Tantadel

febrero 27, 2013

¿Realmente hay un nuevo PRI?


Mucho, más del 51 por ciento de los mexicanos piensa, según una encuesta que realizaron hace unos pocos días, que la gestión de Enrique Peña Nieto es positiva. Puedo imaginarme que casi la misma cifra tendría que pensar negativamente del llamado nuevo PRI. Sin embargo, sin que mi intención sea echarle agua fría a los priistas, hay algunos casos que me han dejado una huella profunda: el primero es la derrota sufrida en Puebla y la padecida en Tabasco.

El PRI es como un viejo zorro mañoso, incapaz de hacer las cosas con toda claridad, es parte del sistema creado por sus abuelos, un costal de recursos que le ha dado más éxitos que fracasos. Alrededor de 1987, ya los priistas parecían convencidos de algo importante: el país no podía seguir aguantando imposiciones ni malos candidatos. El problema es que el autoritarismo presidencial cundió en todos los estados. Más que buscar a los candidatos naturales para los distintos cargos de elección popular, acostumbran colocar a sus leales amigos.

Sin embargo, una cosa es que lo hayan advertido hace tiempo y otra bien distinta que piensen que es una práctica normal. Algo semejante le pasa al primo pobre, al PRD. Ha colocado en cargos de elección a sus peores candidatos. En el DF, manso como siempre, hasta hoy han propuesto a delegados y asambleístas verdaderamente aterradores. Uno tras otro, son personajes de novela negra, en la que llegan a los cargos a robar, a hacer negocios turbios, pensando que son usos y costumbres muy arraigados en la política nacional, invento priista. El PRI, después de padecer a Mario Marín, un incapaz y deshonesto completo, en Tabasco, permitieron a Andrés Granier, quien, ahora lo vemos por todo el país, saquear literalmente las arcas para que su familia se llenara los bolsillos de dinero. Los resultados fueron obvios, el PRI perdió los dos estados, cayeron los candidatos priistas, personas de oscuros méritos y en ambos casos ganaron ex priistas, en Puebla, Rafael Moreno Valle disfrazado de panista y con apoyo del muy “izquierdista” PRD y en Tabasco, Arturo Núñez disfrazado de perredista y poniendo distancia con la organización que comanda su paisano Andrés Manuel López Obrador.

Muy pocos creyeron que el PRI perdería en los estados citados. Pero lo mismo le ocurrió al PRD en Zacatecas después de dos gobiernos perredistas en verdad funestos: el de Monreal y el de Amalia García. Hoy de nuevo lo gobierna el PRI.

Es muy posible imaginar que las simpatías por el regreso del PRI a escala federal tengan satisfecha a un muy amplio sector de la población. En consecuencia, tendrán que ser cautelosos para evitar que de pronto se filtren personajes siniestros como Hank Rhon. Por ello, y quizás porque ya aprendieron la severa lección de las derrotas, ahora nos dicen que el PRI propone vigilar las acciones de sus funcionarios. La idea es evitar pillerías tan escandalosas como las de Granier, quien además de saquear a su estado, intentó dejar sucesor.

Quienes anticiparon que en lo sucesivo el PRI no tendría capacidad para llevar a cualquier candidato al triunfo, como en los felices años en que arrasaban con porcentajes casi del 100 por ciento, nunca fueron tomados en serio, hasta que Francisco Labastida fue derrotado por un panista de notable bajo nivel intelectual. Pese a ello, los priistas mantuvieron la idea de seleccionar a sus mejores amigos. En este sentido, según cuentan los reporteros de la fuente mexiquense, el PRI se inclinaba por alguien con menos presencia que Eruviel Ávila, hasta que el aspirante que veía acercarse la derrota interna, sugirió que de no ser candidato por su partido, tan fácil como irse al PRD. Las cosas siguieron su curso normal y la hazaña del triunfo priista en el Estado de México es atribuible a una maniobra genial del tramposo PRI.

No era un secreto la ineptitud de Granier y Marín, mucho menos lo era que utilizaban las arcas estatales para enriquecerse ellos y sus respectivas familias. No obstante, los dejaron imponer a sus candidatos con los resultados que bien conocemos. Si el PRI aprueba el “código de buena conducta” o estrellitas en la frente de los mejores aspirantes, se estará haciendo un favor, pues a estas alturas los procesos electorales son más complicados que en el pasado. No es imposible imaginar que una vez que los priistas sientan mayor seguridad electoral, vuelvan a lo mismo: el refrán dice que la cabra tiende al monte y podría ser si no cercan al funcionario y lo vigilan. Ahora el problema es saber quiénes son los guardianes. Uno sigue viendo cada joya en el PRI que escandaliza cuando ya no debiera ser así. A juzgar por la nota dada por el ex invencible, harán una suerte de comisión evaluadora o quizás ya está funcionando y por tal razón no apoyaron la candidatura de Hank Rhon en un bastión panista: su fama de autoritario y corrupto lo persigue claramente. Para colmo de males, ahora el PRI en cada proceso electoral, tendrá al frente una coalición formada por el conservadurismo panista y el “izquierdista” PRD. Cabe concluir con gesto desolador: ya los perredistas nos habían convencido de que la realidad política que se opone al progreso nacional se llamaba PRIAN. No cabe duda: la política mexicana carece de principios.


La crónica

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