Tantadel

abril 22, 2013

Los sin partido en México


Gustavo Madero es un pésimo político, como en general son los panistas. No sólo les falta oficio y cultura política, sino que ignoran para qué sirve la compleja maquinaria estatal. Priistas y perredistas tienen al respecto una mejor idea porque les ha permitido mejorar su situación financiera y disfrutar ininterrumpidamente de los goces del poder. Conocen al Leviatán y saben moverse en sus entrañas.
El pasado miércoles, Gustavo Madero anunció que tenía una amplia información sobre cómo Rosario Robles, titular de la Sedesol, utiliza políticamente los dineros asignados. Como prueba de un señalamiento que panistas y perredistas han venido haciendo desde hace algún tiempo; precisó que incluso posee grabaciones entre la funcionaria, antes perredista, con “el corazón en la izquierda”, que hoy niega ser priista al imaginarse ciudadana, y el gobernador de Veracruz Javier Duarte. Flanqueado por Ernesto Cordero y Alberto Villarreal, pidió “juicio político” en contra del citado gobernador y Rosario Robles por utilizar políticamente recursos oficiales con fines electorales. Como es obvio, el PRI, el gobierno de Peña Nieto, Duarte y la propia Robles, negaron los cargos. Añadieron que los culpables, seis ingenuos, habían sido suspendidos. El desmentido de la ex izquierdista lo escuché en radio. Enfática se declaró ciudadana y dijo lo que sus nuevos amigos querían escuchar: no podemos dejar de dar apoyo a los pobres porque hay procesos electorales. Tiene razón: México siempre padece una elección por semana y una miseria enorme. Fue más allá: la ayuda que estamos brindando tan no es política que antes de entregarla, hablamos con las autoridades locales sin importar el partido.
Más escándalo ha causado la enfermedad de Fausto Vallejo que la acusación panista contra la Sedesol. A cambio, el PAN ha mostrado que de nuevo es el opositor decidido que aprovecha todos los huecos para mostrar el verdadero rostro del PRI. En ello no hay novedad, sólo retorno a los orígenes más simplistas. Por su parte Miguel Ángel Mancera, también gobernante sin partido, ha manifestado su necesidad de hablar con Robles para precisar qué hará el gobierno federal y en qué sitios y evitar duplicaciones con su propia guerra contra la pobreza.
Llama la atención que en esta polémica iniciada por el PAN y sin duda vista con buenos ojos por Morena y el sector duro del PRD, se vean involucrados, aunque sea tangencialmente, dos altos funcionarios apartidistas. En las redes sociales más de un ingenuo pide candidatos ciudadanos sin percatarse que una vez que han aceptado la postulación a través de un partido, dejan de ser parte de la sociedad y hacen suyos los valores partidistas. En tal sentido, Rosario Robles adoptó las típicas frases priistas: por instrucciones del señor Presidente y llegaremos hasta el fondo.
Nunca olvidaré la única vez que estuve frente a Rosario Robles, recién llegada al poder: vociferaba ante un grupo ciudadano inconforme con el estilo de gobernar perredista, defendía a su partido y lo rescataba con el mismo vigor que ahora exalta a Peña Nieto. En estos casos, no veo diferencias entre el militante y el ciudadano. Se fusionaron por alguna pócima milagrosa. La señora Wallace debe seguir arrepentida de su paso por la candidatura ciudadana que le dio el PAN: no sólo evita el contacto con quienes la acogieron sino que se acerca a Peña Nieto para recuperar peso social.
Hemos vuelto al principio: un PRI poderoso y partidos opositores modestos en sus acciones y éxitos. Retorna la falsa preocupación por mantener vivos a los partidos de apariencia contraria. Y ellos acusan al PRI con aparente vigor. Su misión es oponerse. Al poder le cabe la generosidad, respeto al adversario.
Al país le falta crecimiento político. La democracia da sus primeros pasos y no existen grandes proyectos para salir del atraso. Los partidos son un solo partido y los planes no llegan a dos. Lo demás son matices.

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