Tantadel

marzo 27, 2013

Febrero de Caín y de metralla (II)


Francisco I. Madero fue un demócrata liberal, un hombre que podíamos calificar de dulce y hasta de ingenuo. El espiritismo jugó un papel que todavía no ha sido cabalmente analizado, a pesar de que sus célebres libretas espíritas han sido publicadas. Sobre el revolucionario espiritista, Ignacio Solares escribió un libro interesante: Madero, el otro y finalmente el gobierno de Campeche editó sus libretas espíritas sobrevivientes. Madero abraza con entusiasmo el espiritismo que estaba de moda en el mundo, lo hace suyo, en lo sucesivo, serán una sola entidad. Gradualmente se convierte en experto, un médium perfecto debido a su sensibilidad y a la firmeza de sus creencias. Aquí están las comunicaciones espíritas de Madero de 1901 a 1908, documentos que habían permanecido prácticamente desconocidos a causa de los pruritos religiosos de sus descendientes y al acartonamiento de la historia oficial. Ahora sabemos que Madero estaba especialmente dotado para ser espiritista. Cito al propio héroe: “Después seguí desarrollando mi facultad, al grado de escribir con gran facilidad. Las comunicaciones que recibía eran sobre cuestiones filosóficas y morales, y siempre eran tratadas todas ellas con gran competencia y con belleza de lenguaje que me sorprendía y sorprendía a todos los que conocían mis escasas dotes literarias. Estas comunicaciones me hicieron comprender a fondo la filosofía espírita, y sobre todo su parte moral, y como en lo íntimo me hablaban con claridad los invisibles que se comunicaban conmigo, lograron transformarme, y de un joven libertino e inútil para la sociedad, han hecho de mí un hombre de familia, honrado, que se preocupa por el bien de la patria y que tiende a servirla en la medida de sus fuerzas. Para mí no cabe duda que la transformación moral que he sufrido la debo a la mediunmidad, y por ese motivo creo que ésta es altamente moralizadora”.

En esas sesiones fantásticas y desmesuradas (que acaso podrían ser un anticipo de la escritura automática de los surrealistas), Madero trabó contacto con dos espíritus: Raúl, su hermano fallecido de niño, y  José, quien fue sustantivo en su vida y, por extraña coincidencia, en la del país. Madero fue lanzado a una lucha política y moral que transformaría a la nación en su conjunto, que la sacudiría de extremo a extremo. De esta manera, guiado por espíritus redactó un libro que fue fundamental en México, La sucesión presidencial, y más adelante el Plan de San Luis, fue perseguido por la dictadura y se convirtió en un gran rebelde, tenaz y bondadoso, capaz de levantar a un pueblo en armas y realizar una gesta soberbia: la Revolución Mexicana, un movimiento cuya magnitud lo aterró y paralizó: una vez caído el dictador supuso que México sería otro, sin considerar que las estructuras política y económica, y en especial militar, quedaban intactas cuando debieron ser destruidas.

Madero no sólo supo darle a México un respiro libertario, su misma gestión presidencial, si bien fue efímera, consiguió mostrarle al país lo que eran la democracia y la ausencia de tiranía. Pero la respuesta fue brutal y nunca, por desgracia, hubo un espíritu agudo que previera el destino de Madero, el elegido sería abandonado a la peor de las suertes, a la humillación y a la muerte.

Madero básicamente era un hombre generoso, decente, enemigo de la violencia y eso le costó la vida. Lo importante no fue su trabajo espiritista, sino que dentro de esa extraña tarea, que para 1910 había entrado en decadencia, pudiera vislumbrar el futuro de un pueblo, lo orientó y lo guió. Sin él no hubieran surgido figuras de la talla de Villa y Zapata, ni que Carranza convocara a lo mejor del país a redactar un gran documento constitucional.

La obra de Antonio Saborit va más allá del resumen de un atroz golpe de Estado, asesinatos y persecuciones, lo que, a la postre, desataría la violencia revolucionaria de México. Muestra el poder de los medios de comunicación y su capacidad para ser cómplices de aberraciones. Y esto incluye a muchos intelectuales de la época, los que, como vemos en el libro, contribuyeron al desprestigio del presidente, lo ridiculizaron e hicieron toda clase de parodias, libelos y caricaturas hirientes. Algunos de ellos fueron recompensados y ocuparon cargos en la diplomacia y en general en el gobierno de Huerta.

No todos los grandes personajes de aquella época permanecieron callados ante el magnicidio. El embajador de Cuba en México, Manuel Márquez Sterling, dio una gran lucha por salvar al presidente Madero, tal como lo narra en el libro magnífico, Los últimos días del presidente Madero, un testimonio ejemplar. Sus esfuerzos nada pudieron hacer para salvarlo. La muerte de Madero estaba decidida desde que los traidores pactaron en la embajada norteamericana. Si los espíritus que consultaba Madero en un principio le fueron leales y previsores, los últimos jamás le advirtieron del horrible final.

Por último, otro error de Madero fue no haber calculado que los 30 años de porfirismo, entre la prensa y multitud de conservadores, harían una cortina refractaria a su voluntad de cambio pacífico. La magna revolución desatada por su asesinato probó su error. La historia sirve de mucho, el buen periodismo de investigación también, tal como lo muestra Antonio Saborit

No hay comentarios.: