Tantadel

julio 30, 2012

AMLO visto desde Suiza

Como profesor universitario de dos grandes casas de estudios, la UNAM y la UAM, como periodista curioso y literato inquieto, no dejo de escuchar las frases, palabras e ideas que profieren personas de diversas comunidades con acceso a la educación y la cultura. Sé qué se piensa de Peña Nieto, Calderón o López Obrador por sólo mencionar a tres personas que imponen la agenda política nacional. Veo en México demasiada perversión y me asombra que la agitación social provenga de una sola persona: AMLO. Muchos son quienes preguntan de dónde salen los enormes recursos que utiliza para vivir desde hace años y de dónde las abultadas cifras que usa en sus largas campañas presidenciales.

Al respecto recibo una nueva misiva electrónica sobre dicho tema que incorporo: “Estimado René, para comprender a AMLO es necesario preguntarse, ¿qué haría si llegara al extremo de reconocer su derrota? ¿Qué sabe hacer que no sea intrigar, realizar grilla pura? ¿Qué talentos tiene, qué habilidades, qué preparación posee, cuál es su experiencia, su historia profesional fuera de las luchas callejeras que viene dando desde hace años, desde que abandonó el PRI donde se formó?

“No ha hecho nada en su vida que no sea cortejar a los medios y manipular a la opinión. Fue en base a eso que labró su carrera de grillo, porque ser político es otra cosa, ya no digamos gobernante o estadista. Lo que le abrió el camino fue entender que el PRI le negaba la candidatura para gobernar Tabasco. Allí no tenía futuro porque había gente mucho más competente. Encontró en el PRD lo necesario para convertirse en caudillo, él que mal había concluido una carrera universitaria, con muchos esfuerzos y poca capacidad intelectual.

“En el lamentable vacío de la izquierda mexicana, ausente de propuestas serias, y dentro de un amplio espectro de personas dispuestas a creer lo que fuera con tal de mejorar su situación, AMLO supo ser hábil. Tiene aterrado al país y mientras padecemos la ausencia de una verdadera izquierda, como tú lo señalaste recientemente, aprovecha su capacidad para la demagogia y sobre todo para mentir ante públicos absortos. En este espacio ha sabido moverse muy bien, se ha creado oportunidades infinitas que le permiten ser el centro de atención y hasta héroe de destacados intelectuales que alguna vez fueron críticos del poder. Una vez que el Subcomandante Marcos pasó de moda cuando no supo manejar su transición de las montañas al DF y que AMLO tuvo la plataforma mediática en el gobierno capitalino, se colocó en una posición de icono de la izquierda a la que se ha aferrado como perro al hueso.

“De no dedicarse a lo que se ha dedicado en los últimos 7 años, ¿qué haría? ¿Qué sabe hacer? ¿Cómo se ganaría la vida? ¿Quién lo mantendría? ¿Qué trabajo honesto y productivo ha tenido él en su vida? Lo que los medios deberían hacer es dejar de darle tanta difusión, lo que él busca con sus payasadas. O deberían cuando menos difundirlas de una manera objetiva. Es decir, no solamente comunicar lo que dice, sino contextualizarlo, analizar su contenido y reportarlo como lo que son: declaraciones carentes de contenido político serio. Lo mínimo que podrían hacer es no difundir la nota sin el punto de vista de los aludidos, o con un pequeño análisis. Es increíble cómo se han reportado detalles como el de las tarjetas de Soriana, cuando es tan obvia la manipulación, hasta en los videos producidos por los amloistas, si te fijas bien en el contenido. O la acusación de que usaron niños para vigilar la eficacia de la supuesta compra de los votos. Digo, ¿cuántos miles de niños se hubiesen necesitado? ¿Dónde están las fotos o los testimonios? ¿O las evidencias del uso de teléfonos celulares para la toma de fotos comprobando el voto comprado? ¿Alguien que puede pagar un teléfono celular está dispuesto a vender su voto por una cantidad miserable?
“AMLO no va a parar porque no tiene otra cosa que hacer. No va por la Presidencia, va por el subsidio, quien sea que se lo esté pagando. Va por verse en la televisión, mirar su foto y nombre en los periódicos. Necesita alimentar su ego de esa manera porque no tiene otra. ¿Qué sabe hacer para ganar reconocimiento personal? ¿Escribir libros? ¿Investigar para la ciencia? ¿Producción artística de algún tipo? ¿Qué, René, para qué sirve ese tipo? Imagínate encontrarse solo, sin seguidores y verse en el espejo. Hacer un balance de su vida si desapareciera el ruido que le rodea actualmente. Es un pararrayos en el que se concentran los deseo de miles de protestar. Tú sabes bien de eso. AMLO ofrece palabras vacías, promesas sin sentido.

“El que personas como Rosario Ibarra y Elena Poniatowska lo apoyen es un reflejo de sus limitaciones, de su decaimiento intelectual y más que nada de la profunda sed de hacer algo y de la ausencia de alternativas. En fin, gracias por tus artículos, René. Convergimos hace tiempo en La Crisis, en la cual Carlos Ramírez me invitó a colaborar.

“Te envío un abrazo desde Ginebra, Suiza, donde ahora resido, Jorge Mancillas”.
Si para colmo, añado, estudiamos las propuestas políticas de un hombre incapaz de sentarse a reflexionar, es difícil entender a sus fanáticos.

Opinión 2012-07-30 - La Crónica

julio 29, 2012

Intelectuales y chequeras

AMLO está rodea-do de ellos a quienes no les hace caso, los utiliza para prestigiarse, ¿les abrió la chequera?

Una declaración superficial y rencorosa de la esposa de López Obrador, Beatriz Gutiérrez Müller, egresada de la Iberoamericana, me desconcertó profundamente: hay intelectuales dispuestos a que les abran la chequera. Esto es, son objetos de mercado, susceptibles de compra y venta. Me alarmó su ligereza porque ha sido discreta y porque siendo ella misma intelectual no parece conocer a su gremio. Existen intelectuales al servicio del poder, es cierto. Pero dudo que sean mayoría. He vivido siempre entre ellos y son más los que dedicaron su vida a la dignidad y la pobreza que implicaba servirle a la izquierda comunista. Pienso en José Revueltas y Juan de la Cabada que supieron sustraerse al atractivo canto del poder. Sin embargo, debo aceptarlo, los intelectuales por lo regular estuvieron, aunque sea temporalmente, al servicio del PRI. Carlos Fuentes y Octavio Paz son dos ejemplos.


Luego vino la famosa alternancia y todo quedó igual, salvo que los intelectuales, que jamás han estado en el PAN, se fueron a un partido con posibilidades de obtener la presidencia de la República: el PRD, cautivados por dos caudillos sucesivos: Cárdenas y Obrador. Al primero lo admiraron seriamente. El segundo tiene un carisma maligno.

Existen muchas formas de abrir la chequera, una de ellas es premiar, cultivar a los intelectuales siempre necesitados de reconocimiento. Aquí los campeones han sido Obrador y Ebrard. Un caso obvio es Elena Poniatowska, cuyo nombre es utilizado por los líderes, hasta aparece en un Metro y es el título de un jugoso premio literario. ¿Alguien ve esa relación como ideológica?

Intelectuales orgánicos en el sentido gramsciano, francamente no los hay. En su libro ¿Qué hacer?, Carlos Salinas efectúa una buena descripción de los intelectuales “orgánicos” que tuvo a su servicio y que ahora otros amos utilizan. Hoy, no conozco escritores o académicos con méritos, que simpaticen con el PRI.

Al revés, están al servicio de AMLO, imagino que lo veneran por su muy discutible ideología y no por los favores que desde el poder puede concederles.
Es un riesgo no adorar a López Obrador. Una crítica en su contra, desata la rabia de seguidores y familiares (vimos a Beatriz reclamándole a Sicilia las objeciones a su esposo), de inmediato aparece la acusación de vendidos al PRI o a Televisa, donde por cierto tiene defensores. ¿Lo creerá así Gutiérrez Müller? ¿Supondrá que si Marcelino Perelló o Luis González de Alba no elogian a su esposo, es porque alguien les abre la billetera? Grave simplismo que ofende a no pocos intelectuales que han dado largas batallas y no necesariamente por una falsa izquierda, sino por una que implica cambios radicales en la estructura.

Por último, hay intelectuales de alto nivel que simplemente no les agrada ni el PRD ni su marido, los nombres son obvios, ¿eso amerita verlos como corruptos?

La suya es una declaración torpe, ofensiva. Significa una sola cosa: maniqueísmo, estás conmigo o eres mi enemigo. El obradorismo es la negación de la libertad, del espíritu crítico. Opinar en su contra es inmoral, ilegal y antipatriótico. De ser así, la mitad del México intelectual es culpable. Siqueiros estuvo seis años en la cárcel por sus críticas a López Mateos. Revueltas comenzó su vida literaria con una novela sobre las cárceles que padeció en su adolescencia, Los muros de agua, y concluyó con El apando, su última prisión. Cuando murió Juan de la Cabada no había dinero para el entierro. Ah, es que nadie abrió la chequera.

El PRI actual mantiene distancia con los intelectuales y se nota, Peña Nieto no ha hecho suya la conducta de Hank González, quien fue una generosa cartera con los más afamados escritores. Es obvio que el primero no tiene idea de para qué sirve un intelectual. AMLO está rodeado de ellos a quienes no les hace caso, los utiliza para prestigiarse, ¿les abrió la chequera?

Excelsior - 2012-07-29

julio 27, 2012

¿Y al PAN, qué le pasó?

Muchos mexicanos, sobre todo aquellos que simpatizan con el Partido Acción Nacional, se quedaron asombrados con los resultados electorales: del poder al tercer lugar, el último si realmente quitamos el membrete del Panal, quien acudió a la contienda sólo a tratar de salvar el registro. Hay quienes dicen que fueron doce años malos para México bajo el PAN. Suena exagerado. Fox, aparte de sacar al PRI de Los Pinos, facilitó las cosas para que floreciera la libertad de expresión; hoy vemos, incluso, excesos delirantes. Felipe Calderón deja finanzas claras y el país no parece que vaya a entrar en una gran crisis económica, como las que padecen varias naciones europeas. La creación de empleos no fue la prometida, pero tampoco fue un desastre y finalmente, la lucha contra el narcotráfico se da con resultados positivos, salvo que es la lucha contra la Hidra de Lerna: le cortan una cabeza y brotan dos.

A pesar de ello, el PAN cayó al tercer lugar y Josefina Vázquez Mota tuvo que reconocer con entereza que los resultados no la favorecían. Calderón, luego de jurar que no le entregaría el poder al PRI, está condenado a ello. Por lo pronto, ya felicitó a Peña Nieto y caballeroso lo citó en Los Pinos para tratar lo relativo al cambio de manos. ¿Qué sucedió con el PAN? Entre la mala fortuna y la incapacidad de los panistas, más dueños de criterios empresariales que de experiencia política, fracasaron en cuanta tarea emprendieron. En Gobernación fueron varios quienes trataron de manejar la política nacional y todos fueron de error en error. El resto del gabinete estaba igual o peor.

Para colmo, los panistas nunca supieron seleccionar a un buen presidente del partido. Madero es el peor, el campeón de las derrotas y justo a él lo pusieron al frente de un partido poco eficaz. Los fracasos comenzaron y jamás hubo alguna crítica seria y si alguno la formuló, como Manuel Espino, no tardaron en expulsarlo. La candidata presidencial no era la mejor, obvio, pero ella supo imponérsele al presidente Calderón y allí están los resultados. El hombre de apariencia paternal que es Gustavo Madero nunca dejó de mostrar su escaso talento político. Fue un craso error que mucho le costó al partido en el poder. Lo más grave es que el hombre sigue allí, tratando de recomponer el partido que arruinó visiblemente.

El PAN ahora debe reinventarse, acercarse a la gente de la calle, no ser un partido pretencioso de elite. Para ello hay que hacerle un ajuste mayor. Para empezar, Madero debería renunciar. Pero mucho me temo que Calderón sigue metiendo las manos en el partido y entonces no es posible aplicarle ningún remedio. Si observamos con detenimiento el panorama, tomando en cuenta el escandaloso futurismo que están haciendo los partidos, el PAN está más que atrasado, sigue sin entender al país. Vázquez Mota imaginó que todo sería fácil pidiendo el voto femenino. Los resultados son obvios. Las mujeres, como los hombres, tienen sus propias simpatías y antipatías y no responden a cuestiones de género sino a planteamientos políticos. Ya el PRD tiene un candidato presidencial para 2018 en Marcelo Ebrard, quien lo anunció. Es posible que le salga competencia en Miguel Ángel Mancera cuando al fin controle al DF y así al PRD. Falta saber qué hará López Obrador ahora que oficialmente le digan que su impugnación no procede, que es ridícula. El círculo se cierra porque el actual gobernador del Estado de México, se mueve con discreción en el mismo rumbo. ¿Y el PAN?

El PAN está ocupado analizando la derrota, pero no por otros militantes más capaces, que los hay, sino por un grupo encabezado por aquellos que lo condujeron a un sonoro fracaso. Así se les irá el sexenio mientras los demás partidos se preparan y fortalecen pensando en la siguiente lucha electoral. Curioso, antes se decía, según una frase de Fidel Velázquez, que quien se movía no salía en la foto. Ahora es obligación moverse sin cesar para salir en la fotografía. Los tiempos han cambiado y sólo el PAN no parece darse cuenta.
Si, como dicen los rumores, Felipe Calderón y su esposa, se quedarán en México y seguirán en la lucha política para rehacer al partido, deberán ser cautelosos y rápidos para el análisis y los remedios. Si el PAN no se prepara debidamente, el festín se lo volverán a dar el PRI y el PRD. México necesita pluralidad, diversas tendencias ideológicas, varios enfoques. El PAN, bien manejado, con una larga tradición como enemigo de la corrupción y luchador por la democracia, no siempre exitosa, no puede ni debe quedar al margen.

El PAN tiene muchos jóvenes valiosos y decididos, son ellos los que deben pensar en el futuro de su organismo. De lo contrario, si lo dejan en manos de personajes escasamente inteligentes, poco conocedores del medio como Madero, quien ni siquiera sabe qué hacer en estos momentos, el regreso a la casona presidencial será complejo y lento. En el DF iban bien, hoy se derrumbaron como en otros bastiones suyos. Les valdría bien unas dosis de autocrítica y no echarle la culpa a la voracidad de sus rivales.

Opinión 2012-07-27 - La Crónica

julio 25, 2012

¿Qué hacer con AMLO?

Rodeado de ex priistas, él mismo ex priista, López Obrador va con todos los recursos supuestamente legales, por la Presidencia de la República. Sabe que no hay tercera vez, como le ocurrió a Cuauhtémoc Cárdenas. México no es Brasil y, desde luego, AMLO no es Lula. No hay duda que la maniobra para señalar al PRI como un enorme comprador de votos no está bien probada y existe más en la imaginería de sus fanáticos que en las cajas entregadas a las autoridades electorales. Del lado priista trabajan en su defensa de modo poco convincente, como de flojera. Están vivos de milagro y porque en una suerte de pésima lucha entre proyectos de caudillos nacionales, Peña Nieto fue más convincente a pesar de las trampas que le pusieron y las bombas de tiempo que le estallaron en antes prestigiadas escuelas privadas.

El lunes La Crónica publicó en primera plana las declaraciones, mejor dicho los adjetivos que Diego Fernández de Cevallos le endilgó a López Obrador y que otros medios también resaltaron: “No es democrático, es un embustero. Es un tipo loco y violento. Quiere que le regalen la Presidencia…”. Es evidente que Obrador de nuevo altera el orden, busca romper el precario equilibrio del sistema político mexicano. Para ello hace más trampas, ahora de tipo legaloide y para colmo mueve a los jóvenes disidentes. Con escasa imaginación, no acaba de percatarse que está sellando su carrera política, la que por muchas razones ha sido destacada. No habrá otra posibilidad. Está aceleradamente alistando los clavos que sellarán su ataúd.

Entre los muchos correos que recibo, donde hay de todo, desde quienes me insultan con precarios argumentos por mis críticas al líder tabasqueño y quienes me estimulan a seguir haciéndolo, uno me llamó la atención y cuya autoría omito por obvias razones: “El problema es que no sólo son los ex priistas resentidos, sino que ya dan muestras de locura, empezando por López Obrador, este señor tiene una esquizofrenia galopante, delirio de grandeza, cree que es el único que puede salvar a este país, tiene delirio de persecución, piensa que todo mundo le hace complots, tiene disonancia cognitiva y otras tantas ‘virtudes’ que ya hemos comentado. Es realmente peligroso. Yo pensaba que la imbecilidad no se contagiaba, pero por lo visto sí, ahí tiene a sus lacayos y al no menos idiota de Madero. Lo peor es que con sus historias ya ha echado a andar a los intolerantes con sus historias cada vez más enredadas, sin duda es una falsa postura, por abajo del agua, los jóvenes del #yosoy132, los de Atenco y los sindicatos corruptos, se irán por la ruta violenta.Cuándo nos lo sacudiremos: por años él y sus seguidores nos han impedido vivir con tranquilidad y que el país avance. Por favor, que alguien le explique que somos muchos millones los que no lo queremos como presidente. Que somos más los que lo rechazamos. No entiendo por qué los medios de comunicación le hacen el juego y nos siguen atosigando con su información pervertida”.

Con sinceridad, puedo afirmar que jamás dejo de hacer mis propias encuestas y muy pocas veces, en una ciudad que vota masivamente por el PRD, encuentro a una persona que defienda a López Obrador. Pareciera anormal. Lo que significa que algo está mal en el DF o que los perredistas son más hábiles que los ingenuos priistas para obtener votos favorables a su causa. El diario La Razón ironizó sobre las cajas que contenían las pruebas irrefutables del fraude electoral, del despojo a López Obrador: unas pocas tarjetas de Soriana, cubetas con el nombre de Peña Nieto, playeras con el logo del PRI. Todo risible, en especial luego que los perredistas dijeron que si les ofrecían regalos, como los que el PRD repartió a granel en el DF, los aceptaran y ya en la soledad de las casillas votaran por quien les diera la gana.

No hay seriedad alguna en el PRD. Buen proceso en el DF, pésimo a nivel federal. Si le beneficia es legal, justo y equitativo, de lo contrario fue un cochinero. No creo que con las pruebas aportadas puedan eliminar un costoso proceso electoral que movió a miles y miles de personas de buena fe. Pero tampoco imagino que quienes ya están en las calles desde antes del día de la votación gritando fraude, acepten la derrota. Peña Nieto ahora puede mirarse en el espejo de Felipe Calderón: será un presidente acosado y bajo permanentes protestas. Por el otro lado, la carrera política de Obrador en tanto candidato presidencial habrá acabado. Desde ahora ya se perfilan nuevas fuerzas y otros candidatos presidenciales por eso que llaman “las izquierdas”. No se da cuenta que siempre selecciona los caminos equivocados. Por lo pronto, Graco Ramírez ha puesto discreta distancia con el dictador en potencia, Arturo Núñez no parece muy convencido de acompañarlo al precipicio y Marcelo Ebrard anticipa que en cuanto entregue la capital de México de inmediato comenzará su campaña rumbo a la candidatura de 2018. No dejemos de lado que muchos perredistas se quedaron con la idea expuesta públicamente que éste era mejor candidato presidencial que Obrador.

Opinión 2012-07-25 - La Crónica

Atlixco rendirá homenaje a los escritores René Avilés y José Agustín




Los escritores René Avilés Fabila y José Agustín (Ramírez), íconos de la llamada “Literatura de la onda” que tuvo su boom en los años 60 y 70, recibirán la Cédula Real, que data de 1579, en la fundación de la Villa de Carrión ( hoy municipio de Atlixco, Puebla), como un homenaje del cabildo a sus trayectorias.



El homenaje que se realizará el próximo 4 de agosto para el autor de “Tantadel” y al escritor de “la Tumba” entre decenas de obras más, respectivamente, se dará en el marco del II Encuentro Nacional de Poetas y la presentación del libro "Atlixco, la Palabra Escrita en el Agua".
El acto que se realizará en Atlixco, destacan mesas de trabajo que ofrecerán 50 poetas de la República en espacios “sui generis”, como el Cereso municipal, la Zona Militar, el Mercado Municipal, el asilo de ancianos.



También se realizará el Recital Poético Atlixco, con la primera actriz Lilia Aragón, y el actor Pablo Mendizábal, entre otros actos.Sobre el reconocimiento que el municipio de Atlixco dará a Avilés Fabila y José Agustín, el primero escribió este lunes en su columna del diario capitalino “Crónica”.




E-Consulta.Com
Por Álvaro Ramírez Velasco
Martes, 24 de Julio de 2012

julio 23, 2012

José Agustín y yo en Atlixco

La muy larga amistad entre José Agustín y yo arrancó allá por 1959, quizá antes, cuando escapábamos de la adolescencia. Nos presentó un amigo común a la salida del Instituto Simón Bolívar y de inmediato coincidimos: él fumaba Camels (gringos) y yo State express (ingleses), éramos, para decirlo en el lenguaje directo que ha caracterizado nuestras respectivas literaturas, mamones en exceso. Tanto él como yo ya escribíamos, la ventaja de mi nuevo amigo es que, junto con lo que fue la célula básica de nuestra generación, habían formado un taller literario y de allí salían sus textos iniciales y obras de teatro que ellos mismos montaban. Eran tiempos, por las limitaciones económicas, de ron y bajo su influjo discutimos cuentos y poemas, capítulos de novelas, compartíamos autores conforme alguno los descubría. Políticamente nos orientaba la recién nacida Revolución Cubana y el rock and roll. Éramos, según la definición de un cineasta francés, hijos de Marx y Coca-Cola.

En el bachillerato conocimos a multitud de escritores, maestros que buscábamos para saber de sus secretos literarios. Entre ellos estaba el que más nos estimuló: Juan José Arreola, con quien formamos un taller literario y una revista memorable llamada Mester. Casi al mismo tiempo el Centro Mexicano de Escritores nos becó por un año bajo la dirección de tres grandes literatos: Francisco Monterde, Juan Rulfo y Juan José Arreola. José Agustín concluyó La tumba y yo Hacia el fin del mundo.

Nunca hemos dejado de ser grandes amigos, aunque él viva en Cuautla y yo en el DF. Cada que podemos nos vemos para tomar unas copas y desgranar recuerdos, luego de carreras literarias de más de cincuenta años. Hemos recibido distinciones: yo obtuve el Premio Nacional de Periodismo, entregado por el presidente de la república Carlos Salinas, y Agustín el Premio Nacional de Literatura, de manos de Felipe Calderón. El Premio Colima a la mejor obra publicada del año lo conseguimos ambos en distintos momentos. La verdad es que no podemos quejarnos, nos ha ido bien.

Ahora vendrá algo notable: la bella ciudad de Atlixco ha decidido hacernos un homenaje a los dos juntos, algo que solamente había hecho la Escuela Nacional Preparatoria 7, donde ambos estudiamos. Nos entregará la copia de la Cédula Real de la Fundación de Atlixco, firmada por Felipe II, con anuencia de Carlos V en 1579. Aparte, dentro del marco del II Encuentro Nacional de Poetas, y la presentación del libro Atlixco, la Palabra Escrita en el Agua, nos harán un reconocimiento por “nuestra trascendente trayectoria en las letras nacionales, el 4 de agosto próximo, a las 16:00 horas,” según explica una carta de la Dirección de Cultura, suscrita por el dramaturgo y autor de la citada antología, Ricardo Pérez Quitt. Tal honor hace un par de años me lo hizo Puebla, cuando en sesión solemne de Cabildo la presidenta municipal, Blanca Alcalá, me entregó la copia relativa a la fundación de esa ciudad.

Ahora sí puedo decirle a José Agustín, al fin juntos, pero no solos. La ceremonia es posible anticiparla: será tutelada por el presidente municipal de Atlixco, Ricardo Camacho, y otras autoridades. Algo parecido, pues, a lo ocurrido en la ciudad de Puebla, salvo que en Atlixco la entrega estará dentro de un festival poético, en el que la gran primerísima actriz Lilia Aragón leerá poesía.

Atlixco no es para mí una novedad. Cuando vivía el inmenso dramaturgo Héctor Azar, estuve allí varias veces, con otros escritores, y ahora, desde hace tiempo, la hizo suya un entrañable amigo de Agustín y mío desde la niñez: Javier Duhart, que bien combina la arquitectura con la poesía y la prosa narrativa. Este camarada y colega suele invitarnos a su casa en Atlixco. De tal suerte que esa bella ciudad me es cercana. Tanto José Agustín como yo nos sentimos realmente halagados por el galardón que nos conceden. El que estemos ambos, pienso, es asimismo un reconocimiento a nuestros trabajos y sobre todo a una larga amistad que nada ha ensombrecido. Para mayores datos, nos casamos con compañeras de la preparatoria. Él tiene tres hijos estupendos y yo dos tortugas medio idiotas. La pasamos muy bien, sobre todo cuando aparece una botella de buen whisky.

Qué de años hemos estado juntos en varios países y en infinidad de mesas redondas y conferencias. Nos gusta jugar a ser Monsi y Poni e intercambiamos elogios mutuos. Rechazamos tajantemente la idea de que somos parte de la generación de la Onda, ésa no existe, fue una pésima idea de Margo Glantz, que no supo analizarnos con cuidado, cuya crítica en prólogos a dos antologías editadas en 1958 por Siglo XXI fue tendenciosa, inexacta y parcial. Pero bueno, estaremos en Atlixco de nuevo los dos, como cuando éramos adolescentes e intercambiábamos libros y fotos de mujeres desnudas. Algo que ha sufrido modificaciones: abandonamos lo primero.

El anuncio oficial de la entrega será el próximo jueves 26 de julio, en el DF, en una rueda de prensa en el Centro Xavier Villaurrutia del INBA, donde estaremos José Agustín y yo: Nuevo León 91. En Atlixco esperamos a nuestros amigos poblanos y si alguno del DF quiere acompañarnos, también lo aguardamos.

Opinión 2012-07-23 - La Crónica

julio 22, 2012

PRI versus ex PRI

Cuando uno ve a los dirigentes más visibles de lo que muchos llaman izquierdas, sólo se hallan ex priistas.





Dicen los estudiosos de los entretelones políticos que Carlos Salinas imaginaba un México bipartidista, donde lucharan como en EU dos partidos: demócratas y republicanos; un perenne choque entre PepsiCo y Coca-Cola; aquí PRI y PAN. Dudo de ello. Tonto no es y cualquiera sabe que México tiene vocación pluripartidista. Cada mexicano supone tener un proyecto político salvador, pero de los registrados, sólo tres realmente lo son. Y como en el caso norteamericano sus diferencias son matices modestos. Ninguno ve como una amenaza a la economía de mercado, todos son perversos y poco inteligentes. Me pregunto si han leído a los clásicos de la política y biografías de notables estadistas. Imposible, son acabados pragmáticos.





Cuenta el marxista Isaac Deutscher que el escritor Ignazio Silone decía que la lucha final, en tiempos en que el marxismo era una realidad imperfecta, sería entre comunistas y ex comunistas. En ese mismo sentido opinaba el militante de izquierda y novelista Arthur Koestler, autor, entre otras obras, de El cero y el infinito, ya dentro del bando de los renegados: los ex comunistas somos las únicas personas que sabemos de qué trata el problema.





Ahora vemos algo semejante: la lucha final se da entre priistas y ex priistas. Ellos se conocen y saben cómo hacerse daño. Ninguno tiene ideología, ambos se escudan en vaguedades, ocurrencias y sobre todo en las perversidades que tienen a la mano. Los ex priistas son peores porque cuentan con un elemento básico: el rencor ante lo que no obtuvieron, en consecuencia, deseos de venganza.





El PAN, por una suma de circunstancias favorables, pudo sacar al PRI de Los Pinos. Una vez en la Presidencia mostró su incapacidad para hacer política, lo integran administradores de empresas y fabricantes de discursos de autoestima. Guste o no la gran escuela política mexicana es el PRI; en sus diversas etapas edificó el país, es el heredero de lo positivo y lo negativo de la Revolución, un movimiento nacido de la desesperanza y la miseria. Ninguno poseía un proyecto ideológico como en Rusia lo tuvieron los bolcheviques. Madero no era Lenin, un poderoso pensador, revolucionario con claros propósitos que había analizado a su país luego de la atenta lectura de los más avanzados teóricos de la política y en especial de Marx y Engels. Madero era un espiritista que tuvo contacto con ánimas bondadosas, quienes le dictaron ideas y planes poco audaces y apenas imaginativos.





Ahora que de ambas revoluciones nada queda, sino recuerdos borrosos, es posible hacer mejores balances de sus resultados. En México el PRI nació de las necesidades de la nueva clase política y a su vez, dicho partido engendró como opositor al PAN, donde se aglutinó la reacción mexicana y más adelante, por la descomposición priista nació el PRD. En principio una buena idea que se convirtió en una pésima broma política al alcanzar altos niveles de corrupción y regresar al caudillismo al que el PRI trató de ponerle coto, un límite de seis años. Cuando uno ve a los dirigentes más visibles de lo que muchos llaman izquierdas, sólo se hallan ex priistas: López Obrador, Cárdenas, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Arturo Núñez, González Pedrero…, todos llenos de odio hacia los que les impidieron llegar a los cargos ambicionados: los priistas.





No hay en el combate, lleno de inmoralidades y trucos baratos, una gota ideológica. Dejaron atrás al PAN, patético y a veces conmovedor, por ingenuo, sintiéndose siempre el bueno del pésimo filme. Todo indica que el PRD saldrá derrotado por el PRI, es evidente. Pero si el primero consigue liberarse de AMLO podría seguir siendo competitivo para mantener viva la tenaz lucha entre priistas y ex priistas. Los demás esperaremos que aparezca una nueva opción esperanzadora e indique un cambio de rumbo hacia la izquierda. Obrador y los suyos son realmente una contradictoria humorada.





Excelsior - 2012-07-22

julio 20, 2012

El Peje en Europa

Tan colonizadores como López Obrador quiere ver a los españoles de hoy, es exagerado. Son blancos y eso les concede, como a todos los europeos, un espíritu arrogante y ciertos aires de superioridad, aunque España tuvo una larga pesadilla de miseria que la dictadura franquista prolongó. Recuerdo que a mi llegada a París, en 1970, para realizar los estudios de posgrado, buena parte del servicio doméstico y de bajo nivel, era para los españoles. Los más sórdidos estaban destinados a negros y argelinos. Pero el milagro ocurrió y España se transformó en potencia económica que hoy, merced al capitalismo, padece algunos baches. Mantienen un espíritu vanidoso y seguro. Pero no son mentirosos ni quieren quedar bien, como los habitantes del DF, con el Mesías tabasqueño.

A López Obrador le encanta la fama, la notoriedad, ser el centro de atención, en México suele conducir al poder o la cercanía con los poderosos. Por ello todo el pasado sexenio, una vez que dejó de lado la banda de presidente legítimo, comenzó a acercarse a los ricos que antes despreciaba. Engavetó aquella farsa de primero los pobres, para quienes hizo dobles pisos en espera de que estos pudieran comprarse un automóvil, y declaró con profundidad que había empresarios buenos y malos. Los primeros, obvio, lo apoyaban y lo mismo ocurría con los medios, sólo quienes como Reforma y La Jornada (los extremos se tocan) estaban con su causa (¿?), tenían su visto bueno. Y aquí está una de sus habilidades: sabe llamar la atención, su rijosidad tiene siempre buena fortuna. Los expertos dicen que suele dictar la agenda política del país.

No es la primera vez que un diario español critica al Peje. Hace unos cinco años, Maro Vargas Llosa lo describió perfectamente en un artículo que poco trascendió en México, acaso porque el caudillo no había sembrado tanto encono. Ahora que El País lo ve como un lastre para la izquierda, se irrita y acusa a los españoles de “colonizantes”. Pero el asunto es más grave. Si es capaz de engañar a los mexicanos, a los defeños principalmente, no lo consigue con los diarios de España ni con sus más distinguidas figuras. El afamado y bien prestigiado juez Baltasar Garzón, ve a Obrador como un mal político que no sabe perder. “…Ha decidido, de nuevo, sembrar el desconcierto apoyado en esta ocasión, por la redes sociales y movimientos sociales afines al mismo, para cuestionar no sólo la elección, sino el propio sistema en una suerte de decisión revolucionaria sin retorno ni justificación aparente…”

Andrés Manuel duplica la penosa actuación de hace seis años, le ha añadido algunos movimientos para ofrecer una relativa apariencia de legalidad, pero sigue en lo suyo: demoler un sistema sin ofrecer uno nuevo a cambio. No obstante ha llegado a su fin. No habrá ninguna otra posibilidad de obtener la Presidencia de la República.

La lucha que vemos es entre dos fuerzas reales: la priista y la ex priista. La primera utiliza la legalidad, la segunda atiza los odios de grupos de estudiantes despistados que no tienen idea de la historia de la izquierda ni el rumbo al que los llevan. El fuego obradorista va a aumentar de calibre, a los del Yo Soy 132 y Atenco, sindicatos dirigidos por líderes corruptos y eternos en el poder, se les sumarán los rechazados y juntos, en una ciudad perredista, harán movilizaciones a placer, sin que haya poder legal que los detenga, por más que Ebrard esté ya en campaña presidencial. Todavía depende de AMLO para sus fines.

México, gracias al Peje, ahora está en boca de europeos y norteamericanos. Como es normal, hay quienes ven su lucha como un acto heroico y los que piensan que se trata de un enorme charlatán. Si quería fama nacional e internacional, ya la tiene. Se mueve en la vieja y absurda lógica de no importa si hablan mal o bien, lo trascedente es que hablen de uno.

Mientras tanto, el PAN, pleno de rencor por el tercer lugar obtenido en este pasado proceso electoral, no sabe hacía dónde ir. Un día Madero, ya sin la presión de un presidente que espera pronto concluya su desatinado periodo, amenaza al PRI, al otro, habla de que lo seguirá en la legalidad, cuando en realidad no sabe cómo manifestar su odio por Peña Nieto. Si el PAN quiere cerrar con alguna dignidad sus doce años en el poder, deberá hacer una entrega al PRI, lo más aseada posible. Mientras afuera los enemigos personales de Peña Nieto, fuerzas de dudoso prestigio, gritan y dicen que el único presidente legal es López Obrador. La historia es circular y los perredistas caen una y otra vez en el mismo bache por seguir a su líder. Es momento de reflexionar con mediana inteligencia y darse cuenta que aquellos que señalan que los tiempos de AMLO llegaron a su fin, que ahora es un lastre para la verdadera izquierda, tienen razón. Están a tiempo de salvar lo que, paradójicamente, el caudillo tabasqueño les ha dado: casi 16 millones de votos. Ojalá los salven y se conviertan en un partido serio y con ideología propia, no más un organismo de ex priistas.

Opinión 2012-07-20 - La Crónica

julio 18, 2012

¿Sigue existiendo la izquierda en México?

Para ser izquierdista no basta calificarse como tal; son los hechos, la actuación y la ideología que mueve las acciones lo que lo convierte a uno en persona de izquierda. Cuando los ex priistas se dicen de izquierda, quienes tienen una postura clara en tal sentido, no pueden dejar de esbozar una sonrisa irónica o cáustica. Por eso es una perfecta falsedad que Ricardo Monreal, López Obrador, Marcelo Ebrard, Manuel Camacho, Arturo Núñez, Manuel Bartlett, todos prófugos rencorosos del PRI, traten de convencernos de que pertenecen a la izquierda. No al menos a ésa que desciende de las grandes luchas sociales, del difícil enfrentamiento contra el poder del Estado capitalista y sus brazos represivos. Llevamos dos décadas engañados por el ex priismo. Lo más grave es que han atraído a jóvenes incautos, irritados, sí, pero sin ningún bagaje político progresista. No basta la consigna anti-PRI si son manejados por ex priistas que no han cambiado más que de siglas, siguen padeciendo una total miseria ideológica. En su mejor momento, Camacho y Ebrard formaron un fallido partido de centro y explicaron las razones de su creatura. Ahora ambos fingen orgullo de clase cuando hablan de su postura recién adquirida. Atención: es falsa.
El programa de AMLO para llegar al poder es una prueba de ello. En ningún lado dice que eliminará el sistema opresor y que se llama -diría un Krause progresista- capitalismo sin adjetivos. Hay propuestas demagógicas que hablan de realizarle algunos cambios, dulcificar su feo rostro, darle características melosas. El capitalismo es ahora globalizador y el peor enemigo de la humanidad. Jamás ha pretendido ser generoso, todo se va en negocios despiadados, en desmesurada explotación, donde bancos y monopolios llevan la mejor parte. El trabajo no es placentero, sino enajenante. Las contradicciones siguen allí, sin ser molestadas. Obrador propone limosnas, no un ataque frontal al desempleo y las desigualdades.


La clase obrera que Marx y Engels vieron salvadora, en México está corrompida: primero por el PRI que la sometió, ahora por el PRD que ha seguido la misma ruta y hoy cuenta con huestes de sindicalistas gobernados por líderes eternos que trabajan más para la clase patronal que para los intereses laborales.

Si antes el marxismo-leninismo era una alternativa, si en mejores tiempos Ernesto Guevara buscaba el nuevo hombre, el que fuera capaz de ofrendar la vida por el socialismo, hoy todos los imaginarios izquierdistas carecen de ideología, se sienten los buenos merced a las dádivas estatales y a un discurso ramplón y demagógico que simplemente promete una mayor dosis de propuestas que a nada conducen. Antes del derrumbe del socialismo, en México había un Partido Comunista que arriesgaba y buscaba una transformación radical. Para ello luchaba con tenacidad, recibía las cuotas de militantes abnegados para mantener la causa en una postura sana. Ahora el dinero fluye a raudales de los contribuyentes para que los negocios al amparo del poder se activen y produzcan dinero que recoge la clase gobernante que dice ser de izquierda.

La expresión que hace poco escribió El País no es nueva, en México se la he escuchado a ex comunistas y socialistas nostálgicos: Obrador es un lastre para la izquierda. ¡Y vaya que lo es! Ha desviado la atención de los propósitos reales de modelos sanos. Todavía en tiempos de Cuauhtémoc Cárdenas era posible pensar en una transformación profunda. Hoy el PRD, en términos generales, imagina que el partido es un negocio y la política un instrumento para acumular dinero. Dicho partido, ya sin López Obrador (a punto de arrancar otra costosa aventura con tal de poner en supuesto jaque a Peña Nieto, como antes creyó poner a Calderón, sin ningún resultado salvo el desprestigio nacional e internacional), quizá podría recuperar la ideología izquierdista y reorganizarse a fondo bajo premisas realmente avanzadas. Dejar de lado a los ex priistas, que vayan a otro lado con sus venganzas y apelar al pueblo y no a un montón de muchachos rijosos y desorientados, a buscar en los clásicos del pensamiento político progresista, en las grandes utopías, las fórmulas que, actualizadas, acordes a los tiempos que transcurren, puedan darle al país lo que tanto requiere: una fuerza de izquierda capaz de enfrentar a las fuerzas de mayor peso. El PRD, en los términos actuales, pocas diferencias tiene con sus rivales, salvo en la hora de ir a misa, como ha ocurrido en países latinoamericanos. En la turbiedad, coinciden.

En universidades –públicas, desde luego– hay académicos que discuten la necesidad de volver a crear un partido comunista o socialista que abiertamente esté por una transformación de fondo. Asimismo, hay pequeños sindicatos, intelectuales honestos, maestros distantes de sus abrumadores líderes y muchas más organizaciones. Es cuestión de trabajar con ellas, no con René Bejarano y Dolores Padierna, no con ex priistas que van por la venganza y el sueño que les negó el PRI. Hay que entender que si se desea un cambio real, más generoso, no será con el actual PRD y menos con AMLO que lo llevarán a cabo. Entendámonos de una vez: lo que quieren es el poder y mejorar sus chequeras personales. No hay ideología, sólo intereses baratos.

El PRD por ahora no es la izquierda, es tan negativo y reaccionario como lo son el PRI y el PAN.

Opinión 2012-07-18 - La Crónica

julio 16, 2012

El odio al PRI

De las trampas que el PRD, monstruosa criatura hecha por ex priistas, le puso a Enrique Peña Nieto, la que mejor funcionó fue en la Universidad Iberoamericana. Allí afloró algo que muchos desconocían: el odio de los jóvenes por el PRI y, en consecuencia, por su candidato presidencial, al que las redes sociales han convertido en golpeador de mujeres, asesino y ladrón, sin aportar datos consistentes. Basados en el infundio nacido de una acumulación de aversiones. Yo, por ejemplo, padecí el peor PRI, el que en 1968 reprimió con brutalidad a los estudiantes. Sobreviví a la noche del 2 de octubre en Tlatelolco por la solidaridad de los vecinos que me protegieron cuando huía de los disparos de policías y soldados. La censura se cebó dos o tres veces en mi trabajo periodístico iniciado en 1963 y como militante del Partido Comunista padecimos una constante vigilancia que obligaba al clandestinaje y a la histeria de sentirse perseguido. El presidente en turno era intocable; ahora, dice con tino Ignacio Trejo Fuentes, cualquier pelagatos puede mentarle la madre sin que algo suceda.

En suma, mi vida entera luché contra el PRI. Hay hemerotecas para comprobarlo y hasta bibliotecas para hallar libros míos como Los juegos, 1967, y El gran solitario de palacio, 1971. Cuando se desintegró el Partido Comunista opté por no sumarme a las siguientes organizaciones que le siguieron, ninguna era marxista. Cuauhtémoc Cárdenas me invitó a formar parte del grupo que crearía el PRD. Decliné, allí veía una mezcla peligrosa para el pensamiento izquierdista. Por donde me asomaba veía los rostros rencorosos de ex priistas que habían fracasado en sus carreas políticas dentro del partido donde se formaron plenamente.

Hice campaña y voté por Cárdenas. Pero luego de su triunfo en el DF vi que el PRD era en efecto una riesgosa mescolanza de politiquillos ladrones salidos de cloacas de apariencia social y de ex priistas que iban por la revancha. Mi rechazo por el PRD lo consolidaron Rosario Robles y el entonces delegado de Tlalpan, Salvador Martínez, alias El Pino, quienes, ante sus arbitrariedades y despotismo me convencieron de que el partido de Cárdenas estaba pasando a las peores manos. Ahora recuerdo a Rosario Robles criticando con acritud al PRD cuando a un grupo de vecinos tlalpenses que protestábamos contra los ambulantes y la corrupción cínica, nos gritó afirmando que no toleraría “campañitas contra su partido”. Sonrío ahora que elogia a Peña Nieto en vista de que ya tiene un cargo asegurado en su gobierno, mientras que hace “campañitas contra su partido” en los medios de comunicación.

A un grupo de alumnos que me decían son 70 años de dictadura y de atrocidades, respondo: de acuerdo, yo los padecí, ustedes no. Pero también construyeron todas las instituciones sobre las que se han montado panistas y perredistas y para colmo sus vicios y defectos son los mismos, quizá menos en el PAN. ¿Dónde dejarían el memorable gobierno de Lázaro de Cárdenas, el de López Mateos que construyó una política exterior seria y progresista y elaboró el libro de texto gratuito, o el de Miguel Alemán, que hizo la Ciudad Universitaria? Defectos y virtudes, ¿cómo pesarlos y balancearlos? En materia educativa, cultural y médica, el PRI, con sus respectivos cambios de nombre, supo edificar. Falta, claro, así es México, el lado oscuro de sus gobiernos, las inmensas corruptelas hechas al amparo del poder, el autoritarismo que algunos como Miguel de la Madrid apenas utilizaron y que Díaz Ordaz y Echeverría y López Portillo elevaron casi a rango constitucional.
Cuando aparece Peña Nieto, no se nota su juventud y sus posibles buenas intenciones, se ve únicamente al PRI que representa y un historial mal analizado que hoy nada más conserva sus atrocidades como el asesinato de la familia Jaramillo, o el encarcelamiento del genio Siqueiros o de un escritor formidable José Revueltas. Peña Nieto no supo o no quiso aclarar que había no sólo un nuevo PRI, sino que la sociedad ha cambiado enormidades y no permitirá más sus excesos. Cuando lo dijo, era tarde. Le queda entender la historia, quitarse de encima compromisos estériles, reflexionar en los campos ideológicos existentes y cambiar las siglas malditas, PRI, las que son una ofensa real. Calificar a alguien de priista es sinónimo de trapacería y corrupción. No importa que los primos hermanos, los perredistas y todos los dirigentes egresados de esa fábrica de perversiones sean peores.

