Tantadel

enero 02, 2013

Una ficción llamada PAN

A primera vista, en los años finales de la década de los noventa, el Partido Acción Nacional, fundado en 1939 por un pequeño grupo de intelectuales y empresarios conservadores, parecía una potencia. El PRI se deterioraba, se debilitaba, sumergido en sus graves errores, en la corrupción y en los desgajamientos que sufría, entre ellos el que adelante se convertiría en Partido de la Revolución Democrática, encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo. Ya el empresario Manuel J. Clouthier, Maquío, lo había hecho crecer, pero le faltaba a la derecha un líder realmente popular, carismático, para derrotar al oficialismo. La tarea histórica la recibió un hombre de muy modesto bagaje intelectual, hablantín y capaz de irritar a sus enemigos con diatribas e ironías: Vicente Fox.


El PAN parecía un partido en irresistible ascenso. Las masas lo apoyaban y le otorgaron el triunfo final. Muchos suponían que esa alternancia del poder le daría sentido político al conservadurismo que por años había dado la batalla por el poder y había sido derrotado en multitud de ocasiones, particularmente en los tres grandes movimientos que sacudieron a México: la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Estuvo doce años y, en lugar de afianzarse en Los Pinos, se debilitó, tal como se lo advirtieron sus más lúcidos militantes. Sin experiencia de gobierno, un ideario propio y sin llevar a cabo los cambios necesarios para la transformación del país, Acción Nacional se apoltronó, creció de modo artificial y no supo lo fundamental: ser el eje de un sistema político distinto. Nunca dejó de ser un partido manejado por una camarilla, por una élite de reaccionarios ostentosos, más preparados para manejar empresas que a la nación. El PRD aprovechó esos momentos para utilizar a los viejos priistas y conquistar posiciones y muchos votos a través de otro caudillo igualmente carismático e ignorante: Andrés Manuel López Obrador, formado en el más rancio priismo, sin una propuesta realmente progresista en las manos y ajeno a la izquierda marxista que chocó una y otra vez con el muro capitalista y que falleció en el intento por derrumbarlo.

Si Fox le dio la conducción del país al PAN, en manos de Felipe Calderón el gigante mostró, conforme a la imagen común, que tenía los pies de barro. Políticos sin tacto, burócratas del peor estilo, oficinistas que deseaban mejorar el erario personal y miles de falsos seguidores lo hicieron fracasar, abierta y plenamente y la población le otorgó al PRI una oportunidad histórica única: regresar a la casona de donde la derecha lo había sacado. Para colmo de males, se colocó en un penoso tercer lugar, abajo del PRD. Hoy, los dirigentes de la derecha están vestidos de luto por el año que arranca con graves augurios para su existencia real. Sólo en 2013 habrá comicios en 14 estados para elegir dos mil 181 cargos públicos. Para qué hablar de las elecciones que en 2016 renovarán multitud de los cuadros del país, ¿de dónde saldrán, qué harán líderes improvisados como Gustavo Madero para evitar la debacle? No mucho.

Según datos recientes, el PAN ha perdido alrededor del 86 por ciento de su padrón. Era artificial y se formó, como se acostumbra en nuestro sistema, poniendo amigos, falsos simpatizantes, en los cargos medios y altos de la burocracia. Acción Nacional mantuvo su actitud de élite reaccionaria. Destruyó la administración pública que se había formado a lo largo de muchas décadas y puso en su lugar a inexpertos y arrogantes politiquillos egresados de universidades privadas. Un solo caso: en Semarnat, Alberto Cárdenas le dio los principales cargos a sus amigos y hasta por allí, en una dirección general, puso a una relación sentimental, hecho denunciado en la Cámara de Senadores. Fue una prueba fehaciente de que dicho partido no sólo participaba de la corrupción generalizada, sino que se ocultaba tras una máscara de hipocresía. Esta repartición de empleos, de vulgares chambas, deterioró al PAN, lo debilitó y, al concluir la administración de Felipe Calderón, su listado de casi dos millones de personas entre afiliados y simpatizantes disminuyó sensiblemente a menos de 300 mil. El propio Vicente Fox causó baja y el PAN requiere cirugía mayor. La palabrería de Gustavo Madero para definir y justificar la existencia de su partido es por ahora inútil. Los panistas tendrían que deshacerse en primer término de dirigentes tan modestos intelectualmente hablando.

El PAN tuvo la oportunidad de crecer seriamente, de convertirse en un partido de masas y la dejó ir. Ahora vuelve a cerrarse como un organismo elitista, manejado por un grupo de probados conservadores, sin la presencia de cuadros audaces y políticamente serios. Le hacen falta expertos y conocedores de los intríngulis políticos. El PRD, pese a su alta votación, tendrá problemas para mantenerse como una fuerza real, mientras que para Acción Nacional, que tuvo tanto poder en las manos, el futuro se ve oscuro. Los jóvenes que ha formado apenas le permitirán salvar un poco del enorme capital dilapidado.

La historia no suele ser generosa en cuanto al número de oportunidades que concede. Lo sabe Cuauhtémoc Cárdenas, y se niega a aceptarlo Andrés Manuel López Obrador. El PAN recibió dos veces la posibilidad de crear un país mejor. Dudo que al menos en un tiempo razonable pueda recuperar el poder. Por ahora tendrá que batallar para mantener su tercer sitio. No hay otra forma de ver el panorama político que se avecina.

Opinión 2013-01-02 - La Crónica

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