Tantadel

noviembre 30, 2012

¿El fin de la pesadilla?

A horas del cambio de poderes. El presidente Felipe Calderón insiste en mostrarnos sus logros. Al parecer dos de ellos son el deporte y la cantada, pues con frecuencia lo vemos en los medios televisivos pedalear y hasta cantar de manera desafinada y sin respeto a la banda que porta simbólicamente en el pecho. Si al menos fuera Plácido Domingo, nos alegraría escucharlo, pero con esa voz lamentable da risa. Haría un buen coro con Consuelo Sáizar, su titular del CNCA, quien según las crónicas escritas por el infatigable novelista Gonzalo Martré y dadas a conocer a través de Internet, quien recién acaba de publicar un libo donde la muestra de cuerpo entero, no canta mal las rancheras. La llama incluso, con escaso respeto a su imaginaria alta investidura cultural y su facilidad para gastar dineros públicos, “cantante de rancheras”. El deporte desmiente a quienes acusan al mandatario de que suele pasarse de bebidas espirituosas. Ha inaugurado carreteras en bicicleta y participado en carreras maratónicas.


La gente sencilla y la complicada también se preguntan por qué tanta fiesta si su sexenio estuvo lleno de ruidosos fracasos. Es posible hallar la respuesta en una anticipada defensa de las críticas y acciones punitivas que puedan darse una vez que deje Los Pinos en manos de su enemigo el PRI.

Pese a los comentarios adversos, Calderón recorre el país, como Marcelo Ebrard lo hace en las abrumadas calles capitalinas, sin descanso: inaugura obras inconclusas, declara, pronuncia discursos infatigables llenos de lugares comunes y justificaciones no solicitadas. No obstante su euforia, hay cifras que lo contradicen: si hizo su mejor esfuerzo, no fue suficiente. En materia de derechos humanos, lo que implica hablar de lucha contra el crimen organizado, fracasó por completo, ruidosamente. Según el presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Raúl Plascencia, el periodo de Calderón deja “más de 100 millones de delitos y 46 mil muertos”. Una cifra escandalosa para un mandatario salido de las filas de un partido que afirma tener principios éticos y una gran cercanía con Dios, al que Felipe Calderón ha citado con frecuencia, dejando de lado que el nuestro es un Estado laico.

La cifra de muertos no parece ser exacta, varía, hay medios y organizaciones responsables que hablan hasta de 70 mil fallecidos sin contar los desaparecidos. De cualquier manera, aceptar 46 mil es algo que no puede enorgullecer a nadie. EU en la guerra contra Vietnam tuvo alrededor de 55 mil bajas, como consta en el cementerio de Arlington. Y ésa fue una guerra de gran violencia que los norteamericanos perdieron. En México, 46 mil o 70 mil, qué importa, es algo monstruoso. Indica que el Presidente nos metió en un problema de largas consecuencias y que parece no tener fin. Se despide dejándonos una suerte de memorial donde se recuerdan las bajas oficiales: apenas unas cuantas más de 200 muertes de soldados y marinos, de policías. ¿Y los demás, aquellos que murieron en lo que llamamos efectos colaterales?

Habría que obtener primero una cifra de los criminales liquidados físicamente, sumar a los que han sido detenidos y finalmente veríamos que el mayor número de víctimas han sido civiles, personas que nada tenían que ver con la guerra entre Calderón y el crimen organizado. ¿A ellos quién los va a recordar? ¿Sólo Javier Sicilia, algunas organizaciones de derechos humanos? ¿Quién? Sin duda sus amigos y familiares. Para los demás son solamente una cifra, una cifra que es utilizada con fines políticos.

También Raúl Plascencia tuvo algunas alusiones a la tortura. Calderón no ha respondido o mejor dicho, nos explicó que no había otra solución más que la de entrar en esa guerra. No deja de tener razón cuando precisa que fue un problema heredado por la complacencia de los gobernantes anteriores a él, pero no justifica el haber entrado en una guerra descomunal sin ninguna preparación, sólo suponiendo que las Fuerzas Armadas del país podrían vencer con relativa facilidad. No ha sido así. El crimen organizado, en un país pobre y en manos de pésimos políticos, es capaz de renovar sus cuadros dirigentes sin mayores dificultades. Por otro lado, México carece de verdadera inteligencia. No es EU, tampoco Israel o Alemania. Entonces los éxitos llegan por denuncias, por pugnas internas de los capos, por accidentes, jamás porque las autoridades realizaron un trabajo espléndido de inteligencia.

De otra parte, es bien sabido que las Fuerzas Armadas no estaban preparadas para una lucha de tal índole. Sus rutinas y educación persiguen otros fines. Se han ido formando en la lucha cotidiana y entonces no es difícil que de pronto cometan errores y hayan recurrido a métodos que no deberían existir como la violencia y la tortura.

El siguiente gobierno tendrá que replantearse a profundidad el problema y ver cómo es posible mantener la lucha llevándola con inteligencia y eficacia. No será fácil: hay que retirar al Ejército y la Marina de las calles, luego de lograr una eficaz policía capaz de combatir con éxito al crimen organizado y al narcotráfico. En eso hay que pensar y no preocuparse más por las fiestas de despedida de Los Pinos de Felipe Calderón. La historia lo juzgará, dice la frase común. La realidad es que ya lo juzgó y lo halló culpable.

Opinión 2012-11-30 - La Crónica

noviembre 28, 2012

El DF y la cultura

La ciudad de México es dueña de una rica herencia cultural. Es el centro de un amplio país que carece de política educativa y cultural. La parte artística tiene vida propia, se mueve por profundos instintos estéticos. Posee, por donde la veamos, ricas herencias culturales. Sólo que nunca ha sido capaz de darles cohesión, sentido, organizarlas. En nuestra tradición, el Estado se ocupa de tales tareas, pero en vista del crecimiento caótico del país y en especial de la ciudad capital, las ha descuidado desde los últimos gobiernos del viejo PRI y, desde luego, en los dos periodos panistas, donde se llegó a niveles ignominiosos. Hoy, a punto de tener nuevo Presidente y nuevo jefe de gobierno capitalino, el problema sigue en pie y se agrava por las ambiciones personales de algunas figuras intelectuales y sobre todo por los deseos de poder de una burocracia, que contrabajos ha leído tres libros memorables y quiere darle algún sentido al esfuerzo.


El DF es el peor caso. López Obrador tuvo el tino de brindar a la cultura capitalina rango de secretaría, nombrar a Enrique Semo titular y crear un Consejo de Cultura (del cual formé parte) y el desatino de imaginar o suponer que la cultura es espectáculo, entretenimiento. Las casas de cultura y la propia dependencia han aumentado el tamaño del desconcierto, pues sus actividades son de una alarmante pobreza: pésimas exposiciones, cursos elementales, fiestas cívicas, cursos de guitarra y de folklore.... Por razones más políticas que culturales, todo el esfuerzo se canaliza a gastar un presupuesto que ni convence ni modela a los usuarios y vecinos. Al contrario, en Tlalpan, por ejemplo, sus conciertos de rock y los deseos de poner en el Bosque, área natural protegida, una pista de hielo, provocaron una reacción violenta, aguerrida, de los vecinos. Por otro lado, la ciudad ha padecido la devastación cultural de malos gobiernos. No es fácil ver un movimiento artístico moviéndose por toda la capital. Los grandes centros educativos y culturales van más bien del Centro, lugar de su pasado esplendor, al sur, a donde se han ido siguiendo la ruta de la UNAM. Tenemos zonas privilegiadas y zonas desamparadas. En lo personal, he intentado poner el Museo del Escritor en toda su amplitud; la delegación Miguel Hidalgo le dio cobijo, hoy no sabemos que será de esa muestra de un proyecto ambicioso e inconcluso por falta de apoyo.

Dentro de tal confusión, todo intento “cultural” es para darle popularidad a un funcionario. El mayor ejemplo han sido López Obrador y Marcelo Ebrard, quienes se hicieron rodear ruidosamente por algunos de los más afamados intelectuales y de plano los hicieron intelectuales orgánicos, a su completo servicio y no al de la sociedad. Las actividades, al contrario de lo afirmado por Mario Vargas Llosa en su notable libro La civilización del espectáculo, han privilegiado a la cultura popular de estilo televisivo. Toda gran acción va al Zócalo a llenarlo con música de rock, cuando es un tipo de música que no demanda apoyos estatales a causa de su éxito. Es el arte mayor, el que necesita apoyo. Es, como lo afirma Vargas Llosa, la alta cultura la que requiere del sustento oficial.

El DF necesita darle coherencia a su Secretaría cultural. Para ello no se exigen agitadores ni discursos violentos, lo indispensable es realizar un trabajo de reflexión colectiva, donde participen los intelectuales, artistas plásticos, académicos, periodistas y promotores culturales, en fin, todos los involucrados en las artes, y crear un proyecto serio de difusión cultural, el que bien podría estar vinculado al trabajo que hacen dos importantes instituciones educativas: la UNAM y la UAM.

Desde hace tiempo que la cultura se está, por decirle de alguna manera, privatizando como resultado del desdén de las más altas autoridades del país. Es natural por otra parte, pues la globalización ni contempla los aspectos culturales y la identidad nacional ni el Estado siguen tan preocupados como en los momentos en que, más por razones políticas, fue creado el CNCA por Carlos Salinas. Aquí y allá los particulares hacen fundaciones culturales, algunas serias, otras para evadir impuestos, los jóvenes recurren a internet para dar a conocer sus trabajos artísticos, abren blogs o se dan a conocer a través de las redes sociales.

Una forma de recuperar los grandes proyectos intelectuales que surgieron de la Revolución, es crear una novedosa, audaz, política cultural. Como van las cosas no será cosa nacional, pero podría serlo a escala capitalina, lo que no es poca cosa ni tarea menor, sino una empresa colosal y ejemplar. Seguimos siendo ciudadanos de segunda clase los defeños, pero también el eje de los poderes y de la cultura. Sería una ventaja del centralismo que sufrimos, aprovechar la presencia en el DF de grandes figuras del arte y apoyarnos en ellas para edificar algo distante de proyectos populacheros. Una reforma cultural es lo que necesita una ciudad descomunal, con graves problemas que hasta hoy no han estallado por fortuna. Darles a los capitalinos arte legítimo, mostrarles las otras vías de la cultura, las más altas, es recuperar un pasado espléndido. El resto, lo popular, los medios electrónicos comerciales lo hacen a la perfección.