Es comprensible que el país esté revuelto: el PAN hizo mal la transición, el PRD es un partido de agitadores callejeros sin más proyecto que apoderarse de Los Pinos y allí ver qué sigue. En lo personal dudo que Peña Nieto, tan rodeado de dinosaurios, sea capaz de hacer lo que otros mandatarios han realizado: refundar el PRI, quitarle ese nombre, dotarlo de ideas y proyectos y, sobre todo, arrepentirse del pasado perverso y explicar sus creaciones perdurables. No lo hará. El monstruo supone que con estas elecciones es suficiente y que bajo presión severa hará un buen gobierno. Para desarmar a sus muchos enemigos, algunos violentos como López Obrador y su brazo “guerrero”, el #Yosoy132, los priistas requieren someterse a cirugía mayor y eso es una tarea imposible para ellos.

Opinión 2012-07-16 - La Crónica

julio 15, 2012

El último caudillo

El proceso fue turbio, pero para mancharlo AMLO contribuyó en exceso.

Los caudillos por lo general tienen un trágico final. Para empezar tienden a la acumulación y permanencia en el poder y eso les produce una inmensa carga de soledad: donde gobiernan no tienen pares, no existen contrapesos. Su fuerza es única. No tienen con quién hablar, cuentan, eso sí, con personas que los escuchan y obedecen. Hasta allí. Por eso invariablemente he imaginado a Dios solitario: no hay nadie superior a él. Los tiranos en cambio, al morir provocan gozo y hertedan pésimos recuerdos. En México, Porfirio Díaz; en Alemania, Hitler; en Rusia, Stalin; Franco en España; Pinochet en Chile. Pero hablamos de caudillos que tuvieron un poder absoluto. Suelen ser autoritarios y ambiciosos desde el principio. México consiguió una hazaña política: luego de la Revolución legalizó el caudillismo, para que los líderes no lucharan más entre sí. La nueva clase política inventó el presidencialismo, consecuente con nuestra tradición antidemocrática. Hubo un ligero avance: eran caudillos sexenales. Seis años de poder total y luego al retiro, a disfrutar sus riquezas o ahora, en tiempos de globalización, a servir a una trasnacional. No había más poder que el suyo ni el Legislativo ni el Judicial podían enfrentar al Ejecutivo. Unos supieron utilizar su enorme fuerza con relativo decoro, otros, como Díaz Ordaz, no.
Lo menciono porque egresados del PRI crearon un proyecto de caudillo: un modesto político autoritario que ha intentado dos veces llegar a la Presidencia. Es repetitivo contar la historia de su extraño ascenso, baste decir que ambos esfuerzos fallaron. Pero es persistente y hoy exige la anulación, no de todo el proceso electoral, sólo de la parte presidencial; lo demás fue limpio porque el PRD tuvo excelentes resultados. Conocemos la lógica. El IFE está obligado, según la interpretación legal hecha por AMLO, a desconocer la elección presidencial e ir a un nuevo proceso sin Enrique Peña Nieto.

Para ello argumenta severamente contra el IFE, los medios de comunicación, las encuestas, la inequidad y los que votaron en su contra: unos 34 millones de “masoquistas” que optaron por otras posibilidades. Verdades a medias ni siquiera bien comprobadas. Dudo que las autoridades encuentren en los alegatos perredistas razones de peso para cancelar algo que tanto esfuerzo y dinero costó. ¿Qué sucederá cuando le digan no al caudillo? ¿Otro plantón en todo el DF, donde muchísimos votaron por él? ¿Autoproclamarse de nuevo presidente legítimo? O algo más drástico: ¿convocar al pueblo mexicano a levantarse en armas? ¿Cuántos lo seguirán en caso de esta posibilidad, de dónde sacarán los recursos para ir a la nueva cruzada?AMLO no tiene remedio. No es un peligro para México; simplemente es alguien que imagina tener la verdad absoluta, ser mucho más que un caudillo: se ve a sí mismo como un mesías político. Nadie como él ha conjugado el verbo complotar. Cada acción de los otros partidos, de los ricos que no están con él o de los medios que no están de acuerdo con sus reglas, es una conspiración mafiosa para negarle el ingreso a Los Pinos. Si así actúa sin el poder total en sus manos, cómo será convertido en presidente.

Si Obrador tuviera más grandeza que ambiciones políticas, antes de perder otros seis años buscando el poder, podría convertirse en un dirigente que impulse un movimiento social. Desde ahora, 2018 pinta adverso para sus deseos: Ebrard ya arranca un futurismo extremo. De hacerlo, sin ex priistas a su lado, con auténticos ciudadanos podría ser un factor real de poder positivo, contribuir al surgimiento de la izquierda de carne y hueso. El proceso fue turbio, pero para mancharlo AMLO contribuyó en exceso. Volvió a perder ahora por más de tres millones y medio de votos. Si todo estaba viciado desde el inicio y las instituciones son corruptas, ¿para qué entonces participó en el proceso electoral?

Excelsior - 2012-07-15

julio 13, 2012

¿Sirven para algo las instituciones?

En estos momentos la realidad surge y nos permite mirar que las instituciones son enormes edificios con personajes que cobran muy bien y que no sirven para mayor cosa. Todas tienen intereses peculiares, pero lo primordial es mantenerse vivas pese a su inutilidad. No se trata de mandarlas al demonio como cada tanto hacen López Obrador y su séquito sino de valorar sus tareas, aquéllas que tendrían que darles sentido. México hoy es un país casi anárquico, donde cada quién hace lo que le viene en gana y la ciudadanía paga los costos. Independientemente de lo que haya sucedido en la cadena de tiendas de autoservicio Soriana, ¿es válido que una turba vaya a agredirla? ¿Y las autoridades capitalinas? Se trata de una venganza indudablemente y como tal están actuando medios y partidarios del PRD. Es un evidente linchamiento, a lo que antes AMLO y ahora Ebrard dirían que son actos de justicia, usos y costumbres, como han precisado cuando fueron asesinados por multitudes azuzadas policías o supuestos ladrones.

¿Somos una ciudad de leyes? Claro que no. Si López Obrador vuelve a cerrar calles y a erigirse en presidente legítimo por segunda vez, no habrá policía que le impida secuestrar la ciudad, arrebatárnosla. Lo vemos en cada marcha, en cada plantón, en cada acto de vandalismo político realizado por el PRD y seguidores, muchos en el DF.

El periodista Renato Consuegra precisa al respecto: “Por tanto, los atentados, porque no son otra cosa, por parte de los seguidores de López Obrador en contra de las tiendas Soriana —incluida la oficiosa revisión y cierre de dos de ellas realizada por los colaboradores de Clara Brugada en Iztapalapa—, carecen de toda razón e, incluso, fundamento jurídico para señalar a la empresa de algo que sólo ellos miran.”

Pero hablemos del sector que obstinadamente sigue a López Obrador. En su doble juego, un día, porque así les conviene, aceptan y firman las propuestas institucionales, pero si los resultados no son los que esperan, la reacción se hace violenta y rechazan a las costosas instituciones. Para que el IFE no fuera hoy blanco de las iras de los grupos más dogmáticos, hubiera tenido que ser más preciso en sus advertencias y sanciones, en su trato con los partidos y en el manejo de las inmensas cantidades de dinero que les concede por agredir y dividir a los mexicanos Así, en estos momentos, no padeceríamos los embates del grupo fanatizado de AMLO. Como parte de una realidad poco vista tenemos los siguientes datos. De la lista nominal de 77,738,494 electores, no votaron por AMLO 61,841,495. Sea porque votaron por otros candidatos (Peña Nieto: 19,226,784; Vázquez Mota: 12,786,647; Quadri: 1,150,662), sea debido a que fueron anulados o no acudieron a las urnas (28,677,402). Esto permite imaginar un movimiento #Yosoy61 millones que le es adverso.

Significa que la inmensa mayoría de los mexicanos no está de acuerdo con López Obrador ni con los partidos que lo postularon. El problema radica en que las citadas instituciones, el aparato legal, político y económico, está sujeto de brazos por una camarilla de ex priistas resentidos eternamente, que hoy ven cómo pasa su oportunidad de triunfar para realizar una purga casi al estilo de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

Hasta este momento, una vez que AMLO rechazó el costoso proceso electoral, estamos viviendo atemorizados por la decisión que vaya a tomar. Resulta que es el hombre más poderoso de México, está sobre las instituciones y los esfuerzos de quienes tratan de conservarlas. Sólo acepta, obvio, su triunfo, el que una mafia le niega. ¿Qué sigue: una revolución? Seamos realistas. A lo sumo una serie de revueltas como las que lleva el brazo “armado” de Obrador, el movimiento Yo Soy 132, que lo mismo agrede a un actor televisivo, que a una cadena de tiendas que hace lo suyo: vender diversos productos o se trepa a la inútil Estela de Luz para protestar y decirnos que la lucha es por nuestro bien. Este berenjenal en el que estamos metidos principalmente los capitalinos, tiene nombres y apellidos. Y aquí es donde vemos que las instituciones y las leyes dejan de tener utilidad pese a lo costosas que resultan. Soriana es linchada, las calles son tomadas, el presidente del IFE es apedreado en su automóvil. ¿Y la policía y las leyes? Todo goza de buena salud. Nos lo dicen a diario en esta ciudad, la más segura del mundo, donde todos se someten y obedecen, menos AMLO y los suyos.

Como si lo anterior, brevemente descrito, no fuera suficiente, cada vez que un periodista da una opinión desfavorable al caudillo, aparecen los ataques, los insultos, las amenazas. Ya tenemos casos de periodistas escupidos y vejados. Es el castigo de una muchedumbre fanatizada, que recurre a la violencia como en Fuenteovejuna o en La muerte tiene permiso. Pero si en ambos ejemplos literarios había una razón poderosa para el linchamiento y sobre todo carencia de instituciones, ahora, a pesar de ellas, debemos caminar temerosos de no irritar más al candidato presidencial derrotado por segunda vez. ¿Vivimos la cultura del fraude o solamente le toca a él por querer salvarnos de las corruptas instituciones comenzando por el IFE?

