Tantadel

septiembre 30, 2012

La candidatura del PRD en un volado

Fabuloso que dejaran de prevalecer los intereses de las familias y mafias que devoraron a un partido.


Una vez que el general Cárdenas concluyó su periodo presidencial, dejando una huella indeleble, se hizo todavía más reservado. Algunos lo llamaban La esfinge de Jiquilpan. El distinguido político había hecho lo suyo y no deseaba, institucional como era, interferir en las acciones de sus sucesores. Sin embargo, cuando notó que sus avances revolucionarios eran sepultados por leyes y disposiciones reaccionarias no sólo habló, sino que intentó dar un gran paso para unificar a todas las fuerzas progresistas del país y frenar a la derecha. Por desgracia, no prosperó: las divisiones entre las distintas posturas ideológicas de izquierda se acentuaron.

Su hijo Cuauhtémoc siguió los mismos pasos, se dedicó con mayor denuedo a la política que a la ingeniería. Fue senador, gobernador y subsecretario antes de comenzar un largo y penoso recorrido en pos de la Presidencia de México. Al no vislumbrarla siguiendo las reglas establecidas por un PRI cerrado, autoritario y brutal, optó por buscarla a través de una ruta independiente. Como Carlos Madrazo, quiso democratizar al partido. Merced a esa tenacidad, estimulada por un justo resentimiento, creó el PRD y lo llevó a grandes alturas, tres veces fue candidato presidencial y si en la primera hubo un fraude, donde se encontraban Manuel Bartlett y Manuel Camacho, en las siguientes ya Cárdenas había pasado sus mejores momentos. Le faltó lo que a Obrador le sobra, terquedad, capacidad para mentir y hacer demagogia cambiando de táctica cada veinte minutos.

Como primer jefe de gobierno capitalino democrático, Cárdenas puso en el DF un alto número de deshilvanados luchadores sociales corruptos que terminaron ricos y poderosos. Hoy lo controlan casi en su totalidad. Cuando apareció un nuevo caudillo, a Cárdenas le dieron un mote con laureles, “líder moral” y lo arrumbaron por instrucciones de López Obrador, quien hoy tendría que retirarse a escribir sus memorias.

Eliminar la pugna sobre la candidatura presidencial del PRD, entre Marcelo Ebrard y López Obrador, utilizando una encuesta (que desdeñan) fue una tomadura de pelo de ambos y una acción antidemocrática que ignoró al partido. Cárdenas hasta hoy habla del tema y desde EU señala que la encuesta que definió la candidatura de AMLO fue un error. Añadiría yo que también fue prueba del nulo respeto que la dirigencia siente por las bases, la militancia no cuenta, sino los intereses de mafias y familias. En todo caso, el problema fue que para algo tan serio, dos políticos inescrupulosos echaron un volado. En otras condiciones, si el método es otro, claro y participativo, el que hubiera ganado hubiera podido ser mejor rival para frenar a Peña Nieto. En realidad no hubo tal volado, es una imagen propia, muy del lenguaje de los perredistas, pero eso fue. Los admiradores de Ebrard dicen ah, si él hubiera sido el candidato, derrota a Peña, pero el caso es que tampoco lo habría logrado a pesar de la fuerte campaña que ha hecho, aprovechando el cargo de mejor alcalde del mundo, otorgado por un grupo de colegas ingenuos. AMLO perdió por la ridiculez de la Presidencia legítima.

Sus demás observaciones prueban que Cárdenas sigue amando a su perversa criatura. Le deseó lo mejor a López Obrador, menos que le gane al PRD, y a éste dijo que sería fabuloso que dejaran de prevalecer los intereses de las familias y mafias que devoraron a un partido esperanzador.

Veo difícil que el PRD se reponga del daño que entre todos sus dueños le han causado, pronto veremos más fracturas y alejamientos a causa de Obrador, mientras que el PRI hace lo que sabe hacer: arrellanarse en el poder. Quizá el PAN, lejos de Calderón y esperemos que también de Madero, pueda escaparse del trauma que le dejaron 12 años de lamentables políticas, errores y de una guerra mal conducida y ser competitivo. México requiere una lucha limpia de varios partidos.

Excelsior - 2012-09-29

septiembre 28, 2012

Rosario, ¿la de Acuña o la del PRI?

Hasta la aparición de Rosario Robles, la Rosario más célebre fue la llamada de Acuña, Rosario de la Peña y Llerena, la que jamás se casó con el poeta, prefirió los requiebros de otro poeta, Manuel M. Flores. Fue sin duda una mujer excepcional. Vivió sus mejores años dentro del grupo intelectual más distinguido del siglo XIX, y de muchas maneras fue el eje y la inspiración de los delirios poéticos de sus contemporáneos. Famosa para la posteridad, más por el suicidio de Manuel Acuña, que por obra propia, pasó sus días finales insistiendo en que nada tuvo que ver con la muerte del afamado autor del “Nocturno a Rosario”, naturalmente dedicado a ella. Ignacio Ramírez y José Martí fueron dos grandes artistas que también le dedicaron hermosos versos. El escritor e independentista cubano le escribió una larga serie de cartas. A su círculo asistían Justo Sierra, Ignacio Manuel Altamirano, Vicente Riva Palacio y muchos más, asimismo célebres. Rosario debió ser una personalidad magnética, muy fuerte, culta e inteligente. Las fotos y los recuerdos de sus amigos no la favorecen físicamente. Como mi novia del bachillerato se llamaba Rosario, leí todos los poemas que la de Acuña recibió de muchas maneras.


La leyenda se adueñó de la historia y le puso, como era pleno romanticismo, cualquier cantidad de elementos fantasiosos a la mujer-leyenda-Rosario. En el siglo XXI se sigue escribiendo y tratando el tema y es imposible desligarla del nombre del poeta que se suicidó en una de las habitaciones de la Escuela de Medicina, situada entonces en el lúgubre y hermoso edificio que fue sede de la Santa Inquisición, donde tanto sufrimiento provocaron los católicos españoles. Queda una dolorida placa en uno de sus muros recordando el triste suceso, el que los vinculó para siempre, por más que Rosario rechazaba con elegancia al joven talento.
A finales del siglo XX, apareció impetuosamente otra Rosario, toda proporción guardada, de apellido Robles. Muy pronto fue imprescindible para Cuauhtémoc Cárdenas y con celeridad escaló hasta lo más alto del PRD. Fue incluso jefa del gobierno capitalino, rango que no alcanzaron otras mujeres destacadas de larga trayectoria como Beatriz Paredes y María de los Ángeles Moreno. Brillaba por su radicalismo en favor del PRD. Tenía razón, había sido el conducto para su veloz éxito. Pero el amor es más fuerte que la política (claro, no en todos los casos) y así como un rey inglés, Eduardo VIII, renunció al trono por el amor de una mujer norteamericana Wallis Simpson, ella sucumbió a los encantos de un audaz y joven empresario de origen argentino. Nunca la política mexicana había visto tal escándalo, sin duda porque la corrupción de muchos perredistas estaba de por medio. Rosario Robles fue humillada, lanzada públicamente a la calle y todavía, conforme a los cánones más atrasados, lapidada sin piedad. Dolida (ella lo ha dicho) se refugió en los medios de comunicación y en quienes le dieron alguna protección.
Como pudo, rehizo su carrera y ahora la vemos al lado del futuro presidente Enrique Peña Nieto. Quienes saben, explican que ocupará una secretaría de Estado. ¿Cómo se recuperó Rosario Robles y qué hizo para merecer un sitio en la cúpula priista, de suyo tan cerrada? Hay muchas versiones. Me quedo con una poco lógica, pero de aires románticos. Alguien me dijo que su retorno triunfal, que la pone muy por encima de sus antiguos camaradas convertidos en sus mejores detractores y críticos, se debe a que el PRI corresponde con lealtad a los servicios prestados. Rosario Robles trabajó en silencio para Peña Nieto.

Hace unos días los medios destacaron la presencia de Robles en la boda de un hijo de Carlos Salinas, precisaron que estaba en la mesa de lujo. Como yo jamás le he hecho un favor al PRI ni a ningún otro partido, ignoro qué secretos esconde dicha respuesta o reacción priista. Pero finalmente me alegra por ella. Como perredista era insoportable, ahora la imagino menos arrogante y más segura: cruzó -siguen las referencias poéticas- el pantano y no se manchó. Indica algo más: la fuerza del poder. Antes los ex priistas se iban al PRD a buscar lo que su propio organismo les negaba, ahora los perredistas (no tanto hoy, sino dentro de unos tres años) caminarán discretamente hacia el PRI. Y yo seguiré intrigado sobre cuáles son los caminos hacia el poder, pensando en Rosario Robles, aunque prefiero reflexionar en el amoroso caso de un poeta notable que se mató por una mujer sensible, culta y atractiva: Rosario de la Peña.
A Rosario Robles la vida le ha sido favorable, si no supo comportarse con los capitalinos como una verdadera jefa de gobierno sino que actuó como perredista fanática y hasta resentida, ahora está ante una nueva posibilidad: la de pasar a la historia como una buena política y una gobernante destacada. La pertenencia a un partido en México, no importa más, todos son o están por ser saltimbanquis. El PRD en su mayoría abrumadora está dirigido por ex priistas y no solamente es visto con simpatías por millones de ciudadanos, sino que hasta se ha disfrazado de izquierdista, algo que es inaceptable por evidentes razones, incluso históricas.
Opinión 2012-09-28 - La Crónica

septiembre 26, 2012

El parricidio interminable

Dentro de los rituales políticos mexicanos (inventados por el PRI) está sin duda el más abyecto: no es la sumisión, el qué horas son, las que usted quiera señor Presidente, ni el informe donde las cifras son alegres y el culto a la personalidad brutal, lo es el parricidio. El hecho de matar al presidente anterior para que surja plenamente el poder del actual. Es un acto canalla, sobre todo porque salvo los últimos mandatarios, todos han sido producto del célebre dedazo presidencial. El fenómeno se repite en los estados y en el DF es ya una práctica instituida. Lo atroz del caso es que matan a quien le deben el cargo.



El parricidio se lleva a cabo para consolidar el poder propio y eliminar los restos del que lo concedió a través de una peculiar forma de sucesión casi monárquica. No es tan exacto, pero la generalización cabe cómodamente en la historia de los ciclos presidenciales. Algunos ajenos al sistema que de pronto lo abordaron, como Fox y Calderón, lo han intentado usar, el primero con Santiago Creel, el segundo con Ernesto Cordero, pero no supieron manejar la rutina, ambos fueron delfines fallidos. Sin duda les sale bien a los priistas y a sus derivados.


