Tantadel

enero 30, 2013

Cuba y México, un viejo amor

Según los medios de comunicación nacionales, el encuentro en Chile entre Raúl Castro y Enrique Peña Nieto fue particularmente efusivo. El primero lo felicitó por el triunfo del PRI. A los viejos izquierdistas debe parecerles algo extraño, una suerte de aberración. La parte anticomunista del ex partido oficial saltó a la palestra con frecuencia y aplastó las manifestaciones juveniles de solidaridad con Cuba. Pero la historia tiene caprichos y nunca, a pesar de las presiones norteamericanas, las relaciones entre ambos países se rompieron en tiempos del absolutismo priista. Hubo un momento en que de todas las naciones latinoamericanas, menos México, aceptaron obedecer la disposición de la Casa Blanca de romper relaciones con la Isla y tratar de ahogarla mediante un bloqueo que a la fecha es mantenido por Obama.
Al ser derrotado el PRI por el PAN de Vicente Fox, las relaciones diplomáticas mexicano-cubanas llegaron a su punto más bajo. Con Jorge Castañeda al frente de Relaciones Exteriores, el presidente Fox se comportó no sólo como un patán ajeno a la tolerancia de la alta diplomacia, sino que se mostró ante Fidel Castro como un empleado de Bush. A causa del contexto internacional y de que Cuba ya no representaba un “peligro” para las “democracias” americanas, el asunto pareció desvanecerse y en algún momento el embajador mexicano fue Ricardo Pascoe, antiguo militante trotsquista y poco más adelante vinculado al PAN, trató de limar asperezas.

Las relaciones con México bajaron de intensidad. A los cubanos les interesaba nuestro país por dos razones poderosas: una amistad sincera y fraterna siempre nos ha unido y el aeropuerto mexicano ha sido una puerta con el resto del continente. Eso explica que los cubanos se hayan resistido, aun en sus momentos de mayor radicalismo político, cuando la Unión Soviética existía y el mundo parecía marchar hacia el marxismo, a entrenar guerrilleros y a hacerle señalamientos a los gobiernos mexicanos del PRI, salvo cuando México puso un diplomático al servicio de la CIA: Humberto Carrillo Colón. En ese caso, Cuba estuvo a punto de romper con México y Díaz Ordaz. El PAN fue obvio. El “comes y te vas” pasó de momento lamentable a situación risible, como todo lo memorable que Fox llevó a cabo. Tampoco Felipe Calderón hizo algún esfuerzo por recuperar la amistad de los cubanos. En la memoria del gobierno cubano quedó siempre el recuerdo de una relación diplomática sin problemas insalvables con los priistas. De allí la cordialidad de Raúl Castro.

Los priistas tienen agudeza política, eso es verdad: cuando Carlos Salinas observó que los votos de los intelectuales fueron mayoritariamente para Cuauhtémoc Cárdenas, puso especial atención en procurarlos y mejorar sensiblemente la esfera cultural. Los recuperó. El poder obra milagros. Con Luis Echeverría la situación fue buena entre ambas naciones, en especial si observamos que en ese momento México apoyó a la izquierda chilena y rompió relaciones con el criminal Pinochet.

Muchos recordarán que Fidel Castro se entrevistó con López Portillo, quien lo trató respetuosamente y que el comandante cubano vino a la toma de posesión de Carlos Salinas. Ahora, el PRI de nuevo en el poder, ha dado pasos para rehacer las relaciones con Cuba. Al parecer, no es oficial, Peña Nieto invitó a Raúl Castro a visitarnos y como una excelente muestra de buena voluntad desea nombrar embajador en la isla a Lázaro Cárdenas, hijo de Cuauhtémoc, cuyo abuelo le dio a la naciente Revolución Cubana un sólido y osado apoyo, antes y después de la invasión cubano-estadunidense a Bahía de Cochinos.

Lo anterior, asimismo, es muestra de tolerancia política. El gabinete y en general el equipo de Peña Nieto viene del PRI, sí, pero también del PAN y de la llamada izquierda, allí está Rosario Robles y ahora quizás a un perredista representando a México en Cuba.

Cuba no es un peligro ideológico para México ni para otros países. Sin el bloque soviético se ha visto obligada, luego del asesinato del Che Guevara en Bolivia, a pensar más que en apoyar revoluciones abiertamente, en mantener a su revolución. No sólo ello, ha rehecho su postura ante nuevos gobiernos latinoamericanos donde gobiernan personas sensatas. Se puede ser anticomunista, pero no idiota. Cada nación tiene la facultad de darse el tipo de gobierno que desee. En España gobierna la derecha, en Francia una izquierda sui géneris, como la que conduce algunos puntos de México. China se deslava con rapidez y disminuye el rojo fuerte de su bandera, como ya perdió la hoz y el martillo. En Venezuela está un presidente que se considera de izquierda “bolivariana” y procubana. ¿Para qué buscarle muchos pies al gato? La globalización supo eliminar el radicalismo de izquierda. Poco o nada queda de un marxismo internacionalista. La economía de mercado se impuso y ha ido limando las aristas que se le oponían. México pareciera volver a la postura razonable de hace más de cincuenta años, cuando los guerrilleros encabezados por Castro, Cienfuegos y el Che Guevara entraron en La Habana y al poco tiempo se declararon, para escándalo del capitalismo y sus satélites, marxista-leninistas. Peña Nieto lo único que hizo fue recuperar un viejo amor, sin duda interesado, que sigue allí y no se ha extinguido. México intenta mostrarse avanzado y Cuba adecuarse al nuevo mundo globalizado

Opinión  2013-01-30 - La Crónica

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