Tantadel

mayo 19, 2013

El novedoso PRI


La salida de Humberto Benítez Treviño de la Profeco, tiene muchas lecturas. ¿Cuál hará la hija incómoda al pedir dinero al papá para actualizar su guardarropa? Los medios mostraron júbilo y el PRD y el PAN se sumaron: efectivamente hay un presidente sensato, justo y con cinco mexiquenses menos en sus filas. La mayoría mantiene el escepticismo natural luego del paso depredador de varias décadas dominadas por el PRI. Recuerda que la política mexicana se hizo amigable con el dinero y los funcionarios, al salir de sus cargos, estaban convertidos en grandes empresarios e inversionistas. La lista de los corruptos es infinita.
Lo adecuado es mostrar serenidad y esperar a que el sexenio avance. En todo caso, el despido de Benítez Treviño se debe a la crítica social expresada por los medios. De no ser así, seguiría en el cargo: él no fue culpable sino el mesero que no le concedió a su hija la mesa exigida. Ah, y los solícitos funcionarios que sin una reflexión política procedieron a sancionar al restaurante.
La solución de Peña Nieto fue espectacular. El propio secretario de Gobernación la puso ante los periodistas. Fue una medida natural en países avanzados en su administración. Una vez, en plática con funcionarios de alto rango, dije que los periodistas debían ser críticos severos de la gestión pública. Uno preguntó: ¿Y si el funcionario realiza un buen trabajo? Entonces, repuse, el comunicador guarda silencio, les pagan muy bien por cumplir con su tarea. Eso es lo que hizo Peña Nieto.
 Si somos realistas y severos, el PRI jamás acabará de amortizar sus culpas. No hay Purgatorio para ellos. No es una frase rencorosa sino el recuerdo persistente de un turbio y autoritario actuar. No retrocedamos mucho, basta con ver cómo gobernó Mario Marín en Puebla: salió millonario y con una familia que alardea su fortuna en revistas de sociales. Añadamos al recién salido de Tabasco, Andrés Granier, quien habla de un guardarropa excesivo; nadie en el estado desconoce que él y su parentela gozan de una sobrada cantidad de propiedades y dinero. Si al menos fueran discretos.
No se trata de culpar a uno o cien priistas, sino de recordar la manera en que han gobernado. El nuevo mandatario deberá hacer un gran esfuerzo para que los mexicanos eliminemos la imagen del autoritarismo draconiano o de la corrupción voraz. De probarnos la transformación, el PRI podría asegurar su presencia en Los Pinos más tiempo. No lo sé: la historia es imborrable y terca.
Que los hubo honestos es cierto. Pero eran rarezas, la nación padeció excesos atroces bajo Alemán, Echeverría o López Portillo, cuyo primogénito era “el orgullo de su nepotismo”, hechos que están en la memoria colectiva. Los indicadores internacionales siempre han visto a México como potencia en corrupción y de ella no escapa ningún rubro. No sólo es Roberto Madrazo robándose varios kilómetros en una maratón, lo es también modificar la edad de un seleccionado de jóvenes futbolistas para que jugaran fuera del país.
 La lucha contra la corrupción aparece y desaparece. Cuando llegó a un nivel severo, Miguel de la Madrid creó la Secretaría de la Contraloría para frenarla. No lo consiguió, no obstante, pudo crear más empleos para los políticos, entonces sólo del PRI.
La remoción (el término es adecuado, ya Benítez encontrará otro buen empleo, cuando la tempestad amaine) trajo aires purificadores, pero no acaban de despejar el cielo bajo el cual se ha movido un borrascoso PRI. Viendo bien las cosas, no sólo este partido ha disfrutado de la corrupción, asimismo lo han hecho los perredistas en donde han gobernado y, desde luego, el panismo que se declaraba enemigo mortal de dicha calamidad nacional. En doce años consiguió sumarse a la corrupción e irse al tercer sitio electoral. Es posible que como funcionario, Benítez haya sido aceptable, pero no supo educar a sus hijos, dejó de lado el republicanismo ejemplar que presumió.

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