Tantadel

octubre 31, 2012

Declaración de amor a Puebla

En estas últimas semanas he viajado a Puebla y a Tabasco por cuestiones culturales y académicas. Ambos puntos me han dejado gratamente sorprendido. En especial Puebla de Zaragoza. Una ciudad que a sus grandes aportaciones en tal sentido, ahora le suma al país un intensa actividad creadora. Multitud de eventos culturales existen por todo el estado. A Villahermosa fui con Dionicio Morales y Carlos Bracho para participar en el Festival Ceiba. Tuvimos cordiales reuniones con intelectuales tabasqueños y de otras partes del país. Me encantaron dos cosas: el público que estuvo en la mesa redonda sobre bestiarios y el hecho de que al final de las actividades le hubieran concedido al notable poeta Dionicio Morales el importante Premio Nacional Malinalli 2012. Felicitaciones, querido amigo. Más que merecido.


En Puebla estoy acostumbrado a su vida cultural, tengo muchos amigos, mi historia con ese estado y en particular con esa ciudad es formidable. Es de una asombrosa generosidad. Hace unos tres años, el Cabildo poblano me entregó, bajo la presidencia de Blanca Alcalá, ahora senadora, copia de la Cédula Real de la Fundación de la Ciudad de Puebla en una ceremonia distinguida. Y hace poco, José Agustín y yo fuimos reconocidos con la entrega del documento relativo a la Fundación de Atlixco. Cómo no amar a Puebla. En la primera entrega, di las gracias con un discurso en donde hablé de mi relación con intelectuales poblanos, comencé con Vicente Lombardo Toledano y concluí con Héctor Azar, pasando por Germán List Arzubide, Gastón García Cantú, Ernesto de la Torre Villar y mi querida Elena Garro.

Ahora, la BUAP, concretamente la Facultad de Derecho, organizó con Carlos Ramírez un diplomado de Comunicación y análisis político. Participamos, entre muchos otros académicos, Samuel Schmit, Lorenzo Meyer, el propio Carlos y yo. Honestamente tuvimos más de sesenta alumnos del más alto nivel, capaces de producir ensayos de muy buena calidad.

La presencia de Saúl Juárez, ahora titular de Cultura en el gobierno poblano, se ha sentido. Las actividades artísticas son cada vez más frecuentes y la verdad que no es difícil encontrar músicos michoacanos y oaxaqueños, poetas y narradores, músicos clásicos, actores y escenógrafos. Hay talleres de poesía y cuento, cursos literarios, festivales de teatro, yo participé en uno sobre las grandes novelas mexicanas del siglo XX, en fin, multitud de actividades. Por allí vi a José Emilio Pacheco, Natalia Toledo y a Hernán Lara Zavala. El mes de noviembre estará lleno de eventos culturales: el Festival de la Ciudad de las Ideas, el primer Festival de Globos de Cantoya, el primer Festival Angelopolitano de danza 2012 y cuatro conciertos hermanarán al Festival Internacional de Jazzuv de Veracruz con Puebla, para que en 2013 se efectúe este evento en Puebla, entre otros muchos. Pero lo que más me sorprende es la reacción de los poblanos: todos los eventos se llenan, los jóvenes tienen una curiosidad grande y he tenido la oportunidad de ver a muchos de enorme talento literario. En los cursos que me ha tocado impartir, siempre aparecen escritores ya formados, de calidad, los hay poetas y narradores, pero otros simplemente buscan lecturas, orientaciones para escribir bien, sus objetivos son periodísticos o académicos, saben que novelas, cuentos y poemas son la mejor herramienta para dominar el lenguaje. Si en otros lados he encontrado públicos resignados, de la mano de funcionarios y maestros, en Puebla, jamás. De tal manera me han correspondido algunos reconocimientos hechos de manera natural, con buenas intenciones. No son, como en el DF, resultado de compromisos y amistades, de simpatías y utilización política. La vida cultural de toda Puebla es realmente atractiva, intensa. Los gobiernos han sido sensibles al arte y entonces a la belleza de las ciudades, principalmente la de Puebla, a su excelente gastronomía, a la hermosura de sus casonas y edificios civiles y religiosos, al orden de sus habitantes, se ha impuesto como una cabeza cultural del país. A varias maestras de primaria que me han tocado en mis cursos, les dije bromeando, así que ustedes sí saben computación e inglés a diferencia de sus colegas de otras entidades. Pues sí, maestro. En tal sentido llama la atención que aquellos que imparten clases busquen orientación de poblanos y fuereños para mejorar sus clases de literatura.

Cuando me corresponde ir, sea por invitación de la BUAP o por Cultura del gobierno, busco a Saúl Juárez, uno de los más eficaces funcionarios culturales de México. Su paso por multitud de tareas artísticas ha dejado una huella indeleble. Me consta que ha sacrificado su poesía por ser un promotor cultural de tiempo completo. Hablar con él es un gran placer, culto, conocedor de nuestros mayores intelectuales, tiene, por añadidura un enorme sentido del humor.

Estar en Puebla, de Zaragoza o de los Ángeles, qué importa, simplemente disfrutando la ciudad, es ya estar dentro de la más decantada cultura. Fue la primera ciudad del país que visité, cuando mis padres me llevaron de muy niño, a conocer los fuertes de Loreto y Guadalupe. Han pasado miles y miles de lunas desde entonces, y cada vez más amo a ese estado, a esa ciudad. Es mucho lo que le debo.

Opinión 2012-10-31 - La Crónica

octubre 29, 2012

¿Sirve la chiquillada?

La ahora senadora Mariana Gómez del Campo trabaja, imagino que intensamente, para que los partidos que no obtengan el cuatro por ciento como mínimo de la votación, les sea retirado el registro. Así como hay voces que se levantan contra los legisladores plurinominales, ahora el PAN va contra lo que llaman chiquillada y voces más severas han denominado partidos “morralla”, fáciles de aliarse a los tres “grandes”: PRI, PAN y PRD con tal de sobrevivir y obtener recursos. Los nombres son de sobra conocidos, más de uno es realmente un negocio familiar.


No solamente la panista Gómez del Campo ve con poca simpatía a esos partidos, dentro de la sociedad civil son cada vez más fuertes los llamados a presionarlos por carecer de principios. Les exigen realizar un trabajo más intenso para obtener mayor número de partidarios. Dudo que haya éxito: por principio, los partidos más grandes, son quienes los estimulan al llevar a cabo alguna negociación turbia para triunfar en un estado, un municipio o de plano por la Presidencia de la República. Sin embargo la senadora ha olvidado que el PAN se hizo acompañar por uno de esos chiquillos cuando el candidato presidencial era Vicente Fox y que en diversos puntos del país ha requerido del apoyo de algún otro pequeño.

México tiene una fuerte tendencia a la pluralidad, jamás será bipartidista, como los países anglosajones, donde batallan con fiereza los representantes de la Coca-Cola contra los de la Pepsi-Cola. Allí los organismos o núcleos que están en desacuerdo con los colosos que se reparten el poder, apenas se dejan ver. En los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial y hasta la derrota alemana, hubo partido comunista en Estados Unidos y muchos intelectuales y artistas veían con simpatía a la Unión Soviética que parecía tener un sistema más equilibrado, sin crisis, y cuyos ejércitos destrozaron la columna vertebral del poderío militar nazi. El problema es que el país no acaba de madurar políticamente y al desaparecer las ideologías, los que piensan diferente al simplismo de ver al PRD como “las izquierdas”, al PRI como el centro y al PAN como la derecha, suponen que no hay sitio para más. Si en Europa los partidos verdes son una fuerza digna y seria, no en México y aunque hay esfuerzos serios por reconstruir una izquierda socialista o comunista, el derrumbe del mundo encabezado por la URSS, pesa demasiado y parece darles la razón a quienes son sus enemigos naturales. Pienso, no obstante, que tarde o temprano reaparecerá, como una alternativa viable para disputarle el poder a los tres “grandes” que el fondo y en la superficie representan los intereses de los poderosos.

Pero sin duda México ha llevado demasiado lejos la presencia de partidos pequeños, cuyo soporte no son ellos mismos ni los recursos que obtienen vienen de empresarios o grupos que esperan algunos favores en caso de triunfo, sino llegan del Estado. La relación con los tres “grandes” es turbia e inocultable. La chiquillada gasta más en ella misma que en la batalla por obtener votos. Los pequeños, en todo caso, son útiles para que los compañeros de ruta, los que acompañan un tramo de la lucha, son para obtener posiciones dentro del repugnante mundo de los plurinominales y tomando en cuenta este aspecto, no será sencillo ponerles trabas.

Algunos comentaristas suponen que Morena se verá en aprietos para alcanzar el registro si el Congreso de pronto se asume políticamente correcto y pone coto a los negocios familiares y a los plurinominales. Lo dudo, si López Obrador logra vencer las resistencias de perredistas, petistas y demás, si de nuevo convence a grandes sectores de la población, estará por tercera vez en las boletas electorales con un partido que nació modesto. La idea está centrada en que aumente de dos a cuatro por ciento de la votación para mantener el registro. Por ahora, con partidos sin principios y sin ideología definida, de aprobarse la propuesta panista, a todos los chicos les será difícil sobrevivir. Sus integrantes se verán obligados a no hacer “política” sino a trabajar en diversas tareas. Podrían ser oficinistas, ambulantes o de plano pasarse en grupo a los partidos “grandes”.

Mariana Gómez del Campo advierte que así el sistema de partidos se fortalecería y evitaría la “existencia de partidos meramente oportunistas y fomentar actitudes políticas responsables al interior de los órganos de gobierno, principalmente en los órganos legislativos.”

De todos los partidos pequeños, el Verde Ecologista pareciera el de mayor presencia entre los ciudadanos, obtuvo en el pasado proceso electoral el 5.5 por ciento, igual que el PT. Pero su aparente buena fortuna se debió a dos candidatos fuertes de otros partidos: PRI y PRD. Su destino será siempre aliarse a los mayores, quienes a su vez los apoyarán para que no desaparezcan. El PAN está casi acostumbrado a ir en solitario, pero alguna vez fue con la chiquillada. Sólo el PRI ha sido grande porque fue creado por el poder, para mantenerse en el poder.

Opinión 2012-10-29 - La Crónica

octubre 28, 2012

Las añejas diferencias de la izquierda

¿Qué haría usted, irse a Morena y con Obrador, quedarse en el PRD, optar por el bejaranismo, seguir a Ebrard?


