Tantadel

junio 29, 2012

México en su laberinto

Los candidatos:
Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota, Gabriel Quadri de la Torre y Andrés Manuel López Obrador.



De cara a los comicios presidenciales del 1° de julio, los candidatos prometen un paraíso remoto, pero ninguno explica cómo llegar a él.
Por René Avilés Fabila

Muchos pensamos que la alternancia ocurrida en 2000 sería el ingreso a una vida democrática y a una lucha de partidos con proyectos políticos de altura. Sin embargo, montados en penosas tradiciones históricas, los mexicanos hemos postergado la entrada a la modernidad y mostramos renuencia a darle al país un impulso decisivo que nos aleje de gobiernos autoritarios o incapaces, donde instituciones serias y responsables puedan brindarle a la sociedad lo que desea: tranquilidad económica, democracia y seguridad social. Pasamos de un partido único autoritario a un pluripartidismo vergonzoso con la complicidad ciudadana que vive bajo el control permanente de una partidocracia que suele limar sus diferencias con tal de mantener su predominio.


Hasta hoy, ningún partido de los más significativos está en posesión de una ideología, acaso una muestra de que todas han fallecido de inanición y vamos en pos del peor lugar en la globalización neoliberal que oculta un capitalismo salvaje que no acaba de solucionar las contradicciones. En México, las llamadas "izquierdas" realmente están, como la derecha representada por el PAN, buscando el centro, los cero grados de la política, según el politólogo francés Maurice Duverger. El PRI, en este contexto, desde hace décadas suele colocarse en la misma tesitura. Si escuchamos a los candidatos, no solo en los debates sino también en su diario parloteo, podremos percatarnos de que sus propuestas coinciden: buscan un poco más de justicia social, menores desigualdades, una mejor repartición de la riqueza, un poco más de democracia, así, en modestas dosis. El PRD de López Obrador más que el de Cuauhtémoc Cárdenas, tuvo su etapa de radicalismo y antes que adoptar un socialismo no muy severo, prefirió hacerse dueño de un populismo francamente ramplón, a base de dádivas que le funcionó por un período. Ahora, el dirigente tabasqueño busca el cobijo de quienes detestaba (los empresarios de más éxito) y les formula a través de sus asesores cautelosas promesas, lo mismo que hacen el PAN y el PRI.

La miseria política es evidente. Si la nación tuvo signos de cierta grandeza, si las artes florecieron y la economía avanzó con paso decidido para ocupar un lugar destacado entre los países emergentes, hoy no es así. La pobreza es muy amplia y la riqueza está concentrada en unas cuantas manos. Los políticos tratan de quedar bien con ambas fuerzas y sus resultados son magros. El Estado ha perdido parte destacada de sus funciones convirtiéndose en una eficaz maquinaria constructora de desempleados y comercio informal, donde las leyes son solamente citadas, no aplicadas. Tampoco se nota capaz de sortear satisfactoriamente la guerra declarada contra el crimen organizado y el narcotráfico. La falta de acuerdos inteligentes y serios de los partidos confirma el estancamiento generalizado. Somos un escenario grandioso donde sindicatos con dirigentes eternos y corruptos, estudiantes sin futuro, partidos convertidos en negocios familiares y políticos demagógicos que protegen de diversas maneras el lodazal, luchan con fiereza entre sí.

Un grave problema ancestral es sin duda el caudillismo. En la época del PRI, partido que nace justamente para superarlo, el sistema le concede al presidente de la República una fuerza excesiva a través de la Constitución y de poderes históricos nacidos desde antes que dos mundos chocaran hace más de cinco siglos, ambos autocráticos: el indígena y el europeo. El presidente era omnipotente y su peso tan elevado o más que el de la Iglesia católica.

Dominaba, subyugaba a los poderes restantes. Hoy el caudillismo se da en los partidos: Cárdenas lo fue en el PRD, su sitio ahora lo ocupa López Obrador. El PRI resucita merced a Enrique Peña Nieto, y el PAN intenta sostenerse y superar el tremendo desgaste de dos gobiernos lamentables, con una mujer que trata de convertirse en una dirigente cuya fortaleza supone está en las muchas mujeres mexicanas, aunque hace llamados a que se sumen jóvenes, varones y viejos. Josefina ha transitado del discurso cursi de autoestima al golpeteo violento a sus rivales. Es una suerte de Evita sin Perón. En tal sentido es más cercana a Margaret Thatcher, incluso lo ha probado al elogiar a Pinochet o al establecer vínculos con Mariano Rajoy. A su vez, los mexicanos no buscan ideas o ideologías, nunca lo han hecho, salvo algunas minorías, quieren salvadores, líderes mesiánicos, siempre están esperando a alguna figura todopoderosa y milagrosa que nos saque del atraso. Josefina está lejos de ello, ha probado su incapacidad como estadista.

Luego del segundo debate y de una campaña ofensiva por la cantidad de lugares comunes, actos frívolos, mentiras, intercambio de insultos y multitud de acusaciones, el país está preparado, casi catatónico, para acudir a las urnas todavía con un elevado número de votantes indecisos. AMLO ha perdido glamour, le quedan sus viejos fanáticos; produce repulsa y su resurgimiento fue efímero merced a la accidentada caída de Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana, donde una perversa maniobra perredista desató un ingenuo movimiento sin otra bandera que el antipeñismo. Es decir, si pierde el priista, la causa se agota, si triunfa, se diluirá entre los vericuetos de un sistema presidencialista que conserva el control de las instituciones. El Ejecutivo tiene en sus manos infinidad de mecanismos de fuerza. Mal manejados, pueden ser peligrosos para la naciente democracia. Es cierto, el PRI que regresa, por más que venga acompañado por muchos de los personajes célebres por su autoritarismo y corrupción, se topará con una sociedad distinta a la que perdió de vista en el año 2000, cuando un modesto ranchero parlanchín lo derrotó.

A estas alturas y a escasos días de las elecciones, Peña Nieto mantiene ventaja sobre sus rivales. Los golpes no lo han acabado, ha sabido mantenerse de pie. El cambio de López Obrador de caudillo mesiánico a dirigente "amoroso" a nadie convenció, ni siquiera a él, quien de nuevo está con su habitual rudeza y autoritarismo que bien le conocen sus cercanos. El segundo lugar, en consecuencia, está indeciso, lo pelean el PRD, sus aliados, y el PAN al que Josefina Vázquez Mota ha fortalecido en un segundo y rabioso aire. AMLO se anticipa: de nuevo habla de fraude, pronostica movilizaciones, culpa a la "mafia del poder" que ya le robó una elección; sus enemigos son temerosos y no temibles, hasta el duopolio televisivo está pendiente de sus críticas y exigencias. En ocasiones se llega al ridículo: un hombre mal armado intelectualmente, de una asombrosa pobreza cultural, ha logrado doblegar fuerzas mediáticas altaneras y hasta poner a su servicio a diarios y agencias extranjeras. Lo rodea un séquito de intelectuales orgánicos no al modo previsto por Gramsci, sino dedicados a seguir a un caudillo populista que ha tenido la capacidad del flautista de Hamelin: atraerlos al desbarrancadero.

De ganar Peña Nieto, habrá conflicto poselectoral y si triunfa López Obrador, habrá venganzas. Si los panistas piensan en el voto útil para mitigar su rencor al PRI, no han imaginado lo que les aguarda, considerando que Calderón y los suyos han desecho al país y sobre el presidente pesan acusaciones legales por su guerra contra el crimen organizado donde han muerto inocentes. Esto, sin contar que lo considerarán usurpador o ilegítimo para siempre. Pero Vázquez Mota le ha dado nuevos bríos al PAN e invertido los papeles al llamar a priistas y perredistas de base a recurrir al voto útil en su favor. De allí que Calderón haya introducido una nota discordante en pleno segundo debate y sin extrañamientos de un IFE débil y titubeante. No obstante, son más los que le llegan a ofrecer su apoyo a Peña Nieto, prevenientes tanto del PAN como del PRD.

No es sencillo suponer que AMLO aceptará la derrota, está preparado más para ella que para la victoria. Pero si el triunfo de Peña Nieto es claro, a pesar de las protestas de los sectores dogmáticos y radicales, México podrá buscar la manera de solucionar sus problemas, curar sus heridas y recuperar el terreno perdido. El panorama es complejo, sin embargo podría lograrlo si la sociedad reacciona y presiona. La pregunta es hacia dónde querrá ir. México no es una democracia o es una muy peculiar. Los mexicanos estamos divididos y llenos del rencor y odio que los partidos de una forma u otra nos han inoculado en grandes dosis. Por ahora las próximas elecciones son un laboratorio, un ensayo general. Confiemos en que seguirá un período de madurez y estabilidad. Las sociedades no votan ya ideológicamente, lo hacen pensando en la situación económica que las rodea. Francia ayer fue de la derecha, hoy es de la izquierda socialista. España es una monarquía impuesta luego de la noche franquista que transita con facilidad del gobierno socialista al conservador. ¿Esto es una lucha ideológica tradicional, como la que veían los marxistas de antaño? No. Son otros los valores que están en juego y en México son una incógnita. Ninguno de los candidatos ha hablado del Estado de bienestar o de una sociedad comunista como la cubana. La socialdemocracia no es opción mexicana. La lucha de clases fue sustituida por dádivas a pasto. Tampoco han explicado de qué manera enfrentarán el riesgo del crimen organizado. Con simpleza ofrecen empleo pleno y dinero en abundancia merced a los recortes de salarios de la burocracia y a la atracción de capitales extranjeros que lo piensan ante la inseguridad. Prometen un paraíso remoto y ninguno explica cómo se llega a esa situación, a esa nueva utopía sin eje ideológico, sólo guiados por la necesidad de prosperidad. México está en una encrucijada real y desconoce el camino adecuado para salir del laberinto.

Newsweek 28-06-2012

¿Cuál es el México real?

Imposible creerles a los políticos: mienten o exageran habitualmente. Los medios de comunicación, dicen muchos, tampoco son confiables. ¿Las instituciones? Menos. Ya AMLO las mandó al demonio. En las redes sociales van y vienen, con gran intensidad, opiniones diversas, encontradas y la mayoría lleva una desconcertante carga de odio. En internet, ha dicho el politólogo norteamericano James H. Fowller, una mentira puede convertirse en verdad.

Ya no parecen ser tres los candidatos sino dos, los más consistentes o los que han adquirido un lugar en las encuestas (asimismo puestas en la picota): Enrique Peña y Andrés Manuel. Los correos y artículos de quienes apoyan a uno y a otro, suelen buscar argumentos contundentes. No obstante tal indagación, lo que notamos es la furia que produce un inacabado sistema político como el mexicano.

Los argumentos, a dos días del proceso electoral que puede transformar al país, se han hecho más y más agresivos. Hace menos de una semana, el periodista Ricardo Alemán, fue ofendido y agredido en la Avenida Juárez por simpatizantes de López Obrador. ¿Esto es respetar la diversidad política? Recuerdo a mi profesor de Sociología Pablo González Casanova quien insistía en que a las personas se les respetaba y a las ideas se les combatía. Al parecer, es una regla de civilidad e inteligencia olvidada. ¿Tenemos que pensar todos igual y sumergirnos en las ocurrencias políticas de un candidato que nada de amoroso tiene y sí mucho de violento? Espero que no. Que tengamos la posibilidad de pensar de manera diferente.