Opinión 2012-11-28 - La Crónica

noviembre 26, 2012

La cultura en internet

El Búho, como suplemento cultural, apareció en el antiguo Excélsior en 1985. Allí estuvo casi trece años y consiguió un alto número de lectores, el respeto de la comunidad intelectual y, desde luego, diversos premios, entre ellos el Nacional de Periodismo en la rama cultural que concedía el gobierno de la república. Luego vino un acto de censura en mi contra, no en El Búho, sino en la sección editorial donde publicaba artículos políticos. Me vi obligado a renunciar a ambas tareas: si uno acepta la censura una vez, la tolera para siempre. Ante el silencio cómplice, escribí un artículo: “El callado golpe a la libertad de expresión”, que sólo una revista académica publicó.


Al dejar Excélsior, aquellos directivos, irritados, desaparecieron el suplemento. Conmigo se salió la mayor parte de los colaboradores, unos ochenta, entre periodistas culturales, escritores, artistas plásticos, críticos. Puedo decir que entonces nos vimos forzados a resucitar a El Búho ahora como revista. Esto fue hace más de trece años. Hicimos la revista sin ninguna experiencia y sin dinero. El tiraje inicial fue excesivo: diez mil ejemplares que se quedaron arrumbados, no teníamos aparato distribuidor. A los tres meses, optamos por imprimir la mitad y regalarla a quien lo permitiera. Tampoco fue fácil. Así vivimos mucho tiempo. Del bolsillo de Rosario Casco y del mío salían los dineros para pagar diseño, papel e impresión, también el envío de periodistas culturales. Finalmente los recursos se acabaron y optamos por mantenerla en internet, donde ahora aparece cada mes, con un diseño atractivo.

Sabemos que el futuro es internet, pero por ahora coexiste con los impresos y quedan millones y millones de lectores que prefieren o aman el papel. Cuando anunciamos que la revista dejaría de aparecer impresa, diversos colaboradores renunciaron al esfuerzo y dejaron de colaborar. En cambio, muchos jóvenes se han acercado a nosotros con sus materiales, a veces de buena manufactura. No ha sido fácil entrar de lleno a internet dejando de lado la revista impresa. Pero vamos avanzando pese al desinterés de los medios en la cultura.

Tenemos tres formatos para leer la revista: Online, Mutimedia y Básico. Los tres incluyen PDF de la revista completa. Hemos creado bases de datos que se actualizan cada vez que llega un número nuevo. El buscador funciona con facilidad, sólo hay que teclear la primera palabra y buscar. Existen, además, enlaces con Facebook y Twitter. Es posible buscar por autor, tema, título y artista. La portada siempre está destinada a un pintor de talento y aparecen los artículos más destacados. Haga la prueba: http://www.revistaelbuho.com/libro/144/index.html.

Las personas pueden participar enviando artículos que, previamente valorados por el Consejo Editorial, estarán dentro del número que se les asigne. Se pueden suscribir para recibir actualizaciones mensuales. Los datos que nos hacen llegar los lectores para suscribirse son conservados de forma segura y la base de datos es confidencial. Los anuncios que tiene El Búho poseen su propio sistema de control, por fecha, para dar de alta o baja con facilidad la publicidad contratada. En este sentido, tenemos varios formatos, tamaños y lugares dentro de la revista para colocar los anuncios.

En la portada aparece todo el número de la revista Online con pequeñas entradas de cada artículo, tiene toda la información de colaboradores, artistas plásticos, etcétera. Su contenido posee un sentido útil, práctico, visual e informativo. Desde luego, cada escritor y artista plástico tiene su página y correo dentro de la revista. Tal información aparece desde la portada con el nombre de cada uno de ellos. Finalmente, el sitio está diseñado para que se visualice con facilidad en todos los navegadores.

Algunas estadísticas.

En octubre del 2010 la revista Online tuvo 53 visitas sin haberla anunciado.

De octubre a diciembre del año pasado, 2011, hubo 173 visitas a pesar de que seguíamos sin anunciarla. Pero en septiembre de 2012, el número de visitantes aumentó a 2,872. Cada uno consultó un promedio mínimo de 8 páginas, teniendo una lectura aleatoria de 103,514 por mes.

En 2011 los visitantes fueron 5,831 con una lectura promedio de 300,350 páginas en el año. A la fecha, tenemos 17,987 visitantes, con una lectura aproximada de 654,222 páginas. Los días de mayor lectura son sábados y domingos. El día que tenemos más visitas superan las 1,014 personas. Contamos con visitantes de todo el mundo. El mayor número es naturalmente de mexicanos. Luego los hay de EU, Argentina, España, Colombia, China, Ecuador, Perú, Francia, Finlandia, Alemania, Chile, Rusia, Gran Bretaña, Uruguay, Japón, Venezuela, Italia, y otros más.

Desde luego, hay mayor información en las páginas de Google, pero El Búho está incluido en más de 20 directorios importantes y en más de 2,000 distintos buscadores. El sistema operativo que tiene el 78% es Windows y el navegador principal es Internet Explorer. En un año, los visitantes en número de 1,271 entraron directamente desde la carpeta de “Favoritos”. Los restantes, a través de enlaces desde Facebook, el blog y la página web de René Avilés Fabila, director de la revista, Oleajes, Fundación René Avilés Fabila, Galería o a través de buscadores tecleando “El Búho”.

Por todo ello, velozmente explicado, es que consideramos tener una gran revista que ofrecer a los lectores de internet.

Opinión 2012-11-26 - La Crónica

noviembre 25, 2012

DF: frenar su acromegalia

El mejor alcalde del mundo deja una severa deuda y graves problemas.


La Ciudad de México, fundada por los aztecas en la región más transparente del aire, según dijo Reyes, destruida totalmente, la rehicieron los españoles. Balbuena le dedicó una obra memorable, Humboldt y la marquesa Calderón de la Barca la elogiaron y Novo rescató sus sitios mágicos. Recuerdo el entusiasmo de la noticia cuando el DF llegó a tres millones de habitantes. Mi niñez transcurrió en una ciudad apacible, donde quedaba mucha vegetación y todavía uno encontraba pequeños lagos y ríos. Hoy es una fábrica de humanos, padece las atroces consecuencias de la sobrepoblación y siempre con lamentables gobiernos. Imposible separar al DF del Edomex. El aquí nos tocó vivir de Fuentes, significa compartir pesadillas y problemas abrumados por unos 20 millones de seres que pueblan el Valle de México. El Metro llegó tarde, los ejes viales y las vías rápidas edificadas sobre ríos ya de aguas negras, y los segundos pisos no sirven… Es una fortuna no haber colapsado. Pero se pierden horas de trabajo en la transportación y el desgaste físico es enorme. Las políticas de desarrollo no existen. Nadie acaba de entender, el populismo imperante, que el crecimiento capitalino debe ser frenado. La experiencia de pasados desastres naturales sólo consigue amontonarnos en media calle. El DF es la mejor prueba de que somos un país centralista y una torpe capital que permite la destrucción de sus joyas arquitectónicas, como el Paseo de la Reforma; tolera el caos de ambulantes y trastornos de terrenos y uso de suelo, que arruina monumentos como el de la Revolución; elimina sistemáticamente la vegetación y le ha entregado el Zócalo al espectáculo. Ver la actual Alameda y compararla con la que existió es ponerse a llorar de indignación por la demagogia de Ebrard y Martha Delgado que, a cambio de dólares, nos trajeron un tirano a adueñarse de un trozo de jardín. ¿Hablar del transporte público, donde han convertido al auto en majestad?

El mejor alcalde del mundo deja una severa deuda y graves problemas. A cambio y en contra de toda lógica, propone un proyecto de diez años de duración. Ebrard envió a la ALDF el Programa General de Desarrollo Urbano del DF 2012-2022 (PGDU), el cual ha sido rechazado por especialistas y ciudadanos. Enrique Fernández del Valle, entendido en desarrollo urbano, dice al respecto: “Considero se debe procurar el respeto al entorno y no permitir diseños que afecten el contexto de la zona como se permite actualmente, donde sólo se respeta una crujía del inmueble histórico catalogado y atrás se construye un inmueble de mayor altura y con materiales modernos. Las áreas históricas que nos quedan son muy pocas y los inmuebles menos, por lo que se deberá cambiar la normatividad para protegerlos de forma efectiva y no permitir usos de suelo no compatibles”. Lo que han hecho ciudades como Londres, Buenos Aires, Berlín, Praga, Nueva York y París, entre otras.

Continúa Fernández del Valle: lo más grave del PGDU es que “no se tomó en cuenta la vulnerabilidad de la ciudad ante eventos de alto riesgo como: sismos, inundaciones, estabilidad de laderas, consistencia y resistencia de suelos, fallas, grietas y fisuras tanto activas como pasivas; así como tampoco la disponibilidad, capacidad y condiciones de la infraestructura (agua, drenaje, energía eléctrica, vialidades, disposición de residuos), con lo cual sustentar los incrementos de densidad propuestos”.

Kenia Ramírez, en este diario, comenta las recomendaciones de expertos en materia de planeación y ordenamiento urbano de la UAM, quienes apuntaron: “La recomendación es no aprobarlo debido a que es un documento que no cuenta con los elementos mínimos necesarios para constituirse como un instrumento de normatividad territorial para el DF”.

Queda mucho en la computadora como la basura, la calidad del agua y del aire. Pero todo es parte de un libro que la historia escribirá.

Excelsior -2012-11-25

noviembre 23, 2012

La sorpresiva “izquierda” mexicana

La salida impetuosa de López Obrador del PRD deja un futuro complejo para lo que calificamos como “las izquierdas”. Estas fuerzas han optado por concentrarse en los procesos electorales en lugar de construir un proyecto de nación diferente. Desde ahora dos figuras de tal tendencia, Obrador y Ebrard, ambos formados en el PRI, se han dicho listos para luchar por la presidencia de México. Es obvio que el primero tiene garantizada la candidatura, el segundo la desea, ello no significa que pueda tenerla. Además, no está terminando bien su administración. Deja muchos asuntos sin resolver entre las que destacan: en materia ambiental, Manuel Espino, en estas mismas páginas menciona: la tercera etapa del Sistema de Transporte Individual Ecobici, el Radar Meteorológico de la Calidad del Aire, la recuperación del Museo Jardín del Agua del Bosque de Chapultepec, el numeral del Bosque de San Juan de Aragón y el rescate del Río Magdalena, etc.; en otras materias, se encuentra el problema con la UACM, la enigmática estatua a Heydar Aliye, obras por toda la ciudad que provocan caos y un severo adeudo. Aparecerán asimismo muchos más problemas, sobre todo de corrupción, cuando deje el cargo de jefe de gobierno del Distrito Federal y pierda el control del partido y de muchas fuerzas delegacionales.


Morena tendrá que pasar de organización a partido, algo que parece sencillo por el trabajo hecho. Para este fin, muchos perredistas conocidos, con vínculos populares, mudarán su militancia. El tránsito debilitará al PRD, a menos que tome decisiones drásticas que lo alejen de la tradición caudillista en que han vivido permanentemente. Le convendría, puesto que tienen en el gobierno capitalino a un hombre de militancia ciudadana, acercarse más a los líderes naturales que trabajan en todos los sitios del país. Para ello necesitan pulir sus proyectos, dejar las frases hechas y eliminar a los corruptos. La tarea se antoja descomunal y por lo mismo, nada sencilla. Pero no tienen otra manera de enfrentar a Morena. Pensar en una alianza futura PRD-Morena es una tontería, un paso absurdo. Es volverse a poner en manos de quien lo ha despojado de sentido político y lo ha dejado en ropa íntima. En poco tiempo veremos una nueva realidad. Para las elecciones que llamamos intermedias, los perredistas verán, si no ocurren cambios, disminuido sensiblemente su capital. Por lo pronto, los principales perredistas han dicho que no le pondrán obstáculos a la toma de posesión de Peña Nieto. Es decir, abandonan el radicalismo y ofrecen dar una lucha civilizada, lejos de los insultos y las tomas de tribuna. Hay que añadir que gobernadores perredistas como Arturo Núñez y Graco Ramírez actúan conforme a reglas de combate más acordes con el México que deseamos.

Morena tampoco tiene un futuro prometedor: el autoritarismo y la falta de programa serán más evidentes. No es posible crear un partido poderoso con pura fraseología, con el aparente rechazo a los corruptos, los oportunistas y los holgazanes, según ha insistido López Obrador. Lo peor es que toda esta conducta aparece mientras el principal dirigente está rodeado de personajes campeones en esas especialidades.

Pese al futurismo desatado en “las izquierdas”, los organismos restantes no parecen muy decididos a sumarse a procesos semejantes. El PRI, como siempre, gira en torno a la figura presidencial. Sigue sin ser realmente un partido como los vemos en Europa. De los resultados que Peña Nieto entregue en los primeros tres años, dependerán sus movimientos. El PAN, bueno, el PAN tendrá que reorganizarse profundamente y aprovechar la estrepitosa derrota (que en vano Calderón trata de ocultar con una actividad frenética y a veces demencial) para ver qué movimientos debe hacer y no ser más un partido elitista y conservador.

En este sentido electoral, son “las izquierdas” las que se mueven inquietas ante la sucesión presidencial. Si el PRD selecciona con inteligencia a sus dirigentes, si deja de lado sus peores y más visibles defectos como la corrupción, podrá aspirar a la presidencia de la República, ya lejos del caudillismo que tanto lo ha dañado. Los pasos que ha dado mejoran su imagen. Si realmente siente el deber de transformar al país, deberá primero modificar sus usos y costumbres, ya son poco tolerables. En estos momentos complejos, la presencia de una verdadera y legítima izquierda es fundamental. Si alguien supone, como Batres, que ser de izquierda es sinónimo de obradorista, está equivocado por completo. Esta tendencia es mucho más que un líder carismático y rudimentario. Para saberlo hay libros de historia y grandes teóricos, luchas ejemplares y hazañas populares.

Opinión 2012-11-23 - La Crónica

noviembre 21, 2012

¿Las fuerzas progresistas se reacomodan?

No cabe duda, la izquierda de corte marxista intenta recuperarse de la caída. No será fácil, pero hay esfuerzos aquí y en Europa, en países latinoamericanos, en Asia y África, pero son deshilvanados, están presos entre los pésimos recuerdos dejados por el estalinismo y el peso asfixiante de la globalización capitalista. En México las “izquierdas” dicen estar bien representadas por el PRD y por los pequeños partidos que han sobrevivido gracias a la presencia de López Obrador. Morena comienza a dibujarse merced a los discursos y acciones de su propio creador. No tiene un discurso articulado, ahora todo lo centra en el trabajo partidista: debe tener decencia, dignidad y honestidad. Puras palabras que realmente carecen de sentido. Del lado del PRD, mientras Miguel Ángel Mancera se prepara para mostrar sus talentos, Marcelo Ebrard se mueve tratando de mantenerse con la candidatura presidencial de 2018. Muchos años para desde ahora sentirse seguro de conseguirla. Otros actores aparecerán y nuevas tesis sustituirán a las hasta hoy muy vagas del perredismo tradicional, siempre en manos de ex priistas. Gradualmente el perredismo se ha percatado de que en las manos de quienes abandonaron al partido que por décadas fuera oficial, no irán a ningún sitio por más que obtengan representaciones legislativas, algunos gobiernos, donde destaca el DF. Siempre han estado cerca de la presidencia de la República y no la han obtenido. ¿No es el momento de ver las cosas con agudeza y profundidad, con autocrítica, en lugar de repetir cada seis años que fueron víctimas del fraude?


El país es mucho más que una treintena de millonarios que no quieren ver al PRD en la presidencia. No es posible seguir compitiendo con una organización llena de vicios y con altos grados de corrupción. Es el momento de hacer un articulado proyecto de nación, lejos de la palabrería hueca y las frases hechas que no han funcionado. Dicho partido ni siquiera tiene una política internacional, ¿qué ha dicho ante las matanzas de palestinos en su propio terruño? Ni una palabra. Sólo unos cuantos jóvenes han protestado por los más de cien muertos que llevan en su haber los soldados israelitas. Parece normal que cada tanto Israel reprima con violencia a los palestinos. La indiferencia es casi unánime. ¿No es el deber de los partidos más avanzados políticamente elevar una protesta ante este tipo de actos? ¿O sólo los medios se molestan porque el titular del DF hace negocios con tiranuelos distantes?

El panista Federico Döring hace un par de días declaró que a Marcelo Ebrard “ya no le interesa la ciudad”. En realidad sólo le interesó como plataforma de campaña para obtener la candidatura presidencial. Al cargo capitalino llegó de la mano de López Obrador, hoy ya están distantes. Ambos siguen tras la misma ambición, pero ahora van por fuerzas diferentes y con certeza las mismas: el electorado que ha votado primero por Cárdenas y enseguida por López Obrador. La pregunta es si el “mejor alcalde del mundo” ¿tiene las facultades intelectuales y políticas para conservar un cargo que por ahora siente tener en las manos? Francamente lo dudo. Habrá mejores candidatos.

En realidad ningún partido nacional cuenta con un programa claro y con metas evidentes, con una política capaz de atraer votos. A lo sumo, cuando llega el momento de ir por Los Pinos, cada uno de ellos inventa un montón de ideas y proyectos que son muy vagos y amplios. Así ha sido por muchos años, pero si la izquierda realmente seria piensa que el país marcha por un rumbo incierto, ¿por qué no decirlo de cara a la sociedad? En el pasado hubo partidos que tenían programas, el PAN y el Partido Comunista estaban entre ellos. En el presente sólo tienen un puñado de ocurrencias, las que cada candidato inventa sobre la marcha. En tal sentido, Josefina Vázquez Mota es el más acabado ejemplo de improvisación. Su partido se desdibujó desde que llegó al poder y la mejor prueba son sus candidatos a los distintos cargos de representación popular.

El PRD debería imitar a Morena, o mejor dicho a López Obrador, de nueva cuenta recorre el país buscando atraer simpatías. Pero el PRD podría tener mejores metas. Por allí anda perdido un proyecto colectivo que suscribió Cuauhtémoc Cárdenas y que es un buen programa de nación. Hay que revisarlo con cuidado y adaptarlo a las necesidades del México actual. Es un documento muy elaborado y valioso.

Pero qué hacen los perredistas en realidad. Buscan afianzar sus posiciones personales y de grupo. Ya un alcalde y un afamado militante se fueron a Morena. En el PT hay dudas, pero seguirán, dicen, con AMLO. Dicho en otros términos se reacomodan según sus personales proyectos, en los que el país no encaja o sirve como marco. Los partidos se han desdibujado, carecen de personalidad, lo mismo aquí que en España o en Francia. Las ideas están en peligro de extinción. Y la sociedad lo resiente: por ello vota por el que mejor ofertas le hace. Todos los países parecen moverse en tal sentido. Si un partido ofrece mejor nivel de vida, listo. La promesa es sencilla y muy difícil de obtener. Allí está el caso español como prueba.

Opinión 2012-11-21 - La Crónica

noviembre 19, 2012

¿Ha cambiado París?

Conocí París a través de viejas litografías, libros de viajes y las tarjetas postales que me enviaba mi padre alrededor de 1953. Estas últimas eran en blanco y negro y mostraban paisajes urbanos de notable belleza, con calles semivacías y pocos automóviles. Sus interiores los seguí a través de la literatura. En tal sentido, Víctor Hugo fue una valiosa ayuda. Me enamoré de esa ciudad enigmática, célebre, que no sufrió los atroces daños de otras ciudades europeas durante la Segunda Guerra Mundial. Si Moscú, Leningrado, Varsovia, Dresden, Berlín o Londres sufrieron las consecuencias del conflicto, París fue afortunada. Sólo ha resentido el paso de los años y el gradual e inexorable ingreso a la “modernidad”. Sus más bellos y emblemáticos edificios y monumentos sufren el desgaste natural y el descuido de sus habitantes, como en cualquier otra urbe.


Mi generación, la llamada de la “Onda”, tuvo más que ver con la cultura norteamericana que con la europea. París no fue el eje, sino Nueva York. Para mí, la primera seguía siendo la capital del mundo. Así como la generación perdida había estado allí masivamente (Picasso se desarrolló cabalmente y de todo el mundo la visitaban revolucionarios, intelectuales, artistas plásticos), yo acudí a su llamado a través del doctorado que Rosario decidió llevar a cabo en la Universidad de París, mejor conocida como la Sorbonne. Llegamos en 1970. Los ecos del mayo 68 resonaban. Era, como siempre, una ciudad combativa, una especie de centro de las actividades políticas de una izquierda que no podía luchar sin riesgo de muerte en sus respectivos países: palestinos, bolivianos, argentinos, chilenos y mexicanos, luego de la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco.


