Tantadel

abril 14, 2013

Derechas e izquierdas, ¿existen?

Fernando Savater explica que ambos nos han orientado por tanto que es difícil prescindir de ellos.


El debate sobre qué es la izquierda y quién o quiénes la representan ha sido una calamidad. Un torneo de necedades. Me recuerda a un antiguo funcionario de la SEP en cuyo escritorio tenía su nombre en madera y una palabra que lo calificaba como si fuera doctor o maestro: ateo. Sin embargo, dicen los críticos de aquella época en que resonaban los balazos entre cristeros y tropas federales, que en casa él y su familia llevaban una vida religiosa. Si se es de izquierda, se prueba con hechos, no con declaraciones tonantes. En el caso de Marisela Contreras, delegada de Tlalpan, donde vivo, la historia se repite. Hay letreros en sus oficinas que la señalan como “izquierdista”. Ninguno de quienes observamos sus acciones hemos podido comprobar la aseveración de la funcionaria perredista. Es la historia de Tlalpan desde que Cárdenas y la hoy impetuosa priista, Rosario Robles, gobernaron el DF. “Primero los pobres” es una triste consigna que en todo caso pudo decir Cristo, no Marx o Lenin. Estos últimos buscaban una transformación radical que los evitara, así como las desigualdades. Diego Rivera lo sintetizó en una obra muy suya expuesta en el Palacio de Bellas Artes: una marcha proletaria donde los carteles desplegados exigen “queremos trabajo, no limosnas”.
Hace algunos años, Norberto Bobbio escribió un libro clave para la comprensión de este problema: Derecha e izquierda. La magnífica obra produjo un debate intenso y serio para saber hacia dónde se mueve el mundo una vez que desapareció de manera dramática el comunismo. Rigurosamente marcha hacia un severo pragmatismo que intenta deshacerse de las ideologías, vengan de donde vengan, algo que no es fácil, puesto que la globalización hace lo suyo en beneficio de la economía de mercado y ésta a su vez no mejora las condiciones de vida ni elimina las contradicciones sociales. México, por ejemplo: tiene millones de pobres y un puñado de multimillonarios capaces de menospreciar a los restantes del planeta. Tampoco los prestigiados Estados de bienestar consiguen satisfacer las necesidades colectivas y sí permiten el aumento de los muy ricos y poderosos.
Fernando Savater explica que ambos términos nos han orientado por tantos años que es difícil prescindir de ellos. Tiene razón: hay izquierda hasta en la derecha. Todo es cuestión de interpretaciones fáciles. Si se tiene carisma y audacia, es posible inventar un socialismo bolivariano. El debate suscitado por Bobbio lleva a nuevas definiciones como centro-izquierda y derecha-centro. En estos tiempos la lucha es por el centro. Derechistas e izquierdistas buscan ese cómodo sitio que Duverger despreciaba. Que tenemos una izquierda y una derecha radicales, es cierto. La resistencia a los extremos no ha sido vencida.
Habrá que pensar, sí, a la luz de Bobbio, pero también considerando las antiguas utopías, hacia dónde deseamos que la humanidad marche. Bajo una aparente tranquilidad se consolida el neoliberalismo globalizador, atrás hay millones y millones de insatisfechos, de indignados, que son el ejército de reserva de la izquierda radical. Tarde o temprano tendremos un choque de ambas fuerzas. Las ideologías viven, ninguna ha muerto, les falta un proyecto rector. El vaticinio marxista puede llegar finalmente a cumplirse: la violencia es la partera de la historia.
En México la aparente izquierda reta cada vez con menor intensidad, mientras que la derecha y el centro preparan con sigilo nuevos cuadros de alto nivel, capaces de gobernar con la necesaria eficacia para que el país avance regido por las concepciones de la libre empresa. En tal sentido, ningún candidato del pasado proceso electoral ofreció la izquierda como solución. Quien triunfó, en el mejor caso, consolidará el centro-izquierda. Tampoco es novedad. López Mateos lo intentó con la economía mixta y los chinos lo hacen con su poética tesis de dos caminos, una patria.

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