Opinión - La Crónica

julio 11, 2012

El PRD en riesgo de un fracaso mayor

En estos días las acusaciones de López Obrador y los suyos, sus seguidores más fanatizados, aumentan de tono y se convierten en falsedades obvias. Una tras otra han caído. El IFE simplemente les ha dicho que presenten pruebas serias sobre las irregularidades y no dejen todo en el mero chismorreo o en la conjetura. Ahora hablan de que el PRI compró más de cinco millones de votos, algo increíble en un proceso tan rigurosamente vigilado como el que acaba de transcurrir. Son pretextos para no aceptar la derrota. Ahora la cúpula perredista, no conforme con azuzar a los jóvenes contra todos los blancos que encuentren a su paso (pobre Derbez, él sólo quería casarse en santa paz), ahora anticiparon que el jueves “exigirán” que las elecciones sean anuladas. Algo irrazonable que los triunfadores perredistas no ven con buenos ojos. Ya Graco Ramírez, convertido en gobernador electo de Morelos, ha dicho que se deslinda de AMLO, que nada le debe al tabasqueño. Mientras que Arturo Núñez, hombre sensato, indica lo evidente: No es posible anular los comicios. Imagino que algo semejante pensarán Miguel Ángel Mancera y Marcelo Ebrard.




López Obrador ha decidido hundirse, pero desea hacerlo con todo y partido. El PRD está en uno de sus mejores momentos, es una segunda fuerza política con más de 15 millones de sufragios. ¿Por qué perder tan valioso capital? ¿Sólo por los pataleos de un pequeño grupo? El líder tabasqueño no tiene ninguna posibilidad legal y seria de probar que hubo fraude, el PAN advirtió que está del lado de las instituciones, así como lo hizo el mandatario Felipe Calderón. Muchos perredistas que no vienen del PRI han comenzado a hablar de refundar al partido y convertirlo en un organismo dueño de una ideología realmente de izquierda. En otras palabras, quitárselo a los ex priistas que hasta hoy lo han manejado como desahogo de su rencor acumulado. López Obrador corre el riesgo de quedarse solo. Diversos correligionarios comienzan a dar muestras de fastidio: cada seis años la elección fue fraudulenta y las instituciones complotaron contra él. Mientras tanto, el PRI prepara formalmente el regreso a Los Pinos y Peña Nieto comienza a actuar como Presidente de México, sin que haya otras voces de inconformidad.



Como si la situación no fuera complicada para López Obrador, sus aliados del PT y Movimiento Ciudadano nadan desesperadamente en aguas convulsas: apenas alcanzaron el número de votos suficientes para formar sus propios grupos parlamentarios, de tal modo que el PRD de AMLO se verá obligado a concederles legisladores. Lo han hecho antes, pero en otras circunstancias más favorables. Hoy el PRD ve con desconfianza a sus aliados, cuyo único mérito fue gastar todos sus recursos en la campaña de López Obrador.



Si hacemos una reflexión seria, no hay muchas posibilidades de que el IFE dé una puñalada en la espalda y de pronto diga: Sí, señor López Obrador, tuvimos un cochinero parecido a los que hacen dentro de su partido cada vez que tienen elecciones internas, en consecuencia, declararemos el proceso electoral anulado. Nada más porque usted lo dice, aunque no aporte pruebas contundentes. ¿Realmente eso sucederá o son los últimos esfuerzos de tipo legal que intenta AMLO antes de seguir la ruta de hace seis años y una vez más volver a ser el dirigente pueblerino que cada tanto amenazaba con incendiar los pozos petroleros de Tabasco si no le concedían sus caprichos? ¿Los intelectuales que lo rodean, brillantes por cierto, no serán capaces de acercarse al caudillo malhumorado y decirle que ésa no es la ruta, que lo mejor sería detenerse, aprovechar el número estupendo de votos en su favor y con ellos refundar el partido y ahora sí hacerlo una fuerza política de auténtica izquierda?




Lo dudo, a los tiranos nadie les dice que no, para sus súbditos todo está bien. Perfecto, que sigan al líder al precipicio. No tendrán tiempo para arrepentirse de la pésima maniobra política. Lo que están haciendo, encabezados por Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Monreal, Manuel Camacho y los dirigentes del PT y de Movimiento Ciudadano, es destruir un partido que fue una enorme posibilidad para democratizar al país. El problema es que tiene los mismos vicios y defectos que el PRI, y pocas de sus virtudes. Habrá que sumarle a todos esos prófugos que no salieron por sus luchas democráticas, sino porque no les dieron los cargos que deseaban. El PRD está sin duda ante una gran encrucijada: irse al abismo con AMLO como guía o deshacerse de todos esos hombres y mujeres llenos de rabia y rencor y crear un gran partido de izquierda real. No de mentiras, como el que hemos visto hasta hoy.



Graco Ramírez dijo que si hace seis años AMLO no opta por convertirse en “presidente legítimo”, hoy estarían festejando su triunfo presidencial. Es verdad, pero está visto que Obrador no es el gran dirigente que el país necesita, al contrario, cada tanto mete al país en situaciones en verdad incómodas, por sus desmedidas ambiciones y su escaso talento político y excesivo autoritarismo.



Opinión 2012-07-11 - La Crónica

julio 09, 2012

PAN: del poder a la derrota

Cuando Vicente Fox obtuvo la Presidencia de la República, no fue la hazaña del PAN, lo fue de un caudillo campirano, comerciante dicharachero, osado, ignorante y sobre todo decidido. Del partido necesitó el registro y la maquinaria, que no es poca cosa, pero fue un grupo, hasta hoy poco analizado, el que lo impulsó a Los Pinos: “Los amigos de Fox”, formado por empresarios de alta capacidad que a su vez llevaron a cabo una tarea multiplicadora. Del otro lado estaba un PRI encanecido, corrupto y anquilosado. Incapaz de renovación alguna. Al concluir su periodo, la personalidad y capacidad de Fox estaban plenamente valoradas: como estadista, era un charlatán. Pero gracias a su coraje, el país conoció la alternancia y una mayor libertad de expresión.

El caso de Felipe Calderón es distinto, mesurado político profesional. Fue a contracorriente, no era el candidato de Fox, lo era Santiago Creel, pero tenía habilidades para moverse dentro de Acción Nacional. Su más duro rival, López Obrador, venía de hacer campaña presidencial desde el Gobierno del DF, su partido, el PRD, había descubierto el valor de los caudillos entre tanta mediocridad y tanto personaje corrupto salido de las aparentes luchas sociales. Fue una pelea complicada, pero al final se impuso Calderón por un margen escaso. Allí, con un político conservador de decoro y habilidad, logró hacer del PAN un organismo compacto y obstinado (siempre lo ha sido), pero no supo formar políticos donde prevalecen los empresarios incapaces de entender las funciones sociales del Estado. La mejor prueba fue su gabinete, el que pasó por sucesivos cambios sin lograr resultados positivos. No fue tan audaz como muchos esperaban y, como Fox, siguió montado en el viejo jamelgo creación del PRI, un sistema ruinoso que Calderón intentó mover el gobierno como lo hacía el PRI, imposible. Tampoco pudo imponer a su delfín como la hacen los priistas y sus primos los perredistas. Al final y a regañadientes Josefina Vázquez Mota, perfectamente diseñada para labores dentro de organismos sociales de autoestima y protección a los desamparados, resultó la candidata. Siempre llena de optimismo y de discursos farragosos fue hacia la derrota apabullante. Con ella, Calderón y Gustavo Madero, el orgulloso PAN se hizo del tercer lugar, donde en realidad sólo había tres partidos y tres candidatos. López Obrador, con sus usuales falsedades, con su gastado mensaje, en momentos disfrazado de un rudimentario populismo “amoroso”, pronto la alcanzó y superó.

Ahora, con un PAN humillado, ha comenzado la pugna por los restos del desastre. Calderón trata de mantener la calma y la cordura, mientras Madero y Josefina dejan que fluya su resentimiento. Madero, uno de los más patéticos políticos que la reacción ha ofrecido al país, sigue su discurso contra Peña Nieto, poniéndose al nivel del tramposo López Obrador, cuyas artimañas están en todos los medios y sólo no las ven sus fanáticos. Tan pillos fueron unos como otros, sin excepciones. Miranda de Wallace ha optado por el silencio: está consciente de su pésimo papel y del mal paso que dio: jamás se repondrá ni como política y menos como luchadora social.

Josefina se dio un curso veloz de autoestima y encaró al país, perdí, pero seguiré en la lucha. Tendría que darse cuenta que en buena medida ella misma fue responsable del fracaso panista. Nunca supo hacer una campaña seria, trascendente. Como los perredistas, vio a Peña Nieto como un pobre hombre que sin sus “patrones” no llegaría a ningún lado, salvo a la derrota. Nunca lo bajaron del primer lugar.


El PRD necesita en principio deshacerse de López Obrador o se verá en la necesidad de hacer un ridículo mayor en 2018, a donde ya se ven Mancera y Ebrard. Urge la refundación y ser una izquierda responsable y dueña de una ideología visible, no más ocurrencias de AMLO. Eliminar la intensa corrupción que padece. El caso del PAN es crear políticos de talento y habilidad, pero con diferente proyecto. No pensar más como empresarios de poca monta y estudiar la política como ciencia. Asimismo, necesitan eliminar figuras lamentables como Madero, el campeón de las derrotas panistas.

Si Acción Nacional quiere regresar a la casona presidencial dentro de seis años, requiere cambios inmediatos. ¿Tiene sentido que el Presidente salga ante las cámaras acompañando a los derrotados para decirnos que aceptan el triunfo del PRI, pero que estarán vigilantes? Pues mejor que soliciten su ingreso al CISEN. Se necesita una reunión interna para hacerle al añoso PAN una serie de reformas que se base en cuadros profesionales de su ideario, desde luego, renovar tal ideario, recuperar a los que se han ido y tenían talento, como Espino. Pero sobre todo, dejar de lado el discurso cursi y ramplón que los más importantes panistas mantienen. Es el momento de pensar más como políticos modernos y no como cruzados de la autoestima que no dejan de cumplir con ir a misa. De lo contrario, la siguiente lucha presidencial será de nuevo entre el PRI y el PRD, si es que ambos aprenden las lecciones de esta campaña dura y brutal que no concluye, merced a la tediosa conducta de López Obrador, un caudillo que exige jubilación.
Opinión 2012-07-09 - La Crónica

julio 08, 2012

Reconstruir la izquierda sin AMLO

Lo que hoy conocemos como las izquierdas no son más que mafias que buscan el poder sin ningún proyecto.

Sinceramente las llamadas izquierdas sólo pueden ser aceptadas como tales debido a la falta de rigor analítico y porque el PRI lleva años en el centro, según más de un presidente, lo que deja al PAN en la derecha. Es difícil creer que un puñado de tránsfugas del primero pueden convertirse en la izquierda del país, cuando ninguno lo fue. Se educaron en el autoritarismo, la cultura del fraude y la ausencia de valores democráticos. La izquierda histórica, la que venía desde principios del siglo XX se perdió en un mar de ex priismo. La lista es larga e incluye a los fundadores del PRD.

La derrota de AMLO no es la de la izquierda. Al contrario, es la oportunidad de abandonar el populismo estilo Echeverría, la demagogia que pasa por las dádivas, retomar principios ideológicos de las corrientes más avanzadas y aplicarlas al caso mexicano. En otras palabras salir del atraso y la miseria política para que aprovechando el cúmulo de votos atraídos por los ex priistas, sea creada una nueva alternativa política que llene el hueco que dejó el poderoso pensamiento de Marx en todas sus variantes.