Acabo de leer las pruebas de la edición conmemorativa de mi novela inicial, Los Juegos. Escrita en 1966, no veo que la situación intelectual y política que allí describo, haya sufrido mayores modificaciones, a lo sumo algún personaje falleció y otro semejante lo sustituyó. Las relaciones entre el poder y los intelectuales mantienen mucho de perversión, y esta masa pantanosa que ahora se denominan “izquierdas” se ha envilecido más. Un fragmento me llamó la atención, algo para intentar explicarnos la presencia de ex priistas conversos, una izquierda dividida en multitud de tribus y tendencias. México, históricamente, nunca ha podido tener una izquierda fuerte y unida. Si antes había luchadores serios, lo que vemos hoy es un puñado de mafias luchando por el poder y los recursos económicos. Transcribo el párrafo:

“En efecto, camarada, hemos tenido que regresar a la clandestinidad, la represión está muy fuerte. A propósito, a qué fracción pertenece usted: es de la JC o de la Liga Marxista Leninista Espartaco o de la Juventud del Partido Popular Socialista o del Partido Obrero Campesino o del Partido Revolucionario del Proletariado Militante o de la Asociación Comunista, perdón, se fusionó ayer con el PPS, o de la Agrupación de Comunistas Sinceros, la que desde hace una semana se dividió en tres, o del Grupo de Socialistas Puros, que tiene cinco días de fundado por los expulsados de la JC, o del Frente Electorero Popular, también fragmentado: o milita con los Revolucionarios Radicales Mexicanos o está de parte de los Intelectuales Extremistas del Proletariado o de los Comunistas demócratas o ha ingresado en el Partido de Transformación Socialista, creado por los disidentes del Partido Único de Obreros Progresistas de Izquierda, o desea inscribirse en el Grupo del Pueblo Radicalizado, construido por los elementos enemigos que han tomado la Juventud del PPS, el Partido Obrero Estudiantil y el Grupo de Socialistas Puros; sigue usted la línea china, apoya al PCUS, simpatiza con los cubanos, le agrada la postura yugoeslava, está contra los albaneses, le caen bien los revisionistas o prefiere a los estalinistas, a los extremistas; quiénes tienen, a su juicio, la razón: los trotsquistas o los leninistas; dígame: ha leído a Marx y a Politzer o a Lenin y a Nikitín, si le dijeran que escogiera entre Kosyguin y Mao Tse-Tung, qué haría, supone usted que las guerrillas son la solución para América Latina, optaría por la lucha parlamentaria, cuál es su opinión sobre la coexistencia pacífica, cuáles son las mejores formas de combatir al imperialismo; contésteme, rápido.”

Si, así era la izquierda mexicana cuando existían las ideologías, ¿qué podemos esperar de nuestro tiempo donde las posibilidades de seleccionar son muchas, los empleos escasos y las teorías desaparecieron? ¿Qué haría usted, irse a Morena y con Obrador, quedarse en el PRD, optar por el bejaranismo, seguir a Ebrard y Camacho, reactivaría las guerrillas chiapanecas, regresaría al PRI o buscaría la fe perdida en el PAN o de plano seguiría a Espino y Arce a su nuevo partido mixto?

Los nombres han cambiado, el oportunismo no. La diferencia estriba en que antaño se peleaba por una causa, ahora lo hacen por cargos y cuotas de poder. Los políticos sin muchas excepciones son saltimbanquis, demagogos, hombres y mujeres carentes de proyecto político formal. Cierto, el fin de la política es la obtención del poder, la pregunta es para qué lo desean.

Por siglos hemos acumulado notables teóricos de la política, muchos han intentado monumentales utopías buscando al nuevo ser humano, la igualdad, la libertad y la justicia. ¿Dónde está lo que aprendimos de los mejores pensadores? Olvidado, empolvándose. ¿Y los obreros, los campesinos y los marginados, qué hacen sino seguir a caudillos iluminados, partidos turbios y líderes sindicales corruptos que envejecen en los cargos, sin posibilidades de mejorar?

Excelsior - 2012-10-28

octubre 26, 2012

Estonia en Bellas Artes

Entre las muchas tareas del diplomático Agustín Gutiérrez Canet, embajador de México en Finlandia y Estonia, destaca la de vincular a intelectuales nacionales con la vida artística de aquellas remotas naciones. De tal manera, el poeta Alberto Blanco, la narradora Beatriz Espejo, la pintora Martha Chapa, el comunicador Raúl Cremoux y yo, entre otros, visitamos esas dos soberbias naciones. En mi caso, di un par de pláticas, una en la universidad de Helsinki y otra dirigida a escritores fineses. Son dos países espléndidos y la tarea del embajador Gutiérrez Canet es sobresaliente. La amistad mexicana con esos países de alta educación y cultura es hoy excelente.

En materia cultural, hay pruebas fehacientes. Estuvo en México para una intensa y fructífera gira, acompañando a la Orquesta de Cámara Tallinn y al Coro de Cámara Filarmónico de Estonia dirigidos por el maestro Tonu Kaljuste. Recorrieron diversas ciudades mexicanas interpretando, como homenaje, música del notable compositor estonio Arvo Pärt., quien estuvo presente a lo largo del recorrido musical, mostrando una sencillez difícil de imaginar en un talento como el suyo. El maestro, emocionado, incluyó en el concierto de Bellas Artes, una obra coral, titulada Virgencita, dedicada a México, de reciente creación. En el programa de Bellas Artes, leo la siguiente carta de Arvo Pärt a Gutiérrez Canet, quien estuvo en la gira acompañándolo con su esposa, la también embajadora (en Dinamarca) Martha Bárcenas: “Querido Agustín: hoy traigo una sorpresa para usted, que espero le dé alegría. De la ilusión de mi viaje a México nació una pieza coral. Es una obra corta y la historia de Juan Diego fue mi inspiración. Quisiera llevar esta pieza como regalo para el pueblo de México. He llamado a la obra Virgencita. El coro ya la aprendió. Lamento mucho si los complico con este repentino estreno, pero me gustaría de corazón, que la pequeña obra sea escuchada en México. En cierto modo, esta es ‘su’ obra ya que sin su amable invitación, jamás hubiera tenido lugar. Suyo. Arvo Pärt.”

Arvo Pärt, compositor de prestigio internacional, nació en la ciudad estonia de Payde y estudió en el Conservatorio de Tallin, graduándose en 1963. Sus influencias originales fueron los prestigiados compositores soviéticos Sergei Prokofiev y Dimitri Shostakóvich. Más adelante encontró su propio camino y comenzó a componer temas religiosos de gran estatura, como los que le escuchamos en México. La presencia del compositor inglés Benjamín Britten es constante. Obvio, es uno de sus autores favoritos.

Si en el Teatro Juárez de Guanajuato, en pleno Festival Cervantino, Arvo Pärt se convirtió en una especie de ídolo musical de los jóvenes, en el Palacio de Bellas Artes lo confirmó. Ante un lleno total, el público aplaudió con entusiasmo. Tanto el compositor estonio como la Orquesta de Cámara Tallin y el Coro de Cámara Filarmónico de Estonia, soberbiamente dirigidos por Tonu Kaljuste, fueron ovacionados de pie una y otra vez. El director con elegancia le cedió todo el éxito al compositor, quien no dejaba de asombrar por la modestia que mostraba. Durante el vino de honor ofrecido a los ilustres huéspedes y asistentes por el ministro de Relaciones Exteriores de Estonia, hubo breves discursos para explicar la situación musical del pequeño gran país que representan. La intervención de Arvo Pärt fue breve y sólo para agradecer, muy emocionado, el cariño que los mexicanos le mostraron. Lo cubrieron materialmente de flores.

Para quienes pudimos escuchar la música estonia por vez primera, fue una grata y cordial sorpresa. La orquesta de cámara y el coro trabajan con una unidad sorprendente y un alto nivel de perfección, producto de un severo rigor artístico y una disciplina total. Dentro del programa, destacaron obras como Fratres para violín, orquesta de cuerdas y percusión, donde brilló el primer violinista del grupo, Cantus a la memoria de Benjamín Britten, para orquesta de cuerdas y campana y Te Deum para tres coros, orquesta, piano y arpa eólica. El obligado encore fue una canción de cuna del mismísimo Arvo Pärt, una pieza delicada y limpia. Al concluirla, el director, Tonu Kaljuste, con sentido del humor, luego de la última nota, fingió quedarse dormido. Cabe añadir que hay una armonía perfecta entre el director, puesto que es además el creador del coro y por largo tiempo titular de ambos grupos. Quienes en México piensan que la alta cultura y la música más bella, carecen de público, se equivocan. Por fortuna, la gira de los artistas estonios muestra que la calidad es apreciada por los mexicanos y que sólo falta promoverla, darle más recursos y dejar de lado lo popular, aquello que no requiere el apoyo oficial. Es un mundo que no necesita estímulos, siempre cuenta con admiradores y medios electrónicos que lo sostienen.

El recorrido por México de los músicos de Estonia, un país realmente diminuto, hermoso, que no hace mucho recuperó su independencia, deja multitud de huellas positivas, entre otras, permitir que mostremos nuestra devoción por la gran música. Me resulta difícil imaginar que las escenas de admiración mexicana, alguna vez se les olvidarán a todos esos talentosos y sensibles artistas estonios. De nuestra parte, sucederá lo mismo: presenciamos a un compositor notable y a músicos en verdad soberbios.

Gracias a quienes hicieron posible el milagro, en especial al admirable Arvo Pärt y al embajador Agustín Gutiérrez Canet.

Opinión 2012-10-26 - La Crónica

octubre 24, 2012

Destruir el DF es de familia

Escribí un libro sobre la ciudad de México, Antigua grandeza mexicana, fue editado por Porrúa Hermanos, lleva prólogo de Martha Fernández, investigadora de la UNAM (Instituto de Investigaciones Estéticas), autora de incontables trabajos sobre arte y arquitectura nacional y defensora de la herencia que nos dejaron aquellos grandes artistas y arquitectos, especialmente de la Colonia. Con rigor, mi volumen es más una serie de recuerdos nostálgicos del Centro Histórico, sitio donde estudié, que una reflexión sobre los méritos de iglesias y edificios civiles, viejas casonas coloniales y los restos del mundo azteca. Es, o eso intenté, hacer una autobiografía intelectual, hablar no sólo de las añosas construcciones, sino de sus más distinguidos habitantes y de aquellos intelectuales y artistas plásticos que conocí en mi niñez de la mano de mis padres, quienes trabajaban en la SEP y me llevaron a las bellas edificaciones que la UNAM utilizaba cuando estaba en medio del ombligo del mundo y no existía la CU. Deslumbraban Palacio Nacional y la Catedral. Era un sitio extraordinario, de belleza e historia que ha perdido encanto a causa de la capacidad destructiva de los gobiernos capitalinos.


Si hemos de seguir haciendo culpable al PRI de todos los males del país, fue justo con tal partido que por carecer de ambiciosos proyectos urbanos, de políticas racionales para evitar que los habitantes, la pobreza y los automóviles la desbordaran y la convirtieran en una ruidosa e incómoda urbe. Sin embargo, los perredistas han sido, en tal sentido, grandes promotores de la destrucción del DF. Total, son primos hermanos de los primeros. Todos se formaron en el mismo perol cuyo objetivo es tener empleo “digno” dentro del sistema.

En tal caso trabajaron particularmente López Obrador y Marcelo Ebrard. Esto es, continuaron la obra del regente capitalino, Manuel Camacho, personaje en otra época estrechamente vinculado a Carlos Salinas. Manuel, entre otras aberraciones, decidió modificar el sitio donde estaba la pobre Diana Cazadora, a pesar de que uno de los intelectuales más brillantes y de mayor lucidez, el doctor Silvio Zavala, escribió varios artículos para explicar cómo y hacia dónde debería moverse la afamada escultura. En síntesis, don Silvio precisaba que su entorno era y debe ser boscoso, como en todas partes del mundo. El funcionario no lo escuchó, en esos momentos de gloria y esplendor político. Una vez reinstalada la obra, don Silvio publicó un ensayo señalando que la figura había desmerecido al ponerla sobre una base excesivamente grande. Dicho en otros términos, la escultura se había achicado.

