentes supo representar la modernidad del país y escasos defensores tuvimos como nación en el extranjero, principalmente en EU. Dio una imagen de talento, cultura, inteligencia y cosmopolitismo que pocos le han brindado a un país con exceso de intelectuales y artistas sobrevaluados. Novelista, cuentista, ensayista, dramaturgo, analista político, era un hombre crítico.

Vivió con intensidad y jamás dejó de escribir. Sus palabras sacudían a México para bien o para mal. Como otro escritor notable, Mario Vargas Llosa, no pudo marginarse, como lo hizo de muchas maneras Alfonso Reyes, de la fascinación política. Aquí tuvo caídas porque los tiempos actuales son confusos y perversos. Sin duda fue cercano al poder, trabajó para el PRI y en especial para Echeverría, quien lo hizo embajador en Francia. Renunció cuando Díaz Ordaz fue representándonos a España. El novelista no cabía donde estaba un hombre manchado de sangre. Al declinar este partido siguió a ex priistas como Camacho y Ebrard, suponiéndolos una “izquierda moderna”.Vivió como canción de Paul Anka, cantada por Frank Sinatra, a su manera. Era imbatible, un viajero formidable que asombraba públicos de las más diversas nacionalidades y en todas defendía posturas progresistas y hacía señalamientos ácidos a la política exterior estadunidense por sus escasas luces sobre América Latina. Es posible decir que fue una lúcida conciencia en las últimas décadas. No era infalible y a veces cometía alguna pifia, pero su brillantez y agudeza fueron parte de los grandes debates intelectuales. A pesar del distanciamiento que tuvo con Octavio Paz, otro hombre de ideas, polémico y aguerrido, asimismo cercano al poder, en este caso a Salinas y Zedillo, no lo sacó de su lista de personas admirables; lo respetaba, así nos lo comentó a Raúl Cremoux y a mí durante una comida amable y larga. No fue personaje de pugnas personales, su grandeza daba para más; debatió ideas y proyectos. Estaba absorto, como Balzac, creando su propia comedia humana, pero se daba tiempo para sumarse a las batallas políticas de su época, no siempre con los mejores resultados.

Falta espacio para hablar de su inmensa obra y su andar político. Como es normal, tuvo severas influencias literarias y muchos lo acusaron, como a Paz, de plagio, aunque el tiempo y la desmemoria dejaron de lado la sospecha. Sí, fue un mexicano formado para el éxito universal. Los demás son de prestigio local, aunque por ahora parezcan portentos. Cuando supe de su intempestiva muerte recordé al adolescente asombrado que en 1958 fue a pedirle que le autografiara su ejemplar de La región más transparente, libro que se conserva en el Museo del Escritor.
Excelsior - 2012-05-20

mayo 18, 2012

Juan Rulfo, unos recuerdos

Cuando estudiaba a Francia, comencé a viajar por Europa, las personas que conocía preguntaban por Juan Rulfo. Lo mismo en París, Madrid que en Lisboa. En la Sorbona fui invitado, y esa fue mi primera conferencia en una institución extranjera, a platicar sobre Pedro Páramo. Los asistentes inquirían sobre la obra y el enigmático autor. Pero no era novedad, ya había escuchado a escritores que no llegaban a la fama todavía, como Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez, hablar del asombro que les produjo leer Pedro Páramo, mientras que intelectuales de la talla de Henrique González Casanova y Ricardo Pozas hablaban de su genio y amigos entrañables, de entre los que menciono a Juan de la Cabada, Andrés Henestrosa y José Revueltas, señalaban su impresionante forma de dominar la narración, sus imágenes suaves y originales, sus estructuras siempre diversas, memorables. Y Jorge Luis Borges, en exceso severo, reconocía el talento de Rulfo. Las leyendas comenzaron: unos decían que Pedro Páramo era al principio una farragosa novela de unas quinientas páginas que Alí Chumacero y José Luis Martínez ayudaron a desbrozar. El primero me confirmó el apoyo, el segundo optó por el silencio.

En 1958 leí a Rulfo por vez primera y lo conocí en 1965 a través de la beca del Centro Mexicano de Escritores, donde los mentores eran Juan José Arreola, Francisco Monterde y el propio Juan Rulfo. Fueron algunos de mis mejores maestros de literatura. La mía era una generación inquieta que denominaron de la Onda, nombre que se ha conservado a pesar de nuestro rechazo. Para mí era un sueño tratar al autor de cuentos magistrales que me estimularon a escribir. Por ser un autor citadino, eminentemente urbano, con tendencias a la literatura fantástica, me sentí siempre más cercano a Juan José Arreola. Con nosotros fundó la que sería su última gran revista: Mester. Pero conseguía comunicarme bien con Rulfo, un enorme lector, profundo conocedor de las mejores novelas, que no acostumbraba alardear su cultura. Era reservado y de apariencia tímida. Hablaba sólo cuando era necesario y de pronto era capaz de lanzar dardos muy afilados.
Alguna vez Fernando Benítez me mandó entrevistarlo, no fue fácil. Pensé que lo sería porque lo veía todos los miércoles por la tarde y a veces solía acompañarlo a su casa. Le pedí la entrevista y él aceptó. Me contestó con monosílabos o frases pequeñas. Cuando le mostré a Benítez el resultado, desdeñoso dijo: No sirve, hay más preguntas que respuestas.

Pero lo importante es que Rulfo me tenía alguna deferencia, al menos me aceptaba, no era igual con mis compañeros generacionales, con José Agustín, por ejemplo, tuvo encontronazos severos, donde, claro, mi amigo salió más lastimado. Alguna vez, tomamos un café y le dije que no tenía ningún libro suyo firmado. Sonrió. Más adelante me regaló una hermosa fotografía, donde él aparece de medio cuerpo, con esa mirada triste que le vi en el Instituto Nacional Indigenista. La firmó afectuosamente, hoy es parte del acervo del Museo del Escritor.

La obra de Juan Rulfo realmente se limita a dos libros. No necesitó más para ganarse un lugar de altísimo rango en la literatura universal. Quizá por ello era severo con los jóvenes, nos pedía más rigor y menos páginas. Cuando murió, estaba yo al frente del suplemento cultural de Excélsior. El director me dio la orden de cubrir la nota. Apareció no en El Búho sino en las páginas de la primera sección, señal de la importancia del suceso.