Ir al conflicto poselectoral es un suicidio colectivo. Las mentes más lúcidas del PRD deben dejar de lado el fatídico caudillismo, darle a López Obrador el sitio que merece en la historia de ese organismo y cerrar una página lamentable de la historia de la izquierda mexicana. Dicho en otros términos: hay que refundar al PRD. Es el momento adecuado. Políticos como Manuel Bartlett, Ricardo Monreal, Manuel Camacho y el propio López Obrador son piezas de museo; personajes formados en el peor priismo, no pueden ser ejemplos de nada positivo. Cumplieron unos y otros han logrado sobrevivir por sus mañas y trucos. Nadie pasa de lobo a Caperucita Roja. No basta el toque mágico del líder tabasqueño, cuyas características son las de un tirano trasnochado, para colmo altanero, mentiroso y poco eficaz por más votos que haya podido arrastrar. No es un estadista, menos un hombre de izquierda moderna e inteligente es a lo sumo un hombre carismático que supo aprovechar bien su autoritarismo y terquedad, al suponerse el elegido.

El PRD pasa por su mejor momento con más de 15 millones de votos, aunque, como en el caso del PRI, no todos vengan de la mejor manera. Es un capital político aprovechable. Lo mejor es reconocer el triunfo de Peña Nieto y al mismo tiempo convocar a la nación a formar un gran partido de masas, bajo rigurosos y audaces proyectos ideológicos que impulsen el progreso nacional. La izquierda violenta, corrupta, majadera jugó un papel importante, hay que desecharla y avanzar. ¿Qué clase de país quiere esa nueva izquierda? ¿Hacia dónde debe caminar en un mundo que se globaliza bajo las premisas de un capitalismo desaforado y de organismos internacionales que ven en las privaciones de los pueblos la solución para mantener la hegemonía de un sistema?

El discurso de AMLO y sus seguidores ha dejado de ser útil. Sus acciones también. Ponen en riesgo al país, lo desestabilizan. Por lo pronto consiguieron una hazaña. Pero con tales reglas y esos conductores siempre serán derrotados, aunque sea por un puñado de votos. Deben abandonar el campo de batalla callejera, de escasa imaginación y muchas trampas, y proponer alternativas coherentes a la realidad que nos rodea. Las teorías del fraude, de la eterna conspiración, el inspirar piedad, el ser los buenos del pésimo filme, no son razones para darles el poder.

Lo que hoy conocemos como las izquierdas no son más que mafias que buscan el poder sin ningún proyecto que no sea el beneficio propio. El país necesita un partido realmente de izquierda, con una ideología que se diferencie de la actual para crear los contrapesos a la irrefrenable globalización. Es ahora o nunca. La presencia de caudillos no resulta novedosa, un proyecto moderno de izquierda sí lo es.

Excelsior - 2012-07-08

julio 06, 2012

La historia se repite, qué flojera

Cuauhtémoc Cárdenas fue víctima de un fraude electoral. Entonces había forma de llevarlos a cabo, pues los instrumentos electorales estaban en manos del gobierno, concretamente en las de Gobernación. Pudo incendiar el país, prefirió acatar las reglas con las que había participado. Luego fue dos veces más candidato presidencial y el milagro no ocurrió. Perdió de nuevo: primero con Ernesto Zedillo y más adelante con Vicente Fox. En ese tiempo los perredistas habían procreado otro caudillo, ahora mal preparado, rudimentario, pero tenaz y agresivo, diseñado según los cánones de los líderes que le gustan a muchos mexicanos. Un tirano de discurso simplista y de apariencia generosa: una curiosa versión de Robin Hood o de Chucho el Roto. Pasó a ser el caudillo y, obviamente, a ejercer el cargo.

La primera vez que se postuló a candidato presidencial, tuvo gran aceptación, como la recibió tres veces Cárdenas. AMLO fue favorecido con alrededor de 15 millones de sufragios, los mismos que ahora los mexicanos le dieron. Perdió ante el empuje de Felipe Calderón y actualmente ante un confiado e ingenuo Enrique Peña Nieto, que obtuvo, en números cerrados, unos 3 millones más que su rival.
Ante la primera derrota, López Obrador perdió los estribos y azuzó a sus seguidores, mandó al demonio a las instituciones y se hizo coronar, en una ceremonia memorable por ridícula, “presidente legítimo”. Su reino no fue más allá del Paseo de la Reforma y su gabinete jamás pudo tomar una decisión. Pero AMLO no se arredró, hay que verlo como un hombre obsesionado por el poder, y con mucho dinero de fuentes enigmáticas, recorrió el país un par de veces. Cuando arrancó su segunda campaña iba debajo de Vázquez Mota y desde luego de Peña Nieto. Pero sus asesores son más astutos y experimentados, todos formados en el PRI, que los de Peña Nieto y le pusieron minas por todo su andar. En algún momento una le estalló en la Iberoamericana. No obstante, pudo superar el incidente y mantenerse de puntero en las encuestas. El resto es tan reciente que no vale la pena repetirlo.

Una vez que AMLO perdió y la derrota fue confirmada por los conductos legales y autorizados y validado por el presidente de la República, cobró fuerza lo que Andrés Manuel venía anticipando: el conflicto poselectoral. Con habilidad no exenta de rencor, ha venido montando el escenario, por ahora sólo secundado por el grupo #yosoy132. Está en la parte legal, a la que tiene derecho. Pero no parece hallar la forma de superar el escollo y quitarse de encima el peso del fracaso por más que él y sus seguidores digan que el priista compró votos. ¿Dónde?, pregunta Marcelino Perelló en Excélsior. ¿En una votería? ¿Es posible comprar con tarjetas de Soriana 3 millones de votos? En la lógica del Peje, sí. También en la de sus fanáticos, desde luego. Escuché a una señora jurar que el propio Peña había introducido en la urna presidencial dos votos en lugar de uno. Bueno, qué decir ante tales argumentos. Pero asimismo los perredistas han comprado votos.

¿Qué sigue, preguntan muchas personas? Una suerte de duplicación de lo que ocurrió hace seis años. Habrá marchas, plantones, insultos navegando por las redes sociales, indignación de algunos medios o periodistas de Televisa que lo apoyan y ya. ¿Alguien quiere una lucha armada? Imagino que sí, pero dudo que hayan pensado en las dificultades y las consecuencias. López Obrador tendrá que digerir su rabia y pensar en el 2018, pero cuidado, allí ya están los pensamientos de Ebrard y de Mancera. Tampoco los gobernadores perredistas que acaban de llegar verán con buenos ojos el conflicto poselectoral. Gabino Cué ya reconoció a Peña. Al PRD no le conviene el pleito, ha llegado muy lejos gracias a dos caudillos: Cárdenas y Obrador, ¿para qué arriesgar lo ganado y volver al tercer lugar?

Quedan los jóvenes iracundos, sin más proyecto que su aversión por Peña Nieto tendrán que volver a las aulas y cada tanto seguirlo e insultarlo como los perredistas hicieron con Calderón. Lo demás no pasará a la historia. Los universitarios concluirán sus estudios y comenzarán a buscar trabajo en un país confuso, inestable y de escaso desarrollo económico, con altos niveles de pobreza, desempleo y marginación. Un sitio poco habitable merced a los partidos políticos. ¿No se les ocurrirá pensar que el problema no es Peña Nieto ni la solución es López Obrador, y que la solución pasa por un intenso cambio de estructura económica, política y social? Al escuchar a los integrantes de tal movimiento, es posible notar que sólo los mueve un fraude imaginario en contra de alguien que es tan conservador como Vázquez Mota o Peña Nieto, dicho esto por verdaderos izquierdistas.

Luis Carlos Ugalde declaró que López Obrador es el mismo de hace seis años. Tiene razón, salvo que la situación nacional no es la misma, añado yo. Tampoco el PRI ha cambiado mucho. Habrá que concederle, como hizo Vargas Llosa, el beneficio de la duda. Peña es un priista novedoso, rodeado por un cerrado séquito de los mismos de siempre. La única diferencia es que ahora llegaron por elección popular.

Opinión 2012-07-06 - La Crónica

julio 04, 2012

El obligado conflicto post-electoral

Aquellos que pensaban que López Obrador y los suyos acatarían los resultados electorales en caso de no serles favorables, estaban equivocados. La elección presidencial, en su lógica, fue un fraude colosal y hábil, donde participaron el sistema político, la gente del dinero, el IFE, la UNAM, los medios de comunicación y millones de mexicanos ingenuos o “masoquistas”. En cambio, el proceso capitalino fue impecable. Eso es impresionante, es no ver la realidad. Si los obradoristas ganan, es una elección limpia; si pierden, es algo turbio, resultado en un complot perverso para impedir que llegue un tabasqueño iluminado a salvarnos. Pero así es México, un país que sospecha de todo y de todos. Desconfiado, inseguro y, en tal sentido, López Obrador es un espejo para millones de mexicanos.

Veamos el DF, donde el PRD y sus aliados obtuvieron una clara y contundente victoria. Miguel Ángela Mancera, según datos del IFE, obtuvo 3 millones de sufragios. AMLO alcanzó menos, votaron por él 2.5 millones. Peña Nieto consiguió un millón 240 mil votos y Beatriz Paredes menos, sólo 940 personas le dieron su apoyo. Esto nos lleva a una conclusión, en el DF el PRI no existe. A la cúpula se le olvidó la ciudad capital, pese a ser el eje del país, donde están las mejores escuelas, el centro del poder, las instituciones que lo conducen, aquí se hace política, pues están los tres poderes y los medios de comunicación fundamentales. Y al PRI se le perdió la ciudad capital, en manos del PRD desde que Cárdenas le propinó una enorme derrota.

Poner a Beatriz Paredes como candidata al Gobierno del DF fue un acto ingenuo o torpe. No hizo campaña, apenas pronunció alguna frase certera, no se le vio más que ocasionalmente en una ciudad cuyas calles estaban saturadas de propaganda perredista y petista, en cada poste colgaban pendones con el rostro de Mancera y de los candidatos a senadores, diputados, legisladores y delegados de dichas fuerzas. En los debates hizo un papel lamentable, sobre todo tomando en cuenta su larga carrera política. Si esperaban el efecto Peña Nieto en el DF, estaban jugando a la comidita y no haciendo política de alto nivel, audaz y con rostros nuevos. El PRI esperaba alrededor de millón y medio de votos en el mejor escenario; en el peor, sólo uno. Bueno, se cumplieron sus tristes expectativas: Paredes no consiguió el millón, esto es, apenas el voto duro de tal organismo.
Hoy el DF, luego de tanta corrupción, tanta incapacidad, de pugnas visibles entre las tribus, de llenarse los bolsillos y las maletas con dólares de extrañas procedencias, de padecer inseguridad y cada día nuevos cientos de recientes vendedores ambulantes, de eternas marchas, plantones y de espectáculos en plazas públicas para conseguir votos fáciles, le pertenece por completo al PRD y sus aliados, los que no pudieron vencer al PRI en la lucha por la Presidencia de la República.