A Camacho le escuché decir, mucho tiempo después, algo terriblemente agudo: “A la gente le gusta, ¿no?”. Con tales criterios, López Obrador se dio lujos extremos creyendo que gobernaba Macuspana. Destruyó el Paseo de la Reforma y le restó dignidad a un bello paseo con un camellón en verdad ridículo, al que la voz popular denominó cola del Peje.

A pesar de que el grito de guerra perredista fue “Primero los pobres”, tanto Obrador como Ebrard hicieron obras gloriosas en honor del automóvil. Los segundos pisos son una obra para los ricos o para aquellos que tienen uno o más coches. Las grandes obras de Marcelo han sido espectaculares porque están concebidas no para mejorar la transportación de las mayorías (el Metro, los autobuses, o reubicar ambulantes), sino para subsanar un problema sin solución ya: la proliferación de los automóviles y darles circo a los capitalinos.

A cambio, a los pobres les han entregado, en una ciudad de escasas zona verdes y de relativa seguridad, los sitios menos adecuados para que jueguen y se diviertan. Entre muchos otros, está el Monumento a la Revolución, dedicado al millón de muertos y desparecidos durante la gesta, un sitio funerario donde fueron sepultados algunos héroes del movimiento. Es la tumba del general Cárdenas, el más grande de los mandatarios que México ha tenido en el siglo XX y lo que llevamos del XXI. Gracias a la poca o quizás excesiva imaginación de Ebrard, fue convertido en un grotesco e indigno sitio para vendedores ambulantes, jóvenes practicando con patines o patinetas. De la misma forma en que degradó al Zócalo, al convertirlo en magno salón de usos múltiples: de la protesta en favor de causas políticas favorables, a cancha de futbol, pasando por pista de hielo y alberca. Imposible transitar por allí para observar la majestuosidad de la Catedral Metropolitana o el severo Palacio Nacional. Imposible apreciar el sagrario, las inmensas bocinas y las torres de la televisión que transmitirá el concierto de rock lo impiden. Hay tocadas musicales o una fiesta en honor de las figuras intelectuales al servicio de Marcelo. O megapantallas para ver a la Selección Mexicana. En las noches es uno de los depósitos más grandes de basura y en consecuencia de cucarachas y ratas. Para qué hablar de otro punto emblemático, Chapultepec.

Sé que los perredistas y sus seguidores me cubrirán de epítetos y acusarán de burgués, cuando yo sólo quiero recordar la belleza serena del Centro Histórico, por donde transitaban las más brillantes figuras de la música, la literatura, la academia y las artes plásticas.

Opinión 2012-10-24 - La Crónica

octubre 22, 2012

Cataluña busca su independencia

¿Cómo conocí Cataluña? De modo accidental. A fines de 1969 estaba en París, estudiando, cuando me rencontré al inmenso novelista Alejo Carpentier. Lo conocí con un grupo de escritores mexicanos entre los que estaban José Agustín, Emmanuel Carballo y Gustavo Sáinz, en casa del editor de origen español Rafael Giménez Siles, amigo de Martín Luis Guzmán. Fue una velada memorable. El novelista cubano habló de sus maravillosas experiencias literarias. En el segundo encuentro, le pedí que me respondiera un breve cuestionario. Dijo que sí, pero no volví a verlo en mucho tiempo. En París decidí visitarlo. Fui a la embajada cubana en Francia y pedí verlo. Su esposa Lilia salió afectuosa a recibirme y dijo que por ese momento era imposible: estaba escribiendo el prólogo a las obras de Thomas Mann. Me retiraba desolado cuando ella añadió: pero Alejo me ha pedido que veas tu agenda y me digas si puedes cenar en casa el próximo viernes. Yo ni siquiera tenía agenda, así que anoté la dirección.


Al llegar a su confortable piso en una zona hermosa, ya estaban los demás invitados: el escritor paraguayo Rubén Bareiro Saguier, su esposa Grecia, el artista plástico, entonces en tareas cinéticas, Julio Leparc y una pareja asimismo interesante, ella sueca, él chileno, ambos diplomáticos cuyos nombres por desgracia he olvidado. Fue una cena estupenda y el comienzo de una excelente amistad. En uno de esos días, Carpentier de nueva cuenta me invitó a cenar, ahora en la residencia diplomática de Cuba. Festejaban el paso de una delegación deportiva. Fui a sabiendas que no me interesaba platicar con atletas, pero sí mantener viva la amistad con el legendario narrador y musicólogo cubano. Allí se acercó una pareja, una muchacha y un hombre ligeramente mayor. Resultaron hermanos, catalanes, por añadidura. Eran militantes comunistas (clandestinos, desde luego) y esperaban conversar con intelectuales cubanos. Nos hizo gracia la pretensión y platicamos largamente. El resultado (algo inaudito) fue que con una enorme facilidad nos invitaron a mi esposa y a mí a Barcelona, ellos vivían en esa soberbia ciudad, pero tenían un departamento en Sitges, a unos cuantos minutos por tren.

Luego del desconcierto, decidimos aceptar la invitación y una tarde de noviembre llegamos a Barcelona, donde nos esperaban los hermanos. De entrada nos invitaron a cenar en compañía de otros catalanes, todos cordiales, gratos, inteligentes. Si con nosotros eran atentos, con los franquistas eran severos. Tampoco Madrid les hacía mucha gracia. Ellos eran catalanes, no castellanos. Si bien a nosotros se dirigían en nuestro propio idioma, entre ellos, unos seis o siete camaradas, utilizaban su propia lengua. Con el vino espumoso apareció la alegría y ella, Maribel, cantó en su idioma. Era la primera vez que escuchaba el catalán. Fue una hermosa experiencia.

Estuvimos dos semanas en el departamento y al final nos despedimos cordialmente. Les obsequiamos un par de libros míos y nunca volvimos a vernos. A Barcelona fui muchas veces más y siempre fue una ciudad cordial. Incluso durante un par de años, la afamada agencia literaria, infatigable promotora del Boom latinoamericano, de Carmen Balcells, me representó en España.

Han pasado muchos litros de agua bajo los puentes desde entonces. Finalmente Franco murió, España se democratizó, se hizo una potencia, pero no volvió a la república ni a muchos de los ideales por los que multitud de castellanos, vascos y catalanes pelearon contra los fascistas: la independencia de las distintas naciones que la integran. Si los alemanes e italianos fueron brutales con los vascos y así quedó constancia en la soberbia obra de Picasso, Guernica, con los catalanes los franquistas fueron drásticos: prohibieron su idioma y en vano trataron de “castellanizarlos”. Cataluña, muy orgullosa de su historia y sus valores, supo resistir.

Pero la paciencia ha llegado a su fin. Son más aquellos catalanes que desean ser una nación independiente que quienes desean mantener el mismo estatus bajo control de una monarquía ridícula y costosa. El problema sin duda es más de fondo, pero el caso es que ahora la mayoría de sus habitantes demandan ser una nación, con relaciones fraternales con el resto de España, como ha ocurrido en la ex Unión Soviética, donde se desgajaron aquellas nacionalidades sometidas por el comunismo. O como ocurrió en los países de Europa oriental, donde regiones con cultura e historia propias se independizaron.

En noviembre habrá referéndum para que Cataluña decida su futuro y ayer lo hizo el País Vasco. El jefe del gobierno Mariano Rajoy está preocupado, y reaparecen tintes del franquismo más añejo. Hablan de unos y otros como separatistas, secesionistas, les vaticinan “la nada”: quedarán no sólo fuera de España, sino también de la Comunidad Europea. No es verdad. Obtendrán su independencia y tendrán, si el gobierno de Rajoy y la monarquía actúan con talento y sensibilidad, dos naciones amistosas y prósperas, que nunca han pedido su alejamiento de la Comunidad Europea. De lo contrario, el encono aumentará. Pero tarde o temprano, ambas regiones obtendrán aquello por lo que tanto han luchado: la plena autonomía, la independencia y acaso una alianza fraternal.

Opinión 2012-10-22 - La Crónica

octubre 21, 2012

¿Es posible una Cataluña independiente?


Sin duda sería el país más rico del mundo, más equilibrado e igualitario, su potencial es infinito.

Muchos han definido nación como una comunidad de hombres, estable, históricamente formada, basada en criterios claros: vínculo de idioma, territorio, vida económica y sicología manifestada en una cultura compartida por sus habitantes. Todos estos rasgos están relacionados entre sí y su conjunción permite que a una comunidad se le pueda llamar así, nación. En estas característica generales encajan Irlanda, Escocia, el País Vasco y desde luego Cataluña, quien al igual que todos ellos, ha mostrado sus deseos de gobernarse con recursos propios y medios atendiendo a sus particularidades. Si el País Vasco ha dado una fiera lucha por su independencia, los catalanes no lo han hecho mal. Cataluña tiene, por añadidura, su propio himno, fiesta nacional, bandera, hermoso idioma y una luminosa historia que brilló durante los días difíciles de la Guerra Civil desatada por Franco. Barcelona fue de los últimos bastiones republicanos, lugar por donde salieron entristecidas las heroicas Brigadas Internacionales que pelearon hasta el final contra el fascismo.

Cataluña fue mi primer contacto en España. A ella llegué en 1969, cuando todavía vivía Franco y su presencia era temida; España padecía una forzada y violenta unidad y nadie objetaba las órdenes dadas desde El Pardo. Barcelona me pareció una hermosa ciudad, muy europea y, simultáneamente, peculiar: era la capital de un país orgulloso de su historia y cultura, de su fuerte personalidad. Recuerdo que en las Ramblas, en una librería, un pequeño me sonrió y le pregunté su nombre. Al no responder, su madre intervino. Disculpe, el niño no habla castellano, sólo catalán. Recorriendo sus calles, conversando con catalanes, siempre muy politizados, me percaté de que era en efecto otro mundo distante del resto de España.

Luego del derrumbe del bloque soviético, en la URSS comenzaron a aparecer las nacionalidades que estaban sujetas de modo férreo por el estalinismo. Lo mismo ocurrió en Europa oriental. Emergieron nuevos países, y distintas y fraternales relaciones políticas y culturales que enriquecieron al continente. En España, el País Vasco y Cataluña han intensificado sus deseos de independencia. El pasado referéndum le dio más de 50% de partidarios a ella. El gobierno de Rajoy reaccionó con dureza. No. Para colmo, en Madrid se habla de “castellanizar a los catalanes” y de problemas económicos si se aleja. Pero 53% de las empresas asociadas a la patronal de Terrassa respaldan la idea, el resto no se molesta gran cosa con la posibilidad independentista. Estamos hablando de un amplio sector laboral que tiene miles de trabajadores. Es claro que Cataluña es autosustentable económicamente. Cito al economista británico Edward Hugh: “¿A quién le cabe duda de que Cataluña sería totalmente viable si fuera independiente?”. La fuente precisó que el inglés es conocido por predecir el estallido de la crisis española, quien añadió: Cataluña podría ser un nuevo estado europeo y, aunque —auguró— tal vez no se harían las cosas perfectas, pero “es mejor que seas tú mismo el que cometas tus errores, a que otros los realicen por ti”. Más aún, economistas altamente especializados de Europa afirman que de ser independiente, con sus casi ocho millones de habitantes, sin duda sería el país más rico del mundo, más equilibrado e igualitario, su potencial es infinito, como en el futbol.

