Tantadel

enero 04, 2013

Tabasco hoy

Los medios de comunicación, los partidos políticos y desde luego los mexicanos, somos afectos a las generalizaciones. Solucionan muchos problemas. Pero de pronto vale la pena entrar en algunas precisiones para mejor entender la vida de un estado y del propio país. Recientemente en Tabasco, Arturo Núñez tomó posesión como gobernador. Por muchos años luchó por llegar a serlo. Un PRI arrogante, mal conducido y sin sentido político le negó repetidamente esa posibilidad. El PRD y Andrés Manuel López Obrador, con mayor habilidad y con la necesidad de crecer, se la brindaron. Resultado: Núñez obtuvo una clara victoria y ahora está al frente de un Tabasco quebrado, el paso de los gobiernos priistas dejó malas cuentas. Él mismo declaró, durante la ceremonia de toma de posesión, que recibía una zona “de desastre”. Andrés Granier contribuyó enormemente a endeudar y mal gobernar un estado próspero.


Los medios hablaron, antes y después de la ceremonia, de que Núñez acabó con 83 años de priismo. En su lugar llega un partido renovador, distinto. En primer lugar, no son tantos años de priismo ni todo el priismo ha sido negativo. De lo contrario, la historia de México sería otra. Los primeros años de tal partido, que tuvo abuelo y padre y como razón la de representar los principios, más o menos diluidos, de una gran revolución, no fueron desastrosos sino progresistas. El partido que nació como criatura del poder, para darle coherencia a un movimiento que poco la tuvo, llevó a cabo grandes creaciones. Tanto así que las instituciones que hoy permiten su conducción fueron obra suya. Lo positivo y lo negativo. El tan vituperado Miguel Alemán. Durante su periodo presidencial, construyó obras notables, incluida la Ciudad Universitaria, soporte educativo y cultural de México. Algo más, en esos “pésimos” 83 años, de perfecta dictadura, estuvieron hombres brillantes, distinguidos y honestos. No todos fueron pillos como claman sin rigor más de un periodista o investigador académico. Pienso, desde luego en Lázaro Cárdenas, un gobernante que dejó honda huella y que sigue siendo inspiración para el PRI y mucho más para el perredismo, fundado y llevado a sus máximas alturas por ex priistas. Todos, sin excepción. Incluido Arturo Núñez.

El nuevo gobernador de Tabasco es un hombre sensato, culto y sensible. Salió del PRI por diferencias obvias, adolorido, pero me da la impresión que eso no ha modificado sus principios. El propio López Obrador, hoy tan rabioso enemigo del PRI y del presidente de la República, Enrique Peña Nieto, es incapaz de ocultar sus años de formación. No pensaron como marxistas ni vieron en el cambio radical, en la destrucción de la economía de mercado, la solución al problema. Ni siquiera consideraron la lucha de clases o la toma del poder por la vía violenta. Respetaron las reglas que el PRI, en sus más de ochenta años, según las famosas generalizaciones, impuso.

La situación política actual ha devuelto la razón a las luchas. Todos los partidos buscan el centro. En la izquierda hay un vacío y en la derecha un total fracaso. Lo que prevalece es una vuelta al priismo pero con medios y fórmulas distintas. El otrora arrogante PRI no será, no es el mismo. Dos derrotas y multitud de severas críticas lo han hecho cambiar. Es verdad, le falta mucho, pero es un organismo diferente al que perdió en 2000 y en 2006. Peña Nieto no es Roberto Madrazo ni Carlos Salinas. La sociedad mexicana asimismo ha cambiado y se ha hecho más participativa y ha permitido un pluripartidismo real, sin grandes matices políticos, por más que muchos quieran verlos.

Entre los invitados a la toma de posesión de Arturo Núñez, quien pronunció un discurso sensato y necesariamente crítico, estaba el representante de Peña Nieto, el secretario de la SEP, Emilio Chauyffet y militantes distinguidos del PRI y del PAN. Como es natural, el nuevo gobernador agradeció a sus nuevos correligionarios, López Obrador, incluido, el valioso apoyo para triunfar. Sus palabras no estaban destinadas a lanzar agresiones al PRI ni a Enrique Peña Nieto, quien en su cuenta de Twitter felicitó al nuevo gobernador. Como Miguel Ángel Mancera, sin militancia oficial y como Graco Ramírez, nada indica en Núñez que vaya a la confrontación o a la descalificación de las autoridades federales. Tiene claro que la lucha política es electoral y en los mejores términos. Atrás se han quedado los extremistas que para colmo carecen de ideología, sólo están, y eso es natural, inconformes y buscan “algo”, lo que sea, a través de una violencia rechazada y condenada por la mayoría de los mexicanos.

Las luchas políticas que siguen tendrán una cortesía y una capacidad de reflexión que desconocíamos. En tal sentido, Mancera, Núñez, Graco y Aureoles, representan al nuevo PRD, lejos de rijosos que se sienten “revolucionarios” cuando mientan madres o asaltan la tribuna con aburrida monotonía. Los invitados a la toma de posesión del nuevo gobernador de Tabasco, nos dan una muestra de civilidad y, de una lucha seria pero sin enconos. Arturo Núñez habló de colaboración con el gobierno federal para eliminar algunos de los principales problemas que agobian al estado y al país. Jamás ofreció belicosidad, sino un combate donde las diferencias serán mostradas con métodos refinados, con argumentos. Esto es un avance.

Opinión - La Crónica

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