Veamos el caso de Marcelo Ebrard, sumiso ante el poder inmenso de López Obrador, pero atento a las oportunidades que le brindaba el sucesor de Cuauhtémoc Cárdenas, bajo la supervisión de Manuel Camacho, quien rozó la presidencia en su etapa priista. Ahora aparece el verdadero Ebrard, una vez que el líder tabasqueño, en apariencia, le cede el terreno a los ahora perredistas. O al menos esos suponen las “fuerzas emergentes” de “las izquierdas oficiales”. Lo que no están calculando es que la voluntad y terquedad de López Obrador puede ser más fuerte que sus declaraciones y sus posturas de apariencia agresiva. El tabasqueño volverá a recorrer los caminos de la República y moverá grandes masas y será candidato presidencial con su propio partido y la lealtad de muchos perredistas que no aceptan ser manejados por ex priistas.


Marcelo Ebrard le cobra la factura a Obrador y le dice al diario El País un montón de directas indirectas a su antiguo jefe. “Hay que construir una izquierda para gobernar, no para protestar”, dejando de lado la época en que Ebrard se hacía de la vista gorda ante los excesos de los seguidores de AMLO, que por años no le dirigió la palabra a Calderón y evitó encuentros con el “espurio”. En otros términos: ¿ahora sí dejará el estilo violento y agresivo que Andrés Manuel impuso en “las izquierdas”?


Otra joya: México “necesita prestigios políticos, no carismas”. Más claro ni el agua de Iztapalapa: Marcelo representa lo primero, Obrador es puro carisma y eso aunque atrae votos por millones, no sirve, se requiere ser un político sensato y experimentado. Por piedad, podemos desbordar páginas y páginas con las listas de promesas incumplidas, sus muy discutibles éxitos y el estado actual de la ciudad que todavía gobierna el ex priista. El triunfo de Miguel Ángel Mancera se explica por los méritos propios de una carrera intachable y una campaña eficaz.


Si antes Marcelo y Manuel Camacho eran clones del radicalismo de Obrador, hoy ponen mucha tierra de por medio. El primero lo explica así: “Hay que refundar el partido y celebrar un congreso. ¿Qué nos puede llevar a hacerlo? La competencia con Andrés Manuel. La ventaja del PRD es que Morena es el partido de una sola persona…” El resto de la entrevista prosigue por el estilo: Ebrard representa a la auténtica izquierda, mientras AMLO construye su propio organismo que resultará algo indefinible. Tarde o temprano, sugieren las palabras del jefe de Gobierno capitalino, se enfrentarán y de entre todas “las izquierdas”, el PRD será la mejor opción. Lo que no acaba de saber o finge no verlo, es que dentro del PRD, aparte de tribus con claras tendencias y deseos de poder, hay miles que mantienen la confianza en el tabasqueño y que, llegado el enfrentamiento, no seguirán a los ex priistas por más “prestigio político” que tengan. Saben bien, cómo fue edificado ese proyecto y que, cuando Vicente Fox cesó a Ebrard, fue López Obrador quien lo mantuvo y lo hizo más adelante jefe de Gobierno, donde pudo acrecentar su poder aprovechando su tortuoso modo de conducir al partido y al gobierno capitalino.


El parricidio dentro de “las izquierdas” ya está en marcha: los marcelistas tratan de sepultar a López Obrador, ya no les aporta nada, al contrario, es un estorbo en la ruta hacia el poder. Sin embargo todavía faltan cinco largos años en los que AMLO hará lo que bien sabe hacer: moverse dentro del pueblo. Pocos imaginan al elegante Marcelo, ya obeso, conduciendo su bicicleta por todos los municipios del país. Para colmo, no tendrá una gran estructura ni los recursos que proporciona un cargo tan alto como la jefatura de la gran ciudad capital. Los dineros del PRD, PT y Movimiento Ciudadano no es fácil que le sean entregados para recorrer todo el país. Hasta hoy, los triunfos ajenos han pasado por encima del DF, pese al orgullo que sienten los perredistas en disponer a placer de la joya de la corona.


Opinión 2012-09-26 - La Crónica

septiembre 24, 2012

Cómo vivir en el DF y no suicidarse

Tener casa propia, por modesta que sea, hoy es un privilegio, algo que es difícil y eso que estoy pensando en miles de profesores universitarios, mi gremio natural. Fui afortunado por razones de edad. En algún momento, cuando Luis Echeverría dilapidaba fortunas en dádivas y proyectos inútiles y poco antes de que llegara López Portillo el “Destructor”, el peso tenía algún valor y los créditos oficiales existían, apareció un nuevo fraccionamiento: tenía dos virtudes, estaba cerca de la UAM-X y los precios eran bajos y los plazos razonables. Obviamente hice un esfuerzo y compré un terreno. Según el plano, el mío quedaría a un lado del Bosque de Tlalpan, un paraíso que ya estaba mermado por los voraces fraccionadores.



Los primeros años fueron maravillosos, vegetación, fauna cordial, vecinos educados. Pero conforme pasó el tiempo y el PRD se adueñó del DF, las cosas sufrieron pésimas transformaciones. Entre Rosario Robles, ¡hoy en el PRI!, y Salvador Martínez, alias El Pino, ¡hoy secretario de Educación de Marcelo Ebrard!, nos destruyeron el Paraíso. Los ambulantes proliferaron en cuestión de días bajo la consigna inmortal de López Obrador: Primero los pobres, y la subsidiaria del Pino: Mejor un taquero que un ratero. En vano hablamos con Rosario Robles quien estaba al frente del GDF, nos regañó con violencia. Nada contra el PRD.


Los vecinos y yo fuimos acusados de provocadores y malvados, sobre todo de ¡ricos!, cuando mis vecinos eran intelectuales como Gastón García Cantú o Alejandro Toledo, autor de múltiples obras ecologistas o pequeños empresarios o de plano oficinistas más o menos dignamente remunerados. Hemos soportado de todo: conciertos escandalosos, asesinatos de árboles para poner puestos de tacos, o de cualquier tipo de mercancías piratas. Un día nos hartamos y muy al violento estilo del PRD cerramos calles y paramos los conciertos de rock que duraban hasta las tres o cuatro de la mañana. Buena parte de Tlalpan colaboró y presionamos para evitar una estúpida pista de hielo en el bosque y la venta de animales bajo el puente del Periférico. Hemos dado la batalla contra la corrupción y hasta hoy, viendo los resultados electorales, la llevamos perdida.

Los delegados pasan por aquí, se hacen ricos en verdad y siguen hacia la Asamblea o la Cámara de Diputados. Es la ruta que conduce al Dorado. De miserables en todo sentido, ahora son ricos. Ninguno se salva, el nuevo siempre es peor. Como de todos los vecinos, soy de los que tienen acceso a los medios, cada rato tengo que escribir sobre las pillerías del delegado en turno. Un día abren una gasolinera sin los requisitos a cumplir, otro ponen un divertido giro negro y cada semana hay un nuevo puesto ambulante. Es posible comer en la calle Zacatépetl un mes sin repetir el menú. Hasta valet parking tiene el más rico de los vendedores ambulantes.


En el DF existen diversas categorías prediales. Las zonas “residenciales” o de lujo, en teoría deberían contar con buenos servicios. México no es comunista, sino capitalista, hay economía de mercado y, por desgracia, división de clases, y entonces sí, unos viven mejor que otros, de lo que un vecino no tiene la culpa a menos que sea funcionario o empresario de alto rango, es decir, un explotador. Por esos cuantos pagamos todos. A nosotros, los vecinos de Zacatépetl (dudo que alguno de mis vecinos sea multimillonario), nos cobran impuestos como si lo fuéramos. Los servicios son lamentables o inexistentes. En la calle citada con baches e inundaciones cada que llueve, hace meses que no pasa un barrendero y el camión a veces recoge las bolsas de basura y otras no, según el humor de los tipos de limpia.

El predial es desorbitado, como para Santa Fe o para los muy deteriorados Pedregal de San Ángel, las Lomas o Polanco, cuando los servicios son como de la colonia Doctores o la Guerrero. ¿Cómo hacer que nos cobren lo correcto o que si mantienen esos precios nos den excelentes servicios en lugar de baches y vendedores de tacos y garnachas, bolsas de piel italiana y jícamas en la mañana y elotes en la tarde?


Honestamente podría hacer un voluminoso libro con todas las quejas de mis vecinos y en general de los habitantes de Tlalpan, con las ofensas y la demagogia sin límite de los funcionarios de la delegación, pero no le veo sentido, nada se lograría. La corrupción seguirá y pondrán gasolineras en zonas prohibidas, concederán a placer usos de suelo y talarán árboles y se llenarán los bolsillos con dinero mal habido y nada cambiará. He discutido con funcionarios del DF y mostrado argumentos, pruebas de la corrupción existente. Nada, su orden se basa justo en la complicidad. Por tales razones sólo quiero rogarle humildemente a la nueva delegada (no sé mucho de ella), que al menos barran Zacatépetl (es sucia pues la transitan los usuarios del bosque y los vendedores que la ocupan), pase el camión de la basura, quiten unos cuantos ambulantes y nos ayuden a comprar productos de primera necesidad: nos quedamos sin dinero pagando servicios que tanto regatean los dueños del DF.


Opinión 2012-09-24 - La Crónica

septiembre 23, 2012

PRD, la izquierda del PRI

Para el dúo dinámico, Batman-Camacho y Robin-Ebrard todo está listo. ¿Y AMLO se quedará quieto?




Resulta difícil ver al PRD como un partido de izquierda. Sus integrantes tratan de mostrarse como tales, pero sus acciones los confirman como un organismo similar al padre, el PRI, su ala izquierda. Por ahora limitémonos a los ritos.



Los ritos políticos son parte fundamental de cada país; los nuestros fueron creados a lo largo de muchas décadas. No será sencillo deshacerse de ellos. Cada movimiento cometido por un perredista, es similar a los priistas. El sucesor es siempre el mejor amigo del gobernante. Marcelo se lo hizo creer al Peje, como Manuel Camacho intentó que Salinas se tragara la píldora. Pero lo más evidente es que alguien que se formó como priista, luego como activista del centro, hoy sea de izquierda (como la entienden quienes han apoyado a Obrador, con una infinita ignorancia). Marcelo, elegante, frívolo y autoritario, presume obras inconclusas, su rango internacional costó fortunas y aprovechó la ingenuidad de sus pares. Anticipa que será el candidato del PRD a la presidencia en 2018. Es un mensaje múltiple: para AMLO, para que queden claras las cosas dentro del partido y para que aquellos empresarios siempre dispuestos a invertir en la política, sepan que tienen un candidato adecuado, sensible a la empresa privada.