Los tiempos han cambiado y como afirma Mario Vargas Llosa en su obra La civilización del espectáculo, los literatos son menos apreciados que en el pasado. La alta cultura ha sido sustituida por el entretenimiento y el show. Sin embargo, a pesar de que nuevas figuras han aparecido y los buenos libros importan menos, el mundo de Rulfo sigue impresionando. Sus tramas inteligentes, sus personajes inolvidables, su prosa justa y renovadora, la temática rural que él llevó a sus más altas consecuencias, nos obligan a seguir leyéndolo. Multitraducido, elogiado por severos críticos nacionales e internacionales, incluido en rigurosas antologías y llevado a la cinematografía, Rulfo continúa vigente. En vida la fama lo abrumó, lo aterrorizó, podría decirse. A diferencia de su amigo y paisano Juan José Arreola, a quien la fama, el éxito, le iban bien, a Rulfo parecían incomodarlo.

Conmigo no fue severo, pero alguna vez, irritado, señaló inconsistencias en un cuento mío. ¿Cómo pueden juzgar legalmente a unas ratas por haber devorado la cosecha? Es imposible. Me sorprendió el comentario de quien hizo hablar a los muertos. A la semana siguiente, la nota graciosa de los diarios era que en Iztapalapa habían detenido a un burro por invadir propiedad privada y luego puesto en libertad por falta de méritos. Recorté la nota y se la llevé. La leyó y dijo: René, está claro: la realidad supera a la fantasía.

En lo personal, su ayuda fue valiosa, gracias a él di con autores que han sido importantes en mi vida de escritor. Seguirá llamándome la atención el recuerdo de un hombre notable que parecía ignorar su fama, su peso en las letras universales.

Opinión 2012-05-18 - La Crónica

mayo 17, 2012

Campañas casi invisibles

A los aspirantes presidenciales se les sigue por la importancia del cargo al que aspiran. Realmente ninguno ha hecho una campaña relevante, que atraiga, estimule a los medios y a la sociedad. De hecho, nunca hemos tenido un candidato que sobresalga, destaque y se convierta en un estadista. Me parece que un chiste que circula por allí es representativo: Razones por las que debemos votar: por uno, porque es guapo, por la otra, por ser mujer, y uno más, porque ya le toca. Realmente no podemos proporcionar argumentos de peso, contundentes: con sinceridad, no hay grandes ideas, a lo sumo hay aventuradas propuestas y ninguno dice cómo va a instrumentarlas ni con cuánto. Promesas descabelladas o sensatas, pero que en conjunto muestra la pobreza de la política mexicana. Dicho en otras palabras, vamos a votar por el menos malo, no importan los riesgos para un país estancado, inmerso en una costosa guerra que es probable que llegue a las cien mil muertes cuando acabe el sexenio de Felipe Calderón. Por tal razón, gane quien gane, ya el Presidente prepara su salida por la puerta trasera, de igual manera a la forma en que llegó a Los Pinos, aprovechando la de servicio en la Cámara de Diputados.

Las acusaciones van a abundar, y Calderón ya no tendrá el acceso a los medios que hoy encuentra merced a su alta investidura, la que ha defraudado en más de un aspecto. De muchas formas quedará expuesto a las severas críticas de quienes lo han combatido o han sido sus críticos por casi seis años. La esperanza que tiene es que triunfe Josefina Vázquez Mota, porque dudo que de ganar Enrique Peña Nieto o Andrés Manuel López Obrador, pueda pasar una jubilación tranquila. Ernesto Zedillo, quien le entregó el poder al PAN, pareció estar lejos de acusaciones, pero de pronto han aparecido graves acusaciones, mientras él se dedica a utilizar su información privilegiada con empresas trasnacionales.

En la lucha por el gobierno capitalino, hay asimismo grisura, sin embargo, Miguel Ángel Mancera, pese a la cómoda ventaja con la que pasó de funcionario-ciudadano de origen a político profesional, ha hecho un trabajo intenso. A pesar de que cuenta con un amplio respaldo, se mueve como si fuera el último de los aspirantes. No es el caso de Beatriz Paredes, Isabel Miranda de Wallace y Rosario Guerra. La primera parece haber perdido el ímpetu que tenía cuando el PRI era gobierno y ella hizo una brillante carrera. Tampoco es aquella que se esforzó en resucitar a su partido, después del paso de Roberto Madrazo. Sus intervenciones carecen del brillo que Peña Nieto trata de mostrar. En éste se ven los deseos de ganar, en el segundo caso, es simplemente competir.

Pero el caso más lamentable es el de Miranda de Wallace, simplemente no está en campaña, sigue en lo suyo: en lugar de proponer una capital distinta, vuelve a los temas que la marcaron: los secuestros y la ineptitud policiaca. Sin duda son temas importantes, pero el DF es mucho más, hay problemas de agua, pobreza, carencia de empleos, aterrador comercio informal, un crecimiento desmesurado que tarde o temprano nos hundirá y sobre todo una corrupción extrema. Pero no, Miranda de Wallace, quien dejó para siempre de ser una simple ciudadana, opta por pegarle al PRI, cuando no tiene necesidad. Tiene a la vista el ejemplo de Vázquez Mota: ha centrado sus feroces y exagerados ataques en Peña Nieto. Esto es razonable porque el priista es el puntero de todas las encuestas serias y pocos dudan, a menos que pase algo espectacular, de su llegada a Los Pinos.
La señora Miranda de Wallace está obsesionada con Beatriz Paredes. Repite una y otra vez el pésimo eslogan: No más paredes. E intercala con unas frases que se antojan arrogantes: Si yo sola pude contra el sistema jurídico, imagínense qué no haremos juntos. ¿Quiénes son los que estarán junto a ella? Pues unos pocos capitalinos. Lo veremos en cuanto se intensifique la guerra por la ciudad capital. Cuando ella deje de mirar a Beatriz Paredes y vea que Mancera es imposible de alcanzar, que ya tiene asegurada la jefatura de gobierno capitalino. Entonces será tarde y deberá, para seguir en la política, buscar una diputación por el PAN.

Gabriel Quadri, a nivel nacional, ha sido capaz, por lo pronto, de garantizar el registro del partido que lo postula a la Presidencia. Es un hombre inteligente y sabe sus límites en un campo que no es el suyo: la política. Rosario Guerra sí es una profesional de la política, sin duda mejorará en cuanto la lucha aumente de intensidad en ambos frentes. Tampoco ganará; como su ahora camarada, ocuparán los últimos lugares de la contienda. Ella sí podría ir tras el cargo con un mayor bagaje, sabe de la corrupción perredista y del hartazgo que ha provocado en miles y miles de capitalinos.

Pero sea el resultado que sea, tanto en la persecución de la Presidencia de la República y del gobierno capitalino, nadie podría jurar que estamos en manos de notables estadistas.

