Tantadel

marzo 11, 2013

Cuando el PAN despertó, el PRI seguía allí


En 1939, imaginando peligros inexistentes y recordando un pasado de fracasos y derrotas, un grupo conservador decidió formar un partido cuyo eje fueran las ideas de la reacción histórica mexicana. De este modo nació el PAN. Decidido a ser distinto del partido que estaba formándose al amparo de los restos de la Revolución Mexicana. Su historia es larga y sin duda heroica. Tenían entre sus principios eliminar todo aquello que sonara a izquierdismo. Eran años en que la globalización parecía llevarse a cabo en color rojo. Luego de la Segunda Guerra Mundial, 1945, el comunismo se extendió y siguió creciendo con ímpetu.

El PAN dio una tenaz lucha en todos los frentes: no le gustaban las privatizaciones que en aquellos años se llevaron a cabo ni el libro de texto gratuito ni que el artículo tercero constitucional se mostrara ferozmente laico. Para obtener recursos, sus escasos militantes y simpatizantes daban dinero. Lo demás provenía de rifas de automóviles y donaciones seguramente de curas, monjas y empresarios. Era un partido crítico del PRI y no tanto de la izquierda, porque, representada por grupúsculos como el Partido Comunista o algunas fracciones de corte marxista, no eran de temer. Estaban permanentemente enfrascados en discusiones teóricas que a ningún lado llevaban.

Pero el PRI comenzó a mostrar más y más su autoritarismo y en momentos fue brutal. La palabra democracia en su boca provocaba risa. Para qué hablar de procesos electorales. Fueron años terribles para la sociedad y benéficos para el PAN. En su beneficio, el PRI había comenzado un camino hacia la derecha, por más que algunos como López Mateos, Echeverría y López Portillo se declararon hijos de la Revolución e izquierdistas dentro de la Constitución.

En 2000 llegó lo que el PAN necesitaba: un caudillo, un hombre que atrajera la atención de las masas y mostrara ambición para llegar a Los Pinos. De la mano de Vicente Fox, el PAN llegó al poder. Poco antes de ganarle al PRI, algunos teóricos panistas advirtieron de los riesgos del poder. El primero y más grave era perder la identidad, abandonar los principios fundacionales. Así ocurrió. Los doce años de panismo fueron una suerte de prolongación de lo que el gobierno de Ernesto Zedillo anticipó: la tecnocracia salvaría al país de los priistas. No era el camino.

Para esos momentos el PRI se hacía líos y no sabía qué rumbo seguir. Había llegado el hartazgo de la sociedad mexicana y ningún político priista tenía en sus manos una solución. La maquinaria electoral estaba desajustada, le faltaba aceite, para colmo era un modelo muy atrasado y los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu mostraron su miseria. Por dos veces lo derrotó el PAN. A un lado el PRD había crecido y parecía ser un organismo de izquierda, con caudillos poco eficaces y con una multitud de arribistas corruptos.El PAN, en vez de aprovechar el contexto histórico y remodelar al país, decidió seguir montando el jamelgo ruinoso que había hecho el PRI, su enemigo de siempre.

El PAN desaprovechó la alternancia, una oportunidad histórica ideal, e hizo peor lo que mal había hecho el PRI. Clonó sus defectos y no supo utilizar ninguna de sus virtudes. El PRD no estaba mejor y de este modo el PRI regresó de manera espectacular y ahora se da el lujo de hacer que sus dos grandes enemigos firmen pactos y propuestas priistas.

El PAN bajó de la Presidencia de la República al último lugar de los “tres grandes”. Un fracaso impresionante. Con candidatos de cuarto orden, fue incapaz de hacerle frente a priistas y ex priistas. Y ahora todos se echan la culpa de la estrepitosa derrota. En realidad, el origen del retroceso está en su incapacidad para hacer cambios. Fueron cientos de intelectuales, académicos y periodistas quienes anticiparon la necesidad de transformaciones. Ni siquiera quiso modificar alguna institución, quedaron igual y como si ello fuese poca cosa: mostraron, además de ineptitud, una inusitada propensión a la corrupción. 

Cuando los perredistas y sus seguidores acusaban al PAN de ser tan derechista como el PRI o al revés, inventaron una “tremenda acusación”: son el PRIAN. Sin embargo, desde hace algún tiempo, panistas y perredistas han unido fuerzas para derrotar al PRI. Para colmo, en plena reconstrucción, o eso ha dicho Gustavo Madero, la derecha firma acuerdos y convenios con el PRD o lo que de este partido queda, para intentar derrotar a un arrogante PRI.

Lo que está claro es que el PAN no sabe hacer política y ahora está aliado a un enemigo mucho más turbio que el PRI. Entendemos que es una estrategia para frenar el crecimiento de las huestes de Peña Nieto. Pero ahora ya carecen por completo de principios, sólo buscan una tablita a la cual aferrarse. De nada sirvieron décadas de trabajo, en doce años dilapidaron un capital político hecho con esfuerzos. Las acciones que Madero lleva a cabo para medio reconstruirse, son peores que las medidas de Fox y Calderón usaron sin inteligencia para manejar al partido. Falta que le expliquen para qué sirve el Estado y que no estaría mal llevar a cabo eso que llamamos refundación. El PAN, como está, no va a ningún lado y menos aliándose con el PRD. Le convendría rehacerse, mostrar un ideario inteligente y de nueva cuenta bregar contra los demás partidos.


La crónica

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