Pero el priista aunque se vista de perredista, priista se queda. Su último informe fue una calca de los informes presidenciales del pasado y de los gobernadores del mismo partido. Las cosas fueron preparadas a detalle. Mucha y exagerada publicidad, antes y después, el retrato de Marcelo por todos los sitios imaginables, mostrando ser el dueño de la Asamblea y que deja una ciudad perfecta, aunque llena de obras mal planeadas, espectaculares, baches por miles, atroz servicio de limpieza, una policía lamentable y carencia de un proyecto de transporte público... Desde antes del informe, sus huestes ocuparon las calles aledañas para evitar protestas, nada de voces discordantes. Seleccionó a sus invitados y se cercioró que dentro del recinto no hubiera críticas, sólo gente preparada para aplaudir como focas, que los reporteros fueran lo más generosos… Una prueba del mejor culto presidencial del pasado.



Ya en el escenario, el discurso triunfalista, demagógico, pleno de cifras apabullantes y exageradas, él solito rehízo al DF, lo dejó perfecto. Ni un ápice de autocrítica, no justificó daños, destrozos, deforestación, promesas incumplidas o barbaridades cometidas contra monumentos de la nación. Gritos, música, vítores y más aplausos. Manuel Camacho, su maestro y vocero, explica por qué debe ser el candidato de “las izquierdas” en 2018, aunque él mismo no se haya afiliado a ninguna de ellas. Es “independiente” por aquello de la movilidad política que se conocía como oportunismo puro. Marcelo se deja querer, entrevistar, acepta elogios desmesurados. No le preocupa carecer de empleo para esperar los cinco años que faltan para lanzarse formalmente, como si México fuera estático. Para el dúo dinámico, Batman-Camacho y Robin-Ebrard todo está listo. ¿Y AMLO se quedará quieto? No hay duda: volverá a la carga.



Lo que llama la atención es ver que el PRI clásico no ha muerto. Cada gobernador, cada presidente, cada jefe de gobierno, duplica su ritual. Si le funcionó a ese partido, por qué no a los demás. Podrá ser una ridiculez, pero para sus seguidores, el informe es la hazaña de un titán de la política. Una vez priista, siempre priista, reza un viejo proverbio yemenita del siglo XVI y sigue vigente. Curiosamente, mientras el Presidente de México es obligado a aceptar insultos, no le permiten ingresar a la Cámara de Diputados, lo acotan, le critican con violencia el ritual que hizo del informe un acto execrable, Marcelo Ebrard lo repite llevándolo a excesos tiránicos. Tiene derecho a aspirar a la Presidencia, pero no a derrochar dinero público para promover el culto a su personalidad que, tomada del PRI, es el arma clave de un puñado de ex priistas.



Excelsior - 2012-09-23

septiembre 21, 2012

John Lennon en 2012 2/2


John Lennon y su eterna Yoko se fueron a posiciones más radicales y provocativas. Posaban desnudos, hacían música audaz y letras contestatarias, peleaban con los medios de comunicación más atrasados desde las camas de hoteles famosos. Alguna vez le preguntaron a Lennon si era hippie y él repuso con sencillez complicada: No, soy un Beatle. Ya solo, sin Paul, George y Ringo, compuso su propia y única música, era poco común, desgarradora, de limpia protesta como “Imagine” o “Mother”, asimismo volvió a sus inicios, al rock and roll de los cincuentas. Se hizo un buen padre y optó, aferrado literalmente a Yoko, por vivir en Nueva York, una ciudad maravillosa, que para él fue letal. Su asesinato es bien conocido. Para mi desgracia, en esos días estaba yo por viajar a tal sitio, para una plática en la Universidad de Columbia, así que la noticia me impresionó todavía más. Como muchos otros fui al lúgubre edificio Dakota, donde filmaron El bebé de Rosemary de Roman Polanski. En la puerta estaban muchachos acongojados, flores por docenas, veladoras y fotografías del que fuera líder del grupo más exitoso del orbe. Caminé por allí, entre jóvenes y policías, pensando que (John era de mi edad, de mi generación) una época había acabado. “The Dream is Over”. Sí, comenzaba un largo periodo de nostalgia, del que no hemos salido por más que hayan aparecido cientos de figuras musicales de talento. Lennon era algo más que un cantante, que un músico, era un revolucionario sincero, un agitador, un provocador necesario, indispensable, un tipo genial que no hizo más daño que llenarnos de excelente música y justas propuestas de cambio, dejando de lado la tonta etapa de la India y su espiritualidad entre comillas.



Años después de su muerte, Paul estuvo en México todavía con Linda que movía graciosamente un pandero. Atrás del ex Beatle aparecían fotos de Lennon y él, de Lennon solo. Lo sentí como un acto de oportunismo y escribí una nota: “Querido Paul, para qué demonios fui a verte”. El mejor momento del concierto fue cuando tocó las viejas canciones que firmaron Lennon y McCartney. Para colmo, poco después Paul reclamó que deberían ser suscritas al revés, pues su papel había sido fundamental. Volví a pensar en que la razón de la ruptura fue el choque de personalidades y no la fea de Yoko, cuya historia de amor es intensa. Si no eran golpes de oportunismo, al menos sí una puñalada a un muerto. Algo semejante escuché decir a Joan Baez en televisión, hablaba de esos años y de sus figuras señeras. Obvio, tocó a Dylan y dijo que había traicionado sus principios. No lo entendí, me pareció una tesis exagerada. Meses después, tuve la humorada de presenciar una estúpida entrega de premios Oscar, ceremonia de total tedio y la prueba de que el show business es ramplón y meloso por excelencia. El Oscar a la mejor canción fue para Dylan, quien estaba en Australia o en Tanzania. La cámara vía satélite lo enfocó y lo vimos nervioso, inquieto, retorciéndose las manos como quinceañera antes de bailar el vals con Marcelo Ebrard, cuando escuchamos las palabras más anheladas del mundo: “And the winner is…” Bob Dylan y aquél que se preguntaba dónde estaba la respuesta y respondía que en el viento, sonrió agradecido en la peor actuación comercial de su vida: la respuesta estaba no en el viento sino en Hollywood, como Elvis la halló en Las Vegas.



No son más los tiempos de la década prodigiosa. No hay bipolaridad y el socialismo se esfumó. Janis Joplin fue sustituida por Madonna y Lady Gaga. La tragedia es suplantada por el espectáculo. Paul es noble, aristocrático, como el gordito amigo de Lady D, Elton John, ambos van al Palacio de Buckingham y la reina los recibe para ganar popularidad. Muy lejos quedó la expresión irónica de John Lennon: aquellos que están en gayola, aplaudan, quienes están en los palcos y en primera fila, agiten sus joyas. Todo se comercializó y quedó en manos de los poderosos, empresarios y políticos. La revolución se alejó huyendo del neoliberalismo, la globalización y el show frívolo.



Los revolucionarios pocas veces llegan a viejos. Los tenemos siempre jóvenes, muertos en plena grandeza: en cine James Dean, en la lucha social, figuras como Emiliano Zapata o Ernesto Guevara, en la música John Lennon. Así se mantendrán, inalterablemente, en el tiempo: radiantes, lejos de la terrible vejez. No nos legaron la foto cobrando la pensión, ayudados por un bastón o muletas o ingresando al hospital en silla de ruedas. A veces la muerte llega de una mano asesina, otras de la propia, como Kurt Cobain. No padecieron la decrepitud. Los seguiremos viendo vigorosos y en plena acción, poniendo su esfuerzo en hacernos distintos.



He sido un largo fanático del rock, de principio a fin, excluí grupos como los Archies y los Monkys, hoy sigo, pasando por Pink Floyd o Leed Zeppelin, por Oasis y Green Days, a veces por U2, cuando no visita a Ernesto Zedillo o a Felipe Calderón. Pero cada tanto vuelvo a la música de esa década prodigiosa, donde Lennon nos pidió imaginar un mundo sin religiones y sin violencia y demandó que fuéramos soñadores.



Opinión 2012-09-21 - La Crónica

septiembre 19, 2012

John Lennon en 2012 ½

Ayer en un programa radiofónico dijeron que en Inglaterra una revista de rock había hecho una elección para saber quién era el mejor músico de las últimas décadas. Resultó John Lennon. Compitió con las figuras centrales del rock. Habrá que precisar que John se formó musicalmente en un contexto formidable. Está allí la recién iniciada Revolución Cubana, el Che Guevara todavía vivo, la heroica defensa de Vietnam, los diversos movimientos estudiantiles que iniciaron en mayo del 68 en París, el hippismo, la revuelta sexual, las drogas, el amor entre flores e ideas comunitarias, las manifestaciones de distinto cuño por la paz y en contra de la guerra, las acciones revolucionarias de los negros en EU como Black Panther, Black Power o las encabezadas por Malcolm X. Para redondear el panorama repleto de inquietudes positivas, en África se agitaban los pueblos árabes y negros, amparados por ideas de no alineación política con ninguna de las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética. Se acababa rápidamente el colonialismo, surgían nuevas naciones y proyectos socialistas armados o pacíficos. En América Latina teníamos dos tipos de lucha en perspectiva: la vía armada y la ruta electoral como en Chile. Es lo que muchos han llamado la década prodigiosa, un periodo de activismo político, rebeldía y amor libre al amparo del rock que hizo vibrar al mundo entero. Las nostalgias de hoy tienen fundamento en ese periodo que va, para ponerlo de modo claro y fácil, de 1960 a 1970 y algo más. Imposible las precisiones, no hay fechas exactas, de allí que sea Elvis (1955) quien arranque la década y se cierre con grupos y movimientos posteriores a los sesenta y desarrollados en los setenta. Los datos fijos, históricamente hablando, no existen, siempre hay antecedentes, personajes anteriores, que permitieron los cambios y otros que toleraron su extensión antes de morir. Los Beatles, sobre todo John Lennon, amaron a Elvis, luego, al encontrarse con él en Graceland, el rey los descontroló: no era más el rebelde que sacudió al mundo anquilosado, absorto ante las canciones cursis de Bing Crosby o de la inefable Doris Day. En este caso, Frank Sinatra se cocina aparte. Fue un caso notable y absolutamente memorable del pasado que supo hacerse leyenda sin modificar un ápice su estilo y el fraseo genial que lo hizo un fenómeno artístico y le permitió morir rodeado de éxito humeante por los cigarrillos que fumó y por la cantidad de whisky ingerido incluso en los escenarios. Todavía en pleno auge de Beatles y Rolling Stones, de Dylan y Jim Morrison, metió algunas canciones al Hit Parade. A su vez, Lennon cantó más de una rola de Presley, Gene Vincent o Budy Holly, en homenaje a los pioneros de mayor talento.




