Tantadel

abril 03, 2013

Partidos políticos y cultura


No siempre los partidos políticos mexicanos fueron refractarios a la cultura. Hubo tiempos en que a varios de ellos les preocupaban los temas artísticos y el papel del intelectual en la política. Entre ellos estuvieron dos que han desaparecido: el Partido Comunista y el Partido Popular. El Fondo de Cultura Económica editó en 1975 un libro llamado Los partidos políticos y allí estaban sus plataformas e ideas, programas y proyectos, escritos y organizados por José Ángel Conchello del PAN, Arnoldo Martínez Verdugo del PC y Francisco Ortiz Mendoza del Partido Popular, al que ya le habían agregado el peligroso término Socialista.

El PAN y el PRI no tocaron el tema cultural, salvo para precisar algunas diferencias sobre el artículo tercero constitucional que al primero le parecía un atentado contra el catolicismo. No le entraba en la cabeza que la educación fuera laica. El segundo se dejaban arrastrar por la infinita demagogia que bien le conocemos, por el culto a la personalidad presidencial y en términos generales por la arrogancia del poder. Eran tiempos de Luis Echeverría y los intelectuales, encabezados por Carlos Fuentes y Fernando Benítez, lo seguían pensando en que sólo había una disyuntiva: Echeverría o el fascismo. La inmejorable prueba de abyección la dieron todos juntos cuando escritores, artistas plásticos y músicos acompañaron al presidente a Buenos Aires en un avión que se hizo famoso al ser calificado como de redilas. Esto es, en ese jet acarrearon a los más afamados intelectuales como si fueran campesinos sin tierras y obreros buscando mejores condiciones de vida.

Si uno lee con cuidado los documentos aportados por los dos partidos marxistas, el PC y el PPS (en este último todavía se notaba la presencia de un hombre distinguido, Vicente Lombardo Toledano, quien lo fundó y falleció en 1968), podrá ver que tratan, aunque sea de pasada, el tema cultural. Pensaban que el intelectual debía jugar un papel importante en la lucha de clases y estar al servicio del proletariado que pronto resultaría vencedor y otras zarandajas. Hoy puede resultar algo ridículo, pero en aquella época, en que el socialismo avanzaba por dos vías, la revolucionaria (China, Corea, Cuba y Vietnam) y la electoral, (Chile) tenía algo de sentido: al menos planteaba la participación política de aquellos que trabajan para el arte. Para colmo, todavía en la época de Manuel Ávila Camacho, siguiendo la lógica impuesta por Lázaro Cárdenas, los marxistas utilizaban el Palacio de Bellas Artes para sus grandes reuniones e intentos de reunir esfuerzos en la lucha para “derrocar a la burguesía”. Sí que hemos cambiado, ahora parece sucursal de agencia funeraria de lujo.

El Partido Comunista, hasta su desaparición, tenía células donde trabajaban intelectuales, publicaciones importantes como Historia y Sociedad, revista teórica de temas marxistas, de la que yo formaba parte de la dirección colegiada, que orientaba el historiador Enrique Semo, y poseía una editorial, Fondo de Cultura Popular, que editaba a los clásicos del marxismo y literatura. Contaba con librerías y en ellas hubo talleres de narrativa y poesía. Dicho en otros términos, el viejo y siempre descontrolado Partido Comunista estaba preocupado por las artes. Ningún otro partido mostraba su interés en el tema. En todo caso, el invencible PRI pensaba, como acaso lo haga hoy, que es un tema que no le atañe del todo: una vez que está en el poder muestra sus posibilidades en tal terreno a través de sus grandes creaciones: el INBA y el Conaculta.

Alguna vez, cuando Chirinos era gobernador de Veracruz, fui invitado a inaugurar un importante edificio público con una conferencia: Los partidos políticos y la cultura. El texto, que no recuerdo bien, fue editado masivamente y distribuido entre los diputados locales y algunos presidentes municipales. Hoy, dentro de tal partido, es Beatriz Pagés quien encabeza la secretaría de Cultura y hace esfuerzos por darle alguna relevancia en donde a nadie le preocupa el tema. Al desinterés natural, hay que añadirle uno nuevo traído por la “modernidad”: la preocupación por el espectáculo y el show. Eso rinde votos, la cultura no. Si alguien obtiene una medalla en justas deportivas, el presidente del país lo recibe, abraza y elogia, si un escritor obtiene un premio internacional, nada sucede. Peña Nieto ni se entera: está absorto con el deporte y la cultura popular de corte comercial, ésa que a la televisión comercial le sale muy bien.

Beatriz Pagés piensa que esto debe cambiar, sí, pero discutiéndolo con los interesados. En casa no les interesa. Ni diputados ni senadores, menos los gobernadores y el gabinete en pleno, están preocupados por la cultura. Ni van a la ópera ni asisten a una exposición de Cuevas o de Roger von Gunten. Los diputados le pidieron a Guillermo Ceniceros un gran mural en su Cámara y en la develación, apenas estábamos los amigos del pintor y algunos legisladores haciendo relaciones públicas. Dudo que sea fácil cambiar la situación que vivimos.

Dudo que la situación sufra modificaciones, existen ya demasiados problemas entre artistas y políticos como para que ahora, de pronto, todos los que hacemos cultura, vayamos de la mano a Los Pinos a ovacionar a quien visiblemente parece desdeñarnos: Enrique Peña Nieto.

Sin duda no hay interés político por las artes. Ya pasaron los tiempos en que un político importante tenía amigos intelectuales.

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