Tantadel

febrero 06, 2013

Palabras sobre Rubén Bonifaz Nuño* (II)

Ajeno a grupos y sectas, Rubén Bonifaz Nuño tuvo amigos queridos, la muerte se los fue arrebatando poco a poco. Ricardo Garibay, Henrique González Casanova. Augusto Monterroso, Carlos Illescas (quien inventó la broma socorrida de “Al mal tiempo, Boni-faz”). Al morir, sólo le quedaba el muy cercano Fausto Vega. Aunque visitado por admiradores, su soledad era apenas rota, recibía a unos cuantos y no tenía más refugio que la audición que comenzaba a traicionarlo. Era frecuente oírlo decir: “La muerte es una compañera que está sentada en el brazo del sillón, mordiéndome lentamente, lo poco que me queda libre. La veo sin temor ni emoción, me parece completamente natural. La muerte, añade, es la desaparición normal de uno, mientras que la vejez es irse disolviendo de la manera más dolorosa y fea.” Es el corolario de un poema suyo escrito en 1981, incluido en As de oros: Y he cambiado. Sordo, encanecido,/ una oficina soy, un sueldo;/ veinte mil pesos en escombros/ y un volkswagen, y la nostalgia/ de lo que no tuve, y el insomnio,/ y cáscaras de años devaluados. Pero los lectores concentran la mirada en su poesía dueña de una belleza física y espiritual que asombra y atrapa: Conozco la razón de la distancia/ y tú me das la cercanía o: Te amé siempre,/ desde antes./ Tú desde siempre estabas en mi sangre/ y en el alma de todas las cosas que he querido. La lectura conmueve, desata el amor (los varones la utilizan en el cortejo, las mujeres la repiten esperanzadas), no importa que en otro sitio escriba: Adiós, adiós mis compañeros;/ me presento por si no lo saben: estoy demás en esta vida, y una joven llora segura de que el poeta nunca estuvo de más, sin su luminoso arte, seríamos otros y no necesariamente mejores.

Rubén Bonifaz Nuño se concentró en hacer la obra preciosa, recluido en la UNAM, rodeado de libros, con ella obtuvo los premios y reconocimientos posibles. Su poesía es perfecta, cuidada, insuperable. Por ello le es posible decir: “Mi técnica, mi pleno dominio de la forma, es la que me autoriza a decir lo que quiero. No hay diferencia entre forma y fondo.” Nació poeta. El tiempo y las lecturas, el rigor y la pasión por los clásicos lo confirmaron. Si no la define luego de haber hecho la más hermosa, es porque la poesía no es para charlas ni temas de conversación, como explicaba T. S. Eliot, es en consecuencia algo muy íntimo, imposible de explicar satisfactoriamente porque el poeta estaría desnudándose el alma.

“La poesía —explica Johannes Pfeiffer— hace patente una actitud del hombre a través de su atemperada hondura esencial. Esto significa que la poesía ‘dice’ más de lo que ‘enuncia’. No importa el contenido que una poesía pueda ofrecernos, ni las ideas que exponga, ni la ideología que profese; lo que importa es su realización verbal.” Escribirla y leerla para disfrutarla. Explicarla es siempre un fallido intento por develar un misterio. Poetas y críticos han dado fórmulas ininteligibles o razones tan sencillas como las de Bécquer que igualmente nos dejan insatisfechos. Para qué hablar de ella o explicarla, hay que ponerla en el papel y luego recorrerla con la mirada, en silencio. Es todo y es mucho. Y Bonifaz Nuño se ha concentrado en hacerla; aunque a veces ha sido indiscreto al dejarnos pistas sobre cómo y por qué escribe.

Bonifaz Nuño se dolía de sí mismo en sus versos, al hacerlo reflejaba el dolor humano, el de los solitarios y desamparados, el de los pobres y desposeídos… Su poesía despierta las más encontradas emociones según quien la lea: dolor, tristeza, amor, pasión, soledad... Dudo que en la poesía alguien haya podido reflejar a través de su propio sufrimiento, con tanta intensa claridad, el dolor de los demás, el amor de los otros. Creo que es una de las claves de su éxito.

Rubén no es un poeta fácil, sus versos encierran claves y enigmas; una secreta alquimia, cada verso tiene dos, tres lecturas; sin embargo sus lectores aumentan, sus admiradores entienden las enormes aportaciones. En Bonifaz Nuño he podido apreciar, lo leo desde hace unos cuarenta años, que su arte tiene adeptos. Decía el citado Eliot que los autores y sus obras “necesitan lectores para vivir”, ellos les dan el aire que necesitan para respirar. A Bonifaz Nuño le aumentan los admiradores, le dan bocanadas de oxígeno y ellos se enriquecen. Veo a los jóvenes con sus libros en las manos, en tanto que a otros escritores que se apoyaron en la publicidad, en el antipoético e inmoral ruido de los medios, ahora se extinguen, mientras la poesía de Rubén se hace poderosa y permanente como una pirámide del Altiplano.

Rubén no fue el único que ha hablado de la presencia de la muerte, pero es él quien lo hizo como legatario de otras artes y no sólo la del “arte que se manifiesta por la palabra”: Calacas hereda del grabador Posada, asimismo, quizá, de Quevedo: ¡Cómo de entre mis manos te resbalas!/ ¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!/ ¡Qué mudos pasos traes, oh, muerte fría,/ pues con callado pie todo igualas!

* Fragmentos del texto inédito leído durante el homenaje del INBA por los 85 años de Rubén Bonifaz Nuño en noviembre de 2008.

Opinión  2013-02-06 - La Crónica

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