Tantadel

enero 13, 2013

Hoy, la cultura en México

Los pasados 12 años políticamente fueron un desastre: ahora vemos con mayor claridad los resultados, yo he dado mis puntos de vista en multitud de artículos, conferencias y clases universitarias. Tenemos mayor información sobre las pésimas administraciones panistas. Allí está la trágica guerra al crimen organizado, acción irresponsable que dejó miles de muertos y un país tembloroso. No hay rubro donde los resultados sean aceptables. El PAN anticipó una severa lucha contra la corrupción y a cambio participó gozoso de ella: tras la hipócrita máscara conservadora, cada tanto aparece un nuevo escándalo. Con la apabullante derrota de Acción Nacional, algún comentarista dijo en pocas palabras lo que la mayoría de los mexicanos pensamos: se acabó la pesadilla.


Por ser un escritor largamente vinculado a los temas culturales, pude observar de cerca la pesadilla en tal materia. Primero fue Sari Bermúdez, luego Sergio Vela y al final Consuelo Sáizar. Ninguno de ellos tenía los méritos, la experiencia y la obra personal que deben caracterizar a las autoridades de Bellas Artes y Conaculta. Bermúdez pretendió darle a México algo que ya poseía: Biblioteca Nacional, un proyecto descomunal y exagerado en un país donde no existe un adecuado sistema bibliotecario, ni está computarizado y no hay personal especializado. El rector Juan Ramón de la Fuente tuvo que explicar, mediante un discurso notable, que sí la tenemos y está en manos de la UNAM. El último tramo fue particularmente ingrato, de abierta pobreza intelectual y asimismo lleno de despilfarros aparatosos en tareas que podían tener más sobriedad y eficacia. Por fortuna, es parte del pasado.

Ahora al frente de los principales cargos han designado a personas de amplia experiencia y prestigio. María Cristina García Cepeda en Bellas Artes, Rafael Tovar y de Teresa en el Conaculta y Saúl Juárez al frente de la Secretaría Cultural y Artística del propio consejo. Los tres tienen un largo trabajo cultural realizado. Están íntimamente vinculados al mundo intelectual que no es fácil orientar. Cristina García Cepeda, Maraki, condujo extraordinariamente el Auditorio Nacional; antes había ocupado con fortuna diversos cargos dentro del INBA. Qué puedo decir de Saúl Juárez, a quien conozco desde que empezó su doble tarea: la del escritor y la del funcionario cultural. Viene de realizar un excelente trabajo en Puebla. Rafael es asimismo un funcionario altamente especializado en temas culturales, cuyo paso por la diplomacia enriqueció su formación. Es de esperar que el país recupere el brillo en materia cultural.

Es buen momento para que la tradición de un Estado promotor de alta cultura, algo que no empezó con Vasconcelos sino que es una vocación natural, contribuya a la reconstrucción de México, país que tiene grandes artistas y una compleja estructura administrativa. No más obras ampulosas sino un desarrollo armónico y sensato, considerando las necesidades de un país que, pese a momentos difíciles, posee artistas e intelectuales que no han dejado de producir tareas importantes. De esta manera, la cultura contribuirá a reconstruir el tejido social y dignificar la política.

Justamente tal aspecto requiere un gran apoyo. La alta cultura ha cedido mucho terreno ante el espectáculo. Si en el DF es la prioridad, Bellas Artes y el Conaculta tienen otras funciones: orientar y fomentar las más elevadas expresiones culturales. En eso trabajan los ministerios de cultura en España y Francia. Quizá haya llegado el momento de pensar seriamente en elevar a rango de secretaría al CNCA. Pero eso es parte de otra discusión. Lo importante es saber que el país, en materia cultural, ha recobrado la cordura. Ante los malos tiempos, precisa Vargas Llosa en un libro reciente, no hay más alternativa que la de enfrentarlos con las mejores expresiones culturales.

Excelsior - 2013-01-13

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