La lucha de Cataluña por ser independiente y gobernarse es larga y no carece de razones históricas y culturales. Los catalanes están ya muy lejos de la monarquía y de políticos conservadores como Rajoy. Tengo la impresión de que la terquedad catalana terminará por imponerse. De aceptar Madrid, sería una razón más para admirar a España, ya conformada por naciones independientes y autosuficientes, acaso lejos de las crisis de la globalización. Serían formidables aliadas en un continente desigual y complejo.

En mi caso, parafrasearía a Shakespeare: No es que ame menos a Castilla, es que amo más a Cataluña.

Excelsior -2012-10-21

octubre 19, 2012

Temas tabú

Tengo una amiga que le encantan los refranes, le parecen todos exactos a causa de que han probado su validez a lo largo de siglos, en cualquier país de habla hispana. A la menor provocación aprueba toda una hipótesis con un dicho popular. Yo le digo que sea cautelosa en su vida académica y social en general, la modernidad ha traído hasta nosotros cambios insospechados y, desde luego, peligrosos. ¿Quién de habla castellana se atrevería a decir en una fiesta de africanos: evitemos que se convierta en una cena de negros? Lincharían a la persona que se limitó a repetir una frase hecha, sería acusada de racista. Algo similar, pero más barato, le sucedería a quien dijera en Chiapas que no tiene la culpa el indio, sino quien lo hace compadre. Pero hay un tema más peligroso para la integridad de un varón: referirse con valores añejos a las mujeres. La acusación de machista aparece en el acto. Si uno no se dirige al público al modo de Vicente Fox: compañeros y compañeras, señoras y señores, niñas y niños, el final, por bueno que sea, no provocará aplausos del sector femenino. Olvidamos que el lenguaje tiene la tendencia a la brevedad, el colmo es Twitter, de tal manera que hablar con las precisiones que el feminismo exige es imposible e inútil.

Yo, con una simple broma, escrita hace décadas, he tenido problemas: Feministas son aquellas que te abofetean cuando les cedes el paso y que se distraen a la hora de pagar la cuenta. El feminismo pone en riesgo a cualquier señor que no esté al tanto de los avances logrados por las mujeres. Por eso los políticos (hombres en su mayoría) son cuidadosos al respecto. Alguna vez, en Alemania, durante un congreso literario donde compartíamos la mesa de debates personas de ambos sexos, las compañeras hablaron con vehemencia de las luchas de género, aunque no viniera al caso. Hugo Hiriart hizo una precisión: Las mujeres (cito de memoria) al lograr que entre sus derechos quedaran el ingreso a las cantinas, sólo consiguieron hacer suyos los defectos de los hombres: el alcohol, el tabaco y el lenguaje de carretonero.

Mi opinión al respecto es peor: pienso que el acceso de las señoras a los centros de esparcimiento y vicio llamadas cantinas, tugurios y burdeles, no fue un logro para ellas y sí una derrota apabullante para el viejo estilo machista, sobre el que han escrito y cantado los más destacados compositores populares. Ahora no es posible utilizar el lenguaje soez, que es francamente espléndido, porque junto a la mesa de uno se encuentra una dama con sus hijas o hijos, pa’l caso es igual. Nos inhibe profundamente y tampoco ponerse a babear y decir estupideces como una forma de desahogo por el maltrato de una sociedad injusta. Los meseros son propios y dejaron de ser aquellos psicólogos del pasado que nos daban consejos sabios ante los problemas amorosos que padecemos los señores.

No hace mucho, la opinión de mi admirado colega Rafael Cardona, expresada en una reunión de políticos y periodistas, donde curiosamente no había damas, me dejó gratamente sorprendido (Rafael, a quien conozco desde hace décadas, tiene la capacidad de asombrarme con su agudeza): Cuando permitieron el acceso de las mujeres a las cantinas, no arruinaron la vida de los varones, arruinaron al país. Todos lo festejamos como una espléndida humorada. Me quedé pensativo y luego me dije: mi amigo tiene razón. Enumerar las causas de su aseveración, de apariencia radical y hasta dogmática, llevaría mucho espacio. Baste decir que estoy de acuerdo. El escritor Fedro Guillén solía decir que si las cantinas eran las universidades de la vida, nosotros, él y yo, seríamos rectores. El aprendizaje en dichas instituciones, hoy convertidas en vulgares restoranes o fondas, según, donde todo se hizo más caro al ponerle un mantel sucio a las mesas que impiden jugar dominó correctamente, con el ruidoso chocar de las fichas contra el metal y la frase de “ya los chingué, cabrones, les ahorqué la mula de seises”, está prácticamente prohibido en el nuevo código impuesto por la presencia de tres o cuatro señoras que decidieron darse el día libre e ir a tomar una “copita” de jerez, una vez que le dieron de comer a sus respectivas familias. Lo que implica una nueva definición: Las feministas son aquellas que trabajan doble: en las tareas domésticas y en las oficinas.

En fin, es un tema largo, amargo, polémico y riesgoso para quien como yo se educó oyendo canciones de Agustín Lara, José Alfredo y las voces bravías de Jorge Negrete, Pedro Infante y Javier Solís. Ah, y leyendo la Biblia, donde las mujeres son maltratadas. En realidad hice todo este inútil prólogo para mencionar que el Senado, en sus intentos demagógicos de género, decidió convertir a la antes velocista Ana Gabriela Guevara en presidenta de la Comisión de Asuntos Migratorios. En su crítica, José Cárdenas preguntaba cuáles méritos tiene para tal cargo. Destacó su ignorancia en el tema y precisó que ella llegó al cargo vía plurinominal, sin hacer una propuesta. Para colmo, dijo algo que los perredistas y petistas negarán: es una mujer producto, sí, de su esfuerzo, pero también de la televisión odiada. Todavía mientras sus camaradas buscaban la manera de derrotar a Peña Nieto, Ana Gabriela hacía la crónica de los Juegos Olímpicos para el canal de las estrellas.

Ya ven, no hay un Senado escrupuloso, sino uno al vapor.

Opinión 2012-10-19 - La Crónica

octubre 17, 2012

Premios, literatura y política


Consuelo Sáizar anunció que el Premio Carlos Fuentes, creado por el CNCA luego de su muerte, fue destinado a Mario Vargas Llosa. El monto corresponde a un país rico: 250 mil dólares, sobre todo si lo comparamos con el Premio Cervantes que concede Madrid: 160 mil dólares o con el que otorga la FIL de Guadalajara (150 mil dólares) y que ahora se halla en medio de un gran escándalo al otorgárselo a un escritor también peruano, Alfredo Bryce Echenique, acusado de plagio por multitud de críticos e investigadores. No cabe duda que México es una potencia, al menos en lo que se refiere a repartir premios internacionales.

En este caso, se trata de una atinada elección. El jurado, integrado por destacados intelectuales, supongo que luego de una fatigante discusión, exhaustiva, en la que fueron barajados muchos nombres, acertó. Vargas Llosa es el más notable escritor del castellano. Por otra parte, a la presidenta del CNCA le era muy importante entregarlo: Fuentes cumpliría años el próximo 11 de noviembre, su empleo está por acabarse y si Agustín Carstens tiene razón, la crisis europea golpeará a México, haciéndolo ser frugal en diversos ámbitos, acaso en el cultural. En mucho tiempo, ningún otro funcionario podrá crear sin problemas un reconocimiento de tal magnitud. Con su estilo rudimentario, Sáizar hizo pública la noticia llamando al Premio Nobel ante los medios de comunicación.

¿Política o literatura? ¿Ambas cosas?

Mario Vargas Llosa recibió la información casi en los momentos en que Enrique Peña Nieto buscaba infructuosamente un encuentro con él. Agradeció refiriéndose a su viejo conocido Carlos Fuentes y precisó su importancia no sólo como narrador sino como infatigable promotor de literatos latinoamericanos. Añadió el recuerdo emotivo del momento, en que siendo él muy joven, leyó La región más transparente. Del lado mediático, algunos comentaristas recordaron que Vargas Llosa es un fustigador severo e implacable, justo. Fue el mejor crítico del PRI al que, como todos saben, calificó acertadamente de dictadura perfecta, expresión que se quedó entre nosotros. Con Andrés Manuel López Obrador fue igualmente duro. En un artículo publicado en El País, titulado “Corrido”, lo señaló como demagogo y charlatán.

En estas páginas he hablado varias veces de la ausencia de un proyecto cultural que nos conduzca hacia mejores metas. Si el CNCA, creación de Carlos Salinas, nació de modo imperfecto, casi como una cesárea política, no tuvo en la época del viejo PRI una política seria, inteligente, nacida de la reflexión de todos aquellos que trabajan intelectualmente, con el PAN llegó a su punto más bajo. Dicho en otras palabras, no le vieron, como el PRI y el PRD, valor político a la cultura. De este modo al importante cargo llegaron dos personas inenarrables: Sari Bermúdez y Consuelo Sáizar, mujeres que tuvieron predilección por las obras descomunales, desconcertantes en un país donde pocos tienen acceso a la cultura y se requieren más recursos en promover los cimientos que en realizar tareas aparatosas. Cuando las aguas amainen, y los aplausos cesen, llegará el momento de analizar la tarea de Consuelo Sáizar al frente de dos instituciones notables: el Fondo de Cultura Económica y el CNCA. Dudo que los resultados le sean favorables.

Al momento de escribir esta nota, no acababan los comentarios sobre las dos presencias, Fuentes y Vargas Llosa, ambas figuras polémicas, pero es posible que el último piense en el caso de su compatriota Bryce Echenique. Todavía no sabemos si Alfredo vendrá a México a recogerlo o enviará a Jorge Volpi por el dinero. Pienso anticipadamente que Vargas Llosa lo recibirá. No hay razón para rechazarlo, es por completo legítimo. Lo que dudo es que ese premio sea mantenido así por muchos años si en efecto el catarro europeo se nos convierte en pulmonía mexicana.

Por lo pronto me alegra que un escritor fundamental para el castellano lo reciba y venga una vez más a México. No hace mucho la UAM lo invitó a dictar una conferencia magistral: fue una inyección de frescura y el recuento de una vida ejemplar dedicada a las letras, la academia y la crítica política. Sus palabras son siempre innovadoras, sabe distinguir lo positivo de lo negativo, como lo probó con su libro La civilización del espectáculo, un lúcido ensayo sobre el actual desdén universal hacia la alta cultura. Está convencido que el papel del intelectual es ser crítico del sistema, algo que en México pocos acaban de comprender. Si a Vargas Llosa le molestan las izquierdas (ahora sí, en plural), muy en su derecho de señalarlo. Si no espera gran cosa del PRI, pues que dicho partido le muestre su equivocación.

Ahora Peña Nieto sabe, y esto es grato, de la importancia política de la cultura, de su valor más allá de la estética. Hace tiempo que no tenemos funcionarios de alto nivel con auténtica y sólida cultura. Lo penoso es que quienes han estado al frente de la cultura oficial sean personas oscuras, sin obra y sin lazos serios con la comunidad artística e intelectual. Que muchos de sus integrantes sean adictos al poder que reparte grandes sumas a sus cercanos, es otra cosa. Es posible en consecuencia que para el CNCA se abran grandes avenidas y deje de ser patrimonio de su presidente en turno.