Pero hay que hacer un esfuerzo para entender el encono de la campaña, principalmente de aquellos que no han logrado subir al primer lugar en las encuestas y que desconfían del IFE, de la UNAM y de diversas instituciones respetables que nos indican que no habrá fraude. No hay manera de llevarlo a cabo. Sin embargo, una multitud ruidosa ya anticipa que sí lo tendremos y que en consecuencia sólo nos queda la protesta violenta, los plantones, las marchas, los gritos y los insultos. En vano los intelectuales, los más lúcidos pensadores de México, hablan de paz y concordia. Ellos mismos contribuyen a enturbiar el ambiente político. Pongo un caso. Circula en internet un mensaje que ha sido reproducido ya en varios medios impresos. Allí alguien precisa los nombres y las frases contrarias a Enrique Peña Nieto. Son contundentes e inobjetables. Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Enrique Krause, Lorenzo Meyer y muchos más. Uno piensa, está bien, eso opinan de un candidato. Lo sorprendente es que existe otro donde aparecen esos mismos personajes, hombres y mujeres, que opinan pestes sobre López Obrador. Valdría la pena buscar los trabajos completos de donde salieron descalificaciones tan severas para ambos. Los partidarios de Josefina Vázquez Mota pudieron hacer un correo más en donde sumen las opiniones de, por ejemplo, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa contra sus rivales políticos.
En otro nivel, la lucha pierde altura y se concentra en acusaciones del peor estilo. Allí aparecen insultos y calificaciones inauditas. No tiene caso repetirlas. No deja de llamar la atención que los antes archienemigos de Felipe Calderón lo hayan dejado en paz, no es más un “teporocho” ni un mandatario “asesino” (culpable de más de 60 mil muertes) o “ilegítimo”, para concentrar el fuego sobre el aspirante presidencial priista. Ello nos lleva a una conclusión elemental: los enemigos de ayer de Calderón, son los de Peña Nieto hoy.

Desde que llegó la alternancia, lo hizo acompañada por la intolerancia. Los debates no acabaron de convencernos porque sólo hubo intercambios de insultos y si estamos pendientes de las redes sociales no acabamos de contar las frases agresivas. Tenemos una carga de odio heredada, bien vistas las cosas, por un solo partido que se dividió en dos: el PRI. Su hijo, el PRD, pasó muy pronto de astuto rival a enemigo abierto. Es obvio, quienes atizan el odio contra el PRI, son aquellos resentidos que disfrutaron de sus prebendas como Manuel Camacho, Ricardo Monreal, Porfirio Muñoz Ledo, Marcelo Ebrard, Arturo Núñez, Andrés Manuel y una lista infinita. Desde esta perspectiva, el PAN resulta un partido amigable que sólo tiene un problema: una total incapacidad para gobernar.

El país está bien abonado para un conflicto poselectoral. Sólo habrá que esperar a que dentro de los partidarios de López Obrador, haya capacidad de actuar con cordura ante una posible derrota. Esperar, además, que tanto las instituciones como los medios de comunicación y los intelectuales famosos hagan un esfuerzo para mantener al país en calma. Tenemos suficiente con la guerra declarada por Calderón contra el crimen organizado, como para todavía acercarnos a una guerra civil o al menos a una confrontación de fuerzas que pongan en peligro la estabilidad nacional o en el mejor escenario, en la ciudad capital, donde está el mayor peso de AMLO. En esta pugna, nosotros, los ciudadanos, pagamos el choque político. Cada seis años nos enfrentamos con mayor rabia. Es grave que la búsqueda del poder en México conlleve a la violencia. Si se tratara de modificar abiertamente la estructura y desterrar la economía de mercado, se entiende, pero romperse el alma peleando por unos cuantos parches al sistema resulta incomprensible.

Opinión 2012-06-29 - La Crónica

junio 27, 2012

Echar de Tlalpan al PRD

Andrés Manuel López Obrador dijo algo contundente: si el PRI triunfa es prueba del masoquismo mexicano. Soy más modesto, me permito parafrasearlo: si en Tlalpan, mi delegación, mi casa, gana el PRD, los tlalpenses son masoquistas. Desde que el PRD se adueñó del DF, las delegaciones que lo integran han padecido su feroz embestida: personas disfrazadas de luchadores sociales la han saqueado y han pervertido a la ciudad capital. No es posible explicarse la alta aceptación que todavía, después de tantas pruebas de corrupción e ineptitud como nos han dado, siga tal organismo desprestigiado teniendo la capital en sus manos, es su principal fuente de recursos económicos y de poder. No es fácil pelear contra ellos, saben utilizar el dinero y el acarreo, la manipulación y el saqueo. El DF es, en efecto, la joya de la corona, de todos lados del país terminan por echarlos luego de dolorosos experimentos, aquí está su verdadero reino. La sociedad capitalina les dio un cheque en blanco.

En Tlalpan, mis pocos lectores lo recordarán, muchos vecinos hemos dado una lucha desigual y pocas veces hemos ganado a las administraciones corruptas. Un sonado triunfo fue impedir que Guillermo Sánchez Torres pusiera, siguiendo la lógica del espectáculo de Marcelo Ebrard, una pista de hielo en el añoso Bosque de Tlalpan, una de las últimas zonas arboladas de la ciudad, donde la tala en favor de un sistema de transporte caótico ha sido feroz. Ahora, felizmente está por concluir la gestión de un hombre de nula escolaridad y muchos deseos de salir de la pobreza, lo que ya consiguió: Higinio Chávez. Vaya delegado, sólo las atrocidades de El Pino, hoy secretario de Educación de Ebrard, lo superan.

Ahora, estoy seguro, poco sabemos de los candidatos a diputados y a delegado de Tlalpan, igual que en las demás delegaciones. Imposible aprenderse el nombre de hombres y mujeres de escaso currículum y mucha actividad pendenciera. Sabemos de Mancera por su inmensa capacidad de recursos para su campaña: está en todos los postes y bardas del DF, supera a Peña Nieto, a López Obrador y a Vázquez Mota. Su rostro nos dice a todas horas que pronto aparecerá en nuestras casas para saber cuáles son nuestros problemas. Me parece que la respuesta es sencilla: que el PRD pierda las elecciones, al menos en Tlalpan.

Como he podido, ya me sé los nombres y algunos datos sobre aquellos que desean manejar la delegación. Gerardo Reyes Guizar, candidato a delegado por el PAN. ¿Quién es? Los vecinos más combativos me informan que junto con Rafael Calderón fueron de los activistas del Programa de Desarrollo Urbano de Tlalpan que ahora padecemos y contra el cual la mayoría de los habitantes de la zona estábamos en contra.

Por el PRI compite Jorge Aguirre, quien propone rescatar las zonas ecológicas de Tlalpan. Tiene, a diferencia de los perredistas, maestría en administración pública. Pensemos que Higinio Chávez se hizo delegado rico con apenas algunos años de educación primaria.

Maricela Contreras, “una luz en el camino”, representa al desprestigiado PRD. Ah, pero es lista: nos ha llenado de propaganda inútil, donde siempre está sonriente y feliz. Cree que va a ganar, que sus compinches saben mover a la gente y conseguir votos a granel. De allí su gozo. Ah, pero además tiene claro cuáles son los principales problemas que nos agobian: Corrupción, e inseguridad. Sus seguidores lo precisan en un boletín llamado Tlalpan, siglo XXI, el que va en su tercer número y está impreso en selección de color y en papel de buena calidad. Muchos recursos para la campaña. El boletín parece inocuo, muchos aparentes ciudadanos, algunos posiblemente lo sean, se quejan en dicha publicación que además está ilustrada con fotografías. Todos coinciden en la presencia creciente de los ambulantes, los giros negros, la basura, la escasa vigilancia, la violencia, el desorden urbano, el autoritarismo de los funcionarios y su completa deshonestidad, en fin, en multitud de problemas que aquejan a la delegación. El boletín concluye con una entrevista (obvio) que le hacen a Maricela Contreras, la que fue diputada local y cómplice de las peores mafias, como la de Bejarano. Todo lo va a resolver, aunque no diga cómo. Es evidente que el boletín de marras es pagado por Maricela Contreras.

El problema de Maricela, si es que gana, consiste en aprehender y juzgar a sus compañeros, quienes la antecedieron. La red de complicidades es compleja y profunda, así que la pobre será una más de la larga fila de demagogos que Tlalpan ha padecido. Eso sí, de ganar, será nuestra primera mujer en ocupar el cargo. Y nosotros las usuales víctimas de un partido que muy rápido pasó de esperanza a cueva de ladrones y estafadores. ¿Podrá poner orden en una delegación destruida, plena de corrupción como ella misma indica? ¿Podrá derribar la célebre gasolinería que unos empresarios pillos en contubernio con Sánchez Torres e Higinio Chávez construyeron en Insurgentes, según dicta la sentencia que ganaron los vecinos? Claro que no. Lo único es echar al PRD de Tlalpan.

Opinión 2012-06-27 - La Opinión

junio 25, 2012

Los pejezombies

Ayer una alumna mía me escribió unas líneas: “No le había contado que el otro día luego de clases, fui al Metro rumbo a mi casa. En Ermita se subieron unos jovenzuelos con unas cartulinas feas y mal hechas con ‘información’ de lo malo que es Peña Nieto y promoviendo al Peje; uno de ellos hablaba diciendo todas esas cosas y el otro pasaba a los lugares a dar unos pedazos de papel con lo mismo, pero cuando llegó a mí se detuvo, con mano temblorosa no supo si darme o no papel (yo no dije nada) y optó por no dármelo. Una señora que iba enfrente le empezó a reclamar que por qué no hablaban de Calderón, que no era Peña Nieto el que llevaba 60 mil muertos, que ellos eran unos mentirosos. El interrogado se puso muy nervioso y miraba buscando el apoyo a su compañero. Hubiera intervenido yo —para ridiculizarlos más— de no ser porque se bajaron corriendo. Sus fanáticos son más bien pejezombies”.

A primera vista es una información inocente, ella se limita a contar un hecho y no a explicarlo. A mí en otra línea del Metro me ha tocado ver a jóvenes que venden un DVD “conteniendo los crímenes de Peña Nieto”, por únicamente “diez pesitos”. Le atribuyen, a juzgar por lo que dijo el merolico, hasta el asesinato de Kennedy. Como mi alumna, no lo compré, pero observé una reacción mezcla de desconcierto y malestar de los usuarios.

Lo que me llama la atención es ver una lucha forzada y cambiante, poco seria. Los operadores de AMLO, que bien conocemos, se han ido a las estrategias más pueriles y perversas para derrotar a Peña Nieto. Sin embargo, hasta la fecha, a unos pocos días del final de la campaña, no lo han logrado bajar de la cúspide de las encuestas. Ayer, su cierre en el DF, en el Estadio Azteca, hubo un impresionante lleno pese a estar en territorio (usaré la palabra de mi alumna) pejezombie, donde se concentra el odio, con frecuencia gratuito, que despierta el candidato priista.

De manera automática, todo el movimiento adverso a Felipe Calderón, quien como bien señaló la historia de mi alumna sí lleva infinidad de crímenes, pasó a moverse con la misma actitud e idénticos fines, promover a López Obrador, a un rival del PAN. Ya olvidaron los miles de muertos que el mandatario lleva en su guerra contra el crimen organizado, cientos de ellos ajenos al combate, víctimas inocentes o colaterales, como suelen decir los especialistas. Dejan de lado que fue, según su lógica, que era (ya no es) un usurpador, un ilegítimo, un hombre que ha aumentado el número de pobres y no ha sido capaz de gobernar al país con sabiduría y generosidad. En las redes sociales ya no es el “teporocho de Los Pinos”. Lo dejaron de lado para calumniar exclusivamente a Peña Nieto. Hay una total incapacidad para ser imparciales. La historia de López Obrador está repleta de perversiones y pillerías. No es un santo y menos el Mesías, es un hombre fanáticamente enamorado del poder y que no escatima mentiras ni impide la corrupción si le favorece.

En estos días han aparecido informaciones, sobre todo el dinero que tienen sus fanáticos, entre Zambrano, Padierna, Bejarano y Yeidckol Polevnsky, son casi doscientos millones de pesos, ¿para qué? Para el último tramo de la campaña, responden. Falso, es dinero para el conflicto postelectoral que preparan López Obrador, los suyos y sus pejezombies que recorren la ciudad desinformando a la gente y anticipando el fraude que sólo ellos ven. Habría que preguntar, al menos a los que tienen algún grado de sensatez, si creen que el país ha invertido tantísimo dinero para que el proceso electoral esté amañado de principio a fin. De ser así, ¿por qué Obrador decidió participar y hasta decir que respetará las reglas? ¿Por qué no el IFE pone un alto tajante a los rumores que nos envenenan? Y algo peor: ¿por qué los miembros de su futuro gabinete, donde hay tanta decencia como inteligencia, no hacen un llamado a la cordura? No, todos están felices de ir al conflicto postelectoral, salvo Marcelo Ebrard, quien ya habla como si fuera en verdad secretario de Gobernación del Peje.

El proceso electoral comenzó bien, pero al no descender en las encuestas Peña Nieto, a quien ven como un títere manejado por una extraña mafia del poder, pasaron a la guerra sucia y allí han estado. Vázquez Mota la lleva a cabo por pura ingenuidad, nunca he visto a una persona menos capacitada para hacer política, cuando lo suyo es el trabajo de autoestímulo y la venta de productos de belleza, no más. En cambio, López Obrador y sus ex priistas o beneficiarios del poder están en una conspiración enorme, en la que algunos como Manuel Camacho y Ricardo Monreal actúan por perversión quintaesenciada, y otros como Juan Ramón de la Fuente y Elena Poniatowska trabajan con gozosa ingenuidad. Todos han puesto su gota de veneno. De algo estoy seguro: si pierde AMLO, no importa el margen, tendremos conflicto para seis años más. No en balde mueven ya a los futuros rechazados de las instituciones públicas.

Opinión 2012-06-25 - La Crónica

junio 24, 2012

Nostalgias académicas

Lo que antes era una pena estudiar en universidad privada, hoy es tinte de orgullo.

Fui un estudiante afortunado, siempre en escuelas públicas tuve maestros de excepción. Citaré algunos de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, los mejores en su campo: Pablo y Henrique González Casanova, Ricardo Pozas, Modesto Seara Vázquez, Enrique González Pedrero, Francisco López Cámara, Carlos Bosch, Ernesto de la Torre Villar, Arturo Arnáiz y Freg, Víctor Flores Olea, Enrique Semo, Luis Quintanilla, en fin, personajes ilustres, todos autores de libros espléndidos. Eran figuras de la cultura nacional y la UNAM; la vanguardia indiscutible, donde cabían los más severos críticos al sistema y aquellos que se educaban para llegar al poder. El marxismo en esos años era una religión. Unos lo hicimos nuestro, la mayoría no. Curiosamente, como mini poema de Efraín Huerta, los profesores que idolatraban las tesis de Marx están en el PRD, luego de ocupar altos cargos en el PRI.

De entre todos ellos, destacaba el doctor Arturo Arnáiz y Freg con sus clases eruditas y plenas de sentido del humor. Hace unos años, la UNAM le hizo un homenaje, allí estaban el pintor Raúl Anguiano y Jorge Alberto Manrique, yo como alumno que fui de su clase de historia de México. Recordamos con nostalgia su sabiduría, hablamos de su sentido del humor y brillante inteligencia.En lo personal pude invocar una plática suya con muchachos izquierdistas, luego de realizar una exposición magistral sobre Benito Juárez. A uno le dijo, al cambiar de tema, que si le probaba que la clase obrera mexicana era la vanguardia de la revolución comunista, él le dejaba la cátedra. La toma del poder por los seguidores del marxismo-leninismo atrajo la atención del profesor: Miren, pajarracos insepultos, cuando en el Zócalo ondee la bandera roja de la hoz y el martillo será un día después de flotar en la Casa Blanca. La revolución comunista en México no saldrá de las zonas fabriles ni de las marginales, surgirá de las Lomas y El Pedregal de San Ángel, la harán aquellos ricos que compraron y leyeron las obras de Marx, Engels y Lenin, los que tuvieron tiempo para prepararla no de quienes carecen de recursos para pensar en la insurrección.
Los alumnos nos descontrolamos, finalmente reímos de la broma. Más adelante, ya como profesor de la UNAM (asignatura) y de la UAM (tiempo completo), un alumno me preguntó por qué conocía a tantos políticos mexicanos si sostenía la tesis (que Paz invocó y no pudo llevar a cabo) de mantener distancias entre el poeta y el príncipe. Los conocí en la UNAM, repliqué, por sus aulas pasaron los más importantes, fuimos compañeros. La cadena al poder arrancaba aquí. Ahora inicia en la universidad privada. Ustedes serán los empleados de esos egresados, pero en algo nos diferenciamos, somos la vanguardia: tenemos una honda preocupación social. No somos hijos de los beneficiarios del sistema.

De escucharme Arnáiz y Freg hubiera sufrido un ataque de risa. Después de la visita de Peña Nieto a la Iberoamericana, tampoco en ese aspecto somos los más avanzados, ahora seguimos gozosos a los privilegiados hacia la toma del poder revolucionario y como no hay más izquierdas que las autoproclamadas izquierdas, imagino que somos ahora inmensamente felices con la pobreza política que padecemos y con nuestro segundo lugar al servicio de los poderosos. Es decir, votaremos por López Obrador, como indica la única encuesta que no está al servicio de la mafia del poder. Ninguna tribu habla de destruir la estructura capitalista a lo sumo de dulcificarla. La economía de mercado necesita rostro humano, ¡es todo!Arnáiz y Freg fue visionario. Lo que antes era una pena estudiar en universidad privada, hoy es tinte de orgullo; hasta los hijos de los perredistas acuden a ellas. Lamento que mis padres no me inscribieran en una particular, estaría en el poder y acaso asumiría mi marxismo jesuítico dando limosnas a granel.

Excelsior - 2012-06-24

junio 22, 2012

Interpretar a Vicente Fox

A Vicente Fox le correspondió la fortuna de sacar al PRI de Los Pinos. Fue una hazaña y asimismo una tragedia. Otra cosa hubiera sido la alternancia en manos de Cuauhtémoc Cárdenas. Pero la historia carece de vuelta al pasado para modificarla. Fox era, lo que tanto aprecian los mexicanos, un caudillo, dicharachero, provocador, ignorante y sobre todo decidido. Convenció al PAN y lo puso a su servicio, no le fue suficiente y creó una organización paralela (como más adelante lo imitaría López Obrador con Morena y otras agrupaciones empresariales) para obtener recursos: los amigos de Fox. Su último discurso en tanto candidato presidencial fue de total arrogancia al llamar a Cárdenas a declinar por él, a cambio, respetaría el legado de su padre. A su lado, ya estaba Porfirio Muñoz Ledo.

Su gobierno fue ridículo y trágicamente gracioso. Humoradas, ocurrencias, equívocos… Para colmo nunca aprendió Lógica y era incapaz de ordenar sus ideas. Necesitó un intérprete, una persona que tradujera sus discursos y declaraciones. Designó a un ex guerrillero, Rubén Aguilar, quien todas las mañanas comenzaba su trabajo justificando: “Lo que el presidente quiso decir…” La confusión aumentaba y los mexicanos nunca supimos qué trataba de comunicarnos Fox.

El tiempo ha pasado, pero Vicente Fox no ha cambiado. Cada tanto regresa al campo de batalla y hace declaraciones que los medios recogen y difunden. Recientemente cometió otra pifia al decir que deberíamos reunirnos en torno al puntero del PRI. Los medios de comunicación, los que antes de su triunfo electoral permanecían bajo severa censura, se desataron según sus simpatías electorales. Hubo toda clase de opiniones. Sin embargo prevalecía la confusión. Poco a poco fue dándole claridad a su postura. Su candidata presidencial era y es Josefina Vázquez Mota, el PAN es su partido, pero le aterra que triunfe Andrés Manuel López Obrador, quien a su juicio sí es un “peligro para México”. Con ironía se refirió a él como López Chávez. No es que sea priista y simpatizante de Peña Nieto, sino que es antiperredista y enemigo de López Obrador. Para vencer al caudillo tabasqueño, es necesario apuntalar a quien todas las encuestas señalan como vencedor faltando una semana para ir a las urnas. Su juego es claro y hasta respetable. ¿No todos tienen la obligación de ser Ricardo Monreal, Marcelo Ebrard o Elena Poniatowska? La pluralidad es característica de una democracia. En la semana que falta para ir a las urnas, habrá más pasión y más sorpresas. La lucha ya es entre Peña Nieto y López Obrador, cuyos partidarios lanzan entre sí toda clase de acusaciones, desde las descabelladas hasta las que parecieran tener sensatez. La política es pasión, entre otras cosas, pero por su importancia debe ser un tipo de pasión que tolere la reflexión. Los obradoristas están convencidos, a nadie le cabe la menor duda de ello, de que Peña Nieto es el títere primero de Televisa, ahora también de TV Azteca, que es ignorante, como si Obrador y Vázquez Mota fueran cultos, y nadie duda que habrá fraude electoral. ¿Toda la enorme inversión física y económica que se ha invertido en el proceso, el trabajo no sólo del IFE sino de miles de observadores muchos organizados, otros no, de qué sirvió?

Volvemos seis años atrás: el fraude es inevitable y visible. Y es así porque el nuevo caudillo lo ha decidido en espera de triunfar aunque sea por pocos votos y de perder por una cantidad mínima, gritar ¡fraude! Repetir, por añadidura, el número de la presidencia legítima que tanto ridículo y estupor produjo y el que ha sido olvidado. Para colmo, ahora están los futuros rechazados de las universidades públicas (¿por qué no incluir a las privadas?), los que ya preparan las pancartas para sumarse a la lucha de aquellos que tienen intereses con AMLO, desde sindicalistas añejos y turbios hasta alumnos de escuelas ricas, cuyos padres se enriquecieron con un sistema que hoy es por completo obsoleto.
Que tres de los cuatro aspirantes presidenciales digan que están por triunfar es normal. Lo que resulta una provocación es decirnos que si pierden será porque la mafia insiste en quitarles las posibilidades de hacer de México una potencia internacional.

Según informaciones del reportero Andrés Becerril de Excélsior, el PRD ha solicitado un préstamo de 50 millones de pesos a la Banca Afirme y uno más del Banco del Bajío por 30 millones. Entre los gestores se hallan Javier Salinas Narváez, Luis Miguel Barbosa, Jesús Zambrano y René Bejarano. La pregunta es obvia: ¿para qué quieren tales sumas si la campaña está por concluir y, según sus propias encuestas, tienen el triunfo asegurado, poseen ya un gabinete que espera tomar posesión de inmediato? Es evidente que se trata de obtener recursos para financiar acciones poselectorales. Pero ésta es una realidad que ningún simpatizante de Andrés Manuel logra ver. Todo se limita al complot de los medios y la enigmática mafia del poder. Así es fácil el análisis político.
Bueno, y si gana AMLO, ¿qué hará el PRI: ungir presidente legítimo a Peña Nieto, tomar Reforma, hacer un gabinete paralelo y hablar de un complot urdido por Vázquez Mota y López Obrador?

Opinión 2012-06-22 - La Crónica

junio 20, 2012

¿Qué significa cambio para los mexicanos?

De pronto hay palabras que parecen indicar mucho pero en el fondo están huecas. Una de ellas es “cambio”. No hay quien deje de utilizarla, con uno u otro sentido. Como los políticos miran las inquietudes sociales y las exigencias de los medios de comunicación, suelen recurrir a dicha palabra, una y otra vez, obsesivamente. Así fue con el término “revolución”, hasta que se deslavó por completo. La acariciaban los priistas y los ex priistas, los comunistas, los perredistas. Hoy a nadie se le ocurre usarlo. Prefieren “cambio”, es más elegante, menos agresivo y apenas eficaz.