Opinión 2012-05-16 -
La Crónica

mayo 14, 2012

La revuelta de la derecha

La gresca que se armó en la impoluta Universidad Iberoamericana por la presencia de Peña Nieto cambió mi punto de vista sobre las universidades privadas. Pensaba que este tipo de choques, donde predominan las mentadas y las ofensas, eran propios de las universidades públicas, donde me formé y trabajo desde siempre. Imaginé, quizá luego de leer las críticas de Josefina Vázquez Mota a la UNAM, que en la Iberoamericana los debates eran de altura, puro intercambio de ideas geniales, algunas hasta celestiales. Pero no. La crónica de Maru Rojas, ayer mi alumna, hoy distinguida periodista, sobre las groserías y amenazas, la violencia desatada por los hijos de los ricos, muestra que también ellos se han contaminado del pesado ambiente político que impera en México y han ido más lejos.

También me hizo recordar mis años escolares en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, donde un notable historiador, intelectual de reconocido prestigio, maestro de lujo, por añadidura dueño de buen humor, Arturo Arnáiz y Freg, nos dijo en plena euforia por la recién nacida Revolución Cubana: En México, la revolución socialista no saldrá de las colonias populares, saldrá de las zonas ricas, donde sí han leído El Capital, de Marx. Parecía una broma, hoy veo que es cierto, que es en la Iberoamericana donde se incuba el cambio social que el país requiere y va en pos de la vía armada. Lo que sucedió el viernes me desconcertó, parecía una acción llevada a cabo por el resentimiento y la amargura de los desposeídos. Pero no. Los hijos de industriales y banqueros han cobrado conciencia de transformación y preparan un levantamiento para al fin acabar con el neoliberalismo que nos agobia. Nos fundiremos nosotros los pobres con ustedes los ricos. Adiós, lucha de clases.

Alguna vez, en la UAM-X, como responsable de tareas extramuros, invité a los aspirantes presidenciales de todos los partidos. Cuauhtémoc Cárdenas me dijo que no le veía caso, era una plaza suya. Asistieron Muñoz Ledo, postulado por el PARM, y Manuel Bartlett. El candidato oficial del PRI, Francisco Labastida, ni siquiera me tomó la llamada. A pesar de que allí habían mostrado su simpatía por Cárdenas, alumnos y profesores escucharon a Muñoz Ledo y a Manuel Bartlett y sí, hubo diferencias, pero nada grave. Los jóvenes les dijeron que no a los dos, no les interesaban sus propuestas y Manuel Bartlett salió muy reconocido con la institución. La rectora, Patricia Aceves, estuvo en ambas presentaciones. Contra lo que algunos podrían suponer, no hubo ningún escándalo, salvo un joven que trató de ironizar a Muñoz Ledo y salió mal parado ante su inteligencia y cultura.
Me asombra que los muchachos de la Iberoamericana, a los que imaginé muy propios y bien educados, utilizan también lenguaje de carretoneros y actitudes violentas. No es posible amenazar y ofender a los periodistas, ellos cumplen con su deber, no son parte del séquito de Peña Nieto o de López Obrador, están enviados para cubrir la noticia. No recuerdo ni en la UNAM ni en la UAM, dos instituciones de alto rango, que los alumnos hayan desatado tal escándalo y seguido al candidato y a los reporteros con ánimo de ofenderlos y lastimarlos hasta sus respectivos transportes. Alguien aquí recordó la presencia de Luis Echeverría en la CU, pero eso fue distinto: el político había participado en agresiones violentas contra los universitarios.

Me siento bien, el complejo de pobre y el resentimiento social han disminuido. Apenas he pisado una universidad privada en México, salvo justo la Iberoamericana para participar en una mesa sobre periodismo cultural, a pesar de que estábamos allí directores de secciones y suplementos significativos, tuvimos un pequeño grupo que moría de tedio ante nuestras palabras. Fueron educados y a mí me dieron la imagen de una deidad como pago.
Cuando en 1962 ingresé a la CU, aquellos que no tuvieron la misma fortuna lamentaban su futuro: tenían que ir a una universidad privada y la que existía era la Iberoamericana. Pero algo cambió. Y de pronto la cadena hacia el poder dejó de originarse en la universidad pública y pasó a las particulares, dejando de lado el sentimiento social de la primera. Hoy injustamente parecemos de mala calidad junto a ellas, cuando es a la inversa. Asombrado veo que mis colegas, la mayoría formados en la UNAM, tienen a sus hijos en instituciones de alto costo como la multicitada Iberoamericana, donde nos miran con desprecio.

No sé a qué atribuirle un acto vandálico como el transcurrido el viernes. Entiendo que detesten a Peña Nieto y al PRI, pero se podía discutir, debatir con argumentos, no con majaderías. Vemos que la violencia se ha generalizado y que actúa hasta en las universidades patrocinadas por curas. AMLO se deslindó de la provocación, lo que confirma aquello de explicación no pedida… Algunos estudiantes culpan al PAN de la brutalidad, otros a saboteadores anónimos que esperaban afuera del auditorio. Algún funcionario dijo con falsa inocencia que fue resultado de la libertad de expresión. Finalmente, queda claro que las universidades son un peligro, dirían los conservadores, para quienes no piensan como ellas.

Opinión 2012-05-14 - La Crónica

mayo 13, 2012

¿Habrá efecto Peña Nieto en el DF?

Pareciera que el PRI capitalino, Beatriz incluida, espera que el mexiquense le dé un gran número de votos.

Luego del primer debate, según las encuestas y las opiniones más certeras, no parece haber cambios. Peña Nieto pasó lo peor, a menos que en el siguiente debate, de nuevo juntos Obrador y Josefina, muestren con datos contundentes y no simplezas, que Peña Nieto es un asesino serial. Mantiene la delantera. Pero así como sus opositores a escala nacional no han podido derrumbarlo, en el DF, no hay quien logre acercarse a Miguel Ángel Mancera. Será, de no producirse modificaciones profundas, un triunfo del PRI recuperar Los Pinos y otro del PRD al conservar la ciudad capital. En ambos casos, el PAN, pese a maniobrar desde el poder, será desplazado. Calderón, contra su voluntad, será el Zedillo que entregue el gobierno federal y observará cómo aquellos que tenazmente lo acusaron de usurpador, conservan el DF y le restan fuerza al panismo que mucho ha trabajado, pero sin buena guía. En las dos situaciones, Acción Nacional quedará en tercer lugar, a salvo del último gracias a Gabriel Quadri y Rosario Guerra.