Opinión 2012-10-17 - La Crónica

octubre 15, 2012

¿Resurge el PRD?

La penosa tradición del caudillismo pareciera llegar a su fin con el alejamiento de López Obrador del PRD. Al sentirse libre de órdenes contradictorias y con frecuencia absurdas, el partido reacciona con habilidad. No tiene más sentido marginarse del debate de los grandes problemas o, algo peor, participar a gritos, donde Fernández Noroña fue un campeón que ahora sustituyen ruidosamente Martí Batres y Ricardo Monreal. Si hemos de considerar el ejemplo venezolano, en donde Henrique Capriles reconoció la derrota y alistó a sus muchos simpatizantes a buscar una mejor oportunidad, es una inteligente opción. Aburren los plantones, los insultos del más bajo estilo, la repetida toma de tribuna. Finalmente nada solucionan, sólo alejan a los votantes que van a necesitar en tres años. López Obrador ha decidido seguir su propio rumbo y utilizar los métodos que lo encumbraron, pero que al mismo tiempo le impidieron obtener la presidencia de la República por dos ocasiones. Tiene la impresión que con su propio organismo, Morena, le irá mejor. El PRD, a su vez buscará la forma de reinventarse, ya sin la presencia de caudillos.


Los dirigentes perredistas, en especial Jesús Zambrano, hicieron declaraciones al respecto. Dialogarán con el PRI y con AMLO queda claro: “Que somos partidos diferentes y cada partido toma sus decisiones, pero no tienen nada qué ver o no están vinculadas a las decisiones que en su momento va a tomar el PRD”, precisó este último.

Por ahora el PRD advierte que irá a la toma de posesión de Enrique Peña Nieto y que está dispuesto a enfrentar, llegado el momento, a López Obrador, quien pidió realizar movilizaciones de protesta, las que tienen sentido cuando la razón es poderosa y es posible combatir exitosamente. Pero por ahora nada indica que una serie de protestas logren detener la ceremonia política. Es mucho mejor aceptar el desafió de los debates en donde se presenten. José Revueltas explicaba que en este tipo de ocasiones, la solución más adecuada es la discusión. De otra forma el movimiento o el partido sufren un desgaste inútil. Ahora, cuando la violencia es necesaria, cuando las condiciones lo permiten, hay que llevarla a cabo. Sin embargo, no es el caso de México en estos momentos. Por más que los alarmistas nos digan que estamos al borde de la confrontación brutal entre dos posturas irreconciliables, es obvio que existen formas más civilizadas que mentarse la madre públicamente, en cámaras que a veces semejan más un ring que honorables casas de los representantes populares.

El problema para las llamadas “izquierdas” es su segura división. De un lado estará el PRD y del otro nuevamente AMLO. Es un riesgo que ambos deben correr, de lo contrario, si no se decide la batalla en 2018, y se llega a la unidad, las fuerzas que dicen representar los intereses populares quedarán inermes ante el PRI y el PAN que comienzan a tener cada vez más afinidades. Las diferencias que quedan entre dos partidos que en una época parecían irreconciliables, ya se dan en cuestiones mínimas, como la hora de ir a misa o la iglesia donde sus familiares más cercanos contraerán matrimonio.

No hay nada que indique que Peña Nieto no será presidente, tampoco que a medio camino vaya a renunciar. Ésa es una historia que los medios amarillistas han señalado desde la época en que un atolondrado Ernesto Zedillo, por un trágico golpe de suerte, recibió la casona presidencial. No durará, dijeron los “expertos”. La sensatez habló señalando la existencia de instituciones sólidas y ésas funcionaron y el hombre terminó su periodo sin ningún problema y asimismo sin ningún problema le entregó al PAN la presidencia de la República. A Calderón igualmente sus adversarios le señalaron que no concluiría su presidencia ilegítima y en unos días más, su periodo sexenal concluirá en medio de exagerados y triunfalistas adioses al pueblo mexicano.

La izquierda seria, desde su nacimiento, ha tenido pugnas en exceso, sólo en algunos momentos lograron ponerse de acuerdo. Pero hubo pugnas eternas, que duraron hasta el derrumbe del socialismo. Un ejemplo sin duda es la diferencia irreconciliable entre el comunismo tradicional representado por el Partido Comunista, dependiente de la Unión Soviética y la corriente organizada por León Trotsky, la Cuarta Internacional. Hasta hoy, los encuentros de las organizaciones que podríamos considerar de izquierda, han terminado en fracaso. Tal vez ahora, un PRD sin ex priistas, sea una mejor posibilidad para derrotar a los priistas y los panistas.

No hay duda que las instituciones, el sistema político mexicano en su conjunto, han envejecido notablemente, pero no al grado de permitir que a medio camino un mandatario se derrumbe. En tal sentido, un gran partido de izquierda podría aportar mucho a la sustitución de un sistema ruinoso por uno acorde a los intereses reales de la nación. Pero lo fundamental es que un partido como el PRD se reconstruya, asuma una ideología avanzada, permita la salida de los elementos corruptos que tanto daño le han hecho y pruebe que en vez de caudillos necesita ideas, un partido fuerte, sólido, sin intereses mezquinos que vemos cada que un perredista se encarama en una tarea política de alta responsabilidad.

Opinión 2012-10-15 - La Crónica

octubre 14, 2012

La crítica literaria en México

¿Quién decide si un libro merece ser publicado? No los críticos sino otros escritores. Los premios son determinados de manera semejante.


Las recientes polémicas sobre dos premios literarios sólo implican un punto: la ausencia de crítica literaria en México. Desde hace muchos años, en libros y artículos, he señalado el problema y lo que implica para el desarrollo armónico de nuestras letras. Por un lado hay sobrepoblación libresca, señalada por Gabriel Zaid, por el otro, una completa desorientación acerca del valor de cada libro. Sobre anaqueles y mesas de librerías destacan las obras fáciles, aquéllas que utilizan la historia para sacar apurados trabajos de éxito efímero, de quienes piensan que los problemas de la humanidad son sólo de baja autoestima, ensayos ruidosos que señalan los defectos o las cualidades de políticos de intensa mediocridad, reportajes amañados o maniqueos. Las buenas novelas, los poemarios renovadores, los cuentos de talento, se pierden entre miles de pésimos libros. Las editoriales se centran en estos trabajos. La publicidad también. La crítica especializada apenas aparece y se mueve elogiando a los amigos y manifestando desprecio por sus enemigos. Crítica sí hay, pero la de calidad está situada en la academia y trabaja sobre figuras consolidadas. Es asimismo tendenciosa.

Carecemos de críticos que se ocupen de los autores y sus resultados conforme van apareciendo. Los jóvenes buscan la manera de mostrar su trabajo, para ello se apoyan en internet, no en la crítica porque casi han desaparecido suplementos y páginas culturales. Cuando las hay, por ejemplo, una novela de un joven talentoso, pero desconocido, apenas merece, en el mejor de los casos, un breve comentario. Ortega y Gasset decía que el asunto central de la crítica no es distribuir las obras en buenas y malas, sino explicar secamente sus valores. Esto es desconocido en México. Nos gusta un libro porque su autor nos simpatiza. T. S. Eliot, en Sobre la poesía y los poetas, precisaba: “La mayor parte de la crítica realmente interesante es obra de hombres de letras que se han abierto el camino en las universidades cuya actividad crítica se ha ejercido primero en las aulas”. El problema es que dentro de nuestras aulas, la decisión de la burocracia cultural y de los medios de comunicación en favorecer a un poeta o una prosista políticamente correctos, prevalece y entonces se premian a los mismos de siempre, con alguna novedad resultado de un buen trabajo mercadológico, publicitario.

Tal problema repercute de muchas maneras en la sociedad o en aquellos que se mueven dentro del mundo de las letras, de los autores a los lectores y el engranaje que los rodea. ¿Quién decide si un libro merece ser publicado? No los críticos sino otros escritores. Los premios son determinados de manera semejante: son narradores y poetas los que juzgan a sus pares y es inevitable notar, en el mejor de los casos, que el estilo o la temática pueden atraer las simpatías entre pares. En otros términos, la ausencia de críticos objetivos y talentosos daña al proceso editorial respetable. Acabamos de ver dos casos polémicos y de graves consecuencias. Mostramos al mundo que en México la corrupción ha inundado la cultura. Los galardones se han desprestigiado, pesan por el dinero que conceden, no por la autoridad moral que producen.

En México la política ha permeado a la cultura. Los precarios gustos de los funcionarios, que buscan publicidad y no un trabajo que beneficie a la sociedad, se centran en las tediosas figuras cercanas al poder. La lista de quienes han recibido homenajes del priismo, panismo y perredismo es asombrosa porque son un puñado solamente y los mismos. Cierro con palabras que Salvador Elizondo me dijo ante la pregunta de si nos afecta la falta de crítica literaria: “Hay que pensar que en tiempos de Homero no había, como ahora en México, críticos literarios. Estoy seguro de que el advenimiento de los críticos llegará en un momento futuro”. Esperemos.

Excelsior - 2012-10-14

octubre 12, 2012

Hugo Chávez en México

Queda claro, luego del proceso electoral que en Venezuela llevó a Hugo Chávez a un tercer periodo presidencial, que polariza a sus compatriotas y que, para no ser menos, le ocurre lo mismo en México. He podido leer y escuchar toda clase de opiniones sobre el mandatario de un país fraterno, que tiene aceptables relaciones diplomáticas con nosotros. Los panistas están indignados y hasta pierden la compostura al calificarlo como si fuera enemigo de la patria. Cosa curiosa entre los fervorosos militantes de Acción Nacional, olvidan que podrá ser severo crítico de Estados Unidos y simpatizar con el socialismo, muy de capa caída a escala internacional, pero es creyente y devoto de la Virgen de Guadalupe, lo que, imagino, debería contar entre los mexicanos, especialmente entre los conservadores.


Los que insisten en calificarse como “izquierdistas” han sido cautelosos, les preocupa que los puedan identificar como comunistas y enemigos de la propiedad privada. Como resultado del peso de los medios electrónicos, en las calles, los ciudadanos comunes tienen opiniones encontradas. Temo que predominan las desfavorables. Hay periodistas radiofónicos y televisivos que sin ninguna cautela despotrican contra Hugo Chávez y se limitan a citar lo que allá dicen sus adversarios, no sus admiradores. El caso es que en Venezuela nadie puso en duda su triunfo. Algunos columnistas mexicanos acercan a Hugo Chávez con López Obrador. No les veo mucho en común. Pero otros, prefieren comparar al último con Henrique Capriles, quien reconoció de inmediato la legitimidad del triunfo de su rival. Le indican al tabasqueño que ése es el camino, el civilizado que da votos y no retira simpatías. Un fanático del poder, no entiende razones.