El cambio lo quiere Enrique Peña Nieto, lo exige López Obrador, lo solicita Vázquez Mota y hasta Quadri llega a mencionar la necesidad de llevar a efecto una transformación. En consecuencia, es una exigencia mediática y social. Todos pedimos cambios. El país los requiere. Es un verbo que conjugamos a diario, como lo hizo con “madrugar” el escritor Martín Luis Guzmán. Sólo que en este soberbio narrador había ironía. Entre los mexicanos actuales “cambio” refleja desconcierto. Los jóvenes recurren a la palabreja para demostrar su insatisfacción y al mismo tiempo la ausencia de proyecto político. Intuyen que las cosas están mal y deben cambiar. ¿Cómo? Habrá que descubrirlo. El antipeñismo como causa hasta hoy, faltando menos de dos semanas para las elecciones, no es suficiente. En el extremo caso de que apareciera el Aburto que demandan los jóvenes más cercanos a López Obrador, qué ocurriría. La historia es dura maestra. Luego del atroz asesinato de Luis Donaldo Colosio, no ganó Cuauhtémoc Cárdenas, sino un priista gris, mediocre, que hoy vende su información privilegiada a empresas trasnacionales: Ernesto Zedillo, y lo hizo de manera contundente.

Recordemos que los cambios van en doble sentido: los hay positivos y existen los negativos. Ejemplo de lo primero es el triunfo del socialista marxista Salvador Allende, de lo segundo, es el crimen que cometió el ejército chileno encabezado por Pinochet contra Allende y miles de chiles masacrados en cárceles y calles. Así que debemos ser cautelosos cuando pedimos cambios. Sobre todo al tener al frente un panorama lamentable: candidatos que apenas convencen y carecen de las características de los grandes estadistas. Josefina gana: ha resumido su ideario político social en una expresión memorable: no le hagan cuchi cuchi a sus maridos. No quiero ni puedo imaginarla en Los Pinos dirigiéndose a la nación con tales palabras.

Ahora, los jóvenes que han emergido de las universidades privadas y han contagiado de ardor revolucionario a los de las universidades públicas, quieren un cambio: la derrota aplastante de Enrique Peña Nieto; lo odian, manifestaron algunos con pancartas y apedreando su camioneta. De acuerdo, y si pierde las elecciones, ¿qué sigue para su movimiento? Imagino que no mucho, ya cumplieron su objetivo principal. Pero lo más grave es que teniendo la historia reciente a la mano, no vean en el verbo cambio algo de fondo. Ninguno de los cuatro candidatos ofrece o promete una profunda transformación del país. La estructura queda igual dentro de sus proyectos, en consecuencia, si hemos leído a Marx, la superestructura no sufre ninguna modificación. La economía de mercado que en muy buena parte es culpable de nuestros males, queda como está, y eso lo garantiza el Fondo Monetario Internacional, EU y la Comunidad Europea con sus vaivenes. Vimos a los candidatos hacerle promesas al vicepresidente de EU, a los empresarios y los banqueros que son sagrados, a los sacerdotes de por lo menos dos religiones y, desde luego, a todos los mexicanos. Peña Nieto, Vázquez Mota, López Obrador y Quadri prometieron de muchas formas la conservación del capitalismo que nos rige con todos los factores reales de poder. Pero por el contrario, ofrecieron comprar mucha pintura, cemento y toneladas de despensas para paliar las injusticias sociales, las contradicciones que padecemos.

No basta eliminar a Peña Nieto, López Obrador ofrece exactamente lo mismo pero con sigilosa perversidad y haciéndonos creer que él sí es el “cambio”, cuando todos sus colaboradores, incluido él mismo, son tránsfugas del PRI y como tales actúan: cambios, de acuerdo, pero no muchos ni profundos. En el mejor de los casos se trata de parchar al ruinoso edificio que habitamos. Romper el sistema económico, social y político imperante es otra cosa, y eso nadie lo quiere. Si uno analiza el historial de quienes proponen el cambio por el lado del PRD, se verán frustrados. Es más de lo mismo con la habilidad tortuosa de un caudillo apenas letrado, de ocurrencias, dádivas y actos de autoritarismo. Todos los candidatos mienten, sólo que él lo hace mejor. Lo grave es que sus fanáticos le creen. ¿Cuál es el cambio que desea, en qué radica, en los trenes balas, en la repartición de los sueldos de la alta burocracia? Es una bobería: sólo conseguirá que nos gobiernen los peores elementos de la administración pública y se genere mayor corrupción.

Hay que pensar con cuidado cuál es la modernización que el país requiere. Qué modelo económico necesitamos. No es suficiente estar indignado, hay que respaldar el malestar con un proyecto serio, liberador, que permita una metamorfosis seria y honda de la estructura económica y política.

Opinión 2012-06-20 - La Crónica

junio 18, 2012

Cuauhtémoc Cárdenas de cerca

El pasado jueves el Museo del Escritor, dentro de sus actividades, organizó una exposición del actor Carlos Bracho en La casita de Polanco, en el Parque Lincoln. Para muchos fue una sorpresa, pero sus amigos cercanos sabemos que sus inquietudes lo han llevado por multitud de caminos: actor básicamente, pero asimismo escritor y fotógrafo, político por añadidura, fue diputado federal y candidato al gobierno del Estado de México por el PRD. La exposición consta de 35 fotografías y fue titulada “Rostros de la literatura”, pues todas son de poetas y novelistas, la mayoría mexicanos. Dionicio Morales explicó los valores del trabajo de Carlos. Las palabras inaugurales estuvieron a cargo del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, quien no sólo habló del actor y fotógrafo sino que se extendió generosamente para hablar de las tareas del recién creado Museo del Escritor, de su importancia y sus méritos por ser una institución única en su género.

Al final, como suele suceder, algunos grupos decidieron ir a cenar, en donde Rosario y yo quedamos, fue con el Dr. Héctor Mayagoitia y su esposa Arminda, el Ing. Cárdenas y dos amigos cercanos y el artista Carlos Bracho. Aunque conozco a Cuauhtémoc Cárdenas desde hace muchas décadas, poco he departido con él socialmente, es mi hermana la maestra Iris Santacruz Fabila, quien lo frecuenta y ha trabajado en diversas tareas con él. Fue una grata experiencia y un par de horas conversando con él. Contra lo que muchos suponen es un experimentado conversador, de buen humor, cordial, sonriente y en particular un hombre culto, sabe mucho de historia, es un experto conocedor de la política nacional e internacional y un hombre que sabe escuchar a sus interlocutores con profundidad para enseguida dar una respuesta brillante y bien argumentada.
En algunos momentos la conversación pasaba por los atroces momentos que todos de una forma u otra padecemos. Fue, me parece, un hombre sincero y coherente consigo mismo. Entendí porqué siempre cuando le preguntan los periodistas si ha cambiado, él responde afirmando que no, que las cosas a su alrededor son las que han cambiado y tiene razón.

Conocí a su padre el general Cárdenas antes que a Cuauhtémoc, cuando en los inicios de la Revolución Cubana acudimos a su casa en las Lomas a pedirle orientación. Un grupo de universitarios (yo estaba en preparatoria) necesita saber cuál era la ruta para seguir el fenómeno político y social que había arrancado en la Isla. Fue sensato en las respuestas y nos dijo que primero observáramos bien las cosas y que eso podría darnos una buena idea acerca de una revolución que él veía con simpatía. Recordé la hermosa fotografía de Fidel Castro y el general Cárdenas, en el Capitolio de la Habana, a donde acudió el mexicano a darle al cubano su mejor gesto de solidaridad.

Luego vinieron tantos sucesos que no acabaría uno de citarlos. Cuauhtémoc fue tres veces candidato a la Presidencia de la República con un fuerte y sincero apoyo de masas. En 1988 convirtieron su triunfo en una derrota merced a un fraude organizado, entre otros, por Manuel Bartlett, quien ahora es un hombre cercano a López Obrador y futuro senador por el PRD, partido al que tanto combatió.

No he sido muy afecto a ir a las urnas, pero las veces que he votado, lo hice primero por Valentín Campa cuando fue candidato sin registro oficial del Partido Comunista y más adelante voté en todos los casos por Cárdenas. No siempre he compartido sus opiniones y he mostrado en los medios mis desacuerdos, pero inalterablemente con respeto. Como otras veces he escrito: es un hombre que ya está, como su padre, en la mejor historia nacional. Él como pocos ha contribuido a la democratización de México, su gran pasión.

Pienso que hubiera sido un gran Presidente, pero la suerte no le favoreció y para colmo sufrió un fraude visible, el que será analizado con detenimiento en el futuro, cuando las pasiones se apacigüen y el país reflexione sobre las figuras políticas sin tanto apasionamiento. Entonces veremos la grandeza de un mexicano que todo lo arriesgó para democratizar al país. Si su padre el general Lázaro Cárdenas construyó las instituciones más valiosas y perdurables del país, las que aún lo tienen en pie. Su hijo fue respetuoso de todas ellas. Pudo en 1988 incendiar al país, crear conflictos sociales de envergadura, no reconocer la dudosa derrota, sin embargo optó por ser un ciudadano respetuoso y buscar de nueva cuenta la presidencia. La oportunidad se había escapado. Él mismo dijo, quizá pensando en Lula, no puedo ser candidato eterno y ha optado por mantenerse en lo posible al margen de una sucia contienda electoral. Los partidos actuales, incluido el PRD que él edificó, han sido injustos. Por fortuna el tiempo suele poner las cosas en su lugar. Entonces sabremos cuál es el peso de Cuauhtémoc Cárdenas en la historia mexicana, su trascendencia y los valiosos y corajudos esfuerzos por transformar positivamente a México.

Ahora es un lúcido y brillante partícipe y testigo de la historia contemporánea, que por fortuna ha dejado testimonios escritos de su andar brillante y valioso.

Opinión 2012-06-18 - La Crónica

junio 17, 2012

Nostalgias revolucionaria

¿Dónde está el cambio que suponemos Obrador representa? ¿Y la famosa clase obrera que nos salvaría?

Durante los años de juventud, parte de mi generación literaria e ideológica, pensó que sólo había un camino para salir del atraso, las injusticias y contradicciones: eliminar el capitalismo. Como es obvio, su gran rival, el socialismo marxista era nuestra respuesta. Ingresé antes de los 20 años a la Juventud Comunista y casi enseguida pasé al Partido Comunista. No veíamos otra forma para deshacernos de la economía de mercado que hoy globaliza hasta a las naciones que fueron marxistas, las que, a lo sumo, viven inmersas en una suerte de economía mixta. No teníamos más ejemplo que la vía revolucionaria: así nacieron la URSS, China, Corea del Norte, Vietnam y Cuba. Había, sin embargo, políticos marxistas como Salvador Allende, que buscaban la ruta electoral: llegar al socialismo sin sangre.

Los matices de la izquierda eran muchos y para los años 60 había más: desde aquellos que simpatizaban con Stalin, a quien suponían heredero de Marx, Engels y Lenin, hasta los que creían en Trotski, pasando por las tesis maoístas y las de Lombardo, que veía potencial en la Revolución mexicana al suponer que de movimiento democrático burgués podría pasar a socialista. Todos éramos partes de grupúsculos que apenas conseguíamos mantener la lucha desigual contra el poder. La izquierda estaba fragmentada y la clase obrera era el eje de nuestros sueños y esperanzas. Cuando José Revueltas dejó el PC para formar su propia organización, no iba al PRI ni a crear una lastimosa sucursal de tal partido, fundó una corriente leninista espartaquista, donde estaba lo mejor del pensamiento revolucionario y descubrió en un libro memorable, Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, que la clase trabajadora mexicana carecía de partido, de orientación que la condujera a la toma del poder. Fueron discusiones espléndidas que conmovieron a los jóvenes que participaron en el movimiento estudiantil de 1968.Las cosas cambiaron radicalmente con el derrumbe del socialismo. La izquierda quedó huérfana. Parecía que las ideologías habían muerto, también las grandes utopías. En este contexto de muchas dudas y ninguna respuesta, un grupo de ex priistas fundó el PRD. En sus propósitos no estaba la toma del poder para establecer un gobierno comunista. Simplemente querían ponerle al sistema creado por el PRI un poco de pintura en la fachada, sin cambios estructurales dramáticos. Los charlatanes y los corruptos se adueñaron del partido y lo convirtieron en máquina electoral. Los ex priistas se metamorfosearon en “las izquierdas” y un caudillo apenas letrado impuso consignas populistas que cualquier clásico del marxismo hubiera reprobado con facilidad. La izquierda fue secuestrada.