Francia estaba en manos de los partidarios del general De Gaulle. La izquierda, dividida en dos grandes bloques, el socialista y el comunista, intentaban llegar a complejos acuerdos para presentarse unidos a las elecciones. La figura central del primero era Fraçois Miterrand, la del segundo, Georges Marchais. Pero a su alrededor existían una multitud de pequeños grupos y tendencias, destacaban los trotskistas y los maoístas que ya tenían discrepancias con la Unión Soviética. Los anarquistas, venidos a menos, seguían con terquedad su peculiar sentido de libertad. Eran pocos, pero insistentes. Venían de tradiciones guerreras poco usuales. Recuerdo a algunos de ellos que habían peleado casi en solitario contra los fascistas en España y luego contra Alemania, ya eran mayores, pero su legendaria tenacidad no había disminuido.

En la Universidad de París tuve algunos compañeros que pretendían adquirir conocimientos para regresar a sus respectivos países una lucha violenta por la libertad y la democracia. Los palestinos, como hoy, daban una batalla desigual y apenas comprendida. Tenían (tienen) en su contra la eterna vergüenza de los europeos por las persecuciones racistas concentradas en los judíos. Son las víctimas oficiales, las que llenan de monumentos todos los países y los que ahora se ensañan con sus vecinos de una manera brutal, ante la indiferencia del mundo. El sábado, por ejemplo, los palestinos y unos cuantos aguerridos franceses hicieron un par de mítines: uno frente a la Ópera y uno más en Châtelet, a un costado del Sena. No eran miles los manifestantes, ni siquiera cientos. Yo diría que eran docenas. Así los vi en Nueva York y nunca los he visto en América Latina. Un compañero dice que no existe más la solidaridad internacional, que hemos regresado, pese a la globalización, a un insano nacionalismo. Es posible.

Lo que pretendo decir es que París sigue siendo una hermosa dama llena de joyas y tesoros, un centro turístico abrumador y una ciudad que tiene en cada iglesia una sala de conciertos. Sus museos son fantásticos y sus restaurantes ofrecen posibilidades gastronómicas infinitas. Lo que falta es aquel espíritu revolucionario que la hizo vanguardia del pensamiento político. Quedan placas conmemorativas, efigies, nombres simbólicos en las calles, pero poco de aquello que la hacía un enclave avanzado en todo sentido. Las grandes avenidas y las callejuelas estrechas son parte de un imperio consumista y no hay equivalencias: faltan las figuras intelectuales que ofrecían ideas valiosas a todo el orbe. Jean-Paul Sartre, por ejemplo, no orienta más a la izquierda, ni Albert Camus nos deslumbra con sus novelas. En Alemania, Günter Grass inquieta con poemas que presentan realidades nuevas. No mucho más. Europa es un continente príncipe, campeón de la globalización, ya no es un agitador. A lo sumo nos convence con sus magníficos productos que los turistas adquieren. Internet, en las manos de los jóvenes despolitizados, sigue sin mostrar el poderío “revolucionario” que muchos le atribuyen, es más una herramienta social que un arma política. Ya no se escuchan proclamas incendiarias contra la feroz economía de mercado. La izquierda obtuvo un triunfo político porque ofrece migajas, disminuciones de impuestos, dádivas, rebajarle el sueldo a los funcionarios. A ningún político se le ocurre repensar a los clásicos del marxismo. Buscan una sandez: el Estado de bienestar, con un rey al frente o con un presidente más burgués que luchador social. Sin embargo, como escribió Ernest Hemingway, París sigue siendo una fiesta.

Opinión 2012-11-19 - La Crónica

Buenos días y adiós, señor Calderón

Felipe Calderón ha tratado, con ya muy pocos de los suyos, de hacerse una despedida plena de entusiasmo. Supone que en efecto los mexicanos creemos que fue un presidente notable. No. Fue uno más, del montón: tarde o temprano será olvidado por la historia o peor aún: arrojado al bote de los desperdicios. Sin embargo, es tenaz e insiste en irse en medio de ovaciones, ovaciones que no consigue. He escrito en estas páginas que su adiós será triste, ya lo es. No cumplió con las expectativas que su llegada despertó. Promesas que quedaron en el vacío. Palabras huecas en cada discurso.


Ahora una gran escuela particular, el ITAM, le salió respondona. Le concedieron un premio entre sospechoso y absurdo. Su llegada a la institución fue en helicóptero. Si los panistas se regocijaron del problemón que tuvo Enrique Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana, ahora deben estar acongojados. El recibimiento tuvo dos lados: el negativo y el positivo. Como es usual, los que le gritaban genocida y criminal, resultaron más ruidosos que quienes le daban la bienvenida. El premio se antoja ridículo: “Carrera al Universo”, como si Calderón fuera astronauta o científico. Y el subtítulo es desconcertante: “Por su trayectoria profesional de excelencia”. Los reproches de una sucursal del #yosoy132, iban justo en contra: ¿Excelencia a un genocida? Quizás por el alto número de víctimas que ha provocado su guerra personal al crimen organizado.

No le faltan muchos días a Calderón para dejar la banda presidencial y entregar las llaves de Los Pinos al nuevo habitante. El todavía presidente sonríe, habla, explica sus triunfos espectaculares e insiste en que ningún otro mandatario logró sus éxitos. Pocas veces algún mandatario había cacareado derrotas diciendo que son triunfos. Pero si hemos de ser sinceros, nadie se iría de la presidencia confesando fracasos y derrotas. El político es mentiroso profesional por excelencia. Calderón lo es en demasía. El problema es que su propio partido ha roto lanzas con él, o al menos la mitad está molesta con su particular modo de conducir el gobierno. En cuanto desaparezca del país, las críticas aumentarán de tono y al final será un caso lamentable. Hoy se defiende y argumenta apoyado por la estructura que rodea a un presidente de la República, pero más adelante, ¿qué sucederá? Es sencillo suponer lo que le espera y es obvio que tendrá que viajar al extranjero, buscar una universidad donde pueda impartir clases (¿de qué?) distante de las voces acusadoras, de los lamentos indignados de quienes perdieron familiares y amigos.

Tampoco quienes fueron sus colaboradores más cercanos saldrán bien librados. Participaron de cerca con un hombre irresponsable y parlanchín. No será sencillo defenderlo. A lo sumo, pondrán alguna distancia y listo. El PAN anda en otros asuntos. Quedó tan maltrecho que se dedicará a lamer sus heridas, a reponerse. De hecho en eso está. Pero luego de doce años en la presidencia, tal partido tiene poco de qué vanagloriarse. Su único orgullo es haberle quitado Los Pinos al PRI. El problema es que gracias a Fox y al propio Calderón, ya le regresaron la residencia presidencial a los priistas.

Si el PRD actúa con habilidad y avanza en la limpieza moral de sus filas, podrá crecer. Y si el PRI logra vencer su tendencia al abuso y al autoritarismo, volverá a demoler al PAN. Fue un partido tenaz, combativo, sólo que ya en el poder no supo qué hacer y se hundió en el desprestigio. Con facilidad descendió al último lugar de los tres partidos mayores. Esto sin duda es el principal mérito de dos hombres: Fox y Calderón.

Por más que el segundo nos diga mañana, tarde y noche que deja un México poderoso, unido y lleno de éxitos, la realidad lo desmiente mañana, tarde y noche. Pobre Calderón: él juró no entregarle la banda presidencial al PRI. Ya lo hará.

¿Qué sigue después del triste papel que desempeñó el PAN? Mucho. Ahora es un partido dividido, sin ideología, sin rumbo. Para colmo, hay, a semejanza del PRD, tribus, familias o tendencias que buscan su cuota de poder sin la antigua idea de transformar al país. Poco queda del organismo que fundara, entre otros, Gómez Morín. Sus mejores cuadros están dispersos, desconocen el rumbo, del pasado nada saben. Con Calderón marcharon gozosos al precipicio. Mal gabinete, pésimos candidatos, desatinos y un estilo lamentable de gobernar. Requiere cirugía mayor. No es un enfermo imaginario, es real y tardará en recuperarse. No deja de ser extraño que el poder lo haya dañado de tal manera. Los especialistas dirán la última palabra, por lo pronto, Acción Nacional deberá ingresar a terapia intensiva, mientras que sus mejores cuadros necesitarán cursos rápidos para saber de qué trata la política y para qué sirve. Por ahora fueron afortunados, tuvieron en su favor una larga historia de tenaz oposición y muchas esperanzas. El contacto con el poder dañó a los panistas, los que se salvaron ahora están en otras búsquedas políticas, como por ejemplo, Manuel Espino. Los demás, hacen su tarea en cargos menores. Los sobrevivientes se han refugiado en las cámaras legislativas. Allí gritan e intentan asustar a sus rivales. El PAN perdió mucho más de lo que ganó en 2000.

Opinión 2012-11-16 - La Crónica

noviembre 18, 2012

Entre Marx y José Revueltas

En Berlín, en la zona de museos, me topé con el monumento a una pareja inolvidable: Marx y Engels, a unos metros, está Lenin, el hombre que intentó llevar a la práctica las teorías de los primeros. Me dejaron pensativo en medio del bullicio de una ciudad que presume su capitalismo, donde el consumismo es fundamental. La ciudad que en 1945 estaba en ruinas, de nuevo está de pie; hermosa y arrogante. Sabe que desplaza a las grandes capitales del mundo. Museos soberbios, boutiques, sitios culturales, universidades de alto rango, una euforia constructiva impresionante.


Pocos se detienen ante las figuras que concentraron su poderío intelectual en la destrucción de la economía de mercado para crear un nuevo mundo, equilibrado y justo. Pensé en mi larga militancia comunista y asimismo en las grandes batallas que dio el Ejército rojo para destruir la poderosa maquinaria bélica fascista. Recordé a José Revueltas, uno de mis escasos maestros de política, amigo de mis padres. Fue un convencido pleno de las ideas de los personajes citados. Cuando se alejó del poco eficaz Partido Comunista, escribió un libro magnífico, Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, decidido a buscar posturas ideológicas más adecuadas para México, distantes de las ideas del brutal estalinismo. Creó su propio partido de corte marxista-leninista, al que calificó de espartaquista. Pocos leyeron su libro. Lo siguieron unos cuantos. Para la mayoría era un novelista que militaba en una izquierda caótica. No muchos se percataron de su lucidez intelectual. Había dado con la clave para crear un partido comunista distinto, novedoso, crítico, lejos de los mandamientos de Moscú y dentro del espíritu revolucionario de los creadores del socialismo científico.