De todos los pioneros del gran rock, los Beatles ocuparon un primer lugar. Al principio los vi uniformados, con el mismo corte de pelo, propios y agradecidos con el público (el “respetable”, diríamos los mexicanos, cuando todo tiene menos respetabilidad) que comenzaba a idolatrarlos. Brillaba Lennon, a pesar de la presencia de Paul, la simpatía de Ringo y la seriedad de Harrison. Alguna vez le preguntaron a Keith Richard si era mejor guitarrista que su compañero de banda, Ron Wood (quien sustituyó a Mick Taylor en 1974), “no lo sé”, repuso el extravagante roquero, ídolo del actor Johnny Deep, pero juntos somos insuperables. Ésa era la clave de los Beatles: juntos eran geniales, no importaba que Ringo o Harrison fueran de menor talento, reunidos en el escenario o en el estudio de grabación eran inmejorables y muy pero muy peculiares.



Los Beatles encantaban, poseían el arte de evolucionar. Pronto fueron más famosos que Jesucristo y desde luego más gozosos. Tengo sus discos, incluido el asombroso Álbum blanco en primera edición. Me acompañaron por años, hasta que los Beatles anunciaron su dolorosa separación. ¿Tan rápidamente un grupo genial rompía su amistad y trabajo colectivo, luego de una profunda e imborrable huella? Muchos responsabilizaron a Yoko Ono, otros vieron la ruptura como parte del discreto enfrentamiento entre los dos mayores talentos de la banda: John y Paul. Cada quien hizo lo que pudo por su lado y quienes mayores triunfos consiguieron fueron justamente Paul y John. Harrison los siguió con discos formidables, el álbum All Things Must Pass, digamos, en cuyo interior estaban “My Sweet Lord” e “Isnt’it a Pitty” y Ringo puso en juego su simpatía y cordialidad para grabar viejas melodías que le iban a su estilo y no le fue nada mal, supo conservar la relación con sus ex camaradas y tocaba la batería con unos y otros.



Sin duda una etapa estaba llegando a su fin y la anticipaba la ruptura de los Beatles, la desaparición de otros grupos de alta calidad y la fatiga política del bloque socialista que, dicho sea entre paréntesis, no era muy dado a permitir el carácter subversivo del mejor rock y prefería seguir en las tranquilas aguas del estalinismo, sólo útil para impedir ver lo que abajo ocurría: poco a poco se desmoronaban los cimientos que Lenin logró hacer y donde no pudo construir el edificio completo, serían sus sucesores los autores de una obra de pésima calidad y cuyos resultados ya no están a la vista. La revolución marxista, la gran utopía, había muerto o estaba en plena fuga.



Opinión 2012-09-19 - La Crónica

septiembre 17, 2012

Morena, ¿el último intento?

La costumbre para seleccionar a un presidente primero fue parte del ritual presidencialista: el mandatario en turno, antes de concluir su periodo, designaba a su sucesor. El elegido provenía del gabinete, donde, se suponía, estaban los amigos cercanos, los colaboradores más fieles. Los tiempos, sin embargo, fueron sufriendo modificaciones y la oposición tuvo al fin presencia. Carlos Salinas designó a Luis Donaldo Colosio como candidato presidencial y su atroz asesinato aceleró las modificaciones del proceso que estaba en las manos del más alto político mexicano. De cualquier forma, Salinas insistió en hurgar dentro del gabinete. De este modo apareció Ernesto Zedillo, hoy en apuros para no ser juzgado por la matanza de Acteal.

Del lado opuesto, el PAN crecía y una coalición de organismos avanzados proponía con insistencia a Cuauhtémoc Cárdenas. Fue el PAN el que primero rompió el monopolio priista. Lo hizo con Vicente Fox y repitió la proeza con Felipe Calderón. El PRD, fiel a su tradición, desaprovechó las oportunidades. Dudo mucho que haya sido objeto de maniobras para impedirle el paso. Más bien sus dos únicos aspirantes, Cárdenas y López Obrador, no supieron triunfar, se tropezaron: al primero le faltó audacia, al segundo le sobró.

Lo que sucedió cuando Fox magulló el monopolio político priista fue que la costumbre de elegir candidato de entre los integrantes del gabinete desapareció para brindarle al DF la posibilidad de ser una poderosa plataforma para buscar la Presidencia de la República. Cárdenas salió la tercera vez de la jefatura de gobierno y lo mismo le ocurrió a López Obrador. Dicho en otros términos, el enorme peso político de la ciudad capital fue descubierto. Considerada por el PRI como de segundo orden político, por siglos el “ombligo del mundo”, según apreciaciones prehispánicas, fue fundamental en una nación centralista (que lo sigue siendo a pesar de todo), estaba relegada. No importaba que fuera la casa de los poderes ni que aquí estuviera lo más destacado de la vida educativa y cultural, tampoco parecía contar su abrumadora multitud de habitantes.

Si para el PRI el DF desapareció y no le prestó ninguna atención en el triunfo de Peña Nieto, convertido en perredista o, si se quiere, en obradorista, dejó en claro que para las llamadas izquierdas es su principal soporte. Desde ahora, en un exceso, ya Marcelo Ebrard agita desesperadamente el dedo proponiéndose como candidato. Los expertos precisan que falta el tiempo de Miguel Ángel Mancera.
De cualquier manera, el DF presentará diversas posibilidades, incluido nuevamente AMLO, quien regresará al lugar de sus grandes triunfos para buscar una tercera posibilidad para obtener la Presidencia, al frente de Morena, ya convertido en partido. Es posible imaginar un escenario difícil para esta nueva intentona. Dos fueron suficientes para mostrar al líder tabasqueño de cuerpo entero, con sus defectos y virtudes, más los primeros que las segundas. Sus vaivenes tácticos en lugar de enriquecerlo lo arruinaron. Al desechar el eje de sus éxitos, “primero los pobres”, y acercarse a los empresarios y a las clases media y alta, desmoralizó a muchos seguidores. La idea de la república amorosa fue una broma de mal gusto que probaba que no sabía escuchar a nadie más que a él. Su repetida negativa a reconocer el triunfo ajeno lo llevó a una suerte de suicidio que por ahora no se nota, pero que será más claro en la medida en que pase el tiempo y las ambiciones presidenciales avancen y crezcan.

AMLO parece no resentirlo, pero ha perdido parte importante de sus ingresos y ya conocemos la maldición de Hank González: político pobre, pobre político. Para pelear por cualquier cargo se requiere mucho dinero, realmente mucho. AMLO, derrotado dos veces, no tendrá grandes fuentes de ingresos externos, a lo sumo, lo que le venga de amigos y admiradores.

Es muy posible que Morena sea una institución política condenada al fracaso. Jugó un papel importante, pero al mismo tiempo dividió a sus cercanos. Hoy dentro del PRD hay un sentimiento de hostilidad. Los militantes están divididos entre quienes lo detestan y aquellos que mantienen lealtad y respeto. Es pronto para opinar del futuro de Morena. Pero sí va a provocar un boquete en el PRD. Muchos se irán con AMLO y se vengará de ese partido: dividiendo a “las izquierdas”, cumplirá de esta manera su gran amenaza. Por ahora el país parece satisfecho con el trío PRI, PAN, PRD. Los intentos anteriores de crear un partido de izquierda serio fracasaron con el Partido Comunista y el Partido Popular Socialista. Los partidos pequeños, negocios familiares o empresas de grupos políticamente modestos no tienen más porvenir que el desaparecer poco a poco o sumarse a cualquiera de los mayores.

Lo que veremos, en consecuencia, es una lucha casi personal de AMLO, tratando de armar su tercera candidatura. Tan es así que en Tabasco es su hijo quien está al frente de Morena. Lo que no llama más la atención es su inconsistencia y falta de sinceridad: va y viene, se contradice y nos toma el pelo. Una prueba de ello es la siguiente afirmación: “En Morena no se aceptará el caciquismo, el amiguismo, el influyentismo, el nepotismo, el sectarismo y el clientelismo”. That’s all?

Opinión 2012-09-17 - La Crónica

¿Dónde está la “mafia del poder”?

En estos tiempos modernos o que prefiguran una nueva modernidad, ya nada queda claro en México, donde no hay “izquierda” sino “izquierdas” y ninguna de ellas realmente posee la estructura ideológica y moral que la acredite como tal. Pero algo urge saber, antes de tratar de avanzar como nación: ¿qué es la mafia del poder, quiénes la integran, dónde sesiona, a qué se dedica cada uno de sus integrantes? De lo contrario, jamás sabremos contra qué molino de viento estamos topando y en consecuencia nos quedaremos con una ocurrencia más de López Obrador para justificar sus ya cuatro derrotas electorales.

Fidel Velázquez fue famoso por muchas cosas: primero era un hombre sólido en tanto priista, se dejaba matar por el lamentable presidencialismo que padecimos durante décadas y del cual quedan restos. Sus frases solían ser certeras e imponían conductas, normas. Él fue quien para frenar el futurismo de los aspirantes presidenciales, dijo con voz apenas audible: El que se mueve no sale en la fotografía. Y por años así fue. Nadie decía una palabra, se limitaban a trabajar y a adular al presidente. La cautela era esencial. Un caso nada más. En tiempos de Carlos Salinas, el delfín inicial, qué duda cabe, era Manuel Camacho, fue el vicepresidente y el que inquieto jugaba todas las posiciones del gabinete con tal se serle útil al mandatario y asegurar su candidatura presidencial. A su alrededor había un séquito impresionante que sin discreción se manifestaba por alguna tarea política cuando su jefe Camacho llegara a la Presidencia de la República.

Pues bien, tanto y tan burdamente se movió Manuel que Salinas prefirió a un hombre sensato, inteligente, eficaz, pero sobre todo discreto: Colosio. La brutal reacción de Camacho dejó un desagradable sabor de boca luego del asesinato nunca aclarado del aspirante priista.

