Tantadel

marzo 01, 2013

Del poder a la cárcel


Tormentosa historia la de Elba Esther Gordillo. Amasó un poder extraordinario y por ser una persona formada en la pobreza, se hizo ostentosa: autos, avión, casas, departamentos, propiedades en Estados Unidos, cuentas en bancos extranjeros, cirugías plásticas en costosas clínicas norteamericanas, abultadas compras de ropa en exclusivas tiendas de EU y mucho más. Su poderío, el control del sindicato más grande de América Latina, le vino del PRI y el propio PRI la encarceló en un sorpresivo golpe que a más de un mexicano le recordó la forma en que el inmenso peso político de La Quina desapareció en minutos.

Pero no está de más analizar su historial, las atrocidades cometidas, en un interminable número de anormalidades y de la manipulación de un descomunal sindicato que movía a placer. Fue su herramienta principal. Con ese organismo presionó a sucesivos gobiernos priistas y a los dos panistas. Cuando vio que una nueva generación de priistas había surgido, pensó que no era más el momento de negociar y asustar al gobierno con la masa de maestros que la siguen o la seguían, habrá que ver. Recurrió entonces a la arenga, al choque, a la agitación y a la amenaza. Esto es, se hizo una verdadera dirigente sindical, pero ya era tarde y su larga carrera, llena de abusos y actos de arrogancia infinita, la hicieron indeseable e incómoda. Culpó al Congreso y, en apariencia conocedora del sistema político nacional, trató de quedar bien con el presidente separándolo ni más ni menos que del Congreso legislativo. De nada le sirvió a la maestra, como todos le dicen, sus mejores tiempos habían pasado.   

Lo extraño es que ella, parte fundamental del sistema, íntima, no se haya percatado del poder real del sistema. Quienes lo han enfrentado, han conocido feroces sanciones. No sólo se puede citar a La Quina sino a multitud de organismos y empresas que tuvieron la osadía de retarlo. Pensemos solamente en la “nacionalización de la banca” por López Portillo. En un país como el nuestro, de tradición caudillista, el presidente tiene un poder poco imaginable. Elba Esther pasó con celeridad de maestra rural encumbrada y majadera, a alumna llena de temor. El mismo Estado que la llevó a la cúspide y la hizo “presidenta vitalicia del SNTE”, la ha reprobado, le puso orejas de burro y finalmente la tiene arrinconada. Ahora se sabe con cierta precisión cómo movía los inmensos recursos del SNTE: a placer y para sus propios fines. Ella y no sus agremiados necesitaba los estudios. Su hablar rudo, tosco, reflejaba escasas lecturas. Trató en vano de atraer a intelectuales, los ayudó a editar, los promovió, tuvo excelentes comunicadores a su servicio. Todo eso de poco o de nada le sirve en la cárcel. Su reinado concluyó, sofocado por el Estado.   

La detención de Elba Esther ha traído un exceso de comentarios e interpretaciones. Los más, llevados por la aversión que les produce la lideresa magisterial. Otros por su antipriismo y son los que mantienen la tesis de que fue un golpe publicitario al estilo de Carlos Salinas. Lo que importa es saber que al fin el magisterio está libre de ataduras y que los inmensos recursos que la cúpula o reunión familiar disponía con plena libertad, ahora pueden ser ocupados en una profunda reestructuración del SNTE. Una joven maestra me dijo: ahora lo que nos preocupa es ver a quién ponen. Lo dice sin duda pensando en que La Quina fue cambiado por uno más al estilo de quien lo quitó. Los petroleros nada obtuvieron. Siguen bajo control y lo mismo ocurre con la infinidad de sindicatos que alegan ser “independientes”, entre ellos los de universidades públicas y el de los telefonistas. Sindicatos charros que han sido manejados por los mismos dirigentes que no dejan de hablar de democracia interna y que están al servicio de causas políticas bien claras y orientadas por el PRD, acaso por Morena. Émulos de Fidel Velázquez, cuidan más sus intereses personales que los de sus integrantes. La longevidad en el cargo no parece una prueba democrática, sino control del viejo estilo: el de Fidel Velázquez.   

Es una pena y un grave problema social, el que los trabajadores mexicanos estén controlados y manipulados. Se suponía que eran parte de la masa salvadora, al menos así lo creían los marxistas. Pero donde quiera que uno los mira, los encuentra convertidos en “intelectuales orgánicos” de petate: así como los escritores y artistas plásticos suelen apoyar a un partido o a un caudillo sin chistar, los sindicalizados lo hacen les guste o no, lo entiendan o no. No aman el poder, aman a quien lo detenta y los maneja habilidosamente.   

Como nieto e hijo de maestros de larga trayectoria, me gustaría verlos trabajar y organizarse sindicalmente en plena libertad y democracia, distantes del Estado y de los partidos políticos. Pensando en los intereses que ellos representan: los de la sociedad.   

Ahora Elba Esther Gordillo se percata que no conocía, como suponía, al Estado por dentro y los demás sindicatos pondrán sus barbas a remojar. A la sociedad y los medios sin duda le gustaría ver la acción del gobierno de Peña Nieto como un buen principio y no como simple venganza o golpe publicitario.


La crónica

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