Parte de mi vida está ligada a sus tesis. Me acerqué a él para mostrarle mis cuentos iniciales. Como reacción habló del compromiso literario con el proletariado y las capas más desamparadas de la sociedad, las que él conocía y para mí eran enigmáticas. Había comenzado su carrera literaria escribiendo sobre sus prisiones, Los muros de agua, y cerrado el ciclo con El apando, otra obra carcelaria, luego de los sucesos de 1968. Yo era clasemediero típico, educado por abuelos maternos católicos. Nunca estuve en una asamblea proletaria. Pasé el tiempo entre escritores y académicos. Cuando a través del poeta español Juan Rejano, regresé al Partido Comunista, un amigo me lo reprochó delante de Revueltas. Pepe se limitó a decir: “Si René cree que ése es el camino, está bien”. En largas reuniones él exponía sus teorías y posturas, movía piezas de un imaginario ajedrez político. El final llegó: acompañado por su última pareja, Emma, y unos cuantos admiradores, murió. El socialismo se dirigía al derrumbe, triunfaba el capitalismo: supo adaptarse perfectamente a una nueva era, en tanto el mal llevado pensamiento marxista se tambaleaba. Stalin lo había recreado a su imagen y semejanza, en un desmesurado culto a la personalidad y de un autoritarismo brutal. La caída fue estrepitosa y no produjo más que regocijo a escala internacional. Quedamos algunos en plena orfandad, listos para vivir de nostalgias e ideas que hoy suenan absurdas. Los conceptos aprendidos, los pensamientos innovadores, se quedaron en calidad de utopías. Si Marx y Engels escribieron del socialismo utópico al socialismo científico, orgullosos de sus descubrimientos sociales, su trabajo pasó a libros de sueños y fantasías.

Las efigies de Marx, Engels y Lenin han sobrevivido a la debacle, sus obras están en bibliotecas y no en librerías. La izquierda no sabe qué rumbo tomar. Habla de Estado de bienestar, por decir algo. No se le ocurre pensar en lucha de clases o interpretar los hechos a través del materialismo dialéctico. Hablar de dictadura, del proletariado hace reír a cualquier joven. Es ridículo. Los tiempos son diferentes. Necesitaríamos una nueva revolución intelectual. ¿Quiénes la harán?

Excelsior- 2012-11-18

noviembre 14, 2012

La tediosa uniformidad de los políticos

Hace unos veinte años, el periódico donde trabajaba me envió a cubrir las elecciones de una importante ciudad norteña. Fui y comencé el reportaje investigando a los dos aspirantes a la presidencia municipal: uno era del PRI, el otro del PAN. Platiqué con ambos para distinguir sus posiciones ideológicas y las causas que los conducían al campo electoral, escuché sus propuestas, apenas diferían. Prometían con entusiasmo obras públicas y enormes beneficios a la población. Yo apuntaba. En una reunión con el panista, una guapa y distinguida señora, aburrida, miró la grabadora y mi libreta de apuntes e irónica me dijo lo obvio: ¿Es periodista, verdad? Por desgracia, señora, repuse, y como ve usted, me toca cubrir lo peor del país: la política.


La mujer se acercó lo más que pudo y en voz baja me precisó: No se esfuerce mucho. Los dos son casi idénticos: Uno es del PRI y su rival es del PAN. Ambos han sido diputados locales y luego federales. Tienen dinero, son empresarios, estudiaron en el Tec de Monterrey, hablan inglés y sus hijos estudian igualmente en escuelas particulares. La rivalidad es aparente: son compadres y sus respectivas familias tienen una estupenda amistad. Por favor, no se guíe por las duras palabras que se propinan.

Recordé que en mis años de estudios, un profesor con sentido del humor, insistía en algo curioso: Las diferencias entre PRI y PAN son cada vez menores. Son como los partidos uruguayos: se diferencian por la hora de ir a misa o como los gringos: siempre divididos por el envase, no por el contenido. Los demócratas son como la Coca-Cola y los republicanos como la Pepsi-Cola. Saben ligeramente distintos, el líquido, como el tabaco hace daño. Vote por quien quiera, es igual: ambos defienden el sistema de libre empresa y los sueños hegemónicos de Estados Unidos. El Destino Manifiesto.

Era, es, cierto. Ahora, de reportero me he convertido en articulista de fondo, pero antes ocupé diversos cargos que me permitieron observar a los políticos, desde luego, siempre a distancia, lejos del poder. Hoy algunos hablan del PRIAN, pero otros observan las alianzas PAN-PRD para derrotar al Revolucionario Institucional. Si vuelvo a las recomendaciones de aquella atractiva y aguda señora, las cosas se han hecho peores. Al PRD, al ser edificado por ex priistas, le brindaron más de un aspecto característico del padre. Ya todos están bien vestidos y combinan la ropa según valores televisivos. El discurso cambia de dirección, pero es idéntico. Todos son, como panistas y priistas, empresarios o dueños de negocios hechos al amparo del poder. Sus hijos asisten a escuelas privadas y la vieja idea de ser útiles a la sociedad desapareció completamente. Son útiles a sí mismos. A nadie más. Las alianzas y contra alianzas, son matices, puro oportunismo por más que digan que son básicos en la política, que en eso consiste. Se trata de “buscar consensos, acuerdos” que los ayuden en sus búsquedas.

Lo mismo es posible extenderlo a los otros partidos. Cada político busca su propio patrimonio, es decir, su fortuna personal. El erario es un simple botín. Los escucha uno discutir, agredirse, son posturas, en el fondo están de acuerdo en mantener sus prerrogativas, su poder debe estar por encima de la sociedad. Al principio los perredistas se calificaban como los priistas, de “servidores públicos”, hoy se presentan como “autoridades”. Cuestión de matiz.

La falta de ideologías, de auténticos deseos de cambio, los iguala. Las diferencias son cada vez menores. Pronto tendremos una masa incolora de políticos y sólo nos guiaremos por la habilidad de combinar los colores de la vestimenta: unos con corbata amarilla, otros azul, unos más roja o verde. Ninguno busca la utilidad social, sino beneficiar a la totalidad del sistema político, para no perder prebendas. De allí que con frecuencia piense en las palabras de aquella señora que en minutos me hizo un retrato perfecto de dos políticos aparentemente opuestos. En los cinco años de carrera en la UNAM, jamás escuché tanta claridad, sobre todo en los tiempos en que había ideologías. Hablar con un priista, un panista, un perredista o un “ecologista” es escuchar lo mismo: nadie busca cambiar el sistema, quieren dinero, cargos, que sus familias tengan lo mejor. El pueblo sólo sirve para votar. Es su lógica. Es probable que el único que tenga un discurso diferente, falso, pero distinto, sea López Obrador. Es de un simplismo aterrador, pero al menos se sale de lo común. Los restantes son acartonados, falsos, plagados de lugares comunes y frases hechas, de palabras tramposas. De allí que podamos decir sin temor a equívocos: en México, política sólo hay una. Los partidos son iguales o muy semejantes. Sin embargo, la ciudadanía consigue lo imposible: diferenciarlos y de esta manera acuden a las urnas. Con una pasmosa ingenuidad. Esto puede implicar dos cosas: O que el PRI es el gran modelo, en lo positivo y en lo negativo o que la política nacional padece su más grave crisis de identidad y ningún partido sabe lo que quiere para el país, salvo mal gobernarlo. Dirían en el pasado: Pobre México, tan lejos de Dios y en manos de políticos convencionales. Por ningún lado se ven los estadistas de alto rango.

Opinión 2012-11-14 - La Crónica

noviembre 12, 2012

¿El fin del ex priismo en el PRD?

Más que con inteligencia y olfato político, con tácticas propias de una persona desesperada por mantener y acrecentar el poder, Marcelo Ebrard juega sus últimas cartas. Sus ambiciones, las de un grupo bien cohesionado y cínico, han pasado por etapas diferentes y todas oportunistas. Nunca hemos sabido algo sobre su ideología, sólo acerca de sus intereses. Ebrard enfrenta un riesgo: perder para siempre el poder. De allí su audacia. Una vez que López Obrador decidió dejar el PRD y crear su propio partido, Ebrard se presentó como el siguiente candidato presidencial por tal fuerza. Quizás pensó que Miguel Ángel Mancera carecía de experiencia e incluso de grandes propósitos políticos. Pero al llegar a la jefatura del gobierno capitalino, vio muchos elementos favorables. El primero, la honestidad: se ha mantenido como ciudadano y ninguna sospecha de corrupción recae sobre su trabajo. Ello le permitió ganar de modo contundente las elecciones y, del mismo modo que Cuauhtémoc Cárdenas aplastó al PRI y al PAN, llevó al PRD a un triunfo inobjetable en la capital. Tiene un futuro complicado con las tribus y sus personajes más corruptos, pero es evidente que pese al grado de dificultad, ha sabido moverse con habilidad por entre una fauna desprestigiada. De una buena gestión, puede partir la candidatura presidencial para un hombre que ha sido capaz de hacer silenciosamente una positiva carrera política. Están las mafias y los grandes problemas que hereda, pero tiene a su lado a los mejores militantes del PRD y desde luego a poderosas corrientes ciudadanas que creen en él.

López Obrador aspira a una tercera candidatura, la busca con terquedad y en solitario, supone que los más de 15 millones de votos que obtuvo se debieron a su liderazgo. Es posible, pero también contaron otros elementos, por ejemplo, los pésimos candidatos del PAN tanto en el DF como a escala nacional. Tampoco hubo un PRI capitalino sino algunos nostálgicos buscando empleos. Como sea, existe una fuerza real que no quiere ni el regreso del PRI ni la presencia del PAN. Incluso podría crecer con un candidato como Mancera.

Miguel Ángel Mancera no es un caudillo al modo tradicional, es un ciudadano que trabaja eficazmente y supo colocarse como la mejor carta de un abanico multicolor. Son fuerzas emergentes hartas del viejo mundo que se cae. Si Peña Nieto no ha sido capaz de atraer a los intelectuales, científicos y académicos, si Ebrard los ha manipulado con burdo estilo, el jefe de gobierno electo se mueve entre ellos con elegancia y cordialidad. Los mexicanos buscan caminos distantes de los ruinosos por los que han transitado los políticos y funcionarios más rudimentarios y comunes.

