Tantadel

marzo 18, 2013

¿Políticos honrados?


Hace años, en medio de una escandalosa corrupción, escribí un artículo sobre Adolfo Ruiz Cortines (presidente de 1952 a 1958). Hice un esfuerzo poco común: señalar que los famosos 70 años de priismo bajo distintas siglas es una generalización simplista y lo mismo hice hace un mes al redactar un artículo con tema semejante. Quienes los proclaman como lo peor que le ha ocurrido a México dejan de lado que hubo mandatarios honestos y eficientes. ¿Pondrían en el mismo saco a Lázaro Cárdenas o harían una elección más cautelosa, algo que incluso tratara de revisar las altas y bajas del sistema inventado por los beneficiarios de la Revolución Mexicana? Uno de los que dentro de la memoria colectiva queda muy mal parado es Miguel Alemán; sin embargo, entre otras cosas, construyó la Ciudad Universitaria. No se trata de salvar a un partido que hoy está de regreso en el poder, sino de asegurarnos que cada gobierno, cada caudillo sexenal, cometió desatinos y aciertos. De lo contrario, ¿cómo explicarnos el éxito del sistema político en México y sus instituciones? Todos los critican ásperamente y nadie lleva a cabo modificaciones profundas. Allí está el PAN. Setenta años criticándolo y durante doce años lo utilizó en su propio beneficio. A su vez, el PRD no propone transformaciones sustanciales y en donde gobierna o ha gobernado todo quedó igual o peor.

Recuerdo que un maestro nos dijo en el primer año de secundaria (en la 1) que Ruiz Cortines era un modelo de mandatario, honrado, eficiente y trabajador. La lista de sus colaboradores inmediatos podría probar su tino al rodearse de los mejores de su tiempo. Fue por añadidura progresista: es quien escucha las protestas femeninas y le concede, no sin dar una amplia pelea, el voto a las mujeres. Otro profesor, ya en el bachillerato, nos dio su punto de vista político: Si López Mateos está haciendo un buen gobierno, se debe a que Ruiz Cortines le dejó un país impecable, donde logró reponer los excesos del alemanismo, una cueva de ladrones que saquearon al país con cinismo. Hasta hoy, es la fama de Alemán, no en vano los propios universitarios dinamitaron dos veces la estatua del presidente que autorizó poner en una versión autóctona del culto a la personalidad. Los restos yacen en una bodega.

Con esas ideas redacté el artículo. Dos o tres días de publicado recibí una carta en cuyo sobre venía el remitente: Doctor Norberto Treviño Zapata. De inmediato recordé al diputado honorable, culto y decente, al médico ilustre, al gobernador inteligente y honesto y al diplomático eficaz. Me daba las gracias por escribir con gentileza acerca de don Adolfo Ruiz Cortines, de quien fue su médico de cabecera, trabajó  muy de cerca y lo respetó profundamente al grado de escribir páginas sobre su actuación política.

Ese artículo fue afortunado, pues me permitió conocer a un político legendario, probo y ser su amigo hasta su muerte. Más de una vez, el doctor Treviño Zapata me habló de Ruiz Cortines, de su limpia trayectoria. Algunos datos los recuerdo bien. Luego del asesinato de Venustiano Carranza, don Adolfo puso a salvo el tesoro nacional y lo entregó a Adolfo de la Huerta. Una hazaña de honestidad en esos tiempos convulsos y atroces.

Cuento lo anterior, porque ayer recibí un mensaje vía internet que decía lo siguiente: Siendo presidente don Adolfo Ruiz Cortines, a su esposa, María Izaguirre, con motivo de su cumpleaños, le regalaron un lujoso automóvil, Cadillac, para mayor precisión. Don Adolfo reaccionó:

“Hace muchos años que mi esposa cumple años y nunca se acordaron de ella hasta ahora que soy presidente. Pueden regresarlo, porque no puedo prometer nada a cambio de este regalo”.

El correo prosigue: “Fue austero el veracruzano en su sexenio y en su vida posterior. En cambio, Miguel Alemán institucionalizó el robo y los negocios al amparo del poder, al extremo que la revista Life publicó un artículo titulado: ‘México, fábrica de millonarios, generales y limosneros’, donde se mencionaba a Miguel Alemán como uno de los más ricos del mundo. El presidente Adolfo Ruiz Cortines fue así, efectivamente. No favoreció a ninguno de sus amigos ni se hizo multimillonario. Cuando dejó la presidencia vivió austeramente”.

La verdad es que México está considerado internacionalmente como un país de alta corrupción. Pero no sólo por el saqueo que los políticos hacen de la nación, sino porque tampoco los hombres y mujeres de la iniciativa privada son cófrades de una hermanad de la caridad y honradez.

Las anécdotas y el ingenio de Ruiz Cortines, su habilidad para manejarse en un medio complejo, sigue siendo recordado entre la clase política, pero no veo que imiten su ejemplo de honestidad. Cada seis años el nuevo mandatario mete a uno o dos corruptos visibles, llega a crear hasta secretarías para evitar los hurtos, pero la historia se repite puntualmente con el nuevo gobierno y la corrupción sigue floreciendo. Política y dinero, según la lógica de Carlos Hank González, van de la mano. La administración pública mexicana es de enorme utilidad para crear dos cosas: pocos millonarios y millones de pobres.



La crónica

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