Tantadel

enero 21, 2013

Tener un hijo invisible

Yo me eduqué con libros impresos, tengo una amplia biblioteca y un fervor natural por las palabras en papel.
Al admirable Rubén Bonifaz Nuño, por sus Obras completas

En un cuento mío, una pareja tiene un hijo invisible. La madre, triste, se limita a acariciarlo, mientras que el padre, rabioso, recorre la casa buscando la presencia de un fantasma erótico que haya aprovechado sus ausencias. Más adelante, escribí una novela, El amor intangible, donde los enamorados se conocen a través de internet, se escriben a diario, pero jamás llegan a verse físicamente. La pasión aparece como resultado de encuentros intelectuales y emociones culturales afines. Desciende de las novelas epistolares. Pues ahora resulta que acepté darle a una editorial española, Edición Electrónica Andaluza mi libro El Evangelio según René Avilés Fabila para ser transformado en e-book. Hace días me notificaron que ya está en línea, tengo derecho a un cierto número de descargas y me pagarán un porcentaje determinado. Los editores añaden que lo distribuye Amazon. Vale añadir que se trata de una segunda edición aumentada y corregida.
Bajé del ciberespacio mi e-book, pero ¿realmente qué demonios bajé? Lo veo en pantalla, está bonito, pero no puedo tocarlo ni ponerlo junto a mis demás libros. Es muy difícil hacer una copia de la obra virtual. En la UAM me preguntan cómo será la presentación. No respondo, pienso que podría ser citando a los amigos y familiares, quizás a mis alumnos y en el escenario ponemos una pantalla con la imagen del libro.

Dos o tres colegas hablamos de la obra y nos limitamos a darle al público el link de la empresa que lo maneja.
Como todavía no hay cabal experiencia en estos menesteres, algunos amigos en Facebook me han dicho que piensan comprarlo y si puedo firmarlo. ¿Y cómo se pone el autógrafo en un e-book? Supongo que no hay forma. Tendré que consultar a expertos en la materia. Por lo pronto, pienso obsesivamente en una imagen: una fiesta de XV años en casa de Marcelo Ebrard, él baila con la festejada, como tantas veces lo hizo a un lado del Ángel de la Independencia, pero ella no está en sus brazos. La música de fondo es un vals de Strauss y familiares y amigos aplauden a Ebrard que sigue las notas con una joven invisible. La probable pareja es borrosa a causa del hielo seco que enrarece el ambiente. Así estoy yo con mi nuevo libro.
Es obvio que se trata de un conflicto generacional. Los jóvenes escritores ven este tipo de tareas como algo normal. Pero yo me eduqué con libros impresos, tengo una amplia biblioteca y un fervor natural por las palabras en papel. Si quiero regalarle a una amiga entrañable un ejemplar de mi nueva obra, ¿qué le doy, un link? El resultado será gracioso, ella tendrá que pagar por la descarga. En todo caso, me pasará la cuenta. Por lo pronto puse la imagen del e-book en mi página web, me limitaré a ver qué sucede.
El Evangelio según René Avilés Fabila no está solo, es parte de una colección de autores mexicanos, donde están narradores como Ana Clavel. El mío es posible verlo en el siguiente y farragoso link: http://www.amazon.es/evangelio-seg%C3%BAn-Avil%C3%A9s-Fabila-ebook/dp/B00AA1XN9O/ref=sr_1_1?s =books&ie=UTF8&qid=1353697250&sr=1-1 y cuando aparece hay que hacer una serie de latosos trámites, incluido el pago, unos seis euros, para permitir la lectura en pantalla o en una tableta. La pregunta que me formulo es si este simple dato atraerá compradores o al menos curiosos. Lo dudo. Cuando le digo a un joven que ha aparecido mi primer e-book, me mira con respeto, mis contemporáneos maliciosos sonríen y yo siento que es un libro intangible e invisible. O que me robaron al bebé. Cuando Humberto Musacchio señaló, en relación al tema, que pese a mi avanzada edad, estaba yo al tanto de los avances tecnológicos en lugar de molestarme por el balconeo, pensé: tiene razón, ahora no sé qué hacer con mi e-book inicial. O quizá sí lo sepa: seguir editando mis libros en papel y cada tanto acariciarlos amorosamente.

Excelsior - 20/01/2013

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