Tantadel

mayo 15, 2013

La importancia de llamarse internet


El escritor suizo Peter Stamm, quien vino a México a participar en un coloquio sobre nuevas literaturas y nuevas lecturas, según leo en los medios, fue entrevistado y le dijo a la periodista Virginia Bautista algo que llamó mi atención: “La literatura es lo opuesto al internet”. Añadió que le gusta la intimidad de los libros y que las redes lo distraen. Tiene razón. Hasta hoy podríamos decir que la función de internet es ajena a las letras, al arte. Sin duda el mejor sitio para escuchar un recital de piano es la sala de conciertos, así como una exposición de óleos es mejor apreciada en la galería o en el museo. No vivo sólo de nostalgias y he podido adaptarme bien a las nuevas tecnologías. Observo que tienen principalmente dos usos, ambos ajenos a la literatura: la comunicación entre las personas, particularmente aquellas que quieren paliar la soledad y al mismo tiempo ensanchar su campo de amistades, acaso buscando alguna sorpresa, salir de la rutina, y el otro uso, desahogar sus problemas políticos, externar sus opiniones, participar con una especie de periodismo no profesional, pero que sí refleja los estados anímicos de una sociedad. En tal sentido, el caso de la niña Profeco, hija de un importante funcionario, es una buena muestra. Internet muestra las reacciones inmediatas ante una pésima acción política o es sensible ante algo positivo. En países sin libertad de expresión o con amarras en este aspecto, contribuye a divulgar mensajes, consignas e información sobre autoridades tiránicas.

Podríamos concluir de modo apresurado señalando que internet tolera un tipo de periodismo no profesional, que no es posible considerar como algo serio, son informaciones inconsistentes. Hay rumores, opiniones llenas de pasión y hasta allí. Sin embargo, ha sido muy útil en tanto escuela de periodismo. Es algo rudimentario, pero pronto mejorará, estoy convencido. Los mensajes de pocas palabras, que poseen nuevos códigos, donde las abreviaturas y los signos se han convertido en un lenguaje rápido, con mala sintaxis y lamentable ortografía, tarde o temprano evolucionarán y tendrán un peso notable en las sociedades. Ya es una poderosa arma ciudadana. Y, por qué no, una forma de buscar amistad y amor.

Ahora, el tema propuesto por el literato suizo es la literatura. La intimidad con un libro, uno la mantiene con una tableta que tiene veinte mil libros y pueden ser llevados a una confortable sala para gozar la belleza de novelas, poemas y cuentos, obras dramáticas. No veo más diferencia que la manufactura: los libros son de papel y las computadoras plásticas. Pero hay algo clave: la alta cultura (uso la terminología de Mario Vargas Llosa en su libro La civilización del espectáculo) ha ido desapareciendo de los medios, electrónicos o escritos. En su lugar se ha impuesto la frivolidad, una cultura comercial que bien manejan las estaciones televisivas y radiofónicas. No hay tampoco buenos suplementos culturales. Los diarios apenas hacen mención de la intensa vida cultural de México y sí a cambio centran su actividad en la política más escandalosa, en los deportes y la frivolidad. Para qué hablar de los medios electrónicos: allí se concentra la mayor basura intelectual de un país. Programaciones baratas tan sólo para enajenar a un amplio sector de la población. La cultura cede espacio al impetuoso espectáculo comercial. Cuenta el rating, no el talento y la inteligencia, la cultura y la academia.

Dentro de este último aspecto, digamos, ¿dónde despega un joven poeta, dónde un novelista que ha concluido su primera novela y dónde muestra su obra la pintora novel? No hay mucho para escoger, atrapados como están los jóvenes intelectuales y artistas, entre autoridades poco sensibles y editoriales en exceso lucrativas, exploran las redes sociales. Allí aparecen desde intentos de poemas y minificciones, hasta breves ensayos sobre diversos temas. Los más audaces conforman un blog y desde allí muestra su trabajo inicial. Algunos de los que he podido ver son notables y a la calidad de sus materiales, es posible añadir un diseño adecuado e imaginativo del autor.

Consecuentemente las redes sociales, internet es por ahora una buena pista de despegue, un sitio donde los jóvenes y los no tan muchachos puedan convertir en realidad sus mejores sueños. Si el viejo mundo le cierra las puertas a la cultura, no así las nuevas tecnologías, donde existe la posibilidad de publicar un cuento bisoño, pero esperanzador, mostrar un cuadro que ambiciona ser arte o ponernos ante un pianista que interpreta con talento a Mozart y su problema es no tener la confianza de un promotor cultural.

En tal sentido, internet es lo mejor que pudo habernos ocurrido. Combate la soledad, hermana personas y causas, sí, pero también propone una nueva forma de hacer arte, de hacer especialmente literatura. Todo es cuestión de esperar unos pocos años y podremos prescindir de la incomprensión de los mercaderes del arte e incluso sustituir la miseria intelectual de los dueños de los medios de comunicación. Internet es un aliado poderoso de la creación artística, ya es posible apreciarlo, pronto será clave en la edificación de obras culturales.

Finalmente, yo como hombre mayor, me aferro al libro, lo leí, lo escribí, lo toqué y admiré. Tengo una gran biblioteca, pero eso no me impide escudriñar en el futuro y hasta ser autor de cuatro e-books, hijos intangibles.

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