Como en el 68, los jóvenes irrumpieron en la escena, pero, a diferencia de hoy, muchos llevaban un proyecto: la revolución marxista-leninista. Los de hoy no piensan en aliarse a los obreros sino al PRD, su fin es eliminar (término justo) a Peña Nieto. El resto vendrá mágicamente cuando el caudillo tome el poder. ¿Qué cambiará? Nada. Simplemente garantizará empleo para los suyos. La lucha contra el sistema concluirá para los jóvenes con el derrumbe de Peña, a quien agreden en mítines, le dicen “te odio” o para el que piden la reaparición de Aburto el asesino de Colosio. ¿Los mueven Marx o Guevara? No, los agita un líder caricaturesco.

¿Dónde está el cambio que suponemos Obrador representa? ¿Y la famosa clase obrera que nos salvaría? En manos de líderes eternos, corruptos, también sin principios ideológicos. ¿No se han dado cuenta de que AMLO carece de proyecto de nación y en su lugar tiene un arsenal de vaguedades y simplezas? Y los intelectuales más distinguidos que pasean sin decoro con el caudillo, ¿cómo imaginan a México en sus manos? ¿El fin del capitalismo y sus contradicciones, la desaparición de las clases sociales, la extinción del Estado? ¿Qué?

Excelsior 2012-06-17

junio 15, 2012

Cómo inventar un fraude

Me he podido dar cuenta de algo obvio: López Obrador está mejor diseñado para perder que para ganar. Me explico. Las derrotas le gustan: ha perdido en Tabasco y en la lucha por la Presidencia de México. El DF lo ganó merced al apoyo de Cuauhtémoc Cárdenas, entonces líder indiscutible del PRD. No hizo realmente un buen gobierno. La corrupción se intensificó de manera escandalosa y él sólo aprovechó la ingenuidad de la gran capital para usarla como plataforma de su lanzamiento como flamante candidato presidencial, haciendo de lado a su mentor Cárdenas. México es un país enamorado de los caudillos, siempre a la caza de uno para adorarlo y seguirlo con fiereza.

Cada vez que AMLO ha sido derrotado, resurge con ímpetu y pronto recupera a sus simpatizantes, cada vez más radicales y violentos. Tan no cree en su triunfo que ha venido preparando con claridad impresionante el escenario postelectoral. Al ser derrotado, como indican las encuestas actuales, las que incluyen el segundo debate, ha dejado correr la idea de que todo es parte de una conspiración más. Lo dice Obrador y lo repiten sus seguidores, donde ahora están los jóvenes que integran el movimiento antipeñista Yo Soy 132, quienes son el desconcertante brazo “armado” del PRD. Lo entendiera si AMLO fuera un revolucionario, pero sólo es un político segundón, sin ideología, a lo sumo el populismo heredado de Echeverría, rodeado de ex priistas.

López Obrador ya no manda al diablo a las instituciones, pero en vano trató de seguir los consejos de sus asesores, su discurso ha perdido frescura, originalidad, sus palabras están manoseadas. De allí que desde hace algunas semanas, cuando él y los suyos vieron que Peña Nieto no caía, optaron por la previa descalificación. No confían en el IFE, en los medios de comunicación escrita y electrónica, todos los periodistas de peso están en su contra y forman parte de una gran orquesta que cometerá un nuevo fraude electoral. Desde luego, cita al duopolio y ve en el PAN y el PRI una oculta y malvada unidad en su contra. Es decir, AMLO ha perdido de vista la realidad. Se mueve dentro de una espesa nube de humo. López Obrador finge escuchar a sus consejeros, pero se desliga de ellos como lo hizo de quienes fueron a pedir dinero a empresarios en su nombre y para financiar la campaña presidencial. Es un caudillo caprichoso, se conduce según ocurrencias y debe estar feliz del futuro que se avecina: de nuevo tomará posesión de la presidencia legítima y otra vez el Zócalo y Reforma serán su Estado libre y soberano. El que se enoja pierde, afirma el refrán y al parecer así sucede. López Obrador lleva mucho tiempo enojado y eso es mala compañía y se convierte en rencor. No prepara su victoria sino borda su derrota, ¿qué debe hacer con los sectores más cercanos y radicales, cómo será su nuevo gobierno, lo seguirán sus flamantes secretarios de gabinete que no han tomado posesión o de plano dejará que el peso de la lucha lo lleven los jóvenes surgidos de la Universidad Iberoamericana, los que pensaron ser el Waterloo de Peña Nieto?

México tiene una extraña manía, la de sentir compasión y cariño por las víctimas y una de ellas comienza a ser Peña Nieto. El tipo ha resistido a pie firme insultos, agresiones, ha tenido que salir por la puerta trasera, han apedreado su comitiva, lo siguen para provocarlo y él pide respeto, dice querer al prójimo. En fin, si alguien parece vivir dentro de una “república amorosa”, no es el PRD y López Obrador, es el PRI y Peña Nieto que ponen la mejilla cada tanto. ¿Cómo explicarán sus estrategas el que Peña Nieto no baje de la cima? Pasó la trampa jesuítica-perredista de la Iberoamericana, los dos debates, las agresiones del PRD y del PAN de Josefina Vázquez Mota y tanto el puntero como el colero siguen igual, inamovibles. El segundo lugar lo disputan Obrador y Vázquez Mota. Lo más extraño es que en el último debate, Vázquez Mota hizo escarnio de sus rivales, por igual, señaló lo que a su juicio son sus defectos. Hubo coincidencias: Josefina ganó. El miércoles las nuevas encuestas la ponían en el tercer lugar y Peña Nieto inamovible a unos cuantos días de la elección, a pesar del apoyo de intelectuales que uno suponía formados en el marxismo o en tendencias progresistas serias, no en chifladuras.

Los días que siguen serán largos y duros. A Peña Nieto lo acosarán en busca de que cometa un error, no parece fácil. El priista ha aprendido que no todo es el Estado de México y da pasos cautelosos. Apenas muestra sus diferencias ante sus agresores. ¿Cómo verá la sociedad mexicana, concretamente los indecisos, el hecho de que turbas de jóvenes y perredistas, vuelquen su odio y resentimiento, el que les ha inculcado López Obrador, contra un hombre que no ha insultado a nadie, que solicita, como si fuera hippie, paz y amor, respeto? A su vez, López Obrador debe ver más hacia el futuro: de nuevo ha perdido la Presidencia, pero aun tiene mucho peso en la sociedad, ¿por qué no utilizarlo para reorganizar a eso que llaman “las izquierdas” y que con un programa serio y una visión de futuro, podrían ahora sí cambiar un sistema que indudablemente es odioso?

Opinión 2012-06-15 - La Crónica

junio 13, 2012

La victoria pírrica de Vázquez Mota

Cuando el destacado periodista Ricardo Alemán, en su programa televisivo La báscula, me preguntó inmediatamente después del segundo debate, quién había ganado, repuse que nadie y todos. Nadie porque fue repetitivo, monótono, poco original de formato pesado, tanto que hasta Javier Solórzano se desconcertó en más de un momento. Sólo las razones profesionales, en tanto periodista, me mantuvieron despierto. Rafael Cardona, en estas mismas páginas, dio un punto de vista afín. Todos, porque jugaron bien su papel, el que les asignaron sus asesores. Quizá El Peje quedó fuera de estilo. De no ser por Gabriel Quadri, convertido en interrogador profesional, hubiera quedado en último y definitivo lugar. Josefina salió a recuperar puntos, a mostrarse como la Margaret Thatcher del subdesarrollo, y Enrique Peña Nieto a mantener su ventaja. Es decir, estuvieron en lo que necesitaban, pero eso no movió las encuestas ni logró que los indecisos tomaran ya una postura.

Curiosamente, Quadri —que sin duda es el más inteligente y culto de los candidatos— perdió con ingenuidad y simpleza la oportunidad de recuperar terreno o de ganarlo porque empezó muy abajo y allí se mantiene. ¿Tenía sentido preguntar a sus oponentes, insistir en que él es ciudadano y los demás políticos profesionales? Ninguno. Debió brillar con propuestas sensatas, contrastarlas con la avalancha de promesas imposibles de realizar que los demás soltaban. Su final pudo ser bueno, pero le dio por su habitual arrogancia sin antes habernos inundado de pruebas de talento creativo ciudadano. Su mejor momento polémico fue minimizar las propuestas descabelladas de AMLO y mandarnos a todos a ver el video “Querida amiga” en YouTube, donde Josefina se dirige zalamera e hipócrita a Elba Esther. Lástima, nunca volverá a ser candidato presidencial ni a tener otros escenarios de nivel nacional.

Sin embargo, habrá que decir que Josefina ganó el debate, lo que no significa que ahora sea puntera y esté a punto de pintar de rosa mexicano la casona presidencial. La mezcla de oratoria de autoestima elemental y ataque político le funcionó. Había hecho bien su trabajo, estudió el papel y hasta, ya convencida ante el silencio de sus más odiados personajes, Peña y Obrador, el “mismo rostro del autoritarismo”, les pidió a los priistas y perredistas de base que dejaran de seguir a los malosos y se sumaran a su campaña. En este momento Madero se imaginaba a sí mismo un titán de la política y para redondear el cuadro triunfal de una Josefina Vázquez Mota convertida en guía de la patria, el presidente Calderón puso a funcionar su Twitter para refutar los números mágicos de un López Obrador sombrío, taciturno, convertido en un hombre de paz, cuyo pasado belicoso fue dejado en el clóset para recuperarlo luego de las elecciones, en lo que a él le encanta: ser víctima “del fraude”. Don Felipe se ponía abiertamente del lado de su antes rechazada Vázquez Mota, y gozoso refutaba las cifras siempre exageradas de López Obrador. En tal sentido, Quadri había dicho que las matemáticas no eran la especialidad de AMLO, porque sencillamente no encajaban con la realidad. Pero el candidato del Panal estaba en lo suyo, en el debate, mientras que Calderón se introdujo en la discusión para apoyar abiertamente a Vázquez Mota, su única tablita de salvación.

Que Josefina apabulló al PRI, al Panal y al PRD, qué duda cabe, pero ésa era su misión, su estrategia y la llevó a cabo sin titubear, hasta exageró cuando acusó a Obrador de priista vergonzante cuando escribió el himno a su partido y a Peña de dedicarle su tesis de licenciatura a Arturo Montiel. Las reacciones fueron conmovedoras, y parte del guión que llevaban el ex priista y el priista: el primero dijo no es así exactamente, el segundo explicó que también estaba dedicada a sus padres y familiares cercanos y a Montiel porque le había dado empleo siendo un muchacho. Dicho en otras palabras, ambos tenían que mostrarse serenos, a diferencia de la señora que se fajó los pantalones (la expresión es suya) para abrumar a sus oponentes y mostrar que ella es bien macha.