Me llama la atención que Hugo Chávez ponga en el mismo saco a Simón Bolívar y a Carlos Marx. Pero en algún momento, los cubanos hicieron, y mantienen la posición, de equiparar o mezclar a José Martí con las ideas de Marx. Tal vez sea una táctica para amortiguar el nacionalismo de unos y otros, pero la verdad es que dudo mucho que ambos libertadores se sintieran cómodos en el cajón de uno de los mayores enemigos de la propiedad privada. Me recuerda el movimiento estudiantil de 1968 en México. Al inicio salimos a las calles, amparados por los retratos del Che Guevara, Marx, Lenin, Ho Chi-Minh y Mao Tse-Tung, pensábamos en un movimiento internacionalista, cuando el bloque socialista crecía cada año y el número de países que se teñían de rojo aumentaba. Atrás de muchos de los jóvenes de aquella época subyacía una ideología de izquierda, de cambio radical. Algunos pensaban en la vía revolucionaria, violenta, la guerrilla, otros veían en el caso de Salvador Allende la posibilidad de conquistar la presidencia por la vía electoral y establecer un socialismo marxista. De inmediato el gobierno de Díaz Ordaz, y en consecuencia los medios de comunicación de su tiempo, criticaron nuestra tendencia a “importar héroes y modelos exóticos”. Por esa bizarra idea, el enorme artista David Alfaro Siqueiros -en tiempos de Adolfo López Mateos- pagó con cárcel su ideología, a la que jamás renunció. En las subsecuentes manifestaciones volvimos al nacionalismo priista (hoy generalizado): los héroes de siempre, ciertamente valiosos, pero el contexto era y es otro.


Hugo Chávez es muy diferente a López Obrador, aquél está lleno de empuje, es un triunfador, guste o no, el suyo es un izquierdismo legítimo aunque mal fundamentado, sui géneris, podríamos decir. Su apoyo al mundo musulmán en conflicto con EU y su idea de eliminar o restarle fuerza al capitalismo imperante, es discutible pero valioso. El apoyarse en la Rusia capitalista y en la China de “dos sistemas y una patria”, es un curioso medio de dar la pelea contra su principal enemigo: la Casa Blanca. Al contrario, López Obrador jamás ha tocado el tema, nunca ha protestado por el sufrimiento de los palestinos o por la barbarie norteamericana en Irak o en Afganistán. No ha dicho una palabra sobre las brutales violaciones norteamericanas en Guantánamo, donde no hay derecho humano que valga. No ha dicho una palabra que lo haga sospechoso de admirar a los teóricos del socialismo si es que los leyó. Habla de Cristo y no del Che Guevara. Ah, sí tienen algo en común: la adoración de Elena Poniatowska.

El ímpetu de Chávez le ha funcionado, es capaz hasta de vencer el cáncer en hospitales cubanos. Su oratoria es fogosa y su demagogia tiene otros matices, opuestos a los del caudillo tabasqueño. En fin, no es mucho lo que tienen en común. Faltaría saber qué hubiera hecho Chávez si Capriles lo derrota en las urnas; tal reacción por ahora no la veremos. Su carácter combativo, de frustrado golpista que deja las armas por las urnas, le concede una sólida credibilidad, por desconcertante que ello suene. En fin, no veo por qué tanta pugna con el dirigente venezolano. Polémico, lo es, sin embargo habrá que reconocerle un peculiar y muy latinoamericano estilo de gobernar: sus desplantes y manera de plantear los problemas de su país y del resto del mundo, con una claridad rayana en el simplismo, le concede votos y simpatías

No hay punto de comparación entre Chávez y Obrador. El primero es osado y tiene mucho más de izquierdista que AMLO, a quien yo no le veo ningún aspecto revolucionario: quiere, a lo sumo, un poco de pintura en la fachada de un ruinoso sistema de economía mixta dependiente.

Opinión 2012-10-12 - La Crónica

octubre 10, 2012

Cómo se formará el gabinete

Por ahora el deporte favorito de los politólogos y de todos aquellos a quienes les interesa el rumbo del país es pensar en el próximo gabinete, sí, el de Enrique Peña Nieto. Por doquiera que mi profesión de escritor y profesor universitario me arrastra, escucho opiniones al respecto. Hace poco, un peluquero me dio la lista completa de los hombres y mujeres del presidente. Todos estaban allí, en su respectiva secretaría de Estado. Los menos audaces barajan nombres para puestos claves: la SEP, Relaciones Exteriores, Gobernación, desde luego, Salud... Sabemos que la regla general apenas ha tenido variantes. El gabinete sale de los mejores amigos del presidente en turno, los más cercanos y a uno de ellos, al final de su periodo sexenal, le ayudará para sucederlo en la tarea de conducir al país con mano sabia y paternal.


No siempre ha sido así, hay quien para evitar las críticas en este sentido hasta se puso plural y, siendo priista, llamó a un panista a colaborar. Vicente Fox fue más lejos y dijo que para garantizar que a su lado estuvieran los mejores mexicanos, los más cultos, los más inteligentes y los más justos, una serie de experimentados head hunters seleccionarían de entre varios millones de mexicanos, incluyendo intelectuales desempleados y académicos mal pagados. Por si las dudas, hizo pública la necesidad de romper con el pasado ignominioso (bueno, no estoy seguro si él utilizó esa palabra), convocaba a los mejores mexicanos a enviar su solicitud de ingreso al gabinete. Ignoro cuántas personas tomaron en serio las palabras de Fox, pero algunos amigos míos de muy alto nivel intelectual, con posgrados y experiencia a nivel de subsecretarías y direcciones generales, se tomaron la molestia de enviar su respectivo currículum a Los Pinos.

Ignoro qué pasó con las solicitudes de empleo en el gabinete de Fox, en el mejor de los casos, fueron al incinerador o a las chimeneas de las cabañas que el presidente mandó construir para no añorar el campo cristero de Guanajuato, porque ninguno salió de la masa anónima de desempleados ni tampoco de aquellos que con un historial administrativo decoroso imaginaron que la innovación los beneficiaría. Al final, Fox puso a sus cuates y a uno que otro compañero de ruta (diría Lenin en otro contexto) y se acabó el sueño.

Ahora, un colega avezado me dijo si ya había visto en la página de Enrique Peña Nieto que convoca a los mexicanos a ingresar en ella y llenar un formulario precisando el área de interés laboral y sus deseos de colaborar con la patria. Se lo repetí en son de broma a un compañero de estudios de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y lo tomó en serio. Me dijo: soy internacionalista, como tú, y me gustaría ser embajador en un lugar grato. No quise romperle el corazón y le sugerí algunas posibilidades, las que yo pediría: Francia, Argentina, España, Gran Bretaña o Suiza, para ir a leer las obras completas de Borges. No sé si mi amigo ingresó a la página del futuro mandatario, envió su historial académico y explicó su vocación de servicio. No he seguido promoviendo dicha información apenas comentada en los medios tradicionales, por miedo a que algún tipo imagine que se trata de ser secretario de Estado, pida Gobernación, ponga su currículum de abogado, hable de su experiencia política y explique que él tratará de devolver a dicha dependencia su antigua dignidad: ser la conductora de la política interna, en lugar de mantenerse como una dirección general de festejos cívicos.

Enrique Peña Nieto ha nombrado a una serie de especialistas en cada secretaría de Estado para preparar la transición de un gobierno a otro. Muchos imaginan que de allí saldrá el gabinete por más que él haya advertido que son personajes destinados a cumplir con una tarea temporal. Pero no todos le creen y muchos profesionales de la política buscan la manera de acercarse a cada uno de ellos, según sus gustos, aficiones o necesidad de lucro.

Ahora, ¿qué sucederá con todos aquellos que, como en tiempos de Fox, les dieron alas para intentar volar hacia las alturas gubernamentales? Nada, quizá les den las gracias o les manden alguna tarjeta de gratitud por su elevado civismo. El gabinete saldrá de la forma tradicional: de los cercanos a Peña Nieto y cada quien seleccionará a sus respectivos colaboradores de entre sus amigos. No habrá sorpresas, salvo algún compromiso de última hora.

Lo más recomendable, sobre todo para los jóvenes que egresan de las universidades y tienen ambiciones políticas, es actuar a la antigua, formar equipo con algunos poderosos y serles de utilidad. El resto, si en esta fase funcionan, es apoyar una posible candidatura presidencial y si gana, pues entonces sí, a esperar el milagro. Puede suceder, como en el caso de Felipe Calderón, que sus selecciones originales hayan sido tan malas, que intente una y otra vez hasta que concluya el sexenio y en caso de ser afortunado, pues listo, ya está adentro del gabinete y dispuesto a sacrificarse por la patria y ser sucesor de su buen amigo. Ah, en tal caso, no seleccione la SEP, de allí no ha salido ningún Presidente de la República.

Opinión 2012-10-10 - La Crónica

octubre 08, 2012

¿El fin del presidencialismo?

El mayor problema nacional es la tendencia de los mexicanos a buscar la salvación de la patria en los caudillos del color que sean. En tal sentido, México es un enorme productor de tiranuelos aclamados por las masas. Antonio López de Sana Anna y Porfirio Díaz son dos grandes ejemplos, mas no los únicos. La Revolución fue un grandioso movimiento progresista, logró derribar al dictador, pero no fue capaz de eliminar a los caudillos. Al contrario, ellos mantuvieron el poder, una vez que eliminaron a sus rivales (también notables líderes). Poco a poco, el Estado mexicano fue modernizando la presencia de los hombres fuertes, altezas serenísimas, emperadores y dictadores de toda índole. Era indispensable mejorar la figura del gran líder, acotarlo y así fue que Lázaro Cárdenas, visionario y talentoso, le dio forma, respetabilidad y sólo seis años en el poder. A partir de ese periodo, un partido dominó la escena política, sus siglas finales nos han abrumado: PRI.


Prácticamente todas las facultades de los del caudillo se concentran de modo constitucional en la figura del presidente de México. Jorge Carpizo, en un libro importante, precisó las dos maneras de concederle poderes al mandatario: las facultades que le concedía la Constitución y aquellas metaconstitucionales que le daba la historia de caudillos y tiranos, de hombres que han dominado de manera severa al país. El Poder Ejecutivo hasta 2000 sometió brutalmente a los poderes restantes: el Legislativo y el Judicial. De tal forma peculiar, el presidencialismo subía o bajaba de tono, según el carácter del Presidente en turno. Por ejemplo, no es lo mismo el presidencialismo bajo Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría que en los periodos de Miguel de la Madrid y Ernesto Zedillo. No obstante, las facultades están de una u otra forma latentes. No somos ni una nación parlamentaria ni acabadamente una democracia.

Durante los gobiernos panistas, Fox y Calderón no tenían la experiencia de cabalgar el sistema político hecho por el PRI y sus antecesores. A duras penas se mantuvieron y jamás tuvieron la capacidad y la habilidad para modificarlo. Ahora se va el PAN, con la cola entre las patas. Regresa el PRI, soberbio y arrogante, pero con cautela. La sociedad mexicana ha cambiado.