No le será fácil a Ebrard mantenerse en la cresta de la ola, cuando regrese a su condición de ex priista, verá que su peso no es el que imagina. Manuel Camacho maniobra para fortalecerlo. Su intención es fraterna, pero sus propósitos son los de un hombre que ama el poder desde que decidió unir su vida a la de Carlos Salinas. Los saltos que ha dado de una postura a otra no le ayudan. Asimismo el dinero faltará y el nuevo gobierno de Mancera se hará notar a pesar de la enorme deuda que le heredan y de los compromisos que se supone adquirió. Es en consecuencia, el momento de darle al PRD lo mejor de quienes han creído en él, la oportunidad de ofrecer una postura de izquierda moderna. Sobre todo, lejos del ex priismo que todo mancha.

El PRD está ante su última oportunidad. Si la aprovecha con inteligencia, y pone distancia de su célebre corrupción, podrá ser el partido que México necesita para contrarrestar a los existentes que no han probado su talento ante los nuevos desafíos. Quienes ahora ocupan cargos políticos por este instituto, deberán ser inteligentes y no dejarse dominar por el dinero mal habido. La política no es un negocio ruin, tiene que ser una actividad bienhechora y su objetivo central la sociedad.

Miguel Ángel Mancera tiene, en tal sentido, un mejor historial: no ha ido de un partido a otro, no se le conocen negocios turbios, se ha sabido rodear de gente con carreras dignas. Si se arriesga a dejar de lado a los corruptos y a los que andan lanzando consignas populistas o de un ridículo izquierdismo, podrá rehacer el partido y darle un poderoso apoyo ciudadano. De lo contrario, las llamadas “izquierdas” acabarán por hundirse en el fango donde ya nadan algunas de sus más tristes personalidades.

López Obrador ha decidido una ruta propia, lejos del partido que lo cobijó y convirtió en un caudillo. Es, pues, el momento de reivindicar los propósitos fundacionales que le dieron sus fundadores encabezados por Cárdenas. Si Ebrard intenta un pequeño “maximato”, sólo hará más triste su extinción.

Opinión 2012-11-12 - La Crónica

noviembre 11, 2012

Kafka y Arreola

Jamás pude imaginarme toda la riqueza literaria que encontraría en Borges.


Ahora que México ha puesto de moda el plagio, tendremos que distinguirlo de la influencia. Siempre hay algún escritor que nos impresiona y se queda con nosotros de modo indeleble. Cuando ingresé al bachillerato, el maestro de literatura, Fausto Vega, nos hizo leer a diversos grandes autores. No fue fácil entenderlos, pero él solía explicarlos bien. Joyce y Proust me complicaron la existencia en esa época. En alguna clase, el profesor Vega, hoy distinguido funcionario del Colegio Nacional, citó a Kafka y a Borges. Al primero, lo leí con atención y sorpresa; La Metamorfosis, del segundo nada me era familiar: su nombre era sonoro y lo busqué en las librerías del Centro Histórico, donde entonces estaba la Preparatoria 7. Jamás pude imaginarme toda la riqueza literaria que encontraría en Borges. Cuando lo conocí, en Buenos Aires, debí preguntarle muchas cosas de su mundo literario, opté por escucharlo atentamente. Nunca lo oí hablar de Kafka, pero en su obra es un referente fundamental.

Juan José Arreola fue el primer gran escritor que aceptó leer los materiales de mi generación. Más todavía, ante nuestra admiración, aceptó darnos clases. Toda mi generación trabajó con él. Las sesiones en su casa eran los miércoles y jamás nos cobró un centavo. Fue en exceso generoso. Después, en 1965 recibí la beca del legendario Centro Mexicano de Escritores. Eso me permitiría trabajar un año bajo la conducción de Juan Rulfo, Francisco Monterde y el mismísimo Arreola, quien solía hablar con entusiasmo de Kafka. Recordé que había escrito poco antes un breve cuento, Variación sobre un tema de Kafka, basado en Una cruza. Se lo mostré, le hizo algunas observaciones y me dijo: Toda mi vida quise hacer una larga serie de variaciones sobre Kafka. No pude por más que lo intenté. Hágalas usted.

Tampoco lo conseguí. Muchos años después, en Bogotá, me encontré con una reciente edición española de La Metamorfosis, la releí y de pronto las variaciones demandadas aparecieron en cascada, milagrosamente. Cada frase me decía algo y yo me limitaba a tomar el silencioso dictado. Al concluir, luego de unas tres horas, me dije: se las haré llegar o quizá sería mejor llevárselas yo mismo a Jalisco, a su pueblo. Era una especie de tarea retrasada. Sin duda le daría gusto saber que muchos años después, cumplí su encargo. Al día siguiente, de México, me llegó una atroz noticia: mientras yo las redactaba, Arreola había fallecido. Nunca las leería. Son unas veinte, les puse una detallada historia de cómo y por qué las escribí y vinculé a mi maestro. No aparecieron en un libro de cuentos sino en una autobiografía para recordar la influencia que tuve tanto de Kafka y Borges, como de Arreola. Un blog español dedicado a recopilar los trabajos relacionados con el autor checo los incluyó.

Hacía años que no pensaba en ellos, ni siquiera cuando hablo de Arreola y su devoción por Kafka. Ahora, luego de visitar las casas en las que vivió, de ver el museo que Praga le dedicó y caminar sus avenidas, las recordé y de nuevo vino a mi mente aquella tarde en que le di a Juan José Arreola un par de hojas para que leyera mi primer trabajo en tal sentido. Cuando veo mis cuentos, noto que entre mis infinitas deudas están los citados escritores, especialmente Kafka. Por ello he puesto sus nombres en infinidad de libros. Ahora que acabo de recorrer las calles que él caminó, donde padeció y murió, me siento desconcertado: habría vivido gustoso en Praga, cuando él recorría su hermosa ciudad. Más aún, me hubiera gustado escribir la carta a su padre, pensando en el mío.

Alguna vez me irrité porque un escritor mexicano, desdeñoso, calificó a Juan José como epígono de Kafka. No lo era. Pero ahora sé por qué admirarlo, para Arreola era un signo de orgullo.

Excelsior -2012-11-11

noviembre 09, 2012

La cultura mexicana desde Europa

En la República Checa existe una evidente y legítima veneración por Kafka. Hay otros como Jan Neruda, Gustav Meyrink, Karel Capek, Rainer Maria Rilke o Egon Erwin Kisch (quien vivió en México) o Milán Kundera, todos ellos nombres familiares en el mundo. En Praga son referencias, figuras emblemáticas. Pienso si tenemos casos semejantes. Me asomo a Internet. La computadora me informa que circula un manifiesto firmado por 400 intelectuales que le demandan a Peña Nieto tenga lo que hasta hoy ningún presidente ha tenido: política cultural. La nota (vaivenes de Internet) llega de Nueva York en un correo de la muy combativa y siempre indignada Malú Huacuja. Me hago una pregunta: ¿Kafka, Rilke o Kundera, en el remoto caso de que fueran mexicanos, la suscribirían o buscarían una reunión casi privada con el próximo presidente para hablar de temas culturales? No lo creo. Estarían preocupados haciendo su propio trabajo, sin buscar políticos de alto rango. En este sentido, somos un caso único. El poder tiene magia, embruja a los intelectuales. Octavio Paz exigió que el poeta se mantuviera lejos del príncipe. Él no pudo. Terminó su vida acariciado por los más altos funcionarios. Su historia se repite en la mayoría de los casos.


No es, en consecuencia, una historia única, la vida de los intelectuales y artistas mexicanos es copiosa en este sentido. Peña Nieto no los buscaba como gobernador ni tampoco como candidato presidencial. Las circunstancias lo han llevado a tratar de vincularse con ellos. Pero en lugar de realizar una reunión masiva con escritores y artistas plásticos, ha optado por algo así como una relación de bajo perfil. Grave, porque padece un peligroso antecedente: la cultura fue lo último en preocuparlo. Cuando sus colaboradores más distinguidos trabajaban en todas las materias, la responsable de la transición en este sentido, fue designada. Hasta hoy, y luego de postergar una cita con intelectuales, al fin se reunió con una lista que no llegaba a diez. En cambio, Marcelo Ebrard se exhibe con los más destacados escritores ante los medios de comunicación, los pasea, los premia y se fotografía con ellos. Los resultados, podríamos decir, son positivos, para él y para los artistas que buscan parte del poder.

Hace poco, en un artículo, me permití ironizar la falta de legítimos izquierdistas. Dije que si Lenin fuera mexicano, estaría en la antesala de Peña Nieto. Del mismo modo podríamos suponer que de nacer en México, Kafka trabajaría en CONACULTA y en ratos perdidos escribiría sus prodigiosos relatos, temeroso de ser descubierto y despedido. La relación de intelectuales y poder político en México es complicada o perversa por una razón fundamental: los premios, reconocimientos, becas, empleos, viajes, etcétera, en alta medida dependen del Estado. Estar en su contra, ser crítico, es peligroso.

En muchos países democráticos, el intelectual, el artista, se mueve con entera libertad, es crítico y nada pasa. Entre nosotros debe ser zalamero y suplicarle al Estado que se apiade de su condición de vida. En otros sitios, ni al intelectual le preocupa la vida del poder ni a éste le interesan sus opiniones, está preocupado por gobernar con tino y en tal sentido tendría que trabajar por la educación y la cultura. En los países que ambos se mueven en sus respectivos ámbitos, las cosas funcionan bien. O mejor que México. Dudo que el presidente Adolfo López Mateos haya sido un gran lector de literatura, pero tuvo el tino de poner a Jaime Torres Bodet en la SEP y a Martín Luis Guzmán en la Comisión del Libro de Texto Gratuito, mientras que en el INBA estaba José Luis Martínez. En este contexto, Kafka hubiera sido tratado con respeto. Desde luego, no habría tenido que asistir a reunión íntima, de colegas, para explicarle al alto político la importancia de la cultura. Suplicar que se atienda la complejidad del mundo de las artes. Los altos funcionarios tendrían que saber que un país sin cultura es una buena broma. Algo peor, un país con burócratas lamentables dirigiendo tales tareas, no va a ningún sitio. Complica las cosas y no alcanza un cierto prestigio entre las naciones verdaderamente interesadas en la educación y la cultura, la alta cultura, añadiría Mario Vargas Llosa. El espectáculo, la definición casi antropológica de este complicado término, no requiere estímulos o apoyos, marcha sin problemas apoyado por la televisión comercial y medios insensibles. Una tocada de rock en el Zócalo o convertir un monumento grandioso en lugar de recreo y vendedores ambulantes, no estimula a la sociedad a ser lectora de un Kafka o un Joyce. Ni siquiera da votos.