La euforia de Josefina Vázquez Mota y la dirigencia panista parece desmesurada ante la aparición de las primeras encuestas serias, GEA-ISA y Consulta Mitofski de Roy Campos: la primera le concede a Peña Nieto Nieto 44 puntos, López Obrador 27 y Vázquez Mota, 26. La segunda: a Peña el 44%, a Obrador 29% y a Vázquez Mota 25%. Como se aprecia, en ambas sólo se salva del último lugar gracias a Quadri, a quien también le dio duro por apoyar a la familia de Elba Esther Gordillo. La realidad volvió. Hoy miércoles aparecerán encuestas que consideran el debate. Dudo que sufran mayores modificaciones. De cualquier manera, Josefina mostró sus dotes exitosamente y eso la hizo imaginar que había ganado las elecciones desde el domingo en la noche. Hasta hoy, ningún perredista ni ningún priista han hecho esfuerzos por sumarse a su campaña. En cambio el éxodo de afines al PRD y al PAN hacia el PRI prosigue.

El debate no logró alterar las intenciones del voto. Se mantienen más o menos como arrancaron las campañas.

Opinión 2012-06-13 - La Crónica

junio 11, 2012

El debate visto desde antes

Al igual que sucede con los actores, el rasgo más importante que un político debe mostrar es una sinceridad relajada.
Arthur Miller

Por razones de trabajo (me corresponde comentar el debate en vivo con el periodista Ricardo Alemán), mi artículo está escrito con anticipación, es previo a los hechos. Entonces opto por describir el ambiente tenso de las horas que lo antecedieron y aventurar algunos pronósticos. Según Rubén Aguilar y Jorge Castañeda, los candidatos saldrán a lo siguiente: Peña Nieto a mantener su primer lugar inobjetable, mientras que López Obrador tratará de dar un campanazo para acercarse al puntero y alejarse de Vázquez Mota. Quadri podrá hacer un buen papel, pero sus posibilidades son nulas. Sin embargo, mostrará que es el más inteligente y culto de los aspirantes presidenciales y de nuevo nos dirá que es un ciudadano y no un político profesional. Por lo pronto mantiene la suficiente intención de voto para que el Panal conserve el registro.

El ambiente se ha hecho cada vez más tenso y turbio. Nadie duda que las ofensas y descalificaciones, con toda la guerra sucia que ha caracterizado a esta campaña, aparezcan en el debate. Será a muerte, con los datos que cada candidato considera los adecuados. No deja de ser insólito que haya tantas cifras sobre un mismo tema. Ha llegado el momento en que resulta difícil creerle a alguno de los partidos: manejan los datos y las cifras a placer. Las encuestas son positivas si los favorecen. De lo contrario, está pagada por el que obtiene la mayoría.

En esta escandalosa guerra sucia, que el IFE ha sido incapaz de contener, los teóricos de López Obrador se llevaron las palmas. Entre Manuel Camacho y Ricardo Monreal fueron sembrando minas por todo el país a ver cuántas pisaba Peña Nieto. La primera fue en la Iberoamericana. Una trampa perfecta donde se siente la mano de Camacho, el apoyo de Ortiz Pinchetti y de algunos más que tienen vínculos con profesores y funcionarios de dicha universidad. De nueva cuenta Manuel Camacho mostró hasta dónde es capaz de llegar en su ambición de poder. Nos recordó a muchos el asesinato de Colosio. El arma no la disparó él, pero su rabia al perder la Presidencia fue tal que puso el escenario perfecto para que lo asesinaran y cambiar el rumbo de la historia.

A la inversa, los priistas mostraron que sí viven en la república amorosa que AMLO trató de vender. A Peña Nieto lo ofenden y responde diciendo los respeto. No sé si esto a la larga sea una táctica adecuada. Sólo la elección lo dirá. Por lo pronto, si López Obrador anticipa que de ganar el PRI es la prueba que México es un país de masoquistas, ya muchos de sus críticos han advertido lo mismo: de ganar él, una figura tan poco estable mentalmente, que miente con naturalidad, probará algo parecido a lo que vemos en el DF, una masa enorme de fanáticos del PRD que ven cómo los saquean sus autoridades y se conforman con albercas, pistas de hielo y conciertos de rock en el Zócalo, el que por regla general está ocupado por plantones de sus comparsas.

Este nuevo debate será visto como el anterior, según las preferencias electorales de cada ciudadano. No hay objetividad, el odio está presente. Allí está la señora Wallace, de poco tacto y escasa habilidad política, seleccionada arbitrariamente por Madero y Calderón por encima de la voluntad del PAN. ¿Merece las ofensas que los universitarios le propinaron? Pienso que podría ser tratada con dureza en lo político, pero sin majaderías tan graves.

El nuevo debate y la campaña electoral que estamos viendo finalizar, cualesquiera que sean sus resultados, muestra que somos un país predemocrático. El problema es que falta mucho para verlo transformado positivamente. Desde el primer debate, Vázquez Mota hizo una especie de acuerdo tácito con AMLO para destruir a Peña. No lo han conseguido. Pero sí lograron enrarecer la situación al grado que el segundo ya prepara las condiciones para decir, en caso de ser derrotado, que fue un complot, un fraude que él anticipó. Vaya forma de hacer política, y él es el salvador de México. No hay mucho más que opinar sobre este mar de lodo. Ya sabemos que si AMLO gana será presidente y si pierde volverá a serlo y su reino será Reforma o Tlalpan, que es mayor. En todos los casos, será el primer presidente reelecto luego de la Constitución de 1917. Algo que intentó Álvaro Obregón con funestos resultados.

Pese a la opinión de los expertos bien intencionados y del IFE, si Peña Nieto no gana por un margen aceptable, no hay duda que tendremos encima a los obradoristas empeñados en armar una gran revuelta, alegando de nuevo ¡fraude, fraude! La solución está en los indecisos, pues el voto duro no dará marcha atrás en ningún caso. El problema es que mientras que en el inmenso DF, Rosario Guerra y Miranda de Wallace buscan un lugar en la política, Beatriz Paredes apenas se asoma en casas confortables o escenarios seguros, desde allí nada dice. A buen santo se arrimó Peña Nieto para ganar algunos votos capitalinos.
Todos son malos actores, sus mentiras son obvias.


Opinión 2012-06-11 - La Crónica

junio 10, 2012

Philip Roth, premiado

Confío en que Philip Roth pronto reciba el Nobel, es un clásico real y prueba que sigue existiendo la gran literatura.

Me duelen tres muertes: en México, Héctor García y Arturo Azuela; y en Marte, Ray Bradbury. A cambio, obtengo una excelente noticia: el escritor norteamericano, Philip Roth, recibirá el Premio Príncipe de Asturias, en cuyo caso, lo acerca al mayor reconocimiento que un escritor pueda recibir, el Nobel. Este notable autor nació en New Jersey en 1933. Fue por años profesor de literatura inglesa; pero la fama le llegó, no como académico, sino como novelista. Quizás El lamento de Portnoy sea su obra más famosa, pero ninguna de las escritas por él ha sido ignorada por la crítica y el éxito. Ha conquistado grandes premios norteamericanos, entre ellos el Pulitzer, un galardón de hecho consagratorio que en su momento obtuvieron Hemingway, Faulkner y Truman Capote.

Dos de sus novelas me deslumbran y las uso en mis clases: Me casé con un comunista y El animal moribundo. Esta última cuenta la vida amorosa de un profesor. La historia puntual de sus pasiones, las que han sacudido su mente y su organismo. Cualquiera que haya dado clases en una universidad sabe de las posibilidades de que una joven se enamore de sus conocimientos o de su obra o de su personalidad o de todo ello junto. El profesor de literatura de Roth tiene una cualidad más: es un entusiasta de la música y un aceptable pianista, cuyo placer es interpretar las sonatas de Beethoven. El maestro de literatura es soltero, divorciado y tiene tácticas de combate amoroso, que resultan para la mentalidad norteamericana, avanzadas. Por ejemplo, no se vincula con las mujeres sino hasta el final de sus estudios para evitar la acusación de acoso sexual y que ellas tengan mayor experiencia. Como amante es insuperable, su experiencia y capacidad de aceptar lo novedoso, lo diferente, lo hacen un hombre sumamente atractivo a los ojos de las estudiantes.

El centro de acción, entonces, no es la universidad, sino su propia casa a donde suele llevar a las jóvenes para hacer el amor. Allí despliega su cultura y sus conocimientos musicales: “Fuimos a mi piso y ella me pidió que pusiera música. En general, le ponía música fácil: Tríos de Haydn, la Ofrenda musical, movimientos dinámicos de las sinfonías de Beethoven, adagios de Brahms. Le gustaba en especial la Séptima de Beethoven, y en veladas sucesivas cedía en ocasiones al impulso irresistible de levantarse y mover los brazos juguetonamente, como si ella y no Berstein estuviera al frente de los músicos.”
Se trata, en principio, de una obra erótica, totalmente salpicada y enriquecida por la música. Y si uno es capaz de imaginar el departamento en penumbra del profesor David Kepesh, lleno de libros y obras de arte y allí a la pareja escuchando a Mozart, la obra podrá ser disfrutada con más intensidad.

La novela está imaginada como historia de amor, pero los asuntos contados en sus páginas están rodeados de elementos musicales que son importantes en el libro, el autor lo concibió de esa forma, para leerlo imaginando también las notas de Chopin o de Schumann dentro de los párrafos. No sólo se trata de un intelectual maduro recordando sus pasiones, sino que ese hombre y las mujeres jóvenes que lo amaron aumentan en dimensión y estatura, merced a una prosa memorable.

El animal moribundo tiene una peculiar concepción, la audacia de vincular el amor y el sexo con la literatura y la música, un logro y una aportación de Roth. No es lo esencial, quizá no era una meta que se había propuesto el autor, que únicamente quería contar una historia de amor-pasión con Consuelo, pero las exigencias de la escritura llevaron la historia a un punto donde era necesaria la intervención de la música, sin ella, no hay amor posible. La novela hubiera perdido fuerza por más que las partes eróticas lograran conmover al lector.
Confío en que Philip Roth pronto reciba el Nobel, es un clásico real y prueba que sigue existiendo la gran literatura.

Excelsior 2012-06-10

junio 09, 2012

Rostros de la Literatura



La Delegación Miguel Hidalgo y la Fundación René Aviles Fabila invitam a la inauguración de la exposición fotográfica:
Rostros de la LiteraturaFotografías del actor Carlos Bracho
14 de junio, 2012 - 19 horasInaugura el Ing. Cuauhtémoc CárdenasVino de Honor
Galería La CasitaAlejandro Dumas s/n, entre Emilio Castelar y Luis G. Urbina,Parque Lincoln, Polanco
Del 14 al 24 de junio, 2012


junio 08, 2012

Herejes y renegados en México

Un libro fundamental para entender los cambios políticos de los seres humanos, incluso los de aquellos que parecían plenamente convencidos de su postura ideológica, se encuentra en la obra de Isaac Deutscher Herejes y renegados. En ella el lúcido pensador marxista, precisa quiénes son unos y quiénes los otros. El tiempo, su tiempo, fueron años dramáticos donde la discusión estaba en la ruta del socialismo. Muchos valiosos comunistas estaban decepcionados del camino seleccionado por Stalin y ello sin duda les hizo cambiar de actitud. Numerosos militantes serios renegaron de Marx y otros más prefirieron mostrar modificaciones que sonaban a blasfemia. En ambos casos, la razón los asistía. La rigidez y el autoritarismo del modelo soviético los abrumaba. La polémica, la discusión había muerto como posibilidad salvadora y ahora imperaban los deseos de un puñado de personas sometidas a Stalin. El triunfo aplastante del Ejército Rojo sobre las hordas nazis, le dio al PCUS mayor fuerza. Bien vistas las cosas, desde la consolidación del estalinismo, los herejes y los renegados comenzaron a aumentar en cantidad.