¿El presidencialismo a la mexicana habrá llegado a su fin y Peña Nieto acabará lo que sin proponérselo iniciaron Fox y Calderón? Parte de la respuesta la tenemos en la historia, en los gobiernos conservadores que no supieron gobernar. Dentro de este aspecto, el acertado columnista Francisco Garfias contó una anécdota ilustrativa. “Sucedió en la comida de Felipe Calderón con los dirigentes de las organizaciones empresariales en Los Pinos. Estos le pidieron al Presidente de la República que interviniera ante los senadores del Partido Acción Nacional para aprobar, en sus términos, la minuta enviada por la Cámara de Diputados. La respuesta que dio el anfitrión los dejó atónitos. ‘Por el tiempo que me queda, no me alcanza la fuerza política en este tema. Trátenlo con Madero. Tiene más fuerza política que yo’... Los patrones apenas podían creer esa confesión de debilidad. Los más viejos comentaban que nunca habían escuchado a un primer mandatario saliente decir lo que acababan de escuchar. Mucho menos a aceptar que el jefe nacional del partido podía más que él, en cualquier tema. Pero los tiempos cambian”.

Ello podría parecer el final de un grave problema nacional, el poderío del Presidente, el hecho de que nadie se atreviera a contradecirlo, a darle un rotundo no. ¿Cómo explicar que Felipe Calderón, quien en estos días recorre triunfalmente el país proclamando sus éxitos, de pronto se subordine a un pobre hombre que fue incapaz de hacer un papel inteligente en el pasado proceso electoral? Un político muy menor.

En mi propia experiencia, sólo pude comprobar el absolutismo del Presidente. Mas un líder sindical de mucho peso o algún integrante del gabinete o un gobernador fuerte, me aclararon que al Presidente jamás se le dice no, que nadie ha hecho público su rechazo. Resulta que ahora Calderón se pliega al hombre que él mismo encumbro en la nada. ¿Dónde están los triunfos de Madero, en dónde radica su poderío? En ningún sitio. Lo que vemos es un sistema desfalleciente y un mandatario de poco carácter, el que ya ni respeto inspira en los dirigentes panistas.

Retomo la pregunta: ¿con esta actitud se acabará el presidencialismo tradicional o todavía lo veremos resurgir con el retorno del PRI? No es fácil saberlo. Pero dentro del futuro gabinete y entre los gobernadores priistas hay mucho del antiguo estilo político. Peña Nieto pareciera no ser un hombre autoritario, pero los métodos que lo rodearán podrían hacerlo.

Lo que es fundamental para el desarrollo del país como nación moderna y democrática es eliminar los restos del presidencialismo tradicional. De lo contrario, si regresa, nos volveremos a estancar. Se requiere de un Presidente sólido, eficaz, que sepa mandar, pero que no abuse de los poderes que los mexicanos le hemos dado, para de tal manera avanzar hacia un sistema más equilibrado, de corte parlamentario. El caudillismo disfrazado de presidencialismo sexenal ha sido una tragedia.

Opinión 2012-10-08 - La Crónica

octubre 07, 2012

Unas palabras por Bryce Echenique

Sabemos que el CNCA premia y reconoce a quienes son del agrado de Consuelo Sáizar.


Hasta hace unos días, Alfredo Bryce Echenique era un escritor latinoamericano sólo conocido por lectores profesionales, literatos y críticos mexicanos. Ahora, luego del escándalo que produjo un jurado de celebridades al seleccionarlo como acreedor del Premio de la FIL, pocos son quienes ignoran su nombre y muchos los que recuerdan libros memorables como Un mundo para Julius y La vida exagerada de Martín Romaña. Podríamos decirlo con un lugar común que lo hicieron tristemente célebre. Cuando escribí en estas mismas páginas sobre los señalamientos (comprobados) de plagios cometidos por el novelista peruano, recibí, entre otros comentarios, los de la investigadora chilena, María Soledad de la Cerda, quien me precisaba en detalle los artículos y ensayos plagiados por Bryce Echenique. No son, como explica Humberto Musacchio, 16 artículos, sino 32, todos probados, cifra más que alarmante. Tengo copia de ellos y fragmentos de las polémicas que la manía de Bryce por hurtar ha causado en distintos países.

Julio Ortega (miembro de un jurado además integrado por Jorge Volpi, Mayra Santos-Febres, Leila Guerrero, Margarita Valencia y Mark Illington) le dio a Excélsior las primicias de sus investigaciones sobre Octavio Paz y Carlos Fuentes, datos basados en la lectura de las cartas entre ambos. Parecía una forma de lavarse las manos. Bryce Echenique a su vez entregó a esta casa periodística un artículo minimizando la acusación de plagiario y señalando que con frecuencia sus libros son objeto central de la piratería literaria. Entonces está tomando venganza: si editores perversos se roban sus derechos de autor, él debe cobrarse plagiando a ingenuos con talento. Es cuestión de ética profesional.

Cuando Sealtiel Alatriste fue evidenciado como plagiario y un jurado poco exigente, que sabía al menos de la sospecha, lo premió con una aceptable suma de dinero, se vio obligado a renunciar al premio Villaurrutia y a su empleo en la UNAM, desde donde dirigía con mano férrea a distintos intelectuales con el truco siempre eficaz de me ayudas y te ayudo. Hasta hoy, ni el jurado que lo premió ha dado la cara ni las instituciones que avalaron la atrocidad se han disculpado. Al contrario, intelectuales amistosos han justificado discretamente el asunto.

En el caso Bryce Echenique, donde están involucrados el CNCA y la FIL de Guadalajara, ha ocurrido algo semejante, los jurados han desaparecido, no sin emitir un comunicado obvio: no lo premiaron por sus artículos sino por sus novelas. El hurto “compete a lo penal”. ¿Ello elimina sus repetidos y probados plagios? En el caso de la FIL, es un negocio privado, ¿pero en el del CNCA, que es parte del Estado?

La polémica ha seguido, desde luego, en las redes sociales y así encuentro una generalizada desaprobación para Alatriste y Bryce Echenique. Estoy de acuerdo, pero y los miembros del jurado, ¿dónde quedan? ¿Por qué, conociendo de los plagios de uno y otro, se atrevieron a premiarlos? ¿Tanto peso tienen sus admiradores dentro de grupos posiblemente ingenuos? Sin duda se trata de actos de corrupción. Los premios, las becas del Sistema Nacional de Creadores, los homenajes del INBA, ahora lo sabemos con detalles, son concedidos en función del peso político del autor y no por la calidad de su trabajo. En tal sentido son tan culpables quienes premian como aquellos que se prestan a la farsa. Por ahora sabemos que el CNCA premia y reconoce a quienes son del agrado de Consuelo Sáizar. Los demás, pueden olvidar sus pretensiones, por justas que sean. La pregunta es inquietante: ¿con Peña Nieto las cosas sufrirán alguna modificación positiva o únicamente aquellos intelectuales aduladores y cercanos al poder tienen derecho a ser premiados? ¿Tendremos algún día una política cultural, claridad en el organigrama y especialistas dentro de la burocracia cultural? Habrá que esperar.

Excelsior - 2012-10-07

octubre 05, 2012

El infatigable Calderón

Según información destacada del pasado lunes, Felipe Calderón le dijo al mundo: Luché contra los criminales “hasta el límite de mis capacidades”. Lo presumió en su propio estado, Michoacán, dentro de esta larguísima gira de despedida de Los Pinos que comenzó una vez que él y su partido fueron derrotados de manera clara y contundente. A partir de ese momento, el presidente se impuso una nueva y gozosa tarea: hablar bien de su trabajo, decirnos que nos ha dejado un país perfecto, tranquilo, con empleo casi total, sin pugnas internas, con carreteras extraordinarias, aeropuertos muy modernos (en los que nunca habrá un avión de la más importante empresa aérea del país, la desaparecida Mexicana de Aviación), sin narcotráfico, en fin, un país modelo que en seis años dejó el subdesarrollo y la miseria y pasó al primer mundo.


Las palabras que he trascrito para arrancar esta nota, permiten imaginar a Felipe Calderón con su metralleta y una pistola, granadas de mano, cananas, cuchillos en las botas, al frente de inexistentes tropas, dándose de balazos con los narcotraficantes. Acorralado en alguna montaña del norte, defendiéndose y defendiendo a la patria hasta el último disparo. Las suyas son palabras dramáticas. Con rigor, él simplemente ordena, no está al frente de soldados, marinos y policías que sí pelean. Supongo que es una metáfora de la intensidad del combate que él mal conduce desde su escritorio.

Hace algunas semanas, cuando los medios comentaban la derrota del PAN merced a una lamentable conducción y a las pugnas internas que ahora afloran con crudeza, escribí en estas mismas páginas cómo recordaríamos los mexicanos al presidente Felipe Calderón. El futuro se antoja adverso para él. Si consideramos que las denominadas “izquierdas” nunca dejaron de hacer campaña en su contra, que hasta la fecha mantienen su acusación de ser un usurpador o un mandatario ilegítimo, quienes no dudarán en mantener la venganza. Hay ejemplos: Luis Echeverría, quien ya está muy delicado de salud, incapaz de recibir visitas o de aparecer en público, sigue recibiendo acusaciones y ofensas por su gestión. Los mismos intelectuales que masivamente lo siguieron y apoyaron como el gran presidente progresista, hoy lo han abandonado. Los medios señalan que luego de concluir su mandato presidencial, Calderón y los suyos dejarán México. Pienso solamente en los familiares de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado. ¿Mantendrán en silencio su dolor? Lo dudo. Hay cosas imposibles de ocultar. En el tema económico: hay reservas, no hubo despilfarro sino disciplina financiera, sí, pero eso sólo benefició a unos cuantos empresarios, no al pueblo, donde hay miseria y carencias. No fue el presidente del empleo, por más que ahora recorra el país señalando triunfos y victorias. Tal vez si sus más tenaces opositores, los perredistas, le hubieran permitido el acceso a la Cámara de Diputados para informar de su gestión, Calderón no tendría necesidad de recorrer el país y muchos lugares del planeta afirmando lo duro que trabajó, dándonos cifras que hablan de incesantes e impetuosos avances: escuelas por cientos, hospitales en todos los pueblos, datos que son magnificados por un hombre que en verdad está gozando su despedida. Al mismo tiempo, intenta doblar a la historia y convencerla de que la suya fue una administración perfecta. Lo que, por otra parte, todos los presidentes salientes nos han dicho, todos, menos López Portillo que tuvo que llorar un rato para conmover al país y distraerlo de sus fracasos económicos y de la humorada que anticipó al inicio de su gestión: Aprendamos a manejar la abundancia.

Calderón va y viene y no deja pasar una hora sin que nos informe de sus logros, de una admirable gestión del país. Nadie le cree, ni siquiera sus más cercanos. De haber sido un periodo exitoso, el PAN no habría perdido la presidencia y menos obtenido el tercer lugar, luego del PRI y del PRD. Si quedaron algunos recursos en las arcas, todos están siendo utilizados en este largo periodo de transición. La reforma laboral preferente, aprobada en lo general con muchas modificaciones, no convertirá a Felipe Calderón en héroe político. Leyes al vapor, redactadas con desesperación, muy polémicas, que no justificarán su paso por el poder. No hay duda que el presidente debió comenzar el sexenio trabajando con este ímpetu que ahora le vemos. Lleva tres meses declarando sin parar, aprovecha cualquier rendija, inaugura obras modestas, para que no haya reclamos una vez que regrese a ser un ciudadano más. De cualquier forma, en semanas es imposible hacer lo que no hizo en seis años. La historia es implacable, no da con frecuencia segundas oportunidades y menos cuando se carece de verdadero talento político y el hombre fue incapaz de rodearse de hombres y mujeres de talento y experiencia. Los resultados están a la vista. No fue un presidente mal intencionado, tuvo deseos de cambiar a México, lo que no tuvo fue la audacia y la inteligencia necesarias para llevar a cabo una tarea titánica. Su gestión fue desafortunada y mediocre. El colmo fue su reciente declaración visionaria: No creó empleos, pero puso las bases para que en el futuro haya “miles y miles de fuentes de trabajo”. Nuestros nietos serán afortunados.

