Tantadel

febrero 04, 2013

Palabras sobre Rubén Bonifaz Nuño (I)

Rubén Bonifaz Nuño fue un caballero de espada, armadura y escudo. Los utilizó para salvar hermosas doncellas, proteger a los desamparados y defenderse del infortunio. Tales armas están contenidas en una sola palabra mágica: poesía: …hermosa entonces, joven como ahora,/ no me ames; recuérdame/ tal y como fui al cantarte, cuando era/ yo tu voz y tu escudo/ y estabas sola, y te sirvió mi mano. Brillan, pues, sus amores, tragedias y su peculiar sentido del humor que no lo abandona. Dentro de muchas pruebas, recuerdo una época en que Bonifaz Nuño y yo hicimos divertidos viajes por Estados Unidos y México, solíamos inventar especie de Minificciones, recuerdo una: Rubén y yo acostumbramos ir juntos con mujeres: lo que no puede uno lo intenta el otro. Rubén es el amor y el desamor, sus versos calan en el corazón de los amantes e impresionan tanto a sus lectores que los hacen circular por internet. Amiga a la que amo: no envejezcas./ Que se detenga el tiempo sin tocarte;/ que no te quite el manto/ de la perfecta juventud./ Inmóvil/ junto a tu cuerpo de muchacha dulce/ quede, al hallarte, el tiempo. Épica de lo cotidiano, la poética de Rubén Bonifaz Nuño deja constancia de sus penas y de las nuestras. Pocas veces en la literatura en castellano, alguien ha tomado por nosotros la voz y ha dicho con belleza extrema lo que queríamos decir. Aún en el aspecto social, es nuestro campeón y se bate con fiera sencillez: “Pasé mi infancia en un barrio fabril, donde estaban tres fábricas: La Alpina, Loreto y La Hormiga, de tal manera que compartí la vida con gente de ese nivel social explotado al cual pertenecía yo también, porque mi padre fue telegrafista y éramos miembros de una familia grande y él tenía un sueldo muy pequeño; por esa razón la pobreza que padecí en mi infancia fue excesiva. Yhe dicho muchas veces, no soy gente decente, soy pelado porque me crie entre pelados. Ese sentimiento de ser pelado, de ser parte de la misma clase a la que pertenecen los millones de mexicanos explotados, es lo que me ha inducido a buscar de qué manera remediar el asunto y eso es lo que me condujo a los estudios de la cultura prehispánica, la cual es infinitamente superior a la que tenemos actualmente”. Dios, dicen quienes lo tratan, castiga y premia, según criterios ajenos al ser humano y ello es fácil de comprobar. A Rubén Bonifaz Nuño le dio belleza física, pero lo hizo tímido con las mujeres (Para los que llegan a las fiestas/ ávidos de tiernas compañías./ y encuentran parejas impenetrables/ y hermosas muchachas solas que dan miedo/ —pues uno no sabe bailar, y es triste—;/ los que se arrinconan con un vaso/ de aguardiente oscuro y melancólico,/ y odian hasta el fondo su miseria,/ la envidia que sienten, los deseos), le entregó el mayor de los dones: el fuego de la poesía y a cambio, le dio sufrimientos físicos y algo atroz: la ceguera. Sin embargo, este mal no llegó de golpe, ha sido gradual y ello quizá sea una tortura especialmente cruel: ir dejando de ver las palabras o los trazos de un pintor admirable, es algo que duele todos los días al notar que se pierde el sentido fundamental. Rubén Bonifaz Nuño hizo versos maravillosos para contar su tragedia. Los escribió a través de una obra poética renovadora, donde como nadie mezcló el lenguaje coloquial con el clásico más elegante. Lo explica: “El libro que más quiero es Calacas, ahí hice algo que me dio mucho placer: está escrito con un tono de pelado mexicano. Ahí están citados Horacio, Virgilio, Homero, Quevedo, el Anónimo Sevillano, Jorge Manrique, Manuel Gutiérrez Nájera, el Cantar de los Cantares; es mi poema más desnudo y más eruditamente de pelado”. Sí, en Rubén entroncan dos hermosas tradiciones, la de los autores prehispánicos y el mundo grecolatino: Nezahualcóyotl y Virgilio. Dos mundos opuestos que en él encontraron una síntesis adecuada. Dueño de una obra perfecta, de extremo rigor formal y exploraciones inéditas y deslumbrantes, la poesía en él es luz de la palabra, relámpago de la inteligencia, sinceridad diáfana; lo demás, penumbra. Respetó el verso clásico pero supo manejarlo dentro de una amplia libertad expresiva, consiguió, de este modo, transformar la poética de nuestro tiempo sin salirse del valor supremo y universal: el amor pasión. La poesía de Bonifaz Nuño es, en efecto, rigurosa, de gran libertad, con contribuciones a la métrica y al ritmo, las que hizo luego de sentirse abrumado por las aportaciones que hicieron Lope de Vega, Góngora, Bécquer, Pellicer y Cuesta. Su creación en conjunto se agrega a las más distinguidas del castellano. Los jóvenes lo entienden porque las pocas veces que Rubén aparece en público lo rodean por docenas y rinden tributo al poeta, al inmenso traductor de los clásicos griegos y latinos, a quien mejor tradujo al castellano La Ilíada, a quien ama las culturas prehispánicas, al creador de instituciones académicas de alto rango, al universitario fiel que considera a la Ciudad Universitaria el centro del Universo. * Fragmentos del texto inédito leído durante el homenaje del INBA por los 85 años de Rubén Bonifaz Nuño en noviembre de 2008.

Opinión - La Crónica

No hay comentarios.: