Tantadel

marzo 17, 2013

Izquierda, ¿qué es eso?


Pablo González Casanova dijo en clase que una cosa es lo escrito y otra su aplicación; ejemplificaba con la Constitución. Ahora nos enfrentamos a algo similar con el término izquierda. Caído el socialismo que representaba tal postura ideológica, es usado con facilidad y simplismo. Como todos saben, es una expresión heredada de la Revolución Francesa, cuando los diputados progresistas se sentaban del lado izquierdo y los monárquicos en la derecha. Después, distintos teóricos, vinculados a formas socialistas o anarquistas, reflexionaron sobre la palabra, pues con el tiempo y el desarrollo de las ideologías hubo diversas interpretaciones. Pero siempre hemos considerado que por izquierda debemos entender las acciones y teorías que han nacido de los más positivos movimientos populares. Aquellos que han rechazado el autoritarismo, la centralización y tienen una clara tendencia a avanzar hacia un futuro mejor. De entre todos los modelos propuestos, destaca el de la izquierda revolucionaria, la que nace de las propuestas de marxistas y de tendencias anarquistas.
El término produjo temor y repulsa en el conservadurismo y la izquierda ha sido combatida intensamente. Al poder llegó a través de revoluciones armadas y sólo ocasionalmente por la vía electoral, la que no ayuda mucho a mantenerse en el poder. La derecha nunca es aplastada, sencillamente se agazapa y conspira, como en México o en Chile. La Revolución Mexicana, definida por Jesús Silva Herzog como democrático-burguesa, fue poco a poco devorada por el conservadurismo. En Europa, la izquierda ha tenido multitud de interpretaciones, sin duda la más exitosa fue la surgida del marxismo-leninismo. Pero la muerte de Lenin y la entronización de Stalin le dieron una atroz connotación que la llevó a ser ridiculizada por combatientes célebres como George Orwell. El socialismo científico, la memorable teoría de Marx y Engels se metamorfoseó extrañamente en una hermosa utopía.
En México, con el nacimiento del Partido Comunista en 1919, la izquierda intentó aprovechar la Revolución para ir más lejos. Las circunstancias históricas y sus errores le impidieron atraer a su seno a los trabajadores, a lo sumo (y no fue poca cosa) los grandes artistas e intelectuales sirvieron a la causa con devoción unos, otros con oportunismo. La izquierda fue heroica, valiente, pero por desgracia poco eficaz. El PC no supo escapar de la órbita del estalinismo y menos de sus contradicciones internas. La represión contribuyó a dañarla. Luego de una serie de extrañas mutaciones, quiso reaparecer como PRD, pero ni sus actos ni sus declaraciones coincidían con una correcta definición de izquierda. Frases huecas, consignas baratas. No más. Hoy los partidos buscan el centro, desdeñado por Duverger, y aunque el PAN sí tipifica a una derecha desdibujada, los primos hermanos, PRI-PRD, se cargan hacia el punto más cauteloso del abanico político.
En efecto, la izquierda no tiene dueños, lo que debe tener son activistas sinceros, militantes con un bagaje teórico, capaces de cambios profundos. Cuando Ebrard y Camacho se califican de izquierdistas, es imposible no desplegar una sonrisa irónica.
La izquierda mexicana está en busca de su propia teoría que sea posible llevar a la praxis. No se trata de calificarse de izquierda, lo importante es mostrarlo con acciones. Izquierda es una palabra popular, existe hasta en la derecha y la representan algunos de sus más combativos miembros. Pero pensar que René Bejarano es izquierdista, mueve a burlas.
José Revueltas estuvo atinado en la crítica a la izquierda de su momento: era una masa de trabajadores sin cabeza, sin partido. Volvemos a la misma situación. Obreros exigiendo reivindicaciones, estudiantes indignados con el sistema político, sindicatos atrapados por dirigentes inescrupulosos… Ninguno de ellos tiene legítima representación. Izquierda aquí y hoy, es un término manoseado, sin valor real ni sustento teórico.

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