Tantadel

enero 14, 2013

La balcanización del mundo

Hace un par de meses publiqué en estas páginas un artículo donde exponía mi simpatía por la independencia de Cataluña. Como pocas veces, fui apabullado por quienes no están de acuerdo y siguen pensando en aquello de una España grande y única. Entre los argumentos que daba estaban los muy conocidos casos de Escocia e Irlanda en Gran Bretaña. En España no sólo Cataluña busca ser independiente, también lo anhela el País Vasco, y si nos lo proponemos la lista puede ser mucho mayor. Históricamente fueron naciones distintas a las culturas que acabaron dominándolas. Los catalanes, por ejemplo, tienen bandera, himno, idioma y gastronomía propios. En México, durante los años iniciales de la Independencia hubo intentos de Yucatán por desgajarse. En un país enorme y de tendencias centralistas, no era mucha la atención que se le brindaba a las fronteras y puntos remotos. Tanto así que fue uno de los pretextos para que norteamericanos disfrazados de texanos buscaran la independencia y enseguida se sumaran a EU luego de una serie de combates y maniobras perversas de parte de la naciente potencia. No olvidemos que América Latina, de México a la Argentina y Chile, exceptuando a Brasil, fue una sola nación, una descomunal colonia española donde prevalecían los valores de la metrópoli. Al producirse la ruptura con la corona española, el continente prefirió, contra las ideas de Bolívar, fragmentarse en multitud de naciones.


Por balcanización entendemos la fragmentación de una zona o un país en entidades separadas. El término proviene de los Balcanes, donde a principios del siglo XX hubo movimientos que condujeron al punto de una ruptura y separación de diversas etnias que habían compartido el mismo territorio. En Yugoslavia sucedió algo semejante luego del derrumbe del socialismo. Los resultados fueron catastróficos. El problema es realmente complejo y supongo que lo mejor es analizar caso por caso, pues las razones de la balcanización varían.

En Estados Unidos se dio quizás el mayor intento de la historia mundial por hacer de uno dos países. Entre el sur y el norte hubo una guerra brutal llamada de secesión, cuyos resultados de sobra hemos visto en los filmes norteamericanos. Allí pelearon blancos contra blancos con el pretexto de las leyes antirracistas de Lincoln. Pero lo inaudito y sobre el tema es probable que comencemos a ver más datos, es que casi los mismos estados que formaron la Confederación ahora han solicitado formalmente su independencia: Texas, Florida, Luisiana, Georgia, Tennessee, Alabama, Carolina del Norte y Carolina del Sur. La demanda fue realizada en 2012, cuando Barack Obama triunfó y hace unos días apenas les contestaron que aquello es imposible, pues la Constitución establece que la unión del país debe ser perpetua.

En realidad pocos se toman en serio este suceso. La nota apareció en los medios, pero sin ser destacada. No obstante, hay que darle importancia, la Guerra de Secesión dejó una huella, especialmente en los derrotados, los estados sureños. Texas, por ejemplo, ha dejado de lado primero su herencia hispana, su linaje mexicano y en las escuelas suelen dar una interpretación muy peculiar y heroica de la guerra con México y las grandes pérdidas territoriales que sufrimos los perdedores; se ve a sí misma como una enorme y solitaria estrella en el firmamento de América del Norte. De hecho hay una suerte de nacionalismo texano, se nota en su literatura, en la cinematografía y en la vida cotidiana. A muchos norteamericanos les parece algo vulgar, de mal gusto. Recuerdo una conversación en la Universidad de Nueva York, donde un habitante de Manhattan ironizó a un arrogante texano, justo por ser un patán, tal como los vemos en los filmes de Hollywood.

Desde luego que la independencia para esos ocho estados es una buena broma. Washington jamás lo permitiría y volvería a darles una tunda a las regiones más conservadoras de Estados Unidos. Obama recibió la petición y la respondió. No estaría de más investigar el caso, tomando en cuenta los intereses más conservadores y la cantidad de armas que circulan en ese país todopoderoso y el uso criminal que les dan, tomar precauciones.

De cualquier manera, los tiempos actuales han permitido que muchas naciones, dominadas durante siglos, ahora puedan aspirar seriamente a la independencia. Por lo menos así lo ven catalanes, escoceses, vascos, irlandeses (que ahora mismo han tenido encuentros violentos por diferencias ancestrales) y, desde luego, en los estados norteamericanos que después de más de cien años vuelven a ver como una realidad la inquietud de ser independientes. Son bromas históricas. En plena globalización, cuando algunos sueñan, más estimulados por la ciencia-ficción, con un planeta unido y con una sola nacionalidad: la terrestre, aparecen algunos tercos que desean sus propios valores y sus propios ritos políticos, sociales y hasta religiosos.

Sin embargo, hay algo que podríamos considerar: que los millones y millones de mexicanos que habitan en California y Texas de pronto soliciten que les sean regresados los territorios que le despojaron a México en 1847 y que simultáneamente impidan el paso de armas. Si hay resistencia, habrá que invadirlos. Lo hizo Villa, ¿por qué no ahora que las fuerzas armadas son expertas en guerra contra el crimen organizado?

Opinión 2013-01-14 - La Crónica

1 comentario:

Carlos y Lucia dijo...

Felicidades René por tu interesante artículo sobre "balcanización", pues es una reflexión interesante. Considero que el tema nacional se debe discutir más a fondo y no tratarlo en base a modas. Que tú no lo tratas como moda. Te dejo link a mi blog: http://carlosvaldesmartin.blogspot.mx/2008/12/distorsiones-de-la-mexicanidad-al.html