La República Checa es muy pequeña, más de lo que era en el pasado, sin embargo ha sabido dar grandes artistas. Más todavía, recientemente tuvo un presidente escritor: Václav Havel y en el pasado, en 1918, al filósofo Masaryk. He preguntado si hay comisiones de intelectuales que le piden una política cultural al Estado y algunos escritores y académicos, asombrados, me miran. Es mejor regresarme a mi mundo, a ver qué sucede con tantos intelectuales pidiéndole al Estado que cumpla con sus tareas. El poder busca prestigio. El intelectual reconocimiento. ¿Hay forma de mezclar con dignidad ambos intereses?

Opinión 2012-11-09 - La Crónica

noviembre 07, 2012

Me cambiaron el cumpleaños

En Praga, la hermosa ciudad donde nació y vivió el genial Franz Kafka y donde solía pasar temporadas Mozart, preparaba mi habitual artículo para el diario La Crónica; era 5 de noviembre. De pronto, a mi computadora comenzaron a llegar alertas donde leía, en notas largas o cortas, según el formato y el espacio, una noticia desconcertante: “René Avilés Fabila celebra 72 años de vida”. Desconcertante para mí. Mi cumpleaños es el 15 de noviembre. Hace dos años, la UNAM, a través de la Feria de Minería, que bien conduce mi amigo Fernando Macotela, festejó mis 70 años de edad. Lo hizo de modo llamativo y me acompañó la entrañable María Luisa Mendoza, La China, una escritora de brillante trayectoria. Luego vinieron otros reconocimientos: la UAM, el IPN, el INBA y algunas generosas secretarías e institutos de cultura del país, recuerdo con especial placer los de Morelos y Puebla.


Pero antes, el tradicional calendario que cada año edita la Feria de Minería tenía un error en la fecha de mi cumpleaños: el 5 de noviembre estaba marcado con mi nombre bajo una advertencia: “Nace René Avilés Fabila”. A Fernando Macotela le avisé del equívoco y de inmediato lo corrigió. Ya está el dato adecuado y en internet nunca he padecido tal confusión. La mejor prueba de ello fue el homenaje que me hizo la UNAM. Ahora, sin embargo, infinidad de medios han reproducido parte de mi historial literario, periodístico y académico y lo mezclaron con un artículo mío, publicado en Excélsior y tomado de mi blog. El título del breve ensayo es “La libertad, un arcaísmo”, y supusieron que yo, al cumplir años, conmemoraba la fecha con un trabajo sobre la ausencia de libertad que desde casi siempre ha rodeado al ser humano. Nada más que una coincidencia. No le veo sentido a vincular mi fecha de nacimiento con las dificultades que rodean a la humanidad. No soy filósofo, sino un escritor de literatura. En todo caso fue para los periodistas culturales un indicador de que con la edad yo reflexionaba sesudamente, lejos ya de la “onda literaria” en que me encasillaron desde la juventud. Para mayores datos, la noticia reproducía de modo desordenado mis datos curriculares. Vi aquello como un cordial error y seguí visitando los distintos sitios donde Kafka vivió y sufrió la incomprensión de lectores y críticos.

En la noche, en el hotel donde estoy alojado, descubrí que aumentaba el número de notas que hablaban de mi cumpleaños, el que pienso festejar en Berlín, el día correcto, el 15 de noviembre, fecha en que la Iglesia católica conmemora a Leopoldo y a Alberto Magno. Todos los comentarios eran generosos y reproducían datos curriculares: los sitios donde estudié, donde he trabajado, la UNAM y la UAM, los medios en los que he escrito y, desde luego, algunos títulos de mis libros. Para colmo, lectores de varias partes de México y de algunos países del continente comenzaron a enviarme felicitaciones. ¿Qué hacer? Pues escribir un artículo corrigiendo el error. Dejé a Kafka de lado y redacté estas líneas. El año pasado, en Facebook, mis amigos virtuales y algunos reales inundaron mi computadora con mensajes festivos. Tuve que darle las gracias a cada uno, en un inusitado acto de cortesía. Fue tremendo, cuando acabé, el día había concluido, estaba fatigado de responder, mi cumpleaños había pasado y no conseguí beber una copa.

Efectivamente, nací el 15 de noviembre, en la ciudad de México, en la calle Cuenca, en la colonia Postal, a media calle de Xola y muy cerca de la Calzada de Tlalpan, por donde está el Metro Villa de Cortés. Allí estuve poco tiempo (el edificio aún existe), hasta que mi madre, maestra normalista, compró una casa cercana. Viví unos veinte años en la entonces encantadora colonia Iztaccíhuatl y estudié tanto la secundaria como el bachillerato en el Centro Histórico. Ahora ignoro qué hacer salvo escribir esta aclaración dirigida a quienes redactaron un boletín equivocado y a los que lo reprodujeron o mejor festejarme dos veces: el 5, día que me dieron colegas y amigos cordiales y el real, el 15 de noviembre, así es posible recibir más regalos y brindar dos veces por una larga y buena vida, sobre todo ahora que mis libros, la mayoría agotados, comienzan a pasar al mundo electrónico, es decir, serán e-books. Circularán en el ciberespacio. Vaya experiencia para quien escribió buena parte de su obra en máquina mecánica.

Facebook suele poner correctamente mi fecha de cumpleaños, de allí espero que parta la rectificación. Mucho agradezco las notas aparecidas y los mensajes afectuosos que he recibido, pero mejor nos esperamos al día en que efectivamente nací. Ese momento estaré en Berlín, ya casi rumbo a París, donde hice el posgrado, una ciudad que me encanta y que jamás me aburre. Por fortuna, la mayoría de mis amigos, alumnos y lectores saben bien mi fecha de nacimiento: 15 de noviembre. Se aceptan obsequios.

Todo este embrollo sólo porque algún reportero se tragó el número 1. De cualquier manera, a quienes mandaron palabras afectuosas, las agradezco sinceramente. De lo contrario, están a tiempo de mandármelas.

Opinión 2012-11-07 - La Crónica

noviembre 05, 2012

Entre partidos y partiditos nos vemos

Mientras que Mariana Gómez del Campo lucha para restringir el camino a los partidos pequeños, morralla o chiquillería, otros se embarcan en proyectos para edificar más partidos. Es el caso de Manuel Espino y René Arce, también lo es de Andrés Manuel López Obrador. Un recorrido por la historia podría mostrarnos dos cosas: la vocación pluripartidista de los mexicanos y lo frágil que resulta la mayoría. Sin dinero no es fácil construirlos. Se necesita además prestigio político. No hablemos de ideología. Esto no existe más. Siendo sensatos, habría que pedir tan sólo un poco de seriedad y buscar al menos una serie de principios que inviten a sumarse al proyecto que nace.


El ejemplo de los primeros es interesante: ¿qué pueden ofrecer grupos de personas por completo opuestas? Espino se formó en el conservador PAN y sigue siendo panista a pesar de la aversión que le produce a Felipe Calderón, quien ya se va, por fortuna, y a Gustavo Madero, quien se queda, por desgracia. René Arce viene de una izquierda de carne y hueso que llegó a combates de gran envergadura. ¿Qué resultará de esta unión? Poco o nada. Si Arce y Espino chocaron con sus respectivas y naturales asociaciones políticas, ¿quién nos dice que ahora se entenderán en una nueva?

El caso de Andrés Manuel López Obrador es más grave. Utilizó a dos partidos, como también lo hicieron personajes de la talla de Porfirio Muñoz Ledo y con ninguno quedaron bien. Obrador, por lo menos, dejó al PRD con muchas posiciones políticas en el DF. Pero pronto veremos mejor la maniobra: sin él, sin el caudillo carismático, las irán perdiendo gradualmente, salvo que otro lo sustituya.

López Obrador tiene un difícil panorama con Morena. Por lo pronto, como corresponde a un caudillo a la baja, ya le salieron multitud de respondones. Para colmo, el PRD, PT y Movimiento Ciudadano buscan la forma de enfrentar la salida de muchos militantes que van en pos del tabasqueño. El resultado puede ser una mayor fragmentación de las llamadas “izquierdas”, lo cual no le conviene al país: deja en manos de dos partidos el poder, dos partidos que, pese a las pugnas, tienen afinidades y pelean por colocarse en el centro. Por ahora Jesús Zambrano y Gustavo Madero buscan hacer un frente para detener el avance del PRI, pero una vez que pase el asunto de la reforma laboral, cada quien volverá a sus posturas.

López Obrador ha sido afortunado, mucho. Pero no sabemos si esa buena suerte lo seguirá en la tercera intentona de llegar a Los Pinos. Los recursos comenzarán a escasear y sus enemigos se moverán como lo han anunciado. Marcelo Ebrard busca asimismo ser candidato presidencial, necesita entonces una plataforma de lanzamiento. No puede ser otra que el PRD. ¿Los militantes no ex priistas seguirán dejándose conducir por aquellos que carecen de sentimientos sociales y sólo buscan el poder? Espero que no. La dificultad es que dicho partido no tiene a la mano a un nuevo caudillo. Es donde aparece Marcelo, elegante, montado en su bicicleta, como hace cien años Villa cabalgaba en un corcel brioso. ¿Es el salvador del PRD y en consecuencia de las “izquierdas” o mejor buscar de entre sus dirigentes a un líder natural que maneje los destinos de un partido que pese a sus éxitos, no tiene mucha defensa? Son ellos quienes tienen que hacer la reflexión y reorganizarse. El primer paso es liberarse del fardo que significa el obradorismo, quitarse de encima al marcado resentimiento de quienes dejaron el PRI por razones sórdidas y no por principios ideológicos.

Otro problema es la lucha interna de las tribus. Si antes se ocultaban bajo el disfraz de tendencias, hoy vemos que son auténticas bandas de rufianes. No es fácil ocultar su devoción por el botín. Lo ideal sería que tanto el PRD como Morena consiguieran una presencia nacional, ser fuertes, con claros fundamentos políticos avanzados. Cuando Camacho o Ebrard se dicen de izquierda, se limitan a exponer una monstruosa mentira ante una sociedad poco avezada.