En la citada obra, Deustcher dice que alguna vez Ignazio Silone le dijo en son de broma a Togliati, el célebre dirigente comunista italiano, que la lucha final sería entre comunistas y ex comunistas. La posibilidad se antojaba absurda, pero Arthur Koestler, el autor de 1984, había precisado: Los que fuimos comunistas y luchamos por tal causa, somos los únicos que sabemos de qué se trata. Aquellos años eran de intensas y profundas luchas ideológicas, lo que estaba en juego era el destino de la humanidad y nadie pretendía, como las “izquierdas” de hoy en México, utilizar una posición política para enriquecerse. Todos, enemigos y admiradores de Marx pensaban en el futuro de la humanidad, no en migajas de poder personal.

Algo semejante sucede en México, la lucha final se dará (está dándose) entre priistas y ex priistas. Derrotada Josefina Vázquez Mota, el bipartidismo es claro: la pugna es entre el PRI y el ex PRI. No hay dentro de los mejores cuadros perredistas sino ex priistas. Todos perversos, tortuosos y resentidos de la brillante carrera que imaginaron desarrollar dentro del modelo original. La interminable lista de personajes salidos del Revolucionario Institucional prueba la aseveración. Ellos sí conocen al monstruo, fueron parte muy íntima, vivieron en sus entrañas. Nadie más cerca de la Presidencia que Manuel Camacho, quien ahora despliega con habilidad las enseñanzas y su rencor al partido que le dio casi todo, menos Los Pinos. Encabeza, junto con otros renegados como Marcelo Ebrard, Arturo Núñez, López Obrador, Muñoz Ledo, Ricardo Monreal, etcétera, las tareas para derrumbar la candidatura de Enrique Peña Nieto o abrir el paso al conflicto poselectoral violento. Las diferencias con los años que analiza Deustcher, son claras: no hay proyecto ideológico, nadie piensa en los demás, salvo en sus propias posibilidades de ocupar cargos claves para mantenerse en una lucha que se antoja perdida. En este caso, no serán derrotados los “comunistas”, sino los ex “comunistas”; es decir, aquellos que se formaron en el PRI y ahora lo combaten con las mismas armas que allí obtuvieron: falta de ética y corrupción. El rencor y el odio vinieron después.

El desaseo político nacional ha llegado a tales extremos de corrupción y miseria ideológica, que políticos de todas las tendencias corren en sentido inverso a la lucha de ideas. Ahora militantes férreos del PAN, del PRD y aún aquellos que se formaron lejos de los partidos y en extrañas luchas sociales, reniegan de sus orígenes y se incorporan al PRI de Peña Nieto. ¿Es un hombre carismático con un notable proyecto político entre las manos o simplemente, estamos en presencia de oportunistas que buscan la manera de seguir en la política activa?

Alguna vez, me correspondió entrevistar a un importante político del Estado de México. Mi primera pregunta fue ingenua: Y ahora que no es gobernador, ¿a que se dedicará, a los negocios? El tipo me miró con desprecio: No, amigo, un político nunca deja de serlo. Conforme a esta lógica, debo pensar que aquellos que regresan al PRI o llegan por vez primera, son simplemente personajes que saltan de un partido a otro, como en el futbol, con tal de seguir jugando. La lista de dirigentes no es mínima ni intrascendente: René Arce, Rosario Robles, Ruth Zavaleta, Hugo Círigo, Ramón Sosamontes, Tere Vale, Lía Limón, Manuel Espino… Recuerdo la única vez que hablé con Rosario Robles, acababa de ser designada jefa de Gobierno del DF. Fue grosera, arrogante, se jactaba de su partido, el PRD, lo defendía sin tener razón; en otros términos, era fanática de la organización que la había llevado tan alto. El resto de la historia la conocemos. Hoy es pilar de la campaña de Peña Nieto y en consecuencia parte del partido repudiado.

Si en la Europa de la primera mitad del siglo XX la lucha era ideológica, ¿hoy por qué pelean los herejes y los renegados contra su antigua ideología? Mucho me temo que se están mudando de casa por dos razones: el PRI tiene mejor candidato que los demás y más posibilidades de triunfo. Para colmo en los demás partidos la podredumbre y la incapacidad superó al priismo con creces.
¡Cómo estarán las cosas!

Opinión 2012-06-08 - La Crónica

junio 06, 2012

Héctor García, el último de los grandes

La muerte de Héctor García me trajo dolor y un sinnúmero de recuerdos gratos, espléndidos. Artista sin par, cuando le preguntaban su técnica para obtener fotografías perfectas, sorprendentes, donde las inquietudes sociales se combinaban misteriosamente con la estética, se limitaba a decir con su gran sentido del humor: Es el método de Francisco Villa: primero disparo y luego averiguo. Nada más falso, era una buena broma, nadie como él para saber el momento adecuado de tomar la foto: la luz y las sombras, el movimiento, el gesto… Mis recuerdos de Héctor, siempre modesto y sencillo, sin percatarse de su talento genial, proviene, pienso, desde siempre. Cuando me asomé al mundo cultural, él ya era una enorme figura, un hombre reconocido y laureado. Buen conversador, era respetado y querido en todos los ámbitos sociales. Alguna vez, hace casi cuarenta años, en la inauguración de una librería del Fondo de Cultura Económica, estábamos Rubén Bonifaz Nuño y yo. Héctor se acercó y nos saludó para de inmediato sacar una pequeña cámara que utilizó para retratarnos. Al ver eso, los demás fotógrafos, casi todos del montón, comenzaron a disparar sus flashes sobre nosotros. Al concluir la sesión, nos pidieron nuestros nombres. Sorprendido, pregunté: Si no saben quiénes somos, ¿por qué nos retrataron tantas veces? Por una razón, respondieron casi a coro: porque ustedes dos son los únicos de traje y corbata. Héctor festejó el suceso con sus consabidas ironías.

Durante una época, sin duda una de las mejores de nuestra larga amistad, Dionicio Morales, Carlos Bracho y yo solíamos recorrer cantinas y restaurantes sórdidos. Las conversaciones eran estupendas. Héctor era un perfecto cronista de la vida cultural y popular de México. Mientras platicábamos, cada tanto, sacaba su cámara y tomaba fotografías. Me parece que algunos de los mejores análisis sobre el trabajo de Héctor García fueron justamente del poeta Dionicio Morales, quien en libros, prólogos y ensayos dejó una completa biografía del artista. Cito algunos libros: Camera oscura, 1994, Universidad Veracruzana, Héctor García, fotógrafo de la calle, Conaculta, 2000, y Chiles verdes, UAM-X, 2007. Esta última obra es en realidad una especie de autobiografía recopilada y prologada por Dionicio, quien solía decirle al artista: “Tú niegas la idea de que una foto vale más que mil palabras, puesto que además de escribir con luz, has utilizado las palabras para escribir de tu arte y tu vida”.

Cuando cumplí treinta años como escritor, Bellas Artes y otras instituciones educativas como la UNAM y la UAM, me hicieron algún reconocimiento. Bellas Artes y otras dependencias culturales lo extendieron a otros escenarios. Recuerdo una mesa redonda sobre mi literatura en Tampico, en un hermoso teatro. Entre amigos como Sebastián, Dionicio Morales, Griselda Álvarez, Eugenio Aguirre, Saúl Juárez y Bernardo Ruiz, donde todos, como es natural en esos casos, hablaban de mi trabajo, de pronto Héctor García dijo: ¡Basta, no quiero oír ni hablar más sobre René, llevamos varios homenajes, suficiente, voy a hablar de mí! Y lo hizo ante nuestra sorpresa. Por más de media hora contó la forma en que llegó por vez primera a EU, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial y lo bien que le iba con las mujeres, ya que los hombres estaban en el frente.
La última vez que lo vi fue durante el festejo de su cumpleaños anterior a su muerte, en su casa. Estaba delicado, débil, en silla de ruedas, pero haciendo planes para su fundación y su legado. Como siempre, a su lado estaba María, atenta a su salud. Yo repetí una vieja broma: De acuerdo, Héctor es un genio, pero a mí las mejores fotografías me las ha tomado su esposa. No pensé que lo veía por última vez cuando me despedí con la promesa de un nuevo encuentro. Al final, los sitios donde solíamos vernos eran en su casa o en la mía, donde todavía tenía humor para sus anécdotas estupendas y sus relatos de cómo y en dónde había conseguido tal o cual fotografía genial. A veces iba a platicar con mis alumnos de la UAM-X, pero ya debilitado por los males físicos, no pudo ir más.

Su muerte fue dolorosa no sólo para sus familiares, lo fue para el país entero al que le dedicó su arte y su vida, para sus amigos y admiradores. Lo curioso es que muchas veces encontramos fotografías notables y no sabemos que son suyas. Nunca buscó la fama a pesar de tenerla, de haber conseguido premios nacionales a montones. Su sencillez era proverbial y se daba de manera espontánea, natural. Su talento y cordialidad, su generosidad y sentido de la amistad, le abrieron puertas, pero no las necesitaba, le era suficiente recorrer ciudades y campos para encontrar lo que su infaltable cámara le exigía: fotografías perfectas, de notable belleza. Retrató todo lo que estuvo a su alcance, desde campesinos y niños famélicos hasta rostros de actrices deslumbrantes, intelectuales y artistas. Nadie le fue ajeno. Su esfuerzo estético fue para captar el complejo rostro de México.

Si fuera creyente, lo imaginaría en el Cielo buscando nuevos ángulos de las contradicciones en el reino celestial. No podía estarse quieto, sin disparar su cámara mágica.

Opinión 2012-06-06 - La Crónica

junio 04, 2012

La burocracia cultural

No hay un rubro donde los gobiernos panistas hayan tenido éxito en doce años. Uno poco estudiado es el enorme desaseo en materia cultural. Primero fue Sari Bermúdez, ahora es Consuelo Sáizar. El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes tendrá que ser pacientemente reconstruido después del 2 de julio. Como nunca, brilla el autoritarismo rayano en la majadería. Ni una ni otra tienen obra, un libro, un cuadro, una pieza musical, que las acredite como parte de la comunidad artística e intelectual de México. Advenedizas, personas afortunadas, fueron incapaces de crear una inteligente política cultural, ambas se manejaron por caprichos y berrinches.

El panorama cultural de nuestro país es obscuro y una de las mayores tragedias que aqueja hoy a la cultura en México se vive en las escuelas de enseñanza artística, principalmente en las de nivel profesional. Es cierto que desde tiempo atrás la burocracia que las administra no ha sido la idónea, pero desde que el panismo llegó al poder, su problemática se ha agudizado como nunca antes en su historia. El control total que se ejerce desde la cúpula de la burocracia cultural hasta sus niveles inferiores es descarado, mientras la desvinculación con el arte y los artistas día a día se hace más honda, afectando de modo lacerante la vida institucional de estos centros educativos.
¿Qué futuro tiene el arte y cuál los artistas que dependen de mafias listas a ocupar todo lugar que quede libre? ¿Acaso le importa a esta burocracia que administra las escuelas profesionales lo que verdaderamente ocurre en ellas? ¿La conocen realmente? No, es lo de menos. Lo que importa es dominar ese macro-coto de poder, aun si para ello deban propiciar o solapar arbitrariedades de todo tipo en el seno de sus comunidades artísticas. La próxima designación del nuevo director del Conservatorio Nacional de Música atestiguará este hecho: difícilmente llegará el mejor porque será designado el más ad hoc a este impenetrable sistema burocrático.
Después del fracaso de Ricardo Miranda como director y al que las autoridades no les quedó más que retirar, llegó uno más incompetente y arbitrario, Karl Bellinghausen, al que no pudieron sostener y ahora proyectan en el proceso de designación del nuevo titular a dos candidatos. Por un lado, un personaje desconocido para el medio musical profesional y reconocimiento artístico, el comunicólogo Benjamín Anaya, por otro lado, el delfín del panismo, David Rodríguez de la Peña, quien obedece a los intereses de control y continuidad del gobierno actual, que si bien egresado del CNM ni idea tiene de lo que hoy vive esta institución. A un lado dejan el mejor proyecto educativo, perfil, trayectoria profesional, experiencia y solvencia directivas. Sólo se hará un nuevo reacomodo que dejará de lado toda posible y urgente mejora educativa. Qué lamentable, pero es lo usual en el retrógrada ejercicio de poder de la burocracia del CNCA. La gran pregunta a los sabios de Bellas Artes: ¿dónde están los otros candidatos que presentaron sus proyectos como el del doctor Julio Vigueras Álvarez o el de los maestros Víctor Barrera y Fabián Bretón? Omitidos. Evidentemente, por ser los mejores y más vinculados al Conservatorio.

