Tantadel

marzo 10, 2013

Coexistencia forzada: ricos y pobres


México no dejará de asombrarme, por eso es mi tema favorito en artículos y libros, en pláticas, clases y conferencias. Nación atrasada, según la revista Forbes, dentro de las personas más ricas del orbe aportamos a un aceptable número de multimillonarios, Carlos Slim es el mayor de todos, casi siempre en primer sitio, lo cual no es poca hazaña. Lo acompañan, dentro de los mexicanos más ricos, Alberto Bailleres, Germán Larrea, Ricardo Salinas Pliego, Eva Gonda Rivera, María Asunción Aramburuzabala, Jerónimo Arango, Emilio Azcárraga Jean, Rufino Vigil González, José y Francisco Calderón Rojas, Carlos Hank Rhon, Roberto Hernández Ramírez, Alfredo Harp Helú, Max Michel Suberville y Juan Gallardo Thurlow. La nota, tomada de Excélsior, indica que de “las mil 426 personalidades más acaudaladas del planeta, por primera vez, 15 son mexicanas…” Lamentablemente el Chapo Guzmán salió de esa envidiable lista; la fuente no indica si fue porque su dinero es mal habido o porque ha disminuido a menos de mil millones de dólares.
Lo que más llama la atención, al menos de las ex clases medias para abajo, es que esas fortunas inmensas sumadas dan una cifra impresionante. Pero más interesante resulta que el número de pobres en México aumente cada año. No hemos tenido Presidente que no prometa dos cosas que sin duda van de la mano: combate a la corrupción y disminución de la miseria. Al final, todos fallan y el recién llegado ofrece lo mismo, pero por otros caminos, ahora sí eficaces. Los desamparados son millones.
No se necesita ser genio para percatarse de que la distribución de la riqueza es inequitativa en todo el mundo, incluyendo a los países más desarrollados. Ciertamente en algunos la brecha disminuye, pero jamás logra darse un equilibrio razonable. Para muchos economistas es normal: vivimos en una economía de mercado; no para otros, pues suponen que pueden existir modelos diferentes, capaces de eliminar esta contradicción a la que llaman principal.
Imagino que no es fácil, estamos lejos de la famosa expresión de Proudhon, la propiedad es un robo. Tenemos expertos que dicen que el capitalismo, el sentido de la propiedad privada, la acumulación de bienes, es inherente al ser humano. En el pasado remoto, cuando los primeros humanos eran nómadas, de pronto uno de ellos, más fuerte y más listo, se paró frente a una hermosa cueva, decorada con motivos rupestres, rodeada por un frondoso bosque y dijo: “Esto es mío”. Surgió de inmediato la propiedad privada y el Estado para garantizar su plena existencia.
No se trata más de decirle a los pobres que son un resultado natural, que deben existir para que Rosario Robles y López Obrador, cada quien por su lado, desde luego, traten de paliar su penosa situación con cobijas, despensas y palabras dulces. Ernesto Guevara fue un soñador, como John Lennon, y pensó que podría aparecer el nuevo hombre que no ambicionara bienes materiales, riquezas. Pero de pronto aquellos proyectos de seres generosos y solidarios vieron fotografías de las grandes tiendas, anuncios de casas y automóviles, de ropa elegante, joyas y el sueño se acabó. Triunfó el consumismo.
Veamos las cosas positivamente: los ricos en verdad ricos suelen ser altruistas; claro, comienzan con ellos mismos y si algo sobra, para de Forbes pasar a las revistas culturales, hacen museos, conceden donativos y en general reparten discursos de autoestima. Cómo ser millonario sin ser amigo de los presidentes de México. El PRI fue famoso por crear nuevos ricos. El político pasaba a empresario. Allí está, digamos, Carlos Hank González. Vendía dulces en su niñez y terminó siendo millonario. Historias semejantes las conocemos por montones. Elba Esther, con un sueldo de maestra de primaria, logró fabulosas riquezas. Yo con el mío de profesor universitario, merced al ISSSTE, apenas he podido comprar a plazos una casa más bien modesta.



Excelsior

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