Tantadel

mayo 13, 2013

Las nuevas alianzas políticas


El próximo 7 de julio las luchas políticas se reanimarán, el Pacto por México será nuevamente discutido y otra vez los medios, en lo posible, tratarán de cubrir completa la ruidosa información que se desatará. Son 14 procesos electorales. Están en juego 441 diputaciones locales, 1,348 alcaldes y el Gobierno del Estado de Baja California, desde hace muchos años en manos del PAN. En el país el gran vencedor es el PRI y los opositores de todos colores y posturas dejan todo de lado para aliarse entre sí e intentar vencer al partido vencedor de la pasada elección presidencial.

El PRI parece muy bien posicionado, ha recuperado su habitual arrogancia y como los derrotados no tienen mucha fuerza, suponen, lo ha dicho Camacho Quiroz, que tendrá algo así como “carro completo”. El panorama le es favorable, no parece tener mayores obstáculos, salvo que de pronto cometa un error garrafal, algo improbable. Peña Nieto goza de enorme simpatía y hasta hoy sigue aumentando a pesar de que dentro de su partido existen las complicidades de siempre y la grosería habitual que el poder en México le concede a cualquier pobre diablo disfrazado de político. Con un PAN y un PRD hechos trizas, no es fácil suponer que las huestes del binomio Peña Nieto-Camacho Quiroz puedan perder. Se avizora, pues, un gran triunfo para el PRI. Los errores y defectos apenas se notan entre los discursos apabullantes y poco inteligibles del Presidente del país. Su carisma sigue ayudándole y la luna de miel con medios y sociedad se ha mantenido estable, pero, yo imagino, gradualmente disminuirá. Los priistas están recuperando sus antiguos vicios y defectos. La desmesurada confianza en que si volvieron a Los Pinos es porque son salvadores, los únicos que saben gobernar con tino. Pero nunca han dejado de ser los mismos: de igual modo que la única cara más o menos novedosa es el propio Peña Nieto, los demás vienen del antiguo PRI, para colmo, el primer círculo del Presidente, casi todo es mexiquense. Si ellos no lo negaran con vehemencia, diría que pertenecen al invisible grupo Atlacomulco, en cuya fundación intervino un gran mexicano, Isidro Fabela, y tuvo momentos de gran esplendor con Carlos Hank González, multimillonario que comenzó su inmensa fortuna, dice él en un libro confeccionado por Fernando Benítez, vendiendo dulces en las calles, tema para una exitosa telenovela: “Ser político rico no es fácil”.

Para tratar de frenar al PRI, perredistas y panistas dejaron atrás sus diferencias hasta de modales y vestimentas, de lenguaje y creencias, que no ideológicas, puesto que carecen de ese elemento clave en la política, y han formado extrañas coaliciones imposibles de imaginar en el pasado y que deben desconcertar a los simpatizantes de tales partidos en el DF, donde sólo se hablaba de PRIAN, al ver las afinidades entre ambas formaciones. No existe más, ahora lo que tenemos es una especie de Frankenstein cuyas siglas podrían ser PREDAN. Juntas las izquierdas y la supuesta derecha van a enfrentarse a su gran enemigo. Dudo que tengan resultados positivos en más de tres lugares. El llamado efecto Peña Nieto se mantiene vivo y el PRD, ya sin López Obrador, apenas tendrá la fuerza necesaria para mantener municipios por más ayudas económicas que les dé a los electores. Del PAN se puede decir que apenas existe, luego de gobernar doce años, y muy mal, pésimamente, sus militantes andan prófugos y sus simpatizantes cambiaron de bando. Casi nadie quiere saber de Acción Nacional, salvo los dirigentes, cuyo trabajo es de plano lamentable.

En este contexto y mientras Morena se convierte en partido político, no hay oposición capaz de enfrentar al PRI. En el PRD las luchas internas, la enorme corrupción que prevalece, la capacidad de muchos de sus funcionarios para hacer demagogia, les dificultará a los perredistas mantener sus actuales posiciones.

En fin, veremos una especie de ensayo general, donde todos probarán sus armas. La dificultad estriba en que las del PRI son modernas y de alto poder, mientras que las de sus rivales, ni siquiera juntos lo podrán hacer, porque son viejas, obsoletas. No podrán disponer de armamento sofisticado, a lo sumo de los tradicionales machetes que no son buenos para detener balas de alto calibre.

Por ahora, tenemos PRI para rato, a pesar del caso de la niña Benítez y cómo lo solucionaron, de la peor manera. Los priistas saben hacer política al estilo mexicano y muy bien. Finalmente, tampoco el PRI se escapa a esta nueva enfermedad de las alianzas. En Baja California, el partido en el poder y el inaudito PT, al servicio de AMLO, pelearán unidos contra el PAN por la gubernatura. ¿Qué tal? Padecemos un bonito sistema político que nos llena de orgullo.

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