Por otro lado, según leo en la columna de Humberto Musacchio y en un artículo de Ignacio Trejo Fuentes, que el INBA tiene lo suyo. Despidieron a la esposa del segundo, Ixchel Cordero, cuya capacidad como funcionaria cultural me consta. No sólo eso, el propio Consejo editó al matrimonio un estupendo libro de entrevistas, cuyo sólo prólogo es de gran utilidad para los estudiantes de Comunicación. Es un acto de injusticia y un registro más de las arbitrariedades del INBA y en general del CNCA. Funcionan, eso sí, para velar muertos famosos. El resto puede ir a cualquier agencia funeraria, según sus posibilidades. En Bellas Artes nada más caben los muy famosos y los amigos de Consuelo. Los festejos y reconocimientos oficiales recaen en sus cercanos, jamás en los intelectuales críticos, como es digamos el caso del escritor Gonzalo Martré, autor de una de las grandes novelas sobre el 68, Lo símbolos transparentes, ha cumplido 80 años y ni la Sala Boari le conceden para un merecido reconocimiento que sus lectores demandan.

Ixchel Cordero trabajaba en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, ubicado en la Condesa, donde coordinaba los Paseos Literarios que le han dado brillo a la institución. Que pueden despedirla, pueden, que ella puede recurrir a sus amigos y a las leyes para defenderse, claro que también puede. Y en eso está la talentosa Ixchel Cordero, quien sin duda es una competente promotora cultural.

Sí, está visto, la educación artística y el impulso al verdadero arte podrán tener un futuro, pero bajo un régimen panista, jamás… ¡Qué lejos estamos de José Vasconcelos, Carlos Chávez y José Luis Martínez y qué cerca de Consuelo Sáizar! Por fortuna, como escribió Ignacio Trejo Fuentes, dentro de pocos meses, se irán y es casi seguro que no tengan ni tiempo ni inteligencia para constatar los daños hechos al desarrollo armónico de la cultura nacional.

Opinión 2012-06-04 - La Crónica

¿Cómo votar en Tlalpan?

Vivo en Tlalpan desde hace más de treinta años, ello me ha vinculado a muchos de sus habitantes, algunos nacidos en este hermoso pueblo, hoy convertido en atroz delegación, otros que, como yo llegaron de rumbos distintos de la ciudad capital. En menos de dos décadas, los gobiernos perredistas la han arruinado: prevalece el desorden, la corrupción es escandalosa y para vivir en ella hay que dar muchas y muy severas batallas que quizás algunos lectores recuerden, como los intentos de convertir al añoso bosque de Tlalpan, cada vez más deteriorado y cercado por vendedores ambulantes, en pista de hielo. El entonces delegado Guillermo Sánchez Torres, un auténtico hampón, para imitar la manía de Marcelo Ebrard de ponerlas en todas partes, comenzó los preparativos para el ecocidio. Por fortuna, los vecinos logramos impedir la puesta en marcha del criminal proyecto, pero a fuerza de plantones y gritos, el único lenguaje que entienden los perredistas. Para qué hablar de los negocios sucios del actual delegado, Higinio Chávez, digno sucesor de El Pino, primer delegado perredista, hoy ¡secretario de Educación del DF!, cuyo paso fue un total desastre y el arranque de una serie de delegados turbios y pillos. Higinio Chávez camina satisfecho de sus negocios, sólo le falló uno: la gasolinera de Insurgentes, junto a dos restaurantes de comida típica, donde los vecinos se han opuesto a costa de su integridad y han resistido toda clase de amenazas y presiones.

Lo extraño es que a pesar de la evidente corrupción del PRD y aliados, el DF sigue votando por tal partido. Está visto que salvo dos o tres delegaciones, en las demás predominamos los masoquistas. Pésimos servicios y muchas tropelías, ningún respeto a la dignidad ciudadana que tanto es citada en el discurso. El PRI y el PAN apenas existen. Quizá sean los panistas los que más se enfrentan a las tribus perredistas, nadie más. No sé quiénes son los aspirantes priistas a ningún cargo en el DF, salvo a Beatriz Paredes, quien poco se deja ver. Supone, imagino, está en espera de que el efecto Peña Nieto la salve de una aplastante derrota.
Los ciudadanos están molestos y no saben a quién acudir. Por eso suelo recibir correos como el siguiente:


Estimado señor Avilés Fabila:


“La suscrita María Díaz Anaya, vecina de Tlalpan, con domicilio en Privada General Guadalupe Victoria número 21, en el centro de Tlalpan, me permito distraerlo en virtud de que soy lectora de sus columnas y artículos periodísticos, y por ellos sé de su vocación y celo en la defensa de nuestro barrio, constantemente asediado por la voracidad ilimitada de las autoridades delegacionales.

“Es el caso de que hace unos días la casa vecina a la que habito desde hace cuarenta años, aproximadamente, o sea, la casa marcada con el número 23, fue vendida pues su propietaria la que se vio en la necesidad de vender ante el temor a habitarla sola, por las razones de inseguridad que nos aquejan.
“Pues bien, resulta que, a pesar de ser zona habitacional y ser una calle de ‘una sola cuadra’ con salida por el oriente a Moneda, y por el poniente con General Victoria, y de ser zona ‘típica’ con todo tipo de restricciones para cambiar el ‘uso del suelo’, un ‘emboscado y misterioso’ adquirente ha iniciado trabajos de albañilería con la intención de instalar oficinas, y al decir de algunos de los trabajadores, se instalarán oficinas de la Delegación.

“Con la esperanza de proteger mis derechos y los de los vecinos de la cuadra y de los defensores del patrimonio del pueblo de Tlalpan, cordialmente le solicito nos auxilie con sus buenos oficios y su reconocida pluma, en el intento de impedir esta violación a las leyes que debieran salvaguardarnos.”

¿Cómo ayudarla? No hay forma, nos hemos organizado en tanto ciudadanos, pero la maquinaria perredista en Tlalpan, donde pesa René Bejarano, nos aplasta invariablemente. Rodeado de pillos probados y comprobados, Higinio Chávez tiene una certeza en su mundo de incultura: la de amasar una fortuna y en ello está, sin que Tlalpan le importe.

Otros vecinos me dicen al saber que escribo en diversas publicaciones que les ayude en sus distintos combates contra el PRD. Sí, pero ellos mismos podrían hacerlo no votando por tal partido, no permitiendo sus atrocidades. Es lo único que puedo hacer. Desde que Rosario Robles se hizo cargo de la jefatura de Gobierno del DF, he escrito multitud de artículos denunciando la corrupción perredista, a pesar de ello, siguen ganando las elecciones capitalinas, ¿qué puedo hacer? No soy Harry Potter ni Supermán, doy las peleas que debo y puedo dar, es todo y sin duda es nada. Sólo me queda insistir: no voten por este partido ni por sus aliados, busquen ciudadanos de verdad y no les crean a los que se ponen tales ropajes, allí tienen a José Alcaraz, como tal llegó a un importante cargo y hoy sabemos que es un político profesional del peor estilo.
La otra solución sí es mágica: esperar a que Miguel Ángel Mancera resulte un gobernante honesto y elimine la corrupción en el DF.

Opinión 2012-06-01 - La Crónica

junio 03, 2012

La tenaz fábrica de odio

Sabemos que si gana Peña Nieto habrá conflicto poselectoral y si gana López Obrador habrá venganza.

Siempre he pensado (mis escasos lectores y mis muchos alumnos lo saben) que el periodista debe ser crítico, no adulador. Que su función es vivir atrapado entre el poder y la sociedad. Al primero se le critica despiadadamente, a la segunda se le sirve. Para probar la congruencia, hay hemerotecas en un país de escasa y selectiva memoria. He perdido dos veces el medio de comunicación por causa de la censura. Hoy es posible acusar a Calderón de “borracho” y “asesino”, pero antes de la alternancia, la figura presidencial era intocable y me atreví a criticarla docenas de ocasiones. Liquidado el presidencialismo priista, y ante el patético panorama político que brinda el sistema, he optado por dirigir mis notas a la corrupción e ineptitud de los partidos. Debo advertir que vivo bajo dos gobiernos detestables: el panista de Calderón y el perredista de Ebrard. No soy del Edomex ni de Guanajuato, nací en el DF. Ello sin duda hace del PAN y del PRD los mejores clientes de mis artículos. El PRI-DF no existe.

Me justifico, desde luego, para que las agresiones sean menos violentas. Lo curioso es que ni priistas ni panistas me insultan. A lo sumo me miran con desdén. Para los primeros, patéticos y desconcertados, soy un escritor atrapado en el hielo del jurásico marxista, para los segundos, que jamás han leído, soy invisible. En cambio, la poderosa y corrupta organización simpatizante de AMLO despliega una formidable cantidad de ofensas y provocaciones. Ayer hice un ejercicio y entré en artículos de periodistas que no necesariamente coinciden con las llamadas “izquierdas”; me asombró la cantidad de mentadas de madre de los fanáticos de Obrador. Desde luego, incluyeron a Javier Sicilia que en nada exageró al calificarlo de autoritario, resentido, mesiánico y mentiroso. Que es un político que engaña es tan cierto como que sus partidarios, la mayoría ex priistas, están muy cerca del fascismo, amigos de la violencia, expertos en aplicar políticas de terror. Calderón contribuye al clima de intolerancia con sus dos odios: el natural, al PRI, y el recién creado: al PRD. A ninguno le entregaría Los Pinos gustosamente, pero al seleccionar (no tiene alternativa), optará por el segundo sin meditar en su futuro.

Los insultos no me preocupan, apenas los miro. No obstante, el jueves fui a Cuernavaca al homenaje a una escritora talentosa y de obra admirable, Marcela del Río. Luego de mi intervención, una señora me saludó con amabilidad fingida. Como Peña Nieto en la Iberoamericana, caí en la trampa. Cambiando el tono, me dijo que le diera tres razones para justificar mis críticas a López Obrador. Le di diez. La mujer, arrumbando los bocadillos, pegó varios gritos. Opté por regresar al DF. En el trayecto recordé que hace seis años, en Bellas Artes, en la presentación de un libro del médico Federico Ortiz Quesada, una quincena de perredistas, ante la cercanía de las elecciones, trataron de impedir el acto y un tipejo quiso abofetearme acusándome de “pro imperialista”. No cabe duda: López Obrador es una fábrica de odio. Sin embargo, no deja de asombrarme su habilidad para galvanizar a sus seguidores. Algo que le falta a Peña Nieto y que Josefina desconoce. No es inteligente ni culto, es astuto, formado en el PRI más duro; cuando miente, algo común, le creen; sus enemigos le temen y ceden a sus chantajes.

El ambiente enrarecido es su responsabilidad. Nos tiene de rodillas. Sabemos que si gana Peña Nieto habrá conflicto poselectoral y si gana López Obrador habrá venganza. Si los panistas piensan en el voto útil para mitigar su rencor al PRI, no han imaginado lo que les aguarda, considerando que Calderón y los suyos han desecho al país y sobre el presidente pesan acusaciones legales por su guerra contra el crimen organizado donde han muerto inocentes. Esto, sin contar que lo considerarán usurpador o ilegítimo para siempre.

Excelsior - 2012-06-03