El principal responsable del fracaso es Felipe Calderón, quien jugó con reglas priistas, sujetó a su partido y él mismo quiso ser, como en el pasado, eje de la lucha electoral. Sigue dando la batalla ante los respectivos fracasos de Josefina y Wallace. Pese a las tímidas prohibiciones del IFE, utiliza los restos del presidencialismo tradicional para publicitar su causa. Pocos creen en el desbordado optimismo que fingen las dos candidatas panistas. Josefina se perdió en las agresiones a Peña Nieto y de pasada se confabuló con el ex presidente legítimo; Miranda de Wallace sigue en lo suyo, preocupada por la liberación de Florence Cassez, en lugar de mostrar sus ideas sobre el DF.

Curiosamente, a diferencia de Vázquez Mota, que se le fue al cuello a Peña Nieto, Miranda de Wallace ha preferido atacar e ironizar a Beatriz Paredes y no al puntero Miguel Ángel Mancera. Pareciera una conducta errática o su aversión por el PRI es enorme. Lo curioso es que si bien el PRI tiene un candidato exitoso para la República, para la Ciudad de México carece de presencia y perdió la infraestructura. Aquí sólo trabajan el PRD y el PAN. El PRI descansa desde hace años; ha tardado mucho en reponerse de la derrota que le propinó Cuauhtémoc Cárdenas. Su propia candidata, Beatriz Paredes, una mujer que podría vencer con relativa facilidad a sus adversarios, apenas se deja ver en pequeñas reuniones y al amparo del impetuoso Peña Nieto. Los medios hablan mucho más de los candidatos que la enfrentarán. No hay duda.

Pareciera que el PRI capitalino, Beatriz incluida, espera que el llamado efecto Peña Nieto le dé un gran número de votos, tomando en cuenta la posibilidad de que el hartazgo perredista, su enorme corrupción y los fracasos de Calderón arrojen al electorado capitalino a los brazos de un partido desprestigiado. Pero el problema es que el PRD tiene un buen candidato y no será fácil derrotarlo.

Mancera cuenta, además de un apropiado historial político y administrativo, con una impresionante estructura de “las izquierdas”, lo que le ayudará en su campaña. Y mientras recorre la ciudad haciendo propuestas sensatas adentrándose en los problemas de la ciudad, sus rivales hacen mal trabajo, con pocos recursos y sin el apoyo masivo que recibe el candidato perredista, al que se han sumado diversas corrientes de la capital.

Peña Nieto, por más que necesite votos capitalinos, no podrá hacer mucho si el PRI-DF no da señales de vida. Más aún, ya no tiene tiempo. Beatriz Paredes se quedará de nuevo en la orilla. Y Miranda de Wallace ocupará, como Josefina, el tercer sitio en una ciudad insatisfecha e inquieta por la forma en que ha sido manejada en los últimos años: con autoritarismo y corrupción. Bien visto, Ebrard es un déspota ilustrado que supo, en medio del escándalo defeño, seleccionar a buen sucesor.



Excelsior - 2012-05-13

mayo 11, 2012

El que pega primero, ¿pega dos veces?

En alguna nota reciente, afirmaba yo la certeza de los refranes, de los dichos populares. Quiero sin embargo dudar de uno de ellos y aceptar mi equivocación.

En el llamado debate, fue Josefina Vázquez Mota, haciendo de lado su aparente buena educación, lanzó el primer ataque, la primera agresión. Eso es normal en una contienda política, el problema es que se trataba de la acción desesperada de una persona que busca el triunfo a toda costa. En algo estaba cierta: de no derrumbar al candidato puntero, su llegada a Los Pinos sería una ilusión. En el mejor de los casos tendría que pelear por el segundo lugar con un hombre, asimismo alterado y sin argumentos, con un discurso en realidad gastado y peleonero. Si Josefina pretendía emular a Diego Fernández de Cevallos cuando noqueó a Cárdenas y a Zedillo, fracasó. De tal suerte que en efecto, pegó primero, sólo que dudo que pueda pegar dos veces. No llegará más lejos.
El problema es que Vázquez Mota en los puños llevaba lugares comunes y cifras poco serias y nada convincentes. Hay algo peor, se involucró en una alianza que ni los panistas pueden ver como algo positivo: entre ella y López Obrador atacaron una y otra vez a Peña Nieto. El colmo fue la foto del mexiquense con Carlos Salinas, no porque Obrador la mostrara al revés, sino porque es muy conocida. No hay enemigo del PRI que no la haya utilizado o hecho circular en las redes sociales. Esta alianza no fue virtual ni accidental. El diario La Razón la anticipó claramente. Dicho en otras palabras, el milagro de reunir al agua y al aceite de nuevo se produjo. No deja de llamar la atención que Gabriel Quadri se diera tiempo para dos cosas: criticar a los políticos profesionales (cuidado: él ya es uno de ellos) y para mostrar sus desacuerdos con López Obrador.

El senador René Arce, quien bien conoce a López Obrador, explicó en La Crónica que es un político acostumbrado a golpear y no a debatir. Es cierto, pero insisto, los golpes deben ser contundentes, de lo contrario, dada la preparación de los candidatos que incluyen ataques y defensa, el asunto puede no ayudar mucho y corre el peligro de revertirse. Josefina no sólo falló, sino fue exhibida ante millones como una diputada faltista, incapaz de ser una funcionaria decorosa. Lo más grave es que para el siguiente debate, habrá más información sobre el paso de la señora por dos secretarías de Estado, en donde no dejó huella significativa. Le falta lo peor: ¿cómo defenderá a su jefe Felipe Calderón cuando su nombre aparezca en las críticas de Peña Nieto, quien por ahora se limitó a decir que en los años recientes la economía y en general el país estaba muy mal?
La otra pregunta es saber si AMLO de nuevo se vinculará al PAN, al que odia y prefiere demoler al priista en lugar de recordar su antiguo discurso repleto de insultos a quien, según su propia lógica, lo despojó de la presidencia. ¿Es posible que sea más cauto? No. Retomará las frases que lo han distinguido, cosas como el PRIAN, la mafia, Salinas como eje de una conspiración en su contra… Me pregunto si Obrador leyó el reciente libro del ex presidente, ¿Qué hacer?, donde explica las razones por las cuales jamás debatiría con él. Si no lo ha hecho, debería hacerlo para saber qué piensa de él su enemigo favorito y cuáles son sus argumentos.

Ahora, la pobreza del debate no se debió tanto al bajo intelecto de la mayoría de los participantes, sino a la necesidad de ir al ataque feroz. De allí que Gabriel Quadri haya resultado el mejor situado: tuvo tiempo para explicar una serie de proyectos, mientras que los demás sacaban pruebas que nadie alcanzaba a ver de malas gestiones políticas.