Si consideramos los tiempos electorales, y la búsqueda del poder a corto plazo, no hay qué hacer. Pero si la idea es construir partidos serios, de izquierda, con ideología responsable y un claro proyecto del México moderno y más justo y equilibrado, entonces es mejor pensar en el mediano plazo. El asunto es que todos en México buscan el poder para beneficio propio y casi nadie para que la República avance con botas de siete leguas.

Si AMLO se fue del PRD fue para garantizarse a sí mismo una tercera candidatura a través de Morena, Marcelo y el grupo donde está, que ideológicamente nada en común tiene con los principios fundacionales del partido creado por el hijo del general Cárdenas, se mueve para aplacar la necesidad imperiosa de habitar la casona presidencial. Su trabajo tiene la función de impresionar ingenuos, no de resolver los grandes problemas capitalinos.

De allí la prisa de todos, lo que incluye a los panistas fracasados y a los priistas victoriosos. Los primeros quieren regresar al poder, los segundos de nueva cuenta quedarse apoltronados en la silla presidencial.

Lo que necesita México, es una fuerte sacudida al sistema que ya es un cadáver fresco.

Opinión 2012-11-05 - La Crónica

noviembre 04, 2012

La libertad, un arcaísmo

La ciencia y la modernidad nos han colocado cadenas mucho más pesadas y han creado nuevas dependencias.


En el siglo XVIII los revolucionarios descubrieron que el hombre nacía libre y que enseguida lo sujetaban con cadenas. Jean Jacques Rousseau lo dijo y todos lo aceptaron. La libertad en consecuencia es un hecho social, para conseguirla basta con eliminar las cadenas. Ello sería el resultado de códigos inteligentes. Pareciera poca cosa, pero la empresa es gigantesca. Cada letra del código nos limita. Hoy en día la poca libertad que tenemos es por omisión, porque en Estados Unidos, Francia, Rusia o Cuba, las autoridades olvidaron nuestro número de registro. Si alguien dispone de cierta libertad, no es más que a causa de un descuido, una simple negligencia, explica Georges Henein. Lo interesante sería ver cómo desaparecen las omisiones legalmente. El hombre más afortunado, el multimillonario, es un descuido de la policía y vive angustiado en espera de que (y parafraseo a Trotsky) le cambien el esmoquin por un traje a rayas de presidiario. Recuerdo mis años escolares, donde un maestro de economía nos decía: Sí, hay libertad de empresa: si uno tiene mil millones de dólares, puede poner el negocio que quiera. El intelectual y el artista, a su vez, se imaginan libres, dicen que las ideas no pueden ser objeto de persecución. Están en su derecho ingenuo de así creerlo, pero su pensamiento ha sido secuestrado por decisiones ajenas a su voluntad y se limitan a repetir conceptos e ideas, valores que otro les puso en la cabeza como si fueran chips en computadoras.

¿Regresar, pues, a la naturaleza? Aunque es una constante que cada tanto aparece en las mentes simplistas como las de los hippies, no es la solución. La ciencia y la modernidad nos han colocado cadenas mucho más pesadas y han creado nuevas dependencias. Marx insistía en que era necesario adueñarnos de la naturaleza para ser libres, nos evitaría ser esclavos de la ciega necesidad, precisó. Ahora podemos ver que no basta el dominio de la naturaleza. Ella misma está sujeta a la peor esclavitud: al dominio de la mano del hombre que es capaz de modificar a gran escala ecosistemas, destruir bosques, enfangar lagos y desaparecer ríos. Quien encuentre fuera del materialismo dialéctico, esperanzas libertarias, fallará sin remedio o al menos chocará con las tesis de pensadores como Marx.

Para Marx, vivir en una sociedad comunista era la posibilidad de ser libre por entero, libre para seleccionar su actividad favorita (sin regirse por reglas de mercado, donde el trabajo no es una mercancía) o para ir de una a otra y finalmente dedicarse al arte, a la creación. Ésa es una hermosa parte de la utopía marxista. La realidad es otra: uno trabaja donde puede, no donde lo desea.

Madame de Staël hurgó más profundamente en el espíritu humano para escribir lo siguiente: “La libertad es incompatible con el amor. Un amante es siempre un esclavo”, idea que comparto a plenitud. Para ser por completo libre, según Madame de Stäel, uno tendría que dejar de amar y ello no es posible. Mucho más lejos que la aguda Madame de Stäel, el Marqués de Sade nos propuso alcanzar la plena libertad a través del más violento erotismo. La propuesta asustó aún a los más radicales revolucionarios de su tiempo: siempre hay una infausta moral que nos limita e impide que la libertad sexual aparezca proporcionándonos segundos o minutos de intensa sensación de libertad. Como castigo a tal osadía, Sade fue prisionero de asilos y cárceles, y pasó tras las rejas más tiempo que fuera de ellas.

La libertad es una utopía, un sueño hermoso que se ha convertido en pesadilla. No existe: la sociedad, apoyada poderosamente por las religiones y el Estado, se ha encargado de eliminarla al someternos a toda clase de reglas. Ni siquiera nos queda la propuesta de Sade. Mucho menos cuando tenemos oculto a nuestras espaldas a un Big Brother inquisidor o un voyerista ensimismado impidiéndonos la realización del acto liberador.

Excelsior - 2012-11-04

noviembre 02, 2012

La obstinada vocación del cuentista

Hace unos días impartí en Puebla un apretado curso titulado “Las grandes novelas mexicanas del siglo XX”. Por horas hablé de lo que infinidad de críticos y lectores consideran el “género rey”. A su lado, el cuento es modesto. Sin embargo, suelo defenderlo. Confieso que soy un cuentista disfrazado de novelista o mejor dicho, un autor de textos breves que se ha visto obligado a escribir novelas debido a las circunstancias o por las exigencias de un tema. En una amplia bibliografía, apenas tengo ocho novelas. Lo curiosos es que las arrogantes novelas venden mucho más que sus familiares pobres, los cuentos. La verdad es que poco me importa, uno escribe lo que debe y punto. Cuando México tenga crítica literaria, es posible encontrar la correcta valoración. Pese a todo, me gustaría hacer una reflexión al respecto.


Se dice y con razón que el cuento es el género más difícil. Algunos críticos han señalado que William Faulkner, por ejemplo, se consideraba a sí mismo un cuentista frustrado o un autor que al menos sabía valorar en su amplia dimensión al relato breve y algo parecido se cuenta en relación al novelista Ernest Hemingway, tan necesitado de grandes espacios para contar sus historias. No deja de ser interesante que ambos hayan logrado la perfección con relatos cortos. El segundo con El viejo y el mar, el primero con Miss Zhilphia Gant. Pero quizá sea necesario ir por partes. Un buen cuento puede ser alcanzado con relativa facilidad, sólo es necesario pulirlo una y otra vez hasta obtener algo notable. Lo realmente complejo es integrar un volumen de cuentos de sostenida calidad. El gran libro de historias breves tiene que estar conformado por siete, nueve o doce muy buenas historias enmarcadas cada una por una excelente estructura y una atmósfera semejante. De tal forma, Borges escribió, digamos, Historia universal de la infamia, Torri De fusilamientos, Arreola Confabulario, Rulfo El llano en llamas y Cortázar Bestiario. He aquí lo realmente difícil: crear un libro de cuentos. Mientras que en la novela se tiene un puñado de personajes y una historia, acaso dos o tres, en el tomo de cuentos hay diez o trece historias y una estructura para cada una de ellas. Es necesario conservar elementos que unan las historias, aires y ambientaciones, temas y tratamientos. De otro modo, no estamos en presencia de un gran cuentista. Es un escritor que se ha limitado a poner cuentos de diferentes subgéneros: uno policíaco, otro de ciencia-ficción y uno más de amor. En cambio, el que ha sabido trabajar con rigor y vocación, logra que haya unidad entre sus relatos. Tal es el gran escritor, el cuentista verdadero.

¿Cuentos o textos?

En los tiempos actuales, escribo en 2012, los géneros literarios y los periodísticos se han mezclado entre sí mismos y entre ambos con una especial intención: buscar la novedad, la originalidad y una mayor riqueza. En periodismo, la crónica y el reportaje se han enriquecido con la presencia de la prosa narrativa. De ella toma la belleza, pero no así la ficción, lo que caracteriza a la novela, al cuento y a la poesía. Los trabajos literarios buscan mayor eficacia expresiva. Por ello el cuento tradicional se ha resquebrajado al aceptar en su interior desarrollos ensayísticos, párrafos de prosa poética, supresión de diálogos o el monólogo interior como salida al relato habituado a contar en tercera persona o en un yo muy visible. A veces, hay que aceptarlo, el cuento carece de imágenes y metáforas, algo que en siglos pasados se utilizó con frecuencia, entonces de pronto uno siente la presencia del artículo periodístico, de un anuncio redactado para atraer compradores y clientes o de una historia que alguien urdió para terminar sus días en las páginas de un diario o revista. O se trata de una simple y llana descripción, con frecuencia zoológica. O de una biografía inventada, como en el caso de Marcel Schwob, cuya benéfica influencia es visible en Borges. ¿Cómo llamar a este tipo de trabajo? Juan José Arreola solía calificarlo como texto o le decía varia invención. El caso es que ahora es difícil clasificar una historia. Ya no es la extensión lo que permite la precisión: de tantas páginas en adelante, es una novela, decían los “especialistas”. Pero y ¿dónde quedaba el relato que superaba las cincuenta páginas destinadas para ser novela o la historia de una línea, dónde? Lo importante de la literatura es escribir bien, la clasificación vendrá después, es parte del trabajo de los críticos. Yo, no me he propuesto sino contar todo aquello que se me ocurrió, a veces como un ejercicio de literatura automática, otras como un acabado producto de la conciencia literaria y la reflexión y siempre bajo el influjo de los libros. No sé si llamarlos cuentos, croniquillas, o de plano entrar en toda la terminología de reciente cuño como brevicuentos, minificciones o minirrelatos; los míos son textos, frases, bromas, ensayos, historias apócrifas, variaciones sobre temas universales, cuentos embozados, varia invención, y como tal espero su lectura sin buscarles definición alguna a no ser la de literatura.

Opinión 2012-11-02 - La Crónica