Opinión 2012-10-05 - La Crónica

octubre 03, 2012

El gran solitario de Palacio

Hace una semana el distinguido periodista Jorge Fernández Menéndez, en Excélsior, habló de la soledad palaciega de los hombres en la cumbre del poder. Citó a dos autores: Luis Spota con su saga de novelas sobre la política mexicana, y la mía, El gran solitario de Palacio, como ejemplos de su argumentación. Ayer fue el aniversario de la matanza de Tlatelolco. Por curiosa coincidencia, me notificaron que la BUAP y la UAM harán ediciones conmemorativas de Los juegos y El gran solitario de Palacio. Ambas llevarán prólogo de especialistas y una suerte de proemio mío sobre el momento en que las escribí y las razones que me impulsaron a dicha tarea. La iniciativa proviene del director de Derecho y Ciencias Sociales, Guillermo Nares, y del coordinador de la Maestría en Ciencias Políticas, Nicéforo Rodríguez, de la universidad poblana. La primera novela fue una sátira al mundo intelectual y es contracultural, crítica y divertida. La segunda es un mural sobre la represión en México. Es, pues, una tragedia. Las dos fueron escritas en tiempos en que el Presidente de la República y su círculo, los intelectuales al servicio del poder, eran intocables. Escribí Los juegos en 1966 y la otra en 1970. Tanto una como otra fueron objeto de censura y rechazo: no era posible tolerar que un joven escritor se lanzara contra los más distinguidos paladines del sistema. Políticos e intelectuales, siempre en contubernio, fueron satirizados sin piedad. Los juegos, que tenía promesa editorial, fue finalmente rechazada cuando Rafael Giménez Siles, dueño de la empresa, y su asesor literario Emmanuel Carballo, pensaron que yo me excedía en el trato hacia los integrantes del sistema. La polémica fue ruidosa. Jorge Volpi hace algún recuento incompleto en un libro suyo y me vi obligado a hacer las dos primeras ediciones con mis propios recursos y el apoyo de amigos entrañables como José Agustín y su novia de ese momento: Angélica María.


Me parece, cito de memoria, que El gran solitario de Palacio ha sido el más afortunado de mis libros. Lleva unas veinte ediciones, la primera fue en Buenos Aires, en 1971, y la más reciente es de Nueva Imagen, en la serie de mis Obras Completas. La Asamblea Legislativa hizo una edición conmemorativa. Está traducida a varios idiomas y lo han comentado hasta adversarios míos. En mi página web hay algún recuento de sus más destacados críticos mexicanos y norteamericanos. Algunos le han dedicado tesis, por una de ellas, de la UNAM, supe que he vendido más de cien mil ejemplares. Una cifra nada despreciable para un escritor poco conocido.

Al contrario de lo que algunos han expresado, no es el retrato de la masacre del 2 de octubre de 1968, sino una especie de mural de aquellos años dominados brutalmente por el PRI. Aunque el personaje central es Gustavo Díaz Ordaz, en su interior habitan todos los que han conformado el sistema político mexicano que pareció acabar en 2000. Hay algo de política ficción en la novela. El Caudillo, o presidente en turno, es siempre el mismo, pero cada seis años modifican su perfil, lo someten a una cirugía plástica, le dan una nueva familia y un proyecto más o menos novedoso. Ante el tiranuelo están los estudiantes, el movimiento que sacudió al país y que actuó con brillantez y coraje, con inteligencia y una ideología clara de izquierda. No se trataba de una lucha solamente contra el dictador, lo era en contra de toda la economía de mercado.

Para escribirla no sólo estaba mi experiencia, la de un simple activista en tránsito de alumno a profesor universitario, dentro de un movimiento de gran envergadura cultural e ideológica, tuve que releer una serie de libros sobre dictaduras latinoamericanas: Tirano Banderas, de Ramón del Valle-Inclán; La sombra del caudillo, de Martín Luis Guzmán, y El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias. Más adelante, el tema obsesionaría a los grandes escritores como Alejo Carpentier, con El recurso del método; García Márquez, con El otoño del patriarca; Augusto Roa Bastos, con Yo el Supremo; Mario Vargas Llosa, con La fiesta del chivo, y muchos más atraídos por las infinitas posibilidades de las tiranías latinoamericanas.

El 68 mexicano no fue el único, era más bien heredero de una época de inconformidad y movimientos rebeldes inspirados políticamente por la Revolución Cubana y la guerra estadunidense contra el indómito Vietnam. En lo cultural, por la poesía Beat, el rock más contestatario, los caducos sistemas educativos y la conducta cerrada de gobiernos de escasa educación democrática. En París y Praga, en las universidades norteamericanas, los jóvenes elevaban sus protestas. Todavía tenía fuerza el bloque socialista y el pensamiento de Marx lo encarnaron de muchas formas personajes rebeldes y de infinito valor como Ernesto Guevara, asesinado en 1967.

En ese contexto apenas dibujado, lleno de esperanza, cuando los obreros estaban inmovilizados a causa de partidos anquilosados, la juventud estudiosa representó una opción que movió a los intelectuales. En París, Sartre destacaba su potencial revolucionario y muchos más pedían una alianza trabajadores-universitarios para eliminar a la burguesía o al menos restarle poder. El movimiento estudiantil mexicano sacudió a todos, fue renovador. Pienso que es un parteaguas, un antes y un después, lo que hace pensar en las grandes razones y causas que movieron a miles y miles de jóvenes.

El final es desolador y sus momentos de ironía son pocos y dolorosos. Cómo sonreír siquiera ante las bayonetas y los tanques.

Opinión 2012-10-03 - La Crónica

octubre 01, 2012

Mi relación con las redes sociales

Los nuevos tiempos me atraparon sin mayor problema. Si comencé trabajando en máquinas de escribir, pude pasar sin problemas a las computadoras. En periodismo dejé el linotipo para diseñar el suplemento cultural que dirigía, El Búho, y lo hice en pantalla. Desde hace muchos años, mis novelas y cuentos salen de una computadora. Utilizo, desde luego, internet, pero sigo amando el libro real, el que puedo acariciar, subrayar con discreción, oler. Tengo una amplia biblioteca y aunque he donado al Museo del Escritor unos 20 mil libros, he reservado para mí alrededor de mil libros, los que más he amado, los que me han dejado profunda huella, la inmensa mayoría de literatura.


Fue la escritora Eve Gil quien me sugirió entrar en las redes sociales. De esta forma acepté primero registrarme en Facebook y luego en Twitter. Ingresé sin tener una idea precisa de lo que esperaba de ellas. Pero debo advertir que mi prima, la pianista Betty Zanolli Fabila, me hizo una hermosa página web que a la fecha lleva más de 85 mil visitas, en donde los interesados pueden encontrar información sobre mis libros, fotografías, premios y reconocimientos y un sinfín de materiales sobre mi trabajo literario. Ahora una amiga querida me ayuda en estos menesteres, pues tanto la Fundación René Avilés Fabila, la revista cultural El Búho, el Museo del Escritor y sus actividades se hallan en internet. Mis artículos periodísticos, una vez publicados principalmente en La Crónica, van directo a mi blog. La Fundación promueve cultura, talleres y cursos y estamos a punto de arrancar con quince libros virtuales, todos de escritores destacados. Me muevo, pues, en el ciberespacio.

Facebook ha sido una interesante experiencia. Para mi sorpresa, en poco tiempo rebasé los cinco mil amigos y la empresa me hizo severas modificaciones: me cambiaron el muro y de hecho lo cerraron a los menos hábiles para moverse en esta red. Alguien me dijo que abriera una nueva página y así lo hice, ahora noto con alarma (y vanidad) que crece rápidamente y eso me preocupa: de nuevo FB me cambiará el muro y perderé multitud de amigos.

Poco uso Facebook para exponer mis criterios políticos, mi aversión por todos los partidos y en general por el sistema que nos conduce mal. Naturalmente, el PRD se lleva las palmas y yo así despierto el odio de los perredistas. Panistas y priistas ni me pelan. Son los fanáticos de Obrador los que me cubren de ofensas que ni siquiera leo, a veces por encima, jamás me he tomado la molestia de responderlas. A mí me pagan por dar mi opinión, a ellos, supongo, los mueve su caudillo, hoy en retroceso. En cambio en Twitter suelo subir todos mis artículos sin excepción. La respuesta en general es buena, he podido, incluso, hacer buenos amigos, merced a las coincidencias. Soy correcto y suelo agradecerle a mis “seguidores” su apoyo. El colmo se dio en FB. En mi pasado cumpleaños recibí unos mil correos de felicitación. Me sentí obligado a responderle a cada uno, de tal manera se me fue el día y no pude festejarme. Ahora he pensado en un mensaje de agradecimiento general y listo.

Procuro no participar de aquellos que todos los días buscan derrocar al teporocho y espurio Calderón, para qué, se los anticipé, ya va a terminar su periodo y se mantuvo allí mientras que el presidente legítimo hacía escándalos por todo el país. Principalmente en FB, he podido hacer relaciones espléndidas, me he rencontrado con amigos de la escuela, con novias de la juventud, he conocido personas, hombres y mujeres de muchas edades, interesantes y cultas, con sentido del humor. Pero lo más importante es que mantengo la relación con ex alumnos míos tanto de la UNAM como de la UAM. Ignoro si mi presencia en internet haya aumentado las ventas de mis libros, pero me ha hecho pasar buenos momentos. ¿Dificultades? Sólo una y no grave. Alguien me reclamó que no hubiera escrito sobre la muerte de Monsiváis. Tuve que demostrarle que no leyó el artículo que escribí para un diario destacado sobre su admirado Monsi.

Me asombra que nunca haya peleado con alguien. Al contrario. Me han tocado sólo personas que desean platicar, intercambiar opiniones amables, sin que la política nos contamine. Todo ha sido sociable, buena onda. De vez en cuando algún discreto coqueteo y hasta allí. Dudo mucho del potencial revolucionario que las redes ahora puedan tener. El “periodismo” allí es visceral y poco o nada serio. Las calumnias y las majaderías salen de la nada. No hay pruebas, no existe la investigación. Sólo la convicción de que el periodista ciudadano tiene la verdad en su pantalla. Pocos son cautelosos y certeros. En materia cultural, internet es la pista de despegue de artistas plásticos y escritores que no encuentran por ahora otra salida para dar a conocer sus materiales y esto es clave. Hay círculos literarios que desde Buenos Aires o México se han extendido prodigiosamente y tienen miles de seguidores.

Lo mejor es que he podido entrar en contacto con mis pares. En un país que se deshumaniza por la política, las redes sociales, bien usadas, nos unen y nos permiten mejor conocernos, incluso hasta querernos.

Opinión 2012-10-01 - La Crónica