Como observamos, las encuestas no reflejaron mayores cambios. La de Milenio ayer: Peña: 45.9, Obrador: 24.8. Josefina: 24.1. Quadri: 5.2. El pleito por el segundo lugar persiste, pero ambos no dejarán de imaginar que pegándole a Peña Nieto ganarán la Presidencia. Lo seguro es que el voto duro de quienes disputan el segundo sitio se mantenga, pero no hay duda que las agresiones toscas, no atraerán a los indecisos, al contrario, los conducirán al que aproveche mejor sus presentaciones para explicar un novedoso proyecto de nación, el que ninguno tiene.

AMLO regresará con su costal añoso de lugares comunes, con sus descalificaciones groseras que muestran que no es un ser amoroso, mientras que Josefina deberá por enésima vez replantear su campaña y llegar al siguiente debate, su última oportunidad de ganar adeptos nuevos, con alguna acusación realmente dramática, algo así como que tiene pruebas de que Peña Nieto es un asesino serial, mientras muestra a las cámaras los encabezados de algún diario calumnioso. A estas alturas de la campaña vemos que los ataques no bajaron al puntero, lo mejor entonces sería mostrarse crítica de los errores de Calderón, que los tiene a montones, y ofrecer una propuesta distante de lo que todos llaman “más de lo mismo”.

2012-05-11 -
La Crónica

mayo 09, 2012

No fue un debate, fueron millones

Contra lo que suponemos, el del domingo pasado no fue un debate, fueron tantos millones como personas que lo presenciaron. Esto es, cada quien vio su propio debate. Por eso en el box hay reglas y un grupo de expertos que determina los golpes de cada contendiente, su forma de atacar y defenderse, etcétera. Un debate entre nosotros es siempre de una clara subjetividad y está en función de quien lo vea y de sus simpatías personales. Hay, en esencia, de todo, como en botica, y los refranes suelen ser exactos, nos reflejan bien.

Desde que concluyó el “debate” arrancaron los comentarios en favor de uno, de los otros o de la restante. Me correspondió discutir el tema en el programa televisivo de Ricardo Alemán, que arrancó en vivo a las 23:00 horas del domingo. En el trayecto de mi casa al estudio, escuché en radio unas veinte o más opiniones y ninguna coincidía. Al cruzar por el World Trade Center me topé con una multitud de priistas que coreaban el triunfo de Enrique Peña Nieto, pocos metros adelante estaba un grupo gritando que Josefina Vázquez Mota había ganado. En la sesión de maquillaje poco antes de sentarme ante las cámaras, la muchacha que trató de mejorarme me dio su opinión. Mientras, en buena parte de los canales televisivos y estaciones radiofónicas se desgañitaban nuestros más preclaros comunicadores diciendo quién había vencido y quiénes habían estado mal. Excuso decir que no había coincidencias, ninguna. A lo sumo, estaba el que mejor argumentaba en favor de la actitud del candidato de sus simpatías. No más.

En tanto, los perredistas, los panistas, los priistas y hasta los del Panal festejaban ruidosamente el triunfo apabullante, claro y rotundo de su propio aspirante a vivir seis años en Los Pinos. Para qué hablar del lunes. Todos, pero absolutamente todos los candidatos se declararon triunfadores y argumentaron con entusiasmo sus logros. Uno tras otro, en radio y televisión, explicaron la forma prodigiosa en que habían destruido a sus rivales y la técnica estupenda que habían utilizado para demolerlos. Algo semejante aparecía en los diarios: cada medio había visto su propio debate. Y hasta tenían una opinión sobre la pobre muchacha que tuvo la osadía de ir vestida al simulacro de debate de manera “provocativa”, no acorde a la seriedad y trascendencia de las propuestas de los aspirantes presidenciales, cuando en realidad los cuatro tenían que haber sido noqueados por el público y los medios.

Lo mismo me ocurrió con amistades y colegas universitarios: con toda precisión, cada quien tenía una explicación de los resultados del “debate”. Imagino que así será el resto del tiempo hasta que lleguemos al segundo debate. Entre uno y otro, aparecerán, ya está en marcha el proceso informativo, diversas encuestas que tratarán en vano de orientarnos. Seguiremos ajenos a las opiniones de los demás, la nuestra es la valiosa, la fundamental en la historia de la nación. Por ejemplo, Ricardo Monreal, antiguo militante priista, explicó el lunes pasado que nadie sabía cuál era el arma secreta de AMLO, por qué razones será el triunfador y pronto estará en la casona presidencial ordenando trenes bala, creando terceros pisos en los desiertos y bajando los precios de todo: por una razón sencilla, él sí conoce el país. De acuerdo, ¿pero eso lo convierte en ganador del encargo presidencial? Al contrario, Gabriel Quadri vio a Vázquez Mota y a Obrador como “grandes perdedores”. Y varios medios señalaron que PAN y PRD se unieron contra el PRI.

Pero hubo afinidades. Muchos señalaron a Quadri como ganador del “debate”, mostró las diferencias entre un ciudadano bien preparado y los políticos que perdían el tiempo echándose lodo unos a otros, aunque quedó claro que la panista traía en una cubeta más fango del que podía repartir. Al parecer, los mexicanos nos limitamos a ver el choque de titanes, el famoso rating se fue a las nubes y en el IFE estaban más que satisfechos a pesar de las críticas por no haber seleccionado ropa adecuada a la edecán y por la pésima transmisión.
El ganador realmente fue Felipe Calderón. De cuatro candidatos, tres le asestaron tremendos golpes de mazo. Pero ninguno pronunció su nombre, se refirieron a los años recientes y precisaron que ha sido tiempo de miseria, de problemas graves. Fueron respetuosos, al viejo estilo, y omitieron el nombre y el apellido del culpable del fracaso económico, de la guerra contra el crimen organizado que lleva más de 60 mil víctimas. Por eso, en Los Pinos, un hombre sonreía feliz, satisfecho: su nombre jamás apareció y para colmo, en el debate que él y su esposa presenciaron, Josefina Vázquez Mota, la que no era su candidata, tuvo una aplastante victoria contra el puntero Enrique Peña Nieto. Para ponerle la cereza al pastel de la victoria, López Obrador fue también duro contra Peña Nieto, contra las grandes televisoras, fue al fondo y citó a don Antonio López de Santa Anna, olvidando cuatro o cinco años de virulentos ataques al usurpador que la mafia colocó en la presidencia: Felipe Calderón.

El debate fue milagroso, todos vimos uno diferente.

Opinión 2012-05-09 -
La Crónica

mayo 07, 2012

La civilización del espectáculo



El premio Nobel Mario Vargas Llosa ha conversado, en el Instituto Cervantes, con el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky tras la publicación de su ensayo La civilización del espectáculo. En el acto, presentado por el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, el escritor hispanoperuano y el intelectual francés reflexionaron sobre la banalización de la cultura y su transformación en nuestra sociedad.







