Tantadel

marzo 03, 2013

Elba Esther: crimen y castigo


En la inaudita fuerza del discurso literario, pocos como Dostoyevsky. Es un escritor dramático y acaso por el azaroso tipo de vida que llevó, conocía profundamente al ser humano: sus escasas virtudes y sus muchos defectos. Crimen y castigo es una novela memorable. Me desconcertó, la pensé injusta: Raskolnikov había cometido un crimen en la abominable usurera, intentando probar la teoría del superhombre. No debería pagar con una sanción y menos con el arrepentimiento. Imaginé otro final y el crimen perfecto, sin el castigo, tema que los estudiosos de su obra no han agotado.
El caso de Elba Esther Gordillo no es tan distinto al de Alena Ivanovna, cometió crímenes y hoy los paga. Personaje siniestro, la lideresa magisterial vitalicia consiguió lo que ambicionaba. Traicionó a quien la inventó, supo salir de la miseria y vincularse por un cuarto de siglo a la cúpula del poder. Al frente de uno de los más fuertes sindicatos de América (SNTE), trató con presidentes, secretarios, gobernadores, afamados intelectuales. Tampoco fue leal con el partido que la promovió: el PRI, quien en sus peores momentos hacía y deshacía líderes sindicales. Baste citar a La Quina: dejó de serle útil y en minutos lo hizo transitar del control de los petroleros a la cárcel, de donde salió convertido en guiñapo. Por su origen humilde y resentido, Elba Esther es ostentosa, despilfarradora, total, el dinero es del magisterio y el magisterio es hasta hoy suyo. La CNTE jamás fue rival digno. Los secretarios de Educación le temían y se plegaban. Fue secretaria general del PRI y allí supo maniobrar para crecer más y concluir esa etapa destruyendo a Roberto Madrazo antes de romper con el partido.
Escrupulosa no era. Así como le gustaba el poder, gozaba eliminando a sus enemigos. Sus abusos y vulgaridad, sus escasas luces culturales, no fueron obstáculo para impedir su desarrollo material. Lo coronó creando un partido político para uso familiar. Lo asombroso fue que, formada dentro del Estado, no haya podido conocerlo a fondo y darse cuenta de su capacidad para ajustar lo que no le gusta. En un momento era imposible tocar la banca, López Portillo se la quitó a la iniciativa privada y para colmo acusó a los banqueros de desnacionalizados. Ya nos saquearon, no volverán a hacerlo.
El regreso del PRI, luego de la desastrosa docena trágica (Fox y Calderón) y la conducta salvaje del PRD que les quitó peso a sus caudillos en turno, tenía que incluir cambios. Quienes desdeñaban a Peña Nieto por ser “títere de Televisa”, no pensaron que podía ser un Presidente enjundioso. Ha hecho cambios y encarceló a la mujer que se desgañitaba viéndose a sí misma como una guerrera que moriría en el combate. Combativa e intuitiva, pensó que la última posibilidad de eliminar sus problemas y salvarse de sus enemigos estaba en recuperar el impulso de dirigente sindical y acercarse al Presidente en una nación donde habitar en Los Pinos, crea caudillos. No. Los agudizó. Se metamorfoseó en una molestia. Los resultados están allí. Elba tras las rejas y los maestros buscando la forma de reorganizarse sin tiranuelos.
Gordillo creyó en su poderío y minimizó al Estado. Grave error. Lo que no consiguió el PAN, el PRI lo llevó a cabo en semanas: la investigó a fondo y descubrió lo evidente: el mal uso de los recursos del sindicato, sus costosas compras y operaciones estéticas, un avión, autos, propiedades. Que el sindicalismo nacional es corrupto y dirigido por líderes que se eternizan y se adhieren a partidos para obtener curules, pareciera normal. Ninguno le es útil a la sociedad, sean de imaginaria izquierda, sean priistas. Pero el SNTE agotó la paciencia del Estado. Elba Esther pudo rozar el cielo y ahora la cárcel no le permite ver más que un poco de luz. Lo terrible para ella es el regocijo que su detención ha despertado en la sociedad. Esperemos que no sea un vulgar ajuste de cuentas y el sindicalismo sea dignificado, democratizado

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