López Obrador tiene su casa en el DF, se mueve como no lo hace en Tabasco. Es aquí donde cierra calles y pone carpas vacías para protestar. No tiene simpatizantes capitalinos, tiene adoradores. En este contexto evidente, ¿qué pensó el PRI? Evidentemente que nada, simplemente se le olvidó la capital, el DF siguió moviéndose por pura inercia. Ningún priista tocó las puertas de las casas, fue a los mercados, hizo mítines en las calles, se movió de un lugar a otro en pos de votos. Con un simplismo total, los dinosaurios seleccionaron a una persona cuyo nombre es conocido pero no respetado, que padece flojera, está fatigada. Sólo Wallace, para citar a una representante de un partido serio, fuerte, intentó hacer una campaña fuerte, el problema es que no estaba para eso, de política poco entiende. Tomó los peores defectos de Vázquez Mota, creyó en la zarandaja del voto solidario de las mujeres y apeló a algo que ya no es: ciudadana pura y simple. En lo sucesivo, aunque se retire, la veremos como una política profesional, poco eficaz. Entre ella y Josefina, llevaron al PAN del poder al tercer lugar.

El PRI está gozoso, ya forma grupos para la transición, reparte empleos y forma un gabinete del modo usual en México, entre los amigos cercanos, no con los mejores hombres y mujeres, como es habitual. Supo regresar de dos derrotas severas y ganar Los Pinos. No parece que, engolosinados como están, quieran convertirse en un partido en serio, formidable, con una ideología clara y cuadros nuevos. El DF no entra en sus planes. Seguirán moviéndose por allí los mismos ruinosos políticos que no encuentren empleo dentro del gobierno federal. Sin pensar que una de las claves para triunfar se llama ciudad de México. Para complicar más las cosas, así como Calderón tuvo la intensa guerra de los capitalinos perredistas, ahora la tendrá Peña Nieto. Inevitablemente. El ya aburrido conflicto poselectoral seguirá estando en la arrogante ciudad capital, la que no existe para el PRI. Algo más, no será tan grave: ahora sí, el PRD piensa en el futuro, quiere para 2018 a Mancera o a Ebrard, así que no acompañarán a Obrador en su nueva guerra.

Opinión 2012-07-04 - La Crónica

julio 02, 2012

El gran perdedor: el PAN

Hace doce años el grito triunfal en el PAN era unánime. Luego de una larga lucha que arrancara en 1939, históricamente mucho antes, los conservadores habían ganado la Presidencia de la República arrastrado por un caudillo populachero, como lo han sido casi todos luego de que la Revolución se institucionalizó. Vicente Fox había consumado la derrota del PRI y no los ex priistas como muchos imaginamos, de la mano de un político decidido, Cuauhtémoc Cárdenas, ex priista, acompañado fundamentalmente por ex priistas. Comenzaba la alternancia y muchos supusimos que pronto tendríamos un México diferente y positivo, con una mayor democracia, libertades y un rápido desarrollo económico. Pasó Fox y no hubo cambios, México perdió mucho más de lo que pudo obtener. Luego vino el apurado triunfo de Felipe Calderón sobre un rudimentario y brutal líder convertido ya en caudillo de masas, adorado y detestado. La historia decidió darle otra oportunidad al PAN. Quizá la situación podría mejorar. El recién llegado tenía historial político, mejor nivel intelectual que su antecesor y méritos para llegar a la casona presidencial. México no se derrumbó, pero la situación se deterioró más todavía. La guerra contra el crimen organizado y el narcotráfico se sumaron al desempleo, a un sistema político y económico gastado e hicieron la vida nacional asfixiante.

Repetir la historia de una tosca campaña presidencial, donde predominaron las ofensas, las calumnias y el exceso de ocurrencias, carece de sentido. Todavía estamos bajo la impresión de un país dividido por el odio y la desconfianza. Llegamos a las elecciones de ayer domingo en medio de un ambiente irrespirable, con las redes sociales, el Yo Soy 132, los medios de comunicación, los intelectuales de mayor prestigio y los más irresponsables mexicanos contribuían a sembrar dudas y a imaginar que el siguiente paso es la revuelta incendiaria si no ganaba Andrés Manuel López Obrador. De nada sirvieron las encuestas de empresas serias, cada una fue recibida por sus simpatizantes como una prueba más de un fraude fraguado por la enigmática mafia del poder, la culpable de todos los males de México. Fue incómodo votar ante la presencia de docenas de “observadores” que miraban e interrogaban como zopilotes tras la carroña.

Con el PAN en tercer lugar y muy lejos del primero. Felipe Calderón ahora tendrá que irse con el rabo entre las piernas. Lo único que consiguió fue dilapidar el capital que de muchas maneras le entregó Vicente Fox. Pero aún, después de tantos gritos de Josefina Vázquez Mota, no sólo quedaron en ridículo político sino que perdieron la mayor parte de lo ganado tras décadas de trabajo intenso. El PAN entrega o regresa a sus enemigos históricos un país en mal estado, dañado y sin personalidad. Habrá que reconstruirlo y buscar mejores armas para enfrentar a los grandes desafíos del presente antes de pensar en el futuro. Así está el país luego del paso de Acción Nacional. No cabe duda, es un partido que necesita cirugía mayor y, desde luego, aprender a gobernar, a hacer política.
Según los resultados de las encuestas de salida, a la hora de escribir esta nota, los candidatos al gobierno capitalino iban como se esperaba, según todas las encuestas: Mancera ganador, abajo Beatriz Paredes y en tercer sitio, Isabel Miranda de Wallace. Primera derrota del PAN. En las correspondientes a Presidente de la República, los primeros indicios, respaldados por un afortunado día electoral, donde nada manchó el proceso y la votación fue ordenada y copiosa, son como siguen: Peña Nieto obtiene la Presidencia, en segundo lugar, unos diez puntos detrás, queda López Obrador y en tercer sitio, resulta Vázquez Mota, quien fue la primera en aceptar la derrota públicamente. El segundo fue Quadri, quien le demandó a AMLO aceptar la derrota y a no crear conflictos postelectorales.

De confirmarse los datos proporcionados por las empresas encuestadoras y por los propios aspirantes a los distintos cargos, ya poco hay que hacer y decir en el campo de la presidencia del país y de la jefatura del DF. Baste añadir que el PRI obtuvo triunfos muy claros en Jalisco, Chiapas y Yucatán. Esperemos que de confirmarse tales triunfos, el candidato de las llamadas “izquierdas” acepte su fracaso electoral y no propicie un clima de violencia que a nada lo conducirá, como hace seis años. En tal sentido, debemos hacer un reconocimiento a Josefina Vázquez Mota y al PAN, quienes aceptaron dignamente la derrota. Veremos qué sigue y hasta dónde llegan los inconformes con un proceso que la inmensa mayoría vimos como transparente y contundente, limpio.

Era de suponer que Peña Nieto ganaría, mantuvo su primer lugar en las encuestas durante toda la campaña y supo enfrentar las situaciones adversas. Todavía no puede cantar victoria, le falta la reacción airada de sus más tenaces enemigos. Mientras tanto, hay algo muy evidente, el PAN, organismo en el poder, obtuvo las peores calificaciones. Perdió mucho de lo ganado con Vicente Fox, quien sacó al PRI de Los Pinos y luego, tuvo que colaborar para que regresara. Así es la política.

De cualquier forma, habrá que aceptar que estuvimos ante un proceso electoral impecable. Los pequeños detalles no lo empañaron. México entra así en una nueva etapa democrática.

Opinión 2012-07-02 - La Crónica

julio 01, 2012

¿Final exitoso o conflicto poselectoral?

En nuestra historia un proceso electoral será tan vigilado... Todos con desconfianza o incomodidad.

¿Qué final tendrá nuestro costosísimo proceso electoral? Oneroso en todo sentido, no sólo en lo económico. El país ha sido descuidado, lo que incluye a su capital. Estamos hondamente divididos en guerra civil verbal, la que de pronto estalla en la cara de periodistas críticos. El problema de Tepito y la incapacidad del mejor alcalde del mundo, y próximo secretario de Gobernación quedó clara; la detención de un supuesto hijo del Chapo Guzmán y el asesinato de policías federales en el aeropuerto también mostró corrupción e ineptitud del gobierno calderonista. Problemas al por mayor en una nación que acumula pobres y con frecuencia padece matanzas. Si existe un México profundo, como dicen algunos, bronco, violento, es posible que no tarde en dar muestras de su malestar. Cómo estará la situación política que los candidatos debieron jurar por escrito que no recurrirán a la violencia si los resultados les son adversos. En rigor, algo hecho para frenar a los partidarios de Obrador.

Pero la firma de los cuatro aspirantes presidenciales, el jueves, dejó a muchos una sensación de inquietud. ¿Realmente no tendremos conflicto poselectoral? miles de jóvenes y quizás millones de admiradores de López Obrador no ven otra salida, en caso de que su candidato fracase por segunda ocasión. Para ellos el día de hoy se consumará un nuevo fraude largamente tramado por la mafia del poder. Que eso lo digan en las redes sociales personas de escasas luces, no hay problema, lo grave es que lo apuntan académicos e intelectuales de muchas lecturas, seguros de que las encuestas son fraudulentas: la conspiración existe y trata de destruir a México. En caso de que gane Peña Nieto no hay más que ir a la escandalosa protesta poselectoral. La solución sería una victoria contundente del priísta.El caso es que nunca en nuestra historia un proceso electoral será tan vigilado. Un ejército de militantes de los partidos, observadores nacionales y extranjeros de organizaciones civiles y de instituciones como la UNAM y el IFE estarán observándolo. Todos con desconfianza o incomodidad.

Leo multitud de artículos y opiniones en las redes y pocos invocan cautela, confianza, prosigue la campaña de descalificaciones aunque los partidos no den la cara. Las aversiones y los odios aumentan. A pocos les preocupa el enorme costo que pagamos por mantener satisfecha la voracidad de los partidos. Algunos dan cifras y las comparan con lo que cuesta un buen hospital o varias escuelas de calidad. No pensamos en el desorden en que vivimos: la confusión recorre a la nación. Estamos en espera de una solución milagrosa, un caudillo salvador. Jamás hemos reflexionado en la necesidad de sustituir a los dirigentes iluminados por ideologías, partidos honrados, un mejor sistema, un Estado fuerte que proporcione progreso y garantice libertades. No hay proyectos serios sino ideas vagas y propuestas absurdas, generalidades.

Gane quien gane hay que hacer una honda cavilación sobre el camino que deseamos como nación que aspira a la grandeza. Buscar seres casi divinos es una obsesión que debemos dejar atrás. El guía justo y bondadoso, el individuo que Dios envió para mejorar, es una buena broma. Los países no avanzan así. El esplendor de las naciones exitosas se debe al trabajo de toda la sociedad bajo gobiernos adecuados. México ha recurrido a la violencia para romper el atraso. Recordemos el millón de muertos en la Revolución Mexicana. Nos llenamos de caudillos y desde entonces nos hemos aferrado a ellos con mayor intensidad que en siglos anteriores. Para colmo, ningún aspirante presidencial (de los cuatro no se hace uno), ningún partido, invoca un cambio de estructura económica, echar a patadas al capitalismo. No. A lo sumo quieren repintar la fachada. No más. ¿Y para ello debemos matarnos unos a otros?

Excelsior - 2012-07