De Chile, carta de auxilio

Desde Santiago de Chile, un atribulado padre me solicita apoyo. Honestamente no puedo darle más que mi espacio en este diario. La carta, por obvias razones, viene resumida. Anticipo que yo mismo escribí sobre Lizet Sentíes Villa en estas páginas al ser extorsionado por ella con una demanda llena de mentiras.
“Apreciable Sr. Ministro del Interior de la República de Chile:

“Por propio derecho y el de mi menor hijo Juan Luis Trujano Sentíes… quien suscribe, Juan Luis Trujano Cruz…, le suplico que con suma URGENCIA atienda y conceda mi petición de Refugio para mi hijo y para mí en relación a los siguientes hechos:

“Por principio de cuentas, me permito decirle que lo más importante para mí es mi hijo, su bienestar y su sano desarrollo, y es por eso que en septiembre de 2002 tomé la urgente determinación de conservarlo a mi lado para evitar que se siguieran infringiendo en su contra severas y múltiples lesiones físicas y morales que incluso redundaron en cuadro de epilepsia en su perjuicio por los constantes golpes en su cabeza recibidos estando con su madre, la Sra. Lic. Lizet Sentíes Villa, los diversos miedos que tiene precisamente hacia su madre y hacia su medio hermano Juan Carlos Mouret Sentíes. Debo decirle, Señoría, que cuando tuve 16 años conocí a la Sra. Lizet Sentíes Villa en ese entonces de 28 años de edad, y dada mi inexperiencia acepté la propuesta de vivir con ella sin unirnos en matrimonio, a partir de lo cual nació mi hijo…, teniendo yo la edad de 19 años y ella 31 años de edad.

“A partir del nacimiento de mi hijo mi entonces pareja cambió radicalmente su comportamiento hacia mi persona al grado de que finalmente tomó la determinación de ‘correrme’ literalmente de su casa, y desde ese momento sólo me permitió ver ocasionalmente a mi hijo, en un principio unos cuantos minutos a la semana…

“Sin embargo, en muchas ocasiones cuando yo lo recogía le encontraba lesiones a mi hijo, generalmente en su cabeza pero prácticamente en todo su cuerpo, y siempre su madre me decía que había sido un accidente, que al estar jugando se había caído y cosas por el estilo, y cuando yo le preguntaba a mi hijo él agachaba la cabeza y con cierto temor me decía que sí. Llegó el momento que fueron tan reiteradas esas agresiones que tomé la determinación de pelear por la custodia de mi hijo, y por consejos de mi abogado… me fui preparando con los elementos debidos como lo fueron entre otras, y muy a mi pesar, las fotografías que le fui tomando de sus recientes lesiones, que siempre e invariablemente eran justificadas por su madre… El día 7 de octubre de 2002, fui informado que mi hijo se encontraba internado en el Hospital 20 de Noviembre (Cd. de México) por haber tenido un ‘accidente’ al caerse de las escaleras y encajarse un objeto en su cara, lo que me hizo trasladarme de inmediato a dicho nosocomio donde efectivamente me enteré que mi hijo había sido turnado al departamento de Cirugía Plástica para coserle una herida en su rostro de 3 puntadas.

“En el siguiente fin de semana mi hijo sufrió un desmayo…, lo llevé al médico quien tras examinarlo dictaminó que mi hijo padecía un cuadro de epilepsia, motivado por golpes en la cabeza y fiebres nocturnas jamás atendidas, lo que evidentemente me hizo comenzar a preparar una demanda de Guarda y Custodia, y así también la Pérdida de la Patria Potestad ejercida por su madre, en atención a las graves lesiones y padecimientos que provocó en mi hijo…

“Cabe destacar que… mi hijo y yo salimos de México en 2003 con identidades distintas a las reales con el absoluto afán de proveerle de una vida sin violencia ni maldad, en un ambiente sano y tranquilo, eligiendo después de haber estado en Uruguay entre los años 2004 a 2010, la República de Chile, principalmente porque sus autoridades e instituciones son incorruptibles.

“Dada mi situación temo por mi vida y la de mi hijo toda vez que cuando él estuvo bajo la custodia de Lizet Sentíes Villa le fueron infringidas golpizas y toda vez que las autoridades competentes hicieron caso omiso incluso a las declaraciones de mi hijo, y lo imperante es que estemos bajo la protección de la República de Chile…

“Lizet Sentíes Villa se jacta de su actitud violenta, corrupta y alejada de toda ética, por ser funcionaria pública de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje. Sin embargo, contra ella y por su deshonesto y manifiesto actuar, le han sido imputadas reiteradas quejas y/o actas administrativas e incluso por el delito de Cohecho fue detenida en 2001, es decir, tiene antecedentes penales… Muchas personas se han visto afectadas por Sentíes Villa, incluso el reconocido escritor mexicano René Avilés Fabila, quien en uno de sus artículos de La Crónica exhibe las malas prácticas que efectúa con impunidad.

“Sr. Ministro, por eso es que le suplico nos conceda la protección de la República de Chile, porque si nosotros somos devueltos a México a mi me matarán y mi hijo quedaría desprotegido y a merced de quienes lo lesionaban. Juan Luis Trujano Cruz y Juan Luis Trujano Sentíes”.