Ahora Fidel Velázquez ha muerto y no existe más el presidencialismo tradicional que tanto daño produjo al país. Por ello todos se mueven, todos aspiran a ser candidatos presidenciales. Peña Nieto no toma posesión del cargo y ya hay en todos los partidos, el suyo incluido, aspirantes declarados o prudentes que buscan la casona presidencial para 2018. El PRD tiene por lo menos dos: López Obrador y Marcelo Ebrard. Cada uno cuenta con una estructura más o menos conformada o que busca ser modificada para efectos electorales. Deben estar listos para los comicios de 2013. En este nuevo proceso electoral, advierte desde ahora Jesús Zambrano, personaje de medianía política, que el PRD hará alianzas con el PAN, jamás con el PRI.

Tales declaraciones o advertencias o tal vez amenazas, se ligan a la pregunta inicial: ¿cuál es la mafia del poder? Según la lógica elemental de López Obrador, el eje de esa siniestra organización, invisible, tiene en el núcleo al PAN y al PRI, no en balde se ha negado a reconocer a Calderón primero y ahora a Peña Nieto. De este modo le ha dado grandes pinceladas de pintoresquismo a la política nacional. Imagino que a esos partidos debemos sumar al alto clero y a muchos empresarios multimillonarios. Estos son el peligro para México. La mafia del poder.

Sin embargo hay más alianzas y acercamientos entre PRD y PAN que entre PRD y PRI. Y si Zambrano no miente por su todavía existente cercanía con Obrador, veremos más de un eje político PAN-PRD para ir contra el PRI. Quiero decir que entonces el PRD, si no es parte de la mafia del poder, al menos está cerca. ¿Eso explica la ruptura más o menos cordial entre el caudillo tabasqueño y la alianza de partidos que sostuvo su candidatura con mucho dinero y mucho trabajo? Realmente no. Lo que desea AMLO es su partido, un organismo a modo, donde nadie le diga no, donde la hora y el día sean las que él quiera y no los reales. Y allí radica el futuro fracaso de su nueva candidatura presidencial, la tercera, las mismas veces que Cárdenas, en una época su inventor y promotor, lo fue. Será como una familia donde la mirada severa del padre tiene control de todos y nadie se moverá para salir en la foto. Por lo pronto, ya en Tabasco, el coordinador de Morena es su hijo Andrés Manuel López Beltrán. Con esta forma garantizará lealtad y obediencia, que es su estilo de conducir, sin contratiempos, sin consejos ni recomendaciones, por donde su instinto poco letrado lo conduce.
Pronto sabremos qué harán los asesores de AMLO, la mayoría brillantes, famosos y con obra. Está visto que no es suficiente tener cerca de él a tanta lumbrera si no les hace el menor caso y hace lo que su dedito le indica.

En lo personal, me encantaría saber quiénes conforman la misteriosa mafia del poder, no para pedirles algún favor, sino para escribir artículos mejor informados. No es posible depender de las ocurrencias de un hombre que se apoderó de diversas organizaciones y las demolió. Ahora no se aprecia, pero en las siguientes elecciones lo veremos. Si no me creen, como dice Ricardo Alemán: Al tiempo.

Opinión 2012-09-14 - La Crónica

septiembre 16, 2012

¿Qué significa ser priista?

Hace unos días, en una mesa redonda de universitarios de distintas instituciones, un profesor me dijo que las universidades no eran perredistas sino antipriistas. Sus palabras me dejaron pensativo. ¿Qué significa el priismo que hoy de nuevo está en Los Pinos? No es sinónimo de militancia y devoción a un partido (que han existido personas con esas características), es más bien una conducta, una forma de ver el mundo o quizá sólo al país. Si en sus mejores tiempos de absolutismo parecía una postura irreductible, poderosa, de amor a una causa política, en realidad resultó apego al poder. No es una ideología. De serlo, por más que se ponga en el centro y busque identidad en los cero grados, es nómada. Lo vemos ahora: priistas que tuvieron cargos en el PAN y en el PRD regresan al redil con mansedumbre y, sin duda, con gozo.Cuando estudiaba, priista era un insulto por su actuación desmesurada y porque en rigor no había más partidos que un PAN rezandero y un Partido Comunista que disfrutaba ser medio clandestino. Pero además la arrogancia y autoritarismo del PRI lo hacían antipático y al mismo tiempo codiciado y temible. Podríamos decir que priismo era, entre otras cosas, un adjetivo insultativo, sí, superlativo. Así lo veíamos en la izquierda y lo siguen viendo millones de mexicanos, porque regresa el mismo partido, somos nosotros los que hemos cambiado. El PRI intenta mostrarse distinto. Fracasa.Su poder está en la aplastante influencia que ejerce, es una leyenda, una forma de vida, una religión de la que se va y se regresa: el PRI sabe perdonar. Los demás partidos lo detestan cuando en realidad lo envidian y dentro de la simulación piden el cambio (palabra mágica, mentira absoluta), quieren ser como él, gobernar como él. El PRD es un lamentable clon del PRI, todavía dominado por ex priistas y enamorado de perversiones como la corrupción y el autoritarismo, las que han llevado más lejos. El sindicalismo afín al perredismo es idéntico al de Fidel Velázquez. El PAN, dos veces en el poder, se sentó sobre el viejo jamelgo y trató de conducirlo a ningún sitio. No era su caballo, el que veían los fundadores. Fox y Calderón fallaron porque gobernaron desde un sistema que desconocen y que sólo el PRI sabe manejar. Si Peña Nieto aprende a gobernar realmente, el PRI estará en Los Pinos varios años más. Es su medio.Ya que todos los que hablan de cambio han fracasado, debemos pensar que sólo el PRI puede cambiar al PRI. ¿Lo hará? Lo dudo. Pero podría intentarlo; no le saldrá mal porque es su criatura, su monstruo. A su lado, PRD y PAN son malas copias puestas como una izquierda y una derecha, cuando ambos partidos buscan el centro, donde desde siempre está el PRI. Luego de tantos años, los padres del organismo victorioso podrán estar satisfechos: sigue vivo y vigoroso. Las ovejas regresan al redil orientadas por lobos.La izquierda de hoy quiere ser como el PRI de López Mateos o, en el peor de los casos (AMLO), como el de Luis Echeverría. No ve más allá: izquierda, sin ideología, es una falacia. El PAN, a su vez, es una derecha avergonzada de su larga historia al amparo de las peores causas. Busca una postura menos conservadora para salir de su medianía.

Realmente ninguno de los tres partidos desea transformaciones de fondo; busca las de apariencia. Un poco más de democracia, otro tanto de conquistas sociales para evitar la explosión. La misma sociedad que se agita desconcertada, desconoce el rumbo a seguir. Si votó mayoritariamente por el PRI es porque intuye que es el PRI quien puede modificar al PRI y regresar la falsa idea de progreso que en el pasado nos dio. Tres en uno, como el Espíritu Santo. Alguien me proporcionó una definición idiota pero justa; es un ave: el cuerpo es el PRI, el ala derecha el PAN y la izquierda el PRD.El PRI tiene seis años para modificarse a sí mismo, hacerse cirugía mayor, ¿lo hará?

Excelsior - 2012-09-16 01

septiembre 12, 2012

El adiós de Calderón

Felipe Calderón no tuvo una tarea fácil, de principio a fin encontró la hostilidad de López Obrador y sus seguidores. Para colmo le estalló una bomba de tiempo, la inseguridad y el narcotráfico. Pero si añadimos su escasa experiencia, la falta de cuadros panistas capaces de gobernar, el panorama queda completo. Su administración fue mala. Hace algún tiempo, en estas mismas páginas, escribí una pregunta: ¿Cómo verán las futuras generaciones a Felipe Calderón, qué dirá de él una historia severa e informada? Los resultados sin duda le serán adversos. De allí que haya rumores acerca de su posible salida de México.

Sin embargo, Calderón no es ingenuo y ahora, con el país en relativa calma (sólo los extremistas tontos ven en la esquina a los batallones de estudiantes clasemedieros armados hasta los dientes aguardando el momento en que el iluminado dé la orden de iniciar la revolución que David Alfaro Siqueiros vaticinó en uno de sus murales de la Ciudad Universitaria, la cuarta y definitiva. En consecuencia, ha optado por cerrar lo más decorosamente posible. Para empezar, sí reconoció el triunfo del PRI. Hace los adecuados preparativos con el objeto de que la transición se lleve a cabo de la mejor manera, pese a los sombrerazos de los perredistas que siguen pensando en un fraude más.

Las cosas no se detienen allí, ahora, y desde hace algunas semanas, el Presidente de México ha iniciado un impiadoso bombardeo de mensajes que nos indican, a nosotros y al mundo, que todo está perfecto, que nunca ningún presidente hizo tanto bien como él. Para llevar exitosamente la campaña, sus colaboradores más cercanos declaran un día sí y el otro también, que todo es inmejorable. El país está tranquilo, con las arcas llenas, poco desempleo y sobre todo a salvo de las crisis económicas de Europa y Estados Unidos. No pasan muchos minutos sin que leamos o escuchemos las voces de la razón: Calderón y su equipo, con voz de locutores deportivos, plenos de entusiasmo hablan de grandes logros y minimizan las derrotas.

Tampoco elogiar la actividad propia es algo negativo, es, en todo caso, algo poco digno, pero está en su derecho y es claro que le sobraron dineros para invertir en publicidad en un intento de modificar su futuro desde el presente y dejando de lado el pasado.

El PRI no parece un crítico severo, unas puyas aquí, otras allá y en general Peña Nieto se ha pasado el tiempo dándole la razón a casi todos y diciendo que respeta a sus enemigos y críticos, en lugar de cometer grandes hazañas políticas para que él y su partido nos hagan pensar en que sí hay cambios o estamos al borde de presenciarlos. En lo personal, veo pobreza política y algo más, salvo unas cuantas novedades poco promisorias, en ese partido están los mismos de siempre. Los líderes naturales no logran asomar la cabeza entre tantos elementos que ahora han redescubierto su devoción por el partidazo. Los cuadros más experimentados son piezas de museo, las centrales de trabajadores que fueron poderosas y cuyos líderes salvaron más de una vez al Presidente de la República hoy tartamudean, tienen mala memoria y para colmo se quedan dormidos. Los políticos más vigorosos lo son en el campo atlético, no en el intelectual.
Sé que algo peor sucede en la nueva oposición conformada por el PAN y el PRD, las cosas no están mejor, pero es el PRI el que va a mandar a lo largo de seis años. Lo hará en un medio donde la hostilidad se mantendrá de parte de algunos sectores extremos, gobernará para una sociedad mucho más avezada que la que dejó en 2000, con medios de comunicación críticos y sin las antiguas formas y normas no escritas que le funcionaban al “primer mexicano” y su gabinete. En suma, no será para Peña Nieto un día de campo. Hay escepticismo acerca de sus capacidades y aunque es un hombre carismático y alguien que aprende rápido, su discurso es monótono, repetitivo y poco original. Acartonado, en una palabra. Esperemos que ya en Los Pinos muestre su personalidad, dentro de la lógica de los presidentes priistas de sólo mostrar el verdadero rostro, una vez que esté habitando en Los Pinos.

