Tantadel

enero 28, 2013

Dos franceses en América Latina

Descartando la invasión francesa a México, las relaciones de México con Francia han sido impecables en términos generales, pero lo mismo podemos decir que ha ocurrido con el resto del continente. La cultura y la diplomacia de esa gran nación la han llevado a ser admirada de Alaska a Chile y Argentina, sin importar el brutal dominio de su imperio colonial hoy desaparecido. Estados Unidos, que en efecto, como dice la frase hecha, tiene intereses, no amigos, ha sido su aliado en diversos momentos históricos: de la lucha independentista norteamericana a la Segunda Guerra Mundial. En una época, nuestro afrancesamiento fue, diría un poeta del siglo XIX, delicioso, particularmente en México y Buenos Aires. Hoy tengo muy presentes a dos franceses: Florence Cassez y Régis Debray, cuyos nombres por razones muy diferentes y en épocas distintas acapararon la atención de los medios de comunicación. Hoy podríamos verlos como vidas paralelas, más correctamente afines, pues ambos padecieron las cárceles de este continente, claro, por distintas razones.

Régis Debray nació en 1940 y se doctoró en la Escuela Normal Superior. Atento lector de Althusser, pronto se adhirió al marxismo. Bajo la influencia de la Revolución Cubana escribió uno de sus primeros libros: Revolución en la revolución. Llegó a tierras latinoamericanas bajo el peso del pensamiento y las valerosas acciones guerreras de Fidel Castro y Ernesto Guevara. Escribió diversos libros sobre la guerrilla. Quiso ser combatiente en la última intentona del Che en Bolivia, pero lo descartaron porque más que posibilidades de combatiente, lo veían como un valioso intelectual cuyas palabras tenían influencia en Europa, particularmente en Francia, un país avanzado.

Una vez acribillada la mayoría de los guerrilleros, Tania y el propio Guevara, Debray fue encarcelado en medio de un escándalo internacional para cumplir una condena de treinta años. Bajo esa misma presión y el cambio de gobierno, al fin fue liberado y de Bolivia partió a Chile, donde trató a Salvador Allende. Ya en Francia tuvo desacuerdos con Francois Miterrand y dejó el Partido Socialista para dedicarse a escribir ensayo y literatura exitosamente. En México, la editorial ERA publicó uno de sus más interesantes libros sobre América Latina y la vía armada: Ensayos sobre América Latina. Su trabajo escrito ha sido clave para comprender el porqué de la vigorosa búsqueda de la vía armada en aquellos años en los que en América Latina abundaban las tiranías bajo el amparo norteamericano. La historiografía europea sobre Latinoamérica se vio enriquecida con sus trabajos.
De muchas formas, Debray supo participar y ser uno de los cronistas de las guerrillas en América Latina. Sus libros, siempre polémicos, contribuyen a esclarecer esos confusos días que concluyen con el asesinato de Ernesto Guevara en un oscuro rincón boliviano. Tenía razón el Che: Régis Debray tendría otras funciones dentro de la  severa y atroz vida de los guerrilleros, ser uno de sus apologistas y defensores, hasta donde le fuera posible.
El otro caso es el de una mujer, asimismo francesa, Florence Cassez, que decidió venir al continente, a México, sin duda con afanes aventureros, a buscar emociones fuertes, lejos de la aburrida vida europea. Vaya que las encontró. De alguna manera dio no con un grupo de guerrilleros mexicanos, sino con una violenta banda dedicada al crimen. Los Zodiaco. Trabajó con ellos y hasta se enamoró de uno de sus dirigentes. Fue atrapada y el resto lo conocemos perfectamente. Una vez liberada, fue puesta en un avión en primera clase y recibida en París con honores de jefe de Estado. La ceremonia fue emotiva: la pareja presidencial la aguardaba y ha obtenido una intensa publicidad que la presenta como una víctima más de la justicia mexicana, siempre tan llena de huecos y pésimas interpretaciones, vinculada a la corrupción y supeditada a la política en turno. Bajo un presidente panista encarcelaron a Florence y bajo un  presidente priista la excarcelaron. La política siempre ha pesado más que el derecho. La señora tuvo un trato aceptable en una prisión mexicana, no estuvo sujeta como Debray a enormes presiones y torturas ni su vida corrió realmente peligro, como la de su paisano. Si militares bolivianos se atrevieron a asesinar al Che Guevara, aquí la Cassez no fue del todo maltratada, incluso considerando que militaba en las filas de maleantes de alta peligrosidad comprobada.

En París se le ve feliz, guapa, radiante, platica sonriente con un presidente socialista, es tratada como heroína y no tardarán en aparecer libros y filmes sobre ella. Ha pasado de integrante de una oscura banda de criminales mexicanos, a una glamorosa actriz que recorre palacios y costosos restaurantes parisinos. De criminal a heroína.

Régis Debray, por lo contrario, se distanció del socialismo francés, cuyas diferencias con cualquier forma de la derecha apenas existen. Su nombre ahora está más entre la academia y la historia, la literatura y acaso la política. Está visto que no todos los franceses que llegan a América latina, vienen por las mismas razones ni tienen semejantes resultados. No son vidas paralelas. Son opuestas. Hay un libro notable, De la cárcel al poder, donde su autor, Emil Lengyel, escribe sobre personajes que padecieron prisiones y salieron para conquistar el poder. Él cita a Ben Bella y a Sukarno. Yo podría incorporar a Mandela. Debray ganó una plaza intelectual y Florence se hizo reina de un país “socialista”.

Opinión  2013-01-28 - La Crónica

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