Opinión 2012-05-07 -
La Crónica

mayo 06, 2012

La miseria política

Se considera que las experiencias de los debates anteriores serán consideradas

Hoy domingo en la noche, durante poco más de una hora, cuatro políticos “debatirán” los grandes problemas nacionales. Tendrán, pues, una lista de propuestas, las menos, y aprovecharán a los muchos espectadores para distribuir agresiones y críticas. Si alguien espera ver un intercambio de ideas y proyectos de envergadura, será mejor leer La política como vocación, de Max Weber. De mil maneras y por diversos conductos sabemos que más que una discusión de alto rango habrá ataques antes que un diálogo agudo, crítico, de alto nivel. Por lo menos así lo esperan los mejores observadores de las luchas políticas de México e igualmente quienes están interesados en el tema, aquellos que son el voto duro de cada uno de los aspirantes presidenciales.Es evidente que tanto el segundo lugar hasta el momento, Vázquez Mota, como el tercero, López Obrador, concentrarán la mayor parte de su tiempo en atacar a Peña Nieto. Esto es natural y no una novedad. El diario La Razón lo cabeceó ayer y dijo que era una alianza tácita. Lo interesante tal vez sea la forma en que el puntero responda las agresiones y a su vez contraataque. Si consideramos el tiempo que se llevarán los candidatos en criticar duramente a Peña Nieto, y la intervención de Quadri, quien sólo va a defender el registro del partido de Elba Esther Gordillo, aquello será un torneo de descalificaciones.Los analistas suponen que las experiencias de los debates anteriores serán consideradas, en especial por el candidato priista, ya que en ellos perdieron la presidencia Labastida y Madrazo, quienes, a pesar de su mayor estatura intelectual (me refiero a estudios, experiencia y lecturas), fueron derrotados por el PAN, quien ahora llega en un incómodo segundo lugar apenas unos puntos arriba del batallador López Obrador. ¿Peña Nieto habrá tomado en cuenta las experiencias que a su partido le costaron dos derrotas? ¿Podrá superar la andanada de ataques que le llegarán por partida doble? No es fácil saberlo. Sus asesores afirman que está preparado para todo; que como un buen boxeador ha estudiado tanto los videos de los debates anteriores como ha escuchado multitud de opiniones no sólo para externar su visión de México, sino para soportar la embestida. Su coordinador de campaña, en entrevista con López-Dóriga, dijo que ahí los votantes se convencerán de que Enrique Peña Nieto está preparado para ser Presidente. Ni modo que dijera lo contrario.De salir perdedor, no sólo ante los ojos de sus rivales, sino también a los del país, ¿conservará su ventaja, muy grande por cierto, o comenzará el descenso, mientras los dos que lo siguen suben en las preferencias del electorado? El encuentro de hoy, más que debate, aparece como complicado escollo, particularmente para el priista. Manlio Fabio Beltrones ha dicho que Peña Nieto es un “magnífico candidato” y saldrá airoso. Obrador ha demostrado que sabe pegar; lo hizo con Calderón, a quien le señaló aparentes corruptelas de un familiar cercano. Pese a ello, este último ganó. Josefina Vázquez Mota puede ser dura, es posible intuirlo por la violencia de sus más recientes spots y porque sabe que en este primer encuentro radican sus posibilidades de triunfo. De no ganarle claramente al priista y de paso señalar las contradicciones y exageraciones del perredista, su vida política se acabará y el PAN regresará a su calidad de opositor, papel que le iba muy bien. AMLO y las “izquierdas” perderán peso, incluso quizá en la ciudad que han gobernado desde hace más de diez años.Por fortuna, quien mejor ha utilizado la alternancia es la sociedad y ahora sabe expresar mejor su malestar y afanes. De tal suerte que gane quien gane este simulacro de debate, la sociedad resultará más experimentada y podrá enfrentar al sistema de partidos actual, que más que buscar el bienestar de todos, se concentra en sus intereses partidarios y personales.

Excelsior 2012-05-06

mayo 04, 2012

Intelectuales y política en México

Recientemente el polémico y talentoso Mario Vargas Llosa, declaró que “El desprestigio de la política en nuestros días no conoce fronteras, debido en parte a que el nivel intelectual, profesional y sin duda también moral de la clase política ha decaído.” Añadió con clara contundencia que no deja de ser notable la escasa influencia que ejercen los intelectuales en la sociedad actual. Es verdad. Los grandes debates actualmente no existen, tampoco los producen los políticos, a lo sumo, provocan escándalos, se ven envueltos en ellos. Sarkozy es un ejemplo destacado. Otro puede ser Obama quien jugaba golf mientras sus cuerpos de inteligencia y militares asesinaban a Osama bin Laden y en Guantánamo se pudren docenas de musulmanes.

En México podemos seguir en detalle el paso de cuatro candidatos presidenciales y de unas centenas de aspirantes a puestos menores. Los medios dan cuenta de su penoso andar. Ninguno dice algo novedoso, inteligente, no hay propuestas valiosas, lo que nos dan a raudales es charlatanería y poca imaginación. Menudean los ataques entre ellos. Con frecuencia los discursos y los ofrecimientos desmesurados e inútiles que tienen en los labios, son dictados por “especialistas” en mercadotecnia que escasamente poseen alguna vocación social y apenas conocen los grandes deberes del Estado.

Carlos Fuentes suele hablar de política y trata de ser crítico e imparcial. A veces da en el blanco, al contrario de Carlos Monsiváis, quien formaba parte de la comitiva de López Obrador en lugar se serle útil a la sociedad. La mayoría de nuestros intelectuales están por decirlo de una manera evidente cooptados por los políticos. Si nos ponemos rigurosos, los hallamos cautivados por la demagogia infinita de López Obrador. Lo apoyan sin ninguna postura crítica, simplemente los tiene fascinados. Olvidan que el principal encanto que poseen los caudillos es la ferocidad con sus rivales y la cordialidad con sus servidores. En nuestro caso, la lista de aquellos intelectuales que están en el primer círculo de AMLO es casi interminable. Elena Poniatowska se hará cargo de la todavía inexistente Secretaría de Cultura. Para colmo, hablan de independencia y de ser críticos.
Carlos Fuentes es un intelectual que, como Mario Vargas Llosa, suele hablar de política. Incluso de varias formas han entrado de lleno en tal actividad. El primero fue consistente partidario de Luis Echeverría y embajador de México en Francia. El segundo se presentó como candidato a la presidencia de su país natal, Perú. Es, en todo caso, normal que tengan preocupaciones de orden político.

Fuentes acaba de declarar en Buenos Aires, tajante, que los candidatos (tres) con más posibilidades de conquistar la Presidencia de México “son mediocres y poco interesantes”. Añadió con precisión: “No están ofreciendo ninguna novedad, sólo nos dan retórica”. Ello podría dar idea de cierta congruencia política. No dejan de tener razón sus palabras. Pero enseguida explica lo innecesario o torpe, luego de afirmar que no apoyará a nadie: “Hubiera respaldado a Marcelo Ebrard si hubiera llegado a presentarse a los comicios, ya que es un candidato inteligente”.

Estas últimas palabras son prueba de que conoce a Ebrard personalmente pero que como es obvio, no vive en el DF. Sin duda olvida que era el jefe de seguridad cuando en Tláhuac lincharon a policías y nada hizo por salvarles la vida. Marcelo, dentro de las llamadas “izquierdas” es de los pocos letrados, que habla con pulcritud y que no proviene de las cloacas políticas más bajas sino del arrogante PRI, en la época en que su mentor Manuel Camacho estaba seguro de ser el sucesor de Carlos Salinas de Gortari. No recuerda Fuentes que ha pasado desde el PRI hasta la “izquierda” sin dejar de lado el centro, al que más de una vez elogió públicamente, cuando él y Manuel tenían su propio partido político. En fin, la lista de errores y traspiés es larga y no daré cuenta completa de ella. Me limito a señalar algunos datos para que Fuentes, que a veces pasa por México a recoger un premio literario o un doctorado, tenga una mejor idea de quién es su “gallo”.

Pero retomemos las palabras de Vargas Llosa. El intelectual ya no produce ningún debate de altura, carece de grandes ideas, no es el gran partícipe de las polémicas que antaño enriquecían. José Vasconcelos, quien creó la SEP. Vicente Lombardo Toledano, fue maestro en el arte de polemizar y de proponer ideas destacadas. Era marxista. Del otro lado de la luna, estaba Daniel Cosío Villegas, un crítico ejemplar del presidencialismo. La UNAM, como institución de alto rango, produjo infinidad de casos. Hoy sólo aparecen parodias, que monótonamente repiten las acusaciones obvias: el PRI es el malo, le sigue el PAN y el PRD es la “izquierda”, sin importar sus niveles de corrupción. Para ello escriben libros y artículos que pocos leen y que en nada influyen. No hay novedades políticas, ni siquiera son analizadas las ideas que vienen del extranjero. Consumimos nuestra propia mediocridad. Nuestros lugares comunes que los medios de comunicación repiten una y otra vez.

Sin embargo, estoy de acuerdo con Carlos Fuentes: no existe el buen candidato, el mejor, el más propositivo, hay a lo sumo el menos malo. Y esto depende de las simpatías y antipatías personales de cada elector.

Opinión 2012-05-04 - La Crónica

mayo 02, 2012

Alta cultura versus espectáculos

A propósito del nuevo libro de Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo, obra fascinante y polémica, el Instituto Cervantes de Madrid llevó a cabo un diálogo entre el autor de origen peruano y el filósofo francés Gilles Lipovetsky. La discusión fue intensa y satisfactoria para la mayoría y para miles que la hemos visto en Internet.

Mario Vargas Llosa arrancó explicando qué sucedía según su propia experiencia con el derrumbe a escala universal de la alta cultura víctima del espectáculo. Recordó que durante su juventud, gracias a la alta cultura, a la música sinfónica, la gran literatura, la ópera, la pintura meritoria, consiguió sustituir la religiosidad perdida. Ahora el aspirante a narrador tenía una nueva tabla axiológica, una serie de valores que le demandaban seguir avanzado. Para él, la alta cultura es el resultado de los más acabados productos del arte y del pensamiento. Son definitorios en la lucha por la libertad. Las ideas memorables, las que han movido positivamente a la humanidad, son el producto de esa elevada cultura. Por desgracia, ahora la encuentra por todos lados sometida a la tiranía del espectáculo y la frivolidad, lo que podría incluir sin duda lo mismo a los deportes que a las manifestaciones de cultura popular como Madonna o Lady Gaga, que concentran la atención de millones de fanáticos, como antes una prima dona o una prima ballerina. La emoción ante la obra de Miguel Ángel o por la de Picasso alimentaba a los espíritus refinados y ellos, con sus propios resultados, provocaban cambios positivos de toda índole en la sociedad. En los tiempos que corren, la alta cultura se encuentra temerosa, oculta, abrumada por el peso del espectáculo masivo.

Los políticos sin duda han contribuido a este fenómeno al privilegiar al show banal de masas, sobre diferentes manifestaciones culturales más depuradas. Es del gusto popular y ello atrae votos. Hasta hoy, por ejemplo, ninguno de los candidatos presidenciales ha reparado en el tema cultural, ni por accidente. Parte del éxito del partido en el poder capitalino se debe a que ha convertido al Zócalo y plazas públicas en salas de espectáculos populares, con frecuencia de bajo nivel. ¿Para qué presentar a una cantante de ópera en esos sitios? Nadie iría, es el razonamiento, en consecuencia, no importa.

La prueba más evidente del gusto banal de la clase gobernante mexicana está en que el Conaculta ha presentado como candidata al Premio Cervantes a Chavela Vargas, una cantante sí, excepcional, pero cuyos méritos jamás podrían superar a la importancia de los que ha sumado el escritor Rubén Bonifaz Nuño. No hay en México un poeta de su dimensión: ha revitalizado la métrica, el ritmo y la rima, es un académico de talla, traductor impecable de clásicos griegos y latinos, que ha obtenido aquí todos los galardones posibles. Consuelo Sáizar la prefirió, por afinidad musical, antes que seleccionar a un hombre que honra y dignifica al país.
A su vez, Gilles Lipovetsky dijo estar de acuerdo con Vargas Llosa, pero precisó que había manifestaciones de arte popular como la cinematografía, creación reciente, indispensables de considerar.

Ambos tienen razón de una u otra manera. Pero las tesis del segundo son contundentes. La alta cultura que nos ha dado cohesión como humanidad parece estar en vías de extinción y eso es grave. Si fue posible en el siglo pasado combatir a las grandes tiranías, se debió a la cultura con mayúscula, allí estuvo parte significativa de la resistencia. Por ello, digamos, el nazismo lo primero que hizo fue destruir obras de arte y quemar libros valiosos. Las más elevadas formas de pensamiento ofenden a los tiranos, son el resultado de la libertad de expresión y de reflexión.
México ha recibido el impacto del espectáculo. Lo domina. La lucha cultural que comenzara con Justo Sierra, sufriera una vigorosa revitalización con José Vasconcelos y cuajara con los sucesivos gobiernos, sensiblemente ha venido a menos con el arribo de los panistas. La situación ha llegado a tales extremos que los partidos políticos solicitan que el IFE convoque a debates en días y horarios donde no haya espectáculos de masas, futbol o conciertos de rock. Saben que perderían la atención de grandes núcleos de población. Mientras que si en Bellas Artes canta un Rolando Villazón, nada sucede, salvo el placer de una minoría educada.

El libro de Mario Vargas Llosa llega a tiempo, quizá no tanto, pero es excelente defensa de la importancia de la alta cultura en la historia. El final de la plática estuvo a cargo del propio autor, quien le dijo a Lipovetsky que estaban entonces de acuerdo en la importancia de leer a Joyce, Flaubert, Proust, Nietzche…, a lo que el francés, sonriente, repuso afirmativamente, porque son autores no sólo significativos literariamente, sino por su enorme contribución al desarrollo espiritual y libertario del ser humano.

La civilización del espectáculo ya circula en México; desatará, como todo lo de Vargas Llosa, una saludable polémica que no detendrá el curso de la globalización del espectáculo, pero al mismo tiempo se podría atender a la alta cultura que nos ha permitido llegar a los altos niveles en que nos movemos.

Opinión 2012-05-02 - La Crónica