Felipe Calderón está en lo suyo, en despedirse diciéndonos que nos salvó del crimen organizado y que ya falta poco por hacer. Los miles de muertos fueron de patriótica utilidad. Sin embargo, la realidad es otra, deja un país incierto, en el cual todavía hay mucho malestar y pocas esperanzas. Para completar el panorama, López Obrador está en tregua, para sólo reorganizar a sus más leales, deja en el PRD a muchos de sus mejores servidores y amenaza ser de nueva cuenta candidato presidencial, sin mirar que el PRD ya busca presidente entre Miguel Ángel Mancera y Marcelo Ebrard, con bastante anticipación.

Si el PRI desea mantener el poder, desde ahora tendrá que hacer las cosas muy bien y permitir que los nuevos dirigentes surjan y se muevan en busca del poder con ideas vigorosas y de interés social. En otras palabras, el PRI tendrá que ser lo que nunca ha sido: dejar de funcionar como agencia de empleos y ser un verdadero partido político.

Opinión 2012-09-12 - La Crónica

septiembre 10, 2012

Ahora, ¿dónde están “las izquierdas”?

Desde el sábado los periodistas agudos tenían la información: el domingo siguiente (ayer) López Obrador marcaría distancias con los partidos del Movimiento Progresista, haría su propio partido, constituyéndose Morena en el eje, donde nadie más que él podrá ordenar y nos endilgaría un decálogo para llevar a cabo la “resistencia” civil pacífica contra la mafia del poder que ya se habituó a robarle la Presidencia de la República. Un decálogo que él llama de no obediencia. Mientras tanto, el equipo de Peña Nieto va tomando una monstruosa forma entre dinosaurios, bebesaurios y ex perredistas arropados por un proyecto más bien conservador. Ya con su gabinete y su proyecto firmado ante varios notarios públicos, tratará de desactivar tanto las bombas de tiempo que le heredó el PAN como las que están fraguando los movimientos que apoyan a un caudillo cada vez más solitario y distante de la casona presidencial que desea con vehemencia.

Dentro del PRD hay de todo, como en botica, unos saben de su peso real para atraer votos, otros le desean buena suerte y juran volver a votar por él en 2018 y los tenemos, como Jesús Ortega, que sueltan la rienda a su aversión y rechazo al caudillo: “Con AMLO se va la esquizofrenia”. Por su lado, Obrador sabe que no cuenta más con el PRD, para él es un cascarón que albergará otras candidaturas, por ahora la de Marcelo Ebrard, quien con cautela se ha retirado del primer plano. Pero sin duda Miguel Ángel Mancera crecerá y se convertirá en un serio y fuerte rival para cualquiera. El PRI, desde ahora, no parece tener un candidato con posibilidades presidenciales como las tuvo Peña Nieto. Sabe, en consecuencia, que lo mejor es crear su propio organismo.

Los miles de concurrentes a la asamblea de ayer en el Zócalo saben que no hay regreso, que la terquedad de López Obrador lo hará ir por una tercera candidatura presidencial. Allá quienes lo siguen a un rumbo todavía más oscuro y turbio. El problema es inmediato, ¿qué harán sus fanáticos con el decálogo de la desobediencia pacífica? Nos dice que no tolerará la “imposición”. De nuevo aparecen dudas: ¿Y qué va a hacer para impedir que el PRI gobierne seis años? ¿No recuerda que hace seis años llegó al extremo ridículo de ponerse una banda presidencial mal hecha para sentirse presidente legítimo? Los resultados fueron visibles y lamentables para su causa. No se le ocurre reflexionar con la cabeza y asumir una actitud semejante a los de sus correligionarios como Arturo Núñez o Graco Ramírez, o diputados y senadores que están dispuestos a tratar con Peña Nieto y dejar de lado una pugna sin sentido, que los hará volver a una situación enfermiza y modesta en votos.

Lo poco que le queda a López Obrador es un grupo mínimo y sin relevancia. Dudo que Marcelo Ebrard y Manuel Camacho tomen la decisión de seguirlo. Ya tienen una posición relevante dentro del organismo creado por Cárdenas y no la perderán en una aventura más, cuyo fin desde ahora es posible apreciar en toda su magnitud.

El PRD realmente ha carecido de identidad, lo de “las izquierdas” es un invento para justificar la presencia de tribus y mafias ávidas de poder. Ahora, ya sin caudillos, las bases pueden impulsar un gran movimiento popular que en verdad sea de izquierda, poner distancias con los ex priistas y darse tanto una ideología avanzada como un proyecto generoso que sea capaz de distinguirse del PRI y del PAN.

De manera tramposa, ayer, Obrador leyó un discurso repleto de lugares comunes y frases hechas. Divide a México en dos: los traidores a la patria y los patriotas que están con él y lo siguen en sus intentos de salvarnos de los malvados que nos oprimen. Nadie más que él podrá darle a México paz, tranquilidad y prosperidad. Con cautela se deslindó del PRD y dijo que vería si era deseable que Morena, apoyado por el PT y Movimiento Ciudadano, se constituyera en un partido para seguir la batalla contra los malos del filme. En su decálogo de desobediencia pacífica civil señaló vaguedades para un propósito claro: no reconocerá por ningún motivo a Enrique Peña Nieto. Supone que la nación entera lo seguirá como si se tratara de obtener la independencia de España. Con los medios fue especialmente rudo, vengativo: “Los medios de comunicación masiva son el pilar fundamental del régimen. Hay que contrarrestar sus campañas de exaltación de los autoritarios y corruptos y sus campañas de desprestigio de los que no transigimos ni con la corrupción ni con el autoritarismo. Y deberemos hacerlo con todos los instrumentos a nuestro alcance: comunicación directa, medios alternativos, redes sociales, radio y televisión comunitarias…”.

En suma, Obrador deja claro la separación del Movimiento Progresista y su idea de no reconocer a Peña Nieto. Una duda: en cuanto Peña Nieto caiga por el peso de la desobediencia civil pacífica, ¿qué sucederá? ¿Él será presidente o habrá un nuevo proceso electoral dirigido por Morena, una vez que la regeneración nacional haya concluido? No cabe duda: hay dos Méxicos: el que AMLO ve y el real.

Opinión 2012-09-10 - La Crónica

septiembre 09, 2012

México, paraíso del plagio

¿No les importa darle el Premio FIL a un señor que se ha robado 26 artículos?

Hace unos días, la burocracia cultural dio una noticia asombrosa: la FIL de Guadalajara decidió asignar su premio (alguna vez llamado Juan Rulfo, hasta que la familia se incomodó por el manejo y con razón) al escritor Alfredo Bryce Echenique. Asombrosa, porque el peruano ha sido acusado de plagio y lo que es peor, lo ha aceptado con una razón inaudita: mi secretaria, confundida, envió los artículos. Pero el caso es que Bryce ha enfrentado serios problemas de orden legal. Ahora la FIL, con el aval del CNCA, lo honra con una jugosa cifra de dólares; como meses antes, otro célebre plagiario, Sealtiel Alatriste, fue galardonado con el premio Xavier Villaurrutia, al que tuvo que renunciar al serle comprobados públicamente escamoteos intelectuales. En ambos casos, Excélsior dio amplia cobertura.

El asunto mexicano fue escandaloso, tanto que Alatriste tuvo que abandonar el empleo en la UNAM. Con tal motivo, aparecieron infinidad de artículos comentando el plagio en México. Participé con un texto llamado Plagio, luego existo, donde recordé que las historias de plagios nacionales han involucrado a docenas de escritores, algunos de enorme prestigio como Carlos Fuentes, Alfonso Reyes y Octavio Paz. En algunos casos, las víctimas señalaron las sospechosas semejanzas entre el texto del famoso y el propio. Rubén Salazar Mallén denunció a Paz y recientemente Teófilo Huerta señaló a José Saramago como autor de un hurto. Su cuento, La segunda muerte, se había convertido en novela, en manos del Premio Nobel. Quizá tomó la idea sin imaginar las consecuencias. De por medio, precisó Huerta, estaba Alatriste, quien no sólo encubría y facilitaba temas ajenos, sino que él mismo a falta de imaginación tomaba párrafos de otros.

En el diario La Razón, Gil Gamés hizo algunos comentarios: “Jorge Volpi, Julio Ortega, Leila Guerrero, Margarita Valencia, Mark Millington y Mayra Santos Febres, ¿no les importa darle el Premio FIL a un señor que se ha robado 26 artículos? Inviten a Alatriste al jurado y todos contentos. Mecachis. No se lo tomen a mal a Gil, pero son ustedes unos papanatas interesados, grillos que no premian la calidad sino, como suele ocurrir con los premios, el lobby, las cenas, las influencias...” La responsabilidad del premio de la FIL no está sólo en los jurados, sino también en las autoridades de la feria y del CNCA. El caso de Bryce Echenique es internacionalmente conocido. Quienes otorgaron tan a la ligera el premio, precisa Gil Gamés, “serán recordados por destrozar un premio importante. Oiga, Raúl, ¿ya vio lo que ocurrió con su premio?”

Sin duda Bryce tiene gran talento, lo ha mostrado en novelas como Un mundo para Julius, pero se dejó tentar por la necesidad de mantener el prestigio y recabar dinero fácil. Juan Rulfo sólo requirió dos libros para obtener la brillante reputación que conserva intacta, cuando no pudo o no quiso escribir más, enmudeció. Es todo. Lamentable es que el artista plagie, pero resulta patético y poco inteligente que un grupo de personas lúcidas y algunas con obra significativa, decidan enfangar su influencia en una acción como la cometida.
Bryce, por otro lado, carece de culpa en este lodoso conflicto. Esta pésima decisión ha provocado un nuevo escándalo cultural en un país que, desde hace tiempo, carece de figuras destacadas dentro de la burocracia, sin obra y prestigio, permiten toda clase de fechorías. No dejemos de lado que la afamada escritora y colaboradora de estas páginas, María Luisa Mendoza, se vio involucrada en un caso de plagio de un título por ella utilizado y que el CNCA usó y no dio mayores explicaciones públicas.

Por fortuna, como solía escribir el notable columnista NikitoNipongo: ya faltan menos de dos meses para que Consuelo Sáizar y los suyos se retiren. A ver qué sorpresa nos aguarda con el nuevo gobierno, que tampoco parece interesado en la cultura.

Excelsior - 2012-09-09

septiembre 07, 2012

La inexplicable política mexicana

Cuando estudiaba en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, ingresé en un mundo inteligente y generoso: el de los clásicos de la teoría política: de Platón, Aristóteles, Maquiavelo y Moro a Marx, Engels y Lenin, pasando por Montesquieu, Locke y Sieyes. Todos sostenían con brillantez tesis soberbias que de haber sido aplicadas adecuadamente tendríamos un mundo ideal. Muchas ideas de esos pensadores han sido tomadas y utilizadas sin esmero en diversos países. Las utopías parecen tener influencia en más de una acción política, pero siempre terminan encerradas en las páginas de los libros que consumen únicamente los teóricos y los académicos. La realidad nos obliga a seguir rutas diferentes y a recoger doctrinas maltratadas y peor aplicadas. Si uno ve a la política desde la perspectiva incierta de quienes la practican profesionalmente, no existe camino para mejorar a la humanidad. Ella se orienta por el peor de los pragmatismos.

México sin duda es el peor ejemplo. Por décadas no hubo otra teoría que el pensamiento salvador del presidente en turno. El país dependía de las habilidades o perversiones del líder, un caudillo sexenal. La ideología, por así decirle, provenía de un conjunto de vagas ideas que el político había adquirido sin rigor y más bien tomando ejemplos de manuales de historia, acaso de algún maestro confuso. De tal manera que la principal fuente política del país es el más lamentable de los pragmatismos. El PRI lo redondeó y le dio una orientación dizque revolucionaria para quedarse en el cómodo centro como hoy está en el sistema que sin una argumentación juiciosa, mantiene al PRD y satélites en la izquierda y al PAN en la derecha.

En esta tesitura y en una nación donde el priismo es una religión por todos aceptado, les guste o no, los políticos van y vienen de los partidos, los que sólo sirven como plataforma para saltar de un empleo a otro. Los pocos que realmente poseen una ideología concreta, ven saltimbanquis, no guías sociales. Una explicación del peor pragmatismo la escuché de un hombre que, luego de militar en la izquierda socialista de hace años, pasó al PRI, de allí al PRD, estuvo en el PAN y ahora ha regresado al partido madre y padre de todas las batallas, el Revolucionario Institucional. Dijo ser como un futbolista: jugaba donde era posible hacerlo, con quien lo contratara. No hay lugar para las utopías ni para las grandes propuestas de aquellos pensadores que trataron de rehacer sociedades imperfectas. Todos se guían por normas poco plausibles, las que antecesores ignorantes y audaces crearon de refritos e ideas vagas. Añaden su particular estupidez.

El equipo de transición de Enrique Peña Nieto tiene, entre algunas novedades a Rosario Robles, la mujer que era “de izquierda porque de ese lado está el corazón”, y ahora explica que “la izquierda está en todos lados”. Su perredismo fue extremo, rayano en lo grotesco. Invención de Cuauhtémoc Cárdenas, quien obviamente venía del PRI, se proclamaba surgida de batallas sociales. Su carrera fue meteórica en ese partido. Llegó a lo que Beatriz Paredes ni María de los Ángeles Moreno no consiguieron: gobernar el DF. La compleja y turbia vida interna del PRD la condujo del éxito a la derrota y fue expulsada por razones que nadie ignora. Inteligente, supo refugiarse en los medios, como lo hizo la panista Purificación Carpinteyro, quien ahora representa al PRD. Desde allí reconstruyó su vida política y mientras su hija buscaba abrirse paso en el PAN, ella coqueteaba con el PRI. Hoy la vemos al lado de Peña Nieto, en el equipo de transición, en espera de un alto cargo.

Mudarse de partido no es ya una rareza digna de Ripley, es una cómoda realidad que nos muestra el pragmatismo de la política y los niveles de intensa corrupción de todos los institutos políticos. No hay ninguna ideología, hay necesidad de ser funcionario. Cuando Manuel Camacho, Marcelo Ebrard o Porfirio Muñoz Ledo se declaran de rabiosa izquierda, mueven a risa. Todos se mantienen en un PRI eterno y cambiante. Los partidos son entelequias, siglas, nunca representan valores e ideologías, sino puestos de combate para vencer a un hipotético enemigo y colarse al mejor empleo posible. En este universo tan perverso como práctico, se mueven los políticos. Sin dignidad o decoro alguno, con la idea de figurar. Rosario Robles, ahora tricolor, desató oleadas de comentarios ácidos en las redes sociales. ¿Y? Mayor utilidad tendrá en un PRI que tiene al frente la molestia del sector radical del perredismo. ¿Y qué es el PRD? Una suma confusa orientada por el rencor de ex priistas. Del mismo modo que el largamente opositor al PRI, el PAN, en cuanto llegó al poder se apropió de los métodos y usos de aquellos que sacó de Los Pinos. Fox parece más priista que Videgaray o Coldwell, mostrando de tal manera que no tenemos un sistema de partidos sino un partido con dos alas y que vuela muy bien.

Robles recuperó lo suyo: un lugar destacado en el poder. No quería modificar al país, quería empleo. Lo tiene ya en el primer círculo del PRI. Los perredistas imitan a los priistas prófugos, buscando un lugar adecuado en el poder. ¿Existe la izquierda o a lo sumo son priistas avanzados?

Opinión 2012-09-07 - La Crónica

septiembre 05, 2012

¿Hay una generación de la “Onda”? 2/2

En 1975 el INBA organizaba giras fronterizas (la frontera norte, desde luego) para defendernos de la penetración cultural estadunidense, sin percatarse de que el caballo de Troya se llamaba Televisa. En Ciudad Juárez, conocí a un hombre provinciano, agudo y feroz enemigo del DF: Jesús Gardea y estaba desesperado, había nacido en 1939 y no tenía libro alguno editado. Finalmente consiguió editar y apareció un eficaz prosista que murió en marzo de 2000, sin haber tenido idea de su pertenencia, al menos por razones de edad, a la misma generación de la que hoy hablo con rapidez, tratando al menos de ubicarla, pues se trata de personas distintas entre sí y con diferencias políticas, morales y culturales muy claras y que, como consecuencia, en tanto grupo, fueron incapaces de luchar contra lo establecido. De los “onderos”, sin duda José Agustín, Parménides García Saldaña y yo, teníamos mayores afinidades: el rock y aires contrarios al sistema. Los tres en algún momento estuvimos en el Partido Comunista y nunca nos gustó el PRI ni la sociedad que había edificado.

Todavía no se ha escrito un libro sobre dicha generación y su connotación “ondera”. Sin duda, Parménides se reconocía como tal. El resto no, aunque aceptábamos que a nuestro alrededor había un movimiento contracultural que nos impulsaba. Algunos hemos recibido esa atención en lo individual. Una vez Carlos Montemayor se interesó en nosotros y le consiguió a Jorge Arturo Ojeda una beca para hacer un libro de análisis crítico sobre su propia generación; él, sin embargo, prefirió redactar una obra más sobre Octavio Paz. No está de más señalar que Octavio vio con desprecio el trabajo de Jorge Arturo, ignoro las razones, esto me fue contado por el propio autor del ensayo.

Gustavo Sáinz tuvo una intensa relación con José Agustín y Parménides García Saldaña, no cabe duda, tendría que estar con nosotros, pero él permaneció distante. Alguna vez El Búho lo entrevistó y fue duro con José Agustín, a los demás nos engavetó y por último se puso al lado de figuras como Goytisolo y Vargas Llosa. Luego su alejamiento de México lo hizo menos popular de lo que fue cuando publicó Gazapo. A menos que se tenga, como Fuentes, un gran talento literario y un amplio sentido publicitario, en México funciona el refrán de que santo que no es visto no es adorado.

Dionicio Morales, con Aura y Elsa Cross, por último, son algunos de los escasos poetas en medio de un grupo de narradores. El primero conserva características que lo hacen diferente quizá por su cercanía con poetas de la talla de Carlos Pellicer y Efraín Huerta.

Pues bien, de una u otra forma, por nacimiento y ciertas afinidades, por encuentros y desencuentros, legados y aportaciones, rivalidades y simpatías personales, algunos ya distanciados por los nuevos tiempos y los cambios que de pronto ocurren, que una misma época concede, un largo número de narradores y poetas se han acumulado y todos hacen su obra sin detenerse a pensar en ellos mismos, tal vez en espera de que alguien los analice con seriedad y cierta objetividad.

De cualquier forma, se me antoja una pregunta: ¿somos los nacidos alrededor de 1940 una generación? Por razones cronológicas sí, por otras resultan más complejas y difíciles las afinidades. Onda, por lo pronto, nos parece algo peyorativo. Agustín propuso Mester y otro sugirió 1968, en recuerdo del año trágico que se cruzó en la vida de todos nosotros, aunque, en este caso, Alejandro Aura insistió que él nada tuvo que ver con el movimiento y que no escribió algún verso al respecto. Si hay que ponerle un nombre a una generación que como tal no existe, bien podría ser el de 1940 y listo. Si debo pensar en generación (como respuesta a una pregunta mil veces hecha), sólo puedo hacerlo en aquellos que conocí alrededor de 1960: José Agustín, Gerardo de la Torre, Eduardo Rodríguez Solís, Antonio Castañeda, Jorge Arturo Ojeda, Parménides García Saldaña, Roberto Páramo, Gustavo Sáinz, Alejandro Aura, Elsa Cross, Juan Tovar, Eugenio Chávez y algunos que se me escapan. Por razones de edad, porque coincidimos y estuvimos juntos en momentos formativos. A todos nosotros, como generación, le han hecho diversos reconocimientos: el primero lo realizó Marco Antonio Campos, el segundo, Humberto Guzmán, el tercero lo hizo un joven escritor, David Gutiérrez Fuentes, quien publicó una serie de entrevistas en El Búho. Como dato adicional, la mayoría de nosotros escribió trabajos iniciales en Volantín, Búsqueda y Mester. Estuvimos en el taller de Arreola, en el Centro Mexicano de Escritores y consolidamos la literatura urbana que habían iniciado Spota, Fuentes y Solana. Creo que hubo un tiempo en el que todos nos quisimos y compartimos hallazgos intelectuales y políticos. De mi parte, he escrito sobre ellos porque recuerdo con emoción nuestros inicios y añoro una lucha contracultural que muy pocos dimos.

Si fuimos “onderos”, ya somos abuelos poco animosos para ir contra el sistema. Lo despreciamos e intentamos modificarlo, pero resultó más sólido de lo que imaginamos. Hoy, a escala global, se ha tragado hasta a Paul McCartney y Bob Dylan. Si un poeta beat, como Ginsberg, hubiese sido mexicano, estaría haciendo antesala con Peña Nieto.(Segunda y última parte)

Opinión - La Crónica

septiembre 03, 2012

¿Hay una generación de la “onda”? (1/2)

Hace poco, una joven periodista me hizo de nuevo la pregunta que, por ejemplo, José Agustín se niega a responder con abierta hostilidad: ¿Qué es la generación de la Onda, dónde estaba usted? Ésa fue una discutible calificación que Margo Glantz nos endilgó para hacerse pasar como crítica literaria aguda e innovadora, cuando ella es mejor analizando a los clásicos. Algo le respondí a la reportera, ahora prefiero, con mayor calma, ahondar en el tema.

Una generación literaria es un conjunto de escritores de edad semejante, cuya obra tiene algunas características similares, un lenguaje común. Por lo regular queda marcada por los grandes acontecimientos políticos, sociales y culturales de una época, como le ocurrió a la generación perdida a la que perteneció Hemingway, donde la matanza de la Primera Guerra Mundial hizo visibles sus efectos más allá del campo de batalla. Entre nosotros, que se reconozcan como generación, tenemos a la del Ateneo de la Juventud, donde Reyes, Torri, Vasconcelos y Martín Luis sobresalieron. Brilla la de los Contemporáneos, quienes cometieron la hazaña de darle a la cultura nacional los necesarios aires renovadores de Europa y Estados Unidos. Sus más distinguidos miembros fueron Salvador Novo, Carlos Pellicer, Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia y José Gorostiza. Asimismo, debemos recordar Taller, revista que agrupó y le dio nombre a una generación que encabezaron Octavio Paz, José Revueltas, Efraín Huerta y Rafael Solana. Difícil hoy imaginarlos juntos: sus carreras corrieron por diversos rumbos.

Marco Aurelio Carballo, según nos indica una de sus obras, Muñequita de barrio, pertenece a la generación del 40, sólo que tal generación fue apareciendo de modo complejo y en diferentes momentos. Al principio, arrancamos, alrededor de 1959, agrupados en un taller literario, Mariano Azuela, con una revista casera: José Agustín, Eduardo Rodríguez Solís, Gerardo de la Torre y yo. Poco más adelante, uno o dos años, se incorporaron Alejandro Aura, Juan Tovar, Gustavo Sáinz, Andrés González Pagés, Jorge Arturo Ojeda y Elsa Cross, justo cuando los primeros con José Agustín y yo en la preparatoria 7, hacíamos una suerte de periódico literario llamado Búsqueda, órgano de unos cafés literarios que dirigía César Horacio Espinoza, quien gustaba de utilizar el seudónimo Horacio Juvan. Habrá que añadir que la Revolución Cubana acababa de triunfar, Guevara ya era proverbial, Agustín, Gerardo y yo fuimos militantes comunistas en diversos momentos de aquella época y el rock and roll dejaba huella indeleble como evidente manifestación contracultural, como la poesía beat. En ese momento Juan José Arreola decide, a petición de nosotros, formar un taller literario y una revista, hoy legendarios: Mester. En esas sesiones transcurridas en la casa de Arreola en Río de la Plata aparecieron algunos más como Hugo Hiriart, Roberto Páramo (quien inexplicablemente desapareció, abandonando una carrera promisoria para la que estaba singularmente dotado), Ignacio Solares, Carmen y Magdalena Galindo y otros que se me escapan. La mayoría de nosotros escribimos nuestros primeros textos en revistas colegiales, de tal manera que consideramos los cuentos y poemas que aparecieron en Mester como el arranque formal. Hablo de 1963 y 1964. Mucho más adelante, el círculo se ampliaría. Al grupo que Margo Glantz de modo simplón, y sin encontrar mayores diferencias entre cada uno de nosotros, calificara como de la Onda y que se encuentra reunido en dos libros, Antología joven de México y Onda y escritura, publicados por Siglo XXI, se le añaden personajes solitarios como Parménides García Saldaña y Raúl Navarrete, al que Rulfo exaltara. Ambos murieron de forma dramática y prematura. También en ese año, conozco a un poeta importante: Dionicio Morales. El encuentro fue en aquella remota OPIC que dirigía Abigael Bohórquez. Finalmente, en 1989, Marco Aurelio Carballo comienza a escribir literatura y de este modo la generación crece. En esos tiempos surgen asimismo autores exitosos, de edad semejante a la nuestra, como Eugenio Aguirre y Rafael Ramírez Heredia, y aumentan la lista de autores nacidos alrededor de 1940 y que hasta hoy no ha encontrado más nombre que los ya citados de la Onda. Agustín propuso dos nombres para calificarnos: Mester y generación del 68. Como la veo, pareciera que está perfectamente conformada por el año de 1938, año en que nace Gerardo de la Torre y 1944, cuando nace José Agustín. Sin embargo, 1938 es también el año de nacimiento de José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis, quienes pertenecen por razones históricas y de prematura incorporación a las letras, a otra generación, la de Juan García Ponce, Juan José Gurrola y Juan Vicente Melo, Inés Arredondo... De tal forma que será interesante cuando, llegado el momento, los críticos, la estudien y vean cuáles son sus puntos de contacto, sus diferencias, sus méritos o fracasos y las razones de sus escrituras.
Como generación aparecimos en un libro propuesto por el poeta Xorge del Campo, quien lo ofreció a Arnaldo Orfila una antología de nuevos narradores: Literatura joven de México. Éramos siete y el editor le pidió a Margo que la prologara, allí nace la Onda. El éxito fue mucho y llegó la segunda edición, llamada Onda y Escritura, nuevamente prologada por Glantz y con otros escritores mayores que nosotros que representaban “la escritura”, nosotros éramos los onderos, los que escribíamos con desenfado y descuido.



Opinión 2012-09-03 - La Crónica

septiembre 02, 2012

Bernardo Ruiz, el hombre de letras

Bernardo Ruiz es un hombre de letras, en la mejor tradición de Reyes, Borges o Bonifaz Nuño, no hay género que le presente dificultades. En estos días acaba de aparecer su más reciente libro de cuentos: Más allá de sus ojos. Una obra maestra del género, donde el Bernardo narrador muestra la excelencia de su prosa, un fino estilo que atrapa y una elegancia que les da a sus historias un sitio permanente en la literatura mexicana.

Bernardo Ruiz estudió letras en la UNAM y se tituló con una notable tesis sobre Adolfo Bioy Casares. Habla con fluidez varios idiomas y es un excelente profesor de literatura, que los jóvenes buscan. Con el tiempo ha decantado sus aficiones en la prosa narrativa, poesía, traducción, edición de libros y revistas, y en la crítica literaria posee, en consecuencia, una elevada devoción por todos los géneros literarios. Es un polígrafo de talento y amor por las literaturas, un hombre sabio, así lo he visto desde que lo conocí y supe que, como yo, era profesor fundador de la UAM. Su discreción, que tal vez oculte una cierta timidez, es un obstáculo para realmente valorar su intensa y soberbia obra. Le gusta permanecer siempre en una postura de nulo exhibicionismo, poco usual en los intelectuales mexicanos. Sin embargo, somos muchos los que tenemos claro que, lejos de las ruidosas preferencias de los medios de comunicación y de una intelectualidad frívola, de los lugares comunes con frecuencia fabricados al amparo del poder político, hay escritores de la talla de Bernardo Ruiz, uno de los mejores que el país tiene.

En una época formamos una suerte de grupo, donde estaban Rubén Bonifaz Nuño, Carlos Montemayor, Jorge Ruiz Dueñas, el mismo Bernardo, Sandro Cohen, Marco Antonio Campos y yo. Solíamos reunirnos para hablar de libros y recordar viajes. El tiempo impiadoso nos ha distanciado y quitado a Carlos Montemayor. Los demás poco nos vemos y para colmo el mejor poeta de México, Bonifaz Nuño, está delicado de salud. Bernardo y yo somos quienes más nos encontramos, porque trabajamos en el mismo sitio, en la UAM: él es director de Publicaciones y yo profesor a cargo de la titulación de los alumnos de Comunicación. Hace unos días, me correspondió presentar Más allá de sus ojos en la Feria del Libro Universitario de Hidalgo. Con este volumen de cuentos, Bernardo Ruiz muestra nuevamente sus enormes dotes narrativas, para hacer de un instante o una persona, cuestiones memorables de gran belleza. La tragedia y la risa. El amor de un escritor por sus personajes, tanto que cada palabra está en su sitio, nada falta, nada está de sobra. La palabra justa, decía Flaubert. Una prosa cuidada, si de cuentos y novelas hablamos; versos de gran estatura y dignidad, imágenes innovadoras, si se trata de su poética.

Hay dos formas de comentar un libro de cuentos: la primera es analizar texto tras texto; la otra, hablar de la obra en conjunto. Ambas tienen grados de dificultad. El libro de Bernardo Ruiz permite las dos con relativa facilidad. Sin embargo, uno suele dejarse llevar por sus gustos. En lo personal me maravilló un cuento llamado “Atardecer con Rulfo”, un retrato donde Bernardo selecciona otro estilo para contar un acercamiento, un flash back, a uno de los más notables narradores del castellano, une tranche de vie, como les gusta a los franceses definir el cuento. Hay allí un Rulfo imaginario y al mismo tiempo de carne y hueso, que uno puede asir. Si le conocimos, es justo como era; de lo contrario, si jamás lo vimos, tenemos un delicado retrato que bien habla de su compleja personalidad y que en momentos pareciera el propio fotografiado quien toma la palabra. Por edad, yo conocí a Juan Rulfo, mi maestro en el legendario Centro Mexicano de Escritores, antes que Bernardo y ahora le agradezco que me lo haya devuelto merced a un cuento riguroso, destinado a las grandes antologías